Definición de Quásar

Quásar - Su Significado, Definición, Concepto e Importancia

Definición de: Quásar y su Importancia

La noción de quasar se emplea en la astronomía para nombrar a un cierto tipo de cuerpo celeste, caracterizado por tratarse de la clase de astro que se encuentra más lejos en el universo.
De tamaño reducido, los quasares se destacan por la emisión de radiación en la totalidad de las frecuencias y por su importante luminosidad. Esto permite que, pese a la enorme distancia que separan a los quasares de nuestro planeta, puedan observarse.

Los conocimientos científicos que se tienen acerca de los quasares cambian a medida que se realizan nuevos descubrimientos. Actualmente se cree que los quasares pueden liberar un nivel de energía similar a la suma de energía liberada por más de un centenar de galaxias de tamaño medio. La luminosidad de un quasar, por su parte, equivale a un billón de soles.
Los científicos han descubierto, hasta el momento, unos doscientos mil quasares. El que se halla más cerca de nuestro planeta se sitúa nada menos que a 780 millones de años luz. Gracias a la radiación en diferentes frecuencias, los quasares son observados en distintos lugares del espectro electromagnético: los rayos X, los rayos gamma, los rayos ultravioletas, etc.
Cabe destacar que podemos encontrar el término quasar escrito de distintas maneras. Mencionado como quasar, remite al término inglés original. También puede indicarse como quásar o incluso como cuásar, de acuerdo a cambios que la Real Academia Española (RAE) aceptó en los últimos años para que las palabras comenzadas con Q empiecen a escribirse con C.

Concepto de: Quásar y Qué es

Objeto celeste de apariencia oscura, que algunos astrónomos suponen el más lejano de los que se pueden observar, cuya estructura es parecida a la de una galaxia, formada o en fase de formación.

El primero de estos objetos, catalogado como 3C 48, se descubrió en 1960 gracias a las primeras grandes instalaciones radioastronómicas en las que se conectaron varios radiotelescopios para realizar medidas de sus dimensiones por interferometría. Fueron descubiertos mediante sus enormes emisiones de ondas de radio, y asociados a estructuras semejantes a estrellas (con el nombre quasi-stellar). Algunos, como 3C 273 presentaban una variación irregular en el brillo. El observatorio de Monte Palomar observó que su desplazamiento Doppler era muy grande.

En 1965 se encontraron otros objetos, de aspecto azulado, con escasa emisión de ondas de radio, cuyo desplazamiento al rojo es similar al de los quásares, por lo que fueron llamados BSO (Blue stellar objects). Se conocen aproximadamente unos 1500 de estos objetos, cuya identificación como cuásares es discutible.

El espectro de las líneas de absorción y de emisión de los quásares muestra que se encuentran presentes elementos químicos tales como carbono y oxígeno, que se forman durante la evolución estelar, lo que parece indicar la presencia de estrellas dentro de quásares. Dado que generalmente las líneas de absorción están menos desplazadas hacia el rojo que las líneas de emisión, se supone que se encuentran inmersos en una nube de gas que absorbe y oculta un núcleo brillante, en el que se encuentra un halo de gas que aún no ha colapsado.

Se cree que los quásares son casos extremos de galaxias de Seyfert. En 1978 se observó que una de ellas, fuente intensa de rayos X, presentaba un núcleo muy brillante que resultó ser un quásar situado a unos 250 Megaparsecs de distancia. Similares hallazgos indujeron a los astrónomos Balick y Heckman a afirmar que algunas regiones difuminadas alrededor de algunos quásares tienen la estructura, tamaño y brillo de grandes grupos estelares, de donde concluyeron que "parece plausible que ciertos quásares sean núcleos activos de galaxias".

Sus variaciones de brillo, a veces de un factor 20 durante un año, permiten estimar su tamaño. Se observan también variaciones en la intensidad de sus emisiones de radioondas, aunque no necesariamente van ambas unidas. Estas variaciones muestran que algunos quásares tienen un tamaño de 1,8 años luz, el tamaño del sistema solar interno, lo que parece indicar que son, efectivamente, fuentes de altísima luminosidad.

La interpretación de los cuásares con objetos muy remotos parece dar cuenta de su gran desplazamiento Doppler, a veces un 90% de la velocidad de la luz. Si estuvieran tan alejados como se deprende de estos datos (cientos de Mpc), su luminosidad debería de ser enorme para, pese a todo, ser visibles. Los datos de luminosidad óptica y de radioondas son decenas de veces superiores a las de las galaxias normales. El quásar más luminoso que se ha observado, S5 0014 + 81, presenta una luminosidad 100.000 veces mayor que el de la Vía Láctea, y su desplazamiento hacia el rojo muestra una distancia de 3.000 Mpc. Esto quiere decir que la luz que se observa en la actualidad fue emitida aproximadamente cuando la Vía Láctea se estaba formando, de forma que su radiación puede corresponder a condiciones galácticas que no son comunes en la actualidad, es decir, las primeras etapas de formación de las galaxias, cuando es posible que se formaran superestrellas, miles de veces mayores que el Sol, que explotarían rápidamente, formando un agujero negro. El gas adicional orbitaría en discos a su alrededor, aumentando su temperatura hasta que su emisión de radiación fuera la que se puede percibir.

Pero el deplazamiento al rojo del espectro no parece concordar con algunas observaciones. Grupos de galaxias como el llamado quinteto de Stephan, cuyo tamaño angular indica que se encuentran aproximadamente a la misma distancia, muestran velocidades de recesión dispares, de forma que ni estarían tan lejos ni serían tan luminosos. Explican estos autores el desplazamiento al rojo del espectro como producido por zonas de intensa gravedad, aunque la anchura que presentarían sus líneas espectrales sería mucho menor. Estas zonas de alta gravedad podrían producir la explosión del quásar e incluso expulsarlo de la galaxia, produciendo estructuras tales como galaxias unidas a quásares por una fina cola, tal y como algunos astrónomos han observado.

Con todo, el modelo de cuásares como los núcleos de galaxias en formación, de enorme luminosidad y extraordinariamente alejados es la más aceptada entre los astrónomos, aunque su naturaleza permanece rodeada de grandes incógnitas.