Definición de Reproducción

Reproducción - Su Significado, Definición, Concepto e Importancia

Definición de: Reproducción y su Importancia

En este mundo todos los Seres Vivos tienen desde el momento de su nacimiento distintas funciones que se cumplen a lo largo de un Ciclo de Vida, siendo estas acciones repetidas una y otra vez hasta que culmina la misma mediante la Muerte o Fallecimiento, estando en constante movimiento y generando cambios en forma permanente teniendo transferencias con el medio.

Estas acciones tienen fundamentalmente a la Alimentación como parte principal, siendo esta necesaria para poder alcanzar las Necesidades Energéticas que nuestro cuerpo demanda dependiendo del tipo de actividad o el Ritmo de Vida que estos desarrollen, seguido de la Relación con otros individuos tanto con el medio formando entonces un definido Ecosistema, y por último la Reproducción, de la que ahondaremos a continuación.
Básicamente, la principal funcionalidad que persigue este acto es la de Crear Nuevos Organismos, teniendo como forma más conocida la que se realiza por los Pares Sexuales de una misma especie, teniendo por un al macho y al hembra que se unen mediante distintos Ritos de Cortejo y Apareamiento dependiendo de los instintos que tienen las especies animales.
Como forma de clasificación general y sin pensar en las especies tenemos por un lado a una Reproducción Sexual que requiere para ello la presencia de dos seres que tengan compatibilidad de Cromosomas, el material genético que se traspasa al nuevo gen dejando una trascendencia de Linaje y Especie, siendo como resultado un nuevo Perfil Genético distinto al de sus padres.
Por otro lado tenemos la Reproducción Asexual, en el que se da la existencia de un solo ser que luego de su desarrollo y maduración correspondiente puede lograr una Partición o División dando lugar a dos nuevos seres que tienen una idéntica conformación, siendo esto más que nada conocido en el caso de los Organismos Unicelulares o no tan desarrollados, donde no solo se da lugar a dos seres idénticos a su progenitor, sino que hasta tiene la misma Información Genética.
En los seres humanos esto se da mediante una Fecundación Interna del aparato reproductor femenino mediante la cual un Huevo u Óvulo es provisto de la célula reproductora masculina, el Espermatozoide, donde el embrión se implanta en el Útero y tras un plazo cercano a los 9 meses de maduración se da a luz a la nueva vida tras su expulsión a través de la Vagina o bien mediante una cirugía conocida como Cesárea.

Concepto de: Reproducción y Qué es

Se conoce como reproducción a aquel proceso biológico a través del cual una especie podrá crear nuevos organismos pertenecientes por supuesto a la misma. La reproducción es la característica común que observan casi todas las formas de vida que se conocen hasta el momento: los animales, los seres humanos, las plantas, entre otros, siendo la misma plausible a través de dos formas: sexual y asexual.
En la reproducción asexual un solo organismo será el responsable de originar otros individuos nuevos, los cuales serán algo así como una copia calcada de ese organismo desde el punto de vista genético. En este tipo de reproducción se forma otro organismo a través de solamente células paternas sin que medie ningún tipo de fecundación. Un ejemplo típico de esta clase es el de las amebas, las cuales se reproducen a través de esta modalidad.
En tanto y contrariando desde su base al anterior tipo de reproducción, la sexual requerirá para su concreción de la intervención de dos individuos u organismos que deberán ser de diferentes sexos. Los descendientes que se den como origen serán el resultado de la combinación de ambos progenitores, es decir del ADN o información genética de cada uno, razón por la cual se perderá eso de la copia calcada que hablábamos en la situación anterior. Este tipo de reproducción es propia de aquellos organismos complejos, como es el caso de la especie humana.
En el caso de la reproducción humana intervienen dos individuos, un hombre y una mujer y consiste en la fecundación interna a través de los órganos sexuales de los dos géneros mencionados. Sin embargo, la misma no se produce y listo, ya aparecerá la descendencia, sino que por el contrario, el éxito dependerá de la acción coordinada de las hormonas masculinas y femeninas, el sistema reproductivo y el sistema nervