Definición de Restos Arqueológicos

Restos Arqueológicos - Su Significado, Definición, Concepto e Importancia

Definición de: Restos Arqueológicos y su Importancia


Ciencia que estudia el pasado a través de la identificación e interpretación de restos materiales de las culturas humanas.

Arqueología.

Se entiende por "arqueología" aquella ciencia comparativa que comprende varias disciplinas académicas y científicas, como la antropología, la historia, la paleografía y la filología, y hace uso de las más modernas técnicas.


Desde el punto de vista etimológico, el término "arqueología" posee raíces griegas y su significado literal equivaldría al 'tratado o estudio de las cosas antiguas'. Desde el inicio de la utilización del término hasta nuestros días, y particularmente a partir del siglo XIX, éste ha ido adquiriendo un mayor contenido y significación. Hoy, podemos decir que, sin perder su esencia, define una ciencia compleja, relacionada con toda una serie de disciplinas, cada una con su propio tema de estudio y método de trabajo.

Actualmente se entiende por arqueología la ciencia que se ocupa de estudiar el pasado del hombre a través del análisis de sus propios restos materiales. Estos restos, que los arqueólogos denominan cultura material, se estudian sin establecer rasgos jerárquicos o discriminatorios entre el rico ajuar de una tumba principesca y los fragmentos cerámicos de desecho de una cabaña; entre las más impresionantes manifestaciones arquitectónicas, artísticas, escultóricas o pictóricas, y el arrabal de un poblado de cualquier período.

De esta forma, la arqueología se configura, hoy en día, como una ciencia con un amplísimo campo de acción, tanto desde el punto de vista cronológico como geográfico. Así el arqueólogo debe atender por igual, y con idéntico reconocimiento y metodología, a las culturas surgidas antes o después de la escritura (es decir, a las prehistóricas y a las históricas en el sentido tradicional de los términos), y a las culturas occidentales clásicas -griega y romana-, las orientales, americanas o africanas. Aceptar estos planteamientos conlleva reconocer sin paliativos la amplitud de documentación con que cuenta la arqueología.

Esta circustancia justifica el hecho de que la arqueología actualmente haya dejado de ser considerada como una ciencia analítica, ocupada tan sólo de la descripción de los restos materiales de cualquier cultura, y que se haya convertido en una forma con personalidad propia de hacer Historia, entendida ésta como ciencia sintética. De este modo, se habla sin problemas de diferentes arqueologías ("arqueología prehistórica", "arqueología clásica", "arqueología medieval", "arqueología industrial"...), ya que un alto porcentaje de los datos necesarios para la reconstrucción histórica se extraen a partir del registro arqueológico.

En resumen, la arqueología actualmente se presenta como una ciencia en continúa transformación que sitúa su objetivo principal en el conocimiento del pasado del hombre, desde sus orígenes hasta nuestros días, a partir de la localización, descubrimiento, documentación, análisis, conservación y difusión de sus restos materiales.

Situar el origen de la arqueología significa situar el punto de convergencia de dos importantes tradiciones de pensamiento: por un lado el Anticuarismo y, por otro, la Ilustración.

Como ya indicaba el historiador de la arqueología Glyn Daniel, aparte de casos excepcionales de coleccionismo o de intuiciones geniales, lo cierto es que la arqueología es un producto europeo de los últimos doscientos años. Por un lado, en Francia, Gran Bretaña y Escandinavia se venía desarrollando una tradición de anticuarios dedicados a coleccionar su pasado histórico. Por otro, comienzan a llegar viajeros cargados de restos visibles de un pasado sorprendentemente rico del Mediterráneo Oriental y Egipto. Desde el siglo XIV existieron coleccionistas en Italia, y existen referencias desde el siglo XVI en Inglaterra. El gusto por la recreación de la estética del mundo antiguo que implicaba el Renacimiento hizo volver los ojos hacia los lugares de desarrollo de sus civilizaciones, dando lugar al surgimiento de la Historia del Arte en la Europa meridional. Pero la ausencia de un pasado monumental impedía seguir la misma trayectoria en Europa septentrional, Francia o Inglaterra, por lo que el interés puesto en el pasado va a derivar allí en la aparición de la arqueología prehistórica.

Ahora bien, el simple gusto por las antigüedades no resulta suficiente para el desarrollo de esta disciplina, se hacía necesario derribar los muros conceptuales que impedían concebir una Historia del desarrollo humano. En tan profundo cambio consiste la aportación de la Ilustración. El pensamiento ilustrado introdujo por primera vez la idea de evolución, permitiendo concebir así un pasado cuyos cambios no se inscribían en ciclos que demostraban el orden perfecto del Universo, ni se basaba en la identidad de progreso y perfeccionamiento. Es por ello por lo que el primer gran bloque interpretativo en arqueología fue protagonizado por el evolucionismo clásico. Sin embargo, este evolucionismo clásico fue llevado a extremos inaceptables de reduccionismo biológico y de racismo. Según éstos, se intentaba demostrar que el hecho de que sólo algunos pueblos hubieran sufrido el máximo de transformaciones culturales era la demostración de su superioridad genética y evolutiva, lo que justificaba el ejercicio abusivo de poder sobre los demás.

A fines del siglo XIX van a confluir varios factores que obligarán a un cambio en la perspectiva de estudio: por un lado, los resultados de la revolución industrial desilusionan a los que habían cifrado en ella sus esperanzas, decayendo la fe en el "progreso" de la Humanidad. Por otro lado, la progresiva industrialización de Europa conducía al aumento de la competitividad entre las naciones por adueñarse del mercado y, por fin, los excesos del evolucionismo unilineal clásico hacían fijar la atención sobre el aspecto contrario: las divergencias culturales, las peculiaridades grupales, la etnicidad. Todo ello se relaciona con un aumento del nacionalismo en toda Europa, que buscará cualquier instrumento para justificarse. Como no podía ser menos, la arqueología jugará un papel clave en el proceso, pues el pasado de cada pueblo tenía que ser interpretado de un modo ajustado a las necesidades del presente. Los restos materiales se van a convertir, así, en objetivo prioritario de los arqueólogos, que se ven plenamente apoyados por las instituciones en la persecución de su fin último: delimitar las áreas culturales que desde el principio de los tiempos han abarcado sus respectivos pueblos. A ello contribuye, como otro de los factores, la recuperación de crecientes cantidades de vestigios arqueológicos debido a la industrialización de Europa -y consiguiente construcción de fábricas, carreteras, etc.-, el desarrollo de los museos y centros de investigación dentro del espíritu de la época.

De este modo, se pasa del esquema evolucionista de los "estadios" como sistematización del desarrollo cultural, a la formulación de las "áreas" o "círculos culturales", triunfando así la concepción de la escuela histórico-cultural alemana. Para esta escuela, la secuencia básica del desarrollo cultural sólo se había producido una vez, transmitiéndose a los demás territorios por difusión, lo que permitía ordenar todas las culturas y seguir en un mapa la dispersión hasta encontrar el área original. Ningún mecanismo explicativo podía convenir más a los gobiernos nacionalistas europeos, que, por supuesto, intentaban identificar, a través de los estudios arqueológicos, el área original con su propio territorio, lo que demostraría su superioridad étnica sobre los demás pueblos. Las consecuencias para la disciplina son claras: la atención queda centrada en el análisis de los materiales y de los edificios, sus lugares de origen, sus rutas de difusión... Tipología y cronología como objetivos únicos de estudio, porque son ellos los que "explican" la historia.

Derivado de esta secuela, el difusionismo, como explicación de los cambios culturales, queda presente en la tradición disciplinar. La teoría difusionista se hizo popular en arqueología en una época en la que por todas partes podía verse la eficacia de sus mecanismos: la constante aparición de nuevos productos en la industria occidental y su expansión -como poderes coloniales- por todo el Tercer Mundo, así como la aplastante evidencia de la emigración como mecanismo transmisor de cultura.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial el progreso de la arqueología ha sido continuo, tanto desde el punto de vista de la metodología como de la teoría que subyace en todo conocimiento científico. La discusión ha sido constante, llevando a una auténtica redefinición terminológica de la arqueología. En este sentido cabría citar las aportaciones de la "nueva arqueología" norteamericana. Las investigaciones de la "nueva arqueología" se centrarán en investigar la estructura teórica de la arqueología, establecer pautas rigurosas de interpretación de los datos arqueológicos, y probar nuevos métodos de análisis. Se defiende igualmente la posibilidad de reconstruir todo el sistema cultural a partir de los restos materiales que de él han quedado, lo que lleva a desarrollar, como nunca hasta entonces se había hecho, sistemas cuantitativos de análisis, que permitan integrar y relacionar la mayor cantidad posible de información.

En los años 70 se va a asistir a una reacción contra la "nueva arqueología" en un doble sentido. La disyuntiva se plantea en la posición del arqueólogo frente a la conceptualización de la cultura, y por tanto, en su aceptación o rechazo de la existencia de leyes que expliquen la historia. Por un lado, aparecerán sus defensores, dedicados a estudiar los procesos internos de cambio y sus dinámicas, desligándolas del determinismo medioambiental que caracterizaba a la "nueva arqueología" y, por otro, sus detractores, surgidos en la década de los años 80 bajo la influencia del estructuralismo francés, quienes reclamarán la subjetividad y el relativismo de la interpretación arqueológica.

Este punto nos introduce en una última corriente que cobró importancia en los últimos años de la década de los 80, y que en líneas generales podemos denominar "arqueología social", dentro de la cual se engloban varias tendencias: estructuralismo, materialismo cultural, materialismo histórico. Su punto en común está en la revalorización de todas aquellas cuestiones socio-económicas que sustentan el registro arqueológico, y es posible leer cuándo éste está debidamente documentado. Con esto se entra de lleno en uno de los aspectos más importantes del debate arqueológico en la actualidad, que es el de enfatizar de forma determinante la consideración de la arqueología como ciencia histórica y, por tanto, como una forma de hacer historia de la cultura dentro del ámbito de las ciencias sociales.

