Definición de Agroecología

Agroecología - Su Significado, Definición, Concepto e Importancia

Definición de: Agroecología y su Importancia

¿Qué es la agroecología? La agroecología es una reacción de la sociedad frente a los abusos en la alimentación. Su campo de influencia es muy amplio ya que parte de un derecho básico que, con suerte, realizan todos los seres vivos a diario. Sin embargo, especialmente en las sociedades más desarrolladas económicamente, el desconocimiento respecto a nuestra alimentación es alarmante.

En este panorama comienza una lucha valiente y eficaz para recuperar la soberanía y la seguridad alimentaria de los pueblos: la agroecología.
Sus principios motores son: - El diálogo y la cooperación entre productoras y consumidoras - La producción y el consumo en circuito corto - La dedicación de recursos sociales para hacer dignos la vida y el trabajo en el campo Uno de los rasgos más distintivos de este movimiento mundial es la atención a los procesos sociales en los que se desarrolla para lograr una mejor integración. Esto hace que sea inevitable su aplicación bajo unos procesos que tengan carácter participativo y respetuoso con el medio que le rodea. El discurso y la práctica se unen y toman forma con el contacto y la cooperación de las REDES de PERSONAS.
Relación con la educación, la economía y la salud La agricultura y la ganadería modernas siguen unos modelos de insostenibilidad cada vez más difíciles de ocultar. Si queremos invertir esta tendencia debemos regenerar y conservar el ecosistema en el que se desarrollan. Este proceso pasa por reconocer la dignidad del trabajo en el campo y debería comenzar en las escuelas.
Ya desde pequeñas aprendemos que cuando un país se dedica principalmente al sector primario significa que está atrasado. Las consecuencias de esta educación son personas que desconocen por completo algo tan primario como las estaciones de los alimentos, las plantas de las que nacen o la influencia de nuestras decisiones cotidianas en estos procesos.
Hoy la agricultura moderna intenta implantar un paquete tecnológico en el que las campesinas deben aceptarlo todo o desaparecer. El llamado desarrollo parece que pasa por comprar las semillas transgénicas, comprar los herbicidas especialmente diseñados para esas semillas, los abonos y demás venenos agrotóxicos. Las medianas y pequeñas huertas nunca tuvieron cabida este sistema.
Este modelo de producción intensivo, (ya sea convencional o ecológico), condiciona la calidad del resultado en 3 aspectos:
1- Producto: la comida pierde valor nutricional, tiene mucha agua y pocos minerales, su color y su imagen cuentan más que su calidad. Las patatas, los tomates y demás se venden siguiendo estándares de tamaños homogeneizados que obligan a desechar toneladas de alimentos, cuando no la totalidad de la producción ya que hoy en día nuestra sociedad sin sentido es capaz de rentabilizar más el deshacerse de la cosecha que venderla en el mercado.
El alto contiendo en agua de las verduras hace que muchas veces su conservación se vea sometida a métodos deficitarios energéticamente y preocupantes respecto a sus efectos en nuestra salud: radiación, procesado con conservantes químicos, congelación, deshidratación…
2- Social: las condiciones de trabajo en el campo son muy precarias y dependen cada vez más de subvenciones que tienden a primar el modelo intensivo y que muchas veces acaban en manos de latifundistas. La mano de obra que cultiva la mayoría de nuestra comida lo hace muchas veces en condiciones de subsistencia o esclavitud, tanto en el estado español como en otros continentes, para así aumentar la producción y poder comer de todo durante todo el año a precios ridículos teniendo en cuenta el gasto energético que muchas veces hay detrás de un tomate en febrero, por ejemplo.
3- Ambiental: el derroche y la contaminación del agua, el uso y la producción de pesticidas, abonos químicos, herbicidas, conservantes y el nefasto balance energético son algunos de los pilares de la agricultura moderna.
Para intuir todo esto, muchas veces basta con leer los ingredientes de los alimentos que normalmente encontramos en el mercado y ver su procedencia. En Asturies podemos comprar avellanas de Turquía y manzanas de Chile, los ingredientes de unas simples patatas fritas o de un bote de conservas muchas veces ocupan párrafos enteros y muy poca gente sabe cómo se cultiva el café que toma todos los días, quién lo produce y bajo qué condiciones. Si nos pusiéramos a sumar los kilómetros que han viajado nuestros alimentos en un simple desayuno nos quedaríamos anonadadas… Y eso pasa todos los días.
Las consecuencias negativas de estos hábitos de consumo son muy difíciles de apreciar en nuestro ajetreado día a día. Si tuviésemos una visión de conjunto más clara sería menos obvio que comprar en el un supermercado es más barato que ir a Manduca, la pequeña tienda donde puedes encontrar productos ecológicos. La industria agroalimentaria genera unos problemas que al final del día se están costeando con nuestros impuestos y, lo que es más importante, con nuestra calidad de vida.
Estilo de vida y repercusiones Desde la agroecología pretendemos pararnos a reflexionar hacia dónde queremos encaminarnos, replantearnos nuestro estilo de vida y recuperar el poder como individuos que forman parte del conjunto de personas que llamamos sociedad.
De todas las hipótesis sobre lo que nos depara el futuro, nosotras proponemos la síntesis de 3 vías posibles: a) La tecnológica: cualquier problema que pueda surgir en el camino del desarrollo encontrará una solución a través de la tecnología.
b) El equilibrio: debemos encontrar un balance entre nuestras necesidades y nuestra forma de satisfacerlas sin olvidar que formamos parte dependiente de un todo.
c) La extinción: nuestra falta de entendimiento y comunicación nos ha llevado a fabricar armas de destrucción masiva y a adoptar un comportamiento que cada vez necesita más remiendos para mantenerse. Quizá no sea posible y de continuar con esta actitud la raza humana puede desaparecer.
Sin duda, la agroecología se decanta por el equilibrio, pero para ello es necesario también un gran cambio en nuestros hábitos y tender al decrecimiento. La palabra sostenibilidad representa un término manido y prostituido. Bajo su bandera se nos sigue vendiendo la ilusión de que es posible el crecimiento material ilimitado en un planeta con recursos limitados. Cuanto más consumamos y más cómodamente vivamos, mayor será nuestra felicidad y todo de la forma más sostenible.
Frente a tanto sinsentido la agroecología es una opción llena de sentido común y belleza.