Concepto de: Restos Arqueológicos y Qué es

En los principios de la humanidad el hombre entendió que por sí mismo no podía valerse del mismo modo que aliándose con otros, y es por ello que formó distintos Grupos de Trabajo para dedicarse a la caza y la recolección de recursos para alimentarse y protegerse, derivando posteriormente en lo que fueron las primeras Aldeas o Tribus que evolucionaron hasta alcanzar la estructura de Sociedades Primitivas, las cuales continuaron evolucionando.
Estos lazos empezaron a crecer hasta tener cada vez un mayor Sentido de Pertenencia, y es así que comenzaron a aparecer los primeros Ritos y Costumbres que derivaron en lo que hoy en día son a Tradición y Cultura de un grupo humano en particular, con muchas de estas actividades todavía hoy conservadas y repitiéndose hasta en la actualidad, además de la formación de un Lenguaje o Idioma que permitía la comunicación de sus miembros como también la de otras comunidades.
Claro está, estos datos no son solamente suposiciones, sino que la ciencia que se encarga de verificar todo lo que aconteció en torno al hombre durante épocas pasadas es justamente la Arqueología, estudiando el paso del hombre a través de distintas regiones o épocas de la historia en base a los Objetos y Construcciones que ha dejado atrás y que han sido depositadas en distintas capas de la tierra.
Este depósito se logra tras décadas, cientos y hasta millones de años de cambios en la Superficie Terrestre, por lo que quien se encarga de buscar y analizar lo que es definido como un Yacimiento Arqueológico debe contar con la ayuda de un análisis del suelo y de las distintas Capas Sedimentarias que han dejado sepultados a los objetos y bienes de épocas pasadas conocidos como Restos Arqueológicos.
La ubicación temporal y la antigüedad de los mismos se puede estimar por distintos factores, desde la realización de pruebas científicas como el ensayo del Carbono 14, hasta su correlación con elementos que den a entender la evidencia de que ha sido desarrollado en una época en particular: desde marcas, punzonados y diseños en particular, hasta la utilización de determinados Materiales o Materias Primas para su confección.
De este modo es que se ha podido elaborar lo que han sido Edades Históricas dependiendo de qué tipo de materiales se han encontrado, tomando el ejemplo de la Edad de Piedra donde se pudo afirmar que el hombre elaboraba sus herramientas rudimentarias para alimentarse, cazar o realizar distintas actividades cotidianas mediante el Pulido de Rocas.

Significado de: Restos Arqueológicos y sus Usos

La Arqueología es una ciencia que se ocupa y centra en el estudio de todo aquello que se refiere a las artes y a los monumentos emplazados durante la antigüedad.
A grandes rasgos, la arqueología llevará a cabo su estudio de analizar a las sociedades a través de sus restos materiales, hayan sido estos intencionado o no. Muchos suelen concebirla junto a la Historia y no sin esta, sin embargo, la arqueología es una ciencia social autónoma y no una ciencia auxiliar de la historia que complementa a esta con documentos materiales. Asimismo, la arqueología, profundiza su conocimiento de los seres humanos a través de la cultura material y psicológica que estos fueron dejando a su paso.
Si bien el foco de atención y de investigación de la arqueología ha estado fundamentalmente puesto en la Prehistoria y en la Antigüedad, en los últimos tiempos, la metodología arqueológica se ha enfocado en etapas más recientes como ser la Edad Media a través de la conocida Arqueología Medieval, la Edad Moderna y hasta el período Industrial. Y aún más, hoy en día, muchos arqueólogos se encuentran dedicados ocasionalmente al estudio de materiales super actuales, como ser los residuos urbanos y que han dado lugar u origen a la Arqueología Industrial.
El estudio arqueológico se divide en tres fases o etapas. La primera es la prospección, que es en la cual se lleva a cabo la exploración del territorio en busca de indicios materiales que muestren la existencia de un yacimiento. En esta etapa se podrá determinar el modelo de poblamiento o la época en el tiempo a la cual corresponden los hallazgos, de haberlos. Lo primero que se hará es delimitar el territorio, pudiendo ser los límites arbitrarios o bien geográficos.
El siguiente paso es el de la excavación, el cual ciertamente facilitará la recolección de pruebas para afirmar tal o cual cuestión inherente al pueblo en cuestión. La excavación puede ser una excavación de urgencia (condicionada por la transformación del espacio y está ligada a la construcción de edificios o de infraestructuras, requiere documentar los restos porque el sitio será destruido), de investigación (se efectúan para descubrir nuevos datos y salvar algunas lagunas de la historia) o de patrimonio (desarrollo estratégico de actividades culturales y aporte de interés a ciertos puntos de atracción del territorio).
Y finalmente la etapa de trabajo de laboratorio, en la cual se analizarán exhaustivamente, a través de diferentes herramientas e instrumentos, los restos obtenidos, realizando en los casos que lo ameriten tareas de procesado de laboratorio, siempre con el extremo cuidado de no deteriorar los elementos o piezas hallados.