Concepto de: Agroecología

En los últimos años se ha comenzado a dar mayor importancia a los conceptos de Sustentabilidad y Sostenibilidad, siendo incluido en las agendas y en los distintos proyectos gubernamentales que apuntan hacia un mayor cuidado del Medio Ambiente, con la aplicación de subsidios e incentivos al desarrollo de Energías Limpias para poder ser aplicadas a distintos campos de la economía y la industria, entre otros ámbitos de aplicación.
En esta ocasión, nos remitimos a la gran base de la producción de Materias Primas, teniendo que en primer lugar definir lo que es la Agricultura Convencional, siendo la aplicación de todas las tecnologías y técnicas modernas para obtener el mayor rendimiento de la Producción Agrícola, diferenciándose de lo que conocemos como Agricultura Ecológica, donde el factor fundamental está en el Cuidado del Suelo, teniendo una producción de mayor calidad y no tan enfatizada en la cantidad.
La diferencia entre una y otra es que en el primer caso se utilizan productos de Síntesis Química para poder obtener un mayor rendimiento de las plantaciones, muchos de ellos impidiendo futuros cultivos o inclusive causando la pérdida de Fertilización del Suelo a largo plazo, mientras que en el segundo caso solamente se recurre al auxilio de Productos Agroquímicos.
De esta última técnica, también conocida como Agricultura Tradicional por ser considerada como la utilizada con anterioridad a los avances tecnológicos (empleada desde épocas antiguas) es que se desprende la disciplina conocida como Agroecología, que parte de mediados del Siglo XX (teniendo mayor auge en los años ’60) y que busca fundamentalmente cuidar el suelo.
Una de las formas por la cual podemos reconocer esta técnica está fundamentada en que no se aplica la tecnología para obtener una mayor cosecha, como en el caso de Control de Plagas, la utilización sin control de Fertilizantes Sintéticos o diversos productos de origen sintético, utilizando solamente lo que nos pone a disponibilidad la naturaleza.
Se considera entonces a la Agroecología como una ciencia que tiene como campo de aplicación a las Agriculturas Naturales, con todas las técnicas posibles que se puedan obtenerse lo que son conocidos como Alimentos Orgánicos, que tienen una comprobada calidad superior que los obtenidos mediante forma convencional, ofreciendo una mayor cantidad de Nutrientes y Vitaminas, además de un apreciable mejor sabor.
De este modo, no solo se logra un mayor Cuidado del Suelo, sino también es un beneficio para nuestro organismo pudiendo alcanzar los Valores Nutricionales que requerimos diariamente teniendo la necesidad de ingerir una menor cantidad, debido a que están en mayor concentración.

Significado de: Agroecología

La agroecología es una disciplina científica relativamente nueva (década de los setenta del siglo XX), que frente a la agronomía convencional se basa en la aplicación de los conceptos y principios de la ecología al diseño, desarrollo y gestión de sistemas agrícolas sostenibles.
Uno de los principales teóricos de la Agroecología ha sido el investigador chileno Miguel Altieri,1 que trabaja en la Universidad de Berkeley; siendo uno de los fundadores del Centro Latinoamericano de Desarrollo Sustentable (CLADES), marco en el cual se desarrollaron las bases sobre las que se ha ido fundamentado este nuevo enfoque científico.
La agroecología plantea desde su nacimiento la necesidad de un enfoque múltiple, que hace gala de una visión holística, integrando ideas y métodos de varias disciplinas; muy en la línea de la Teoría General de Sistemas que el austriaco Ludwig von Bertalanffy desarrolló, en los años veinte del pasado siglo, para las ciencias biológicas. Es decir, que los procedimientos analíticos de investigación aplicados por las ciencias, de los cuales la agronomía es un claro ejemplo, son en exceso reduccionistas, puesto que tienden a despreciar las interacciones que se producen entre las partes que constituyen el objeto de estudio. Tal reducción sólo sería posible si no existiesen interacciones, o si éstas fueran tan débiles que pudiésemos despreciarlas por su escasa influencia.
Junto a la visión holística veamos qué otros elementos han colaborado en la gestación de esta ciencia. Según Susanna Hecht, la Agroecología incorpora un enfoque de la agricultura más ligado al medioambiente y más sensible socialmente; centrado no sólo en la producción sino también en la sostenibilidad ecológica del sistema de producción. Respecto a la agronomía clásica en la agroecología se introducen tres elementos que resultan claves: la preocupación medioambiental, el enfoque ecológico y la preocupación social.
La preocupación ambientalista surge a raíz de la constatación de los efectos que sobre el medioambiente está produciendo la generalización de un modelo de agricultura química, que se fundamenta en el uso intensivo del terreno de cultivo, en una alta incorporación de insumos y, por tanto, de energía. La visión ecológica se basa en considerar los terrenos de cultivo como unos ecosistemas, dentro de los cuales también tienen lugar los procesos ecológicos que suceden en las formaciones vegetales no cultivadas. Si para la ecología el objeto de estudio es el ecosistema, para la agroecología su objeto ha de ser el agrosistema —o agroecosistema—; el cual puede ser definido como un conjunto de componentes físicos y sociales, unidos o relacionados de manera tal que forman una unidad, un todo cuyo objetivo básico no es otro que la producción de alimentos de manera sustentable. Esta visión interesa especialmente a la creciente agricultura ecológica, convirtiéndose así la Agroecología en el referente de quienes practican ese modo de producir alimentos. La perspectiva social, económica, política y cultural, se incorpora en la agroecología al constatar que en la agricultura los factores socioeconómicos y políticos, influyen decisivamente en las estrategias y decisiones de los agricultores.
Igualmente en la definición de esta nueva ciencia influyeron de manera importante los trabajos desarrollados desde las perspectivas de la Antropología y la Geografía, para describir y analizar las prácticas agrícolas de los pueblos indígenas y los campesinos tradicionales y, en especial, para desentrañar cuál era la lógica que se aplicaba en estos agrosistemas, basándose para ello en la recuperación de la tradición oral. Los sistemas tradicionales mostraban una preocupación por el uso de los recursos para la subsistencia no centrándose en exclusiva dentro del campo de cultivo, sino manejando a la perfección las interacciones dentro del propio cultivo, y entre el cultivo y el medio circundante. El análisis de los sistemas indígenas y tradicionales proporcionó a la agroecología herramientas conceptuales y prácticas para proponer alternativas a la agricultura industrial.

Fundamentos de aplicación

El enfoque de la agricultura convencional siempre ha buscado incrementar la producción de cosechas agrícolas sin considerar las consecuencias posteriores sobre el ambiente en el que se practica. Así ocurre, por ejemplo, con la labranza intensiva del suelo, práctica de monocultivo, uso indiscriminado de fertilizantes sintéticos, el control químico de plagas y arvenses, uso intensivo de agua de pozos profundos para la agricultura y la manipulación genética, entre otras prácticas de la agricultura moderna.
Estas son prácticas promovidas y aplicadas bajo el enfoque de la agricultura denominada convencional. No se debe descuidar y negar que la aplicación de las prácticas e innovaciones tecnológicas convencionales incremente la producción agrícola, pero tampoco se puede negar que su práctica en actividades agrícolas deteriora los recursos naturales en forma considerable y ocasionalmente irreversible.
El deterioro de la cubierta vegetal, la erosión del suelo (eólica, hídrica, de fertilidad), el incremento de la salinidad de los suelos, disminución considerable de los mantos freáticos, la pérdida de diversidad agrícola biológica y genética, la resistencia constante de plagas y enfermedades agrícolas, el azolve de presas, las inundaciones naturales, la eutrofización de lagos y la contaminación del aire, son algunas de las múltiples consecuencias de la agricultura basada en agroquímicos y en el uso de grandes cantidades de energía.
Ante los múltiples factores negativos de la agricultura convencional, emerge la concepción de la agroecología, y la tecnología de la agricultura ecológica, que promueve la producción agrícola conservando los recursos naturales elementales de la producción de alimentos tales como el suelo agua y biodiversidad. Estas acciones se basan en el respeto a las comunidades rurales (quienes aportan el material genético mejor adaptado a las condiciones locales) y a los principios éticos y humanos en la realización de estas actividades.
La agricultura ecológica, como puesta en práctica de la ciencia agroecológica, puede ser altamente productiva y a su vez sostenible en producción y conservación a largo plazo con la finalidad de poder solventar el abastecimiento de alimentos a una creciente población humana. En esta perspectiva, el diseño y manejo de agroecosistemas sostenibles no puede ni debe abandonar las prácticas convencionales sino que debe considerar las prácticas tradicionales para justificar su sostenimiento. Se trata de diseñar científicamente nuevas concepciones y tecnologías agrícolas, sobre la base de los métodos y conocimientos ecológicos actuales y los principios tradicionales de conservación de los recursos naturales que muchas comunidades rurales tienen y en las que cubren sus necesidades alimentarias sin requerir grandes insumos externos en su ciclo productivo.
Los países europeos, seguidos por otros altamente industrializados tales como EEUU y Australia, han implementados algunos principios agroecológicos en sus políticas de desarrollo agrícola pero no han sido de mucho impacto debido a empresas fabricantes de semillas transgénicas, agrotóxicos y demás componentes químicos orientas a la práctica de la agricultura convencional a gran escala tales como Monsanto, Rio Tinto Alcan, entre otras, han ejercido mucha presión para promocionar un modelo de agricultura industrializada convencional de alto impacto ambiental, y pese a que se ha comprobado la nocividad de sus productos para el ser humano y para los suelos, incluso con prohibiciones de distribución en países como Francia, aún continúan expendiendo sus productos altamente tóxicos en países de Asia y Latinoamérica, donde actualmente las tendencias agroecológicas están tomando nueva fuerza, oponiendo resistencia al uso de estos productos que en muchos países como Paraguay, están poniendo en peligro de extinción semillas originarias y milenarias de la región del Mato Grosso y la Cuenca del Rio Parana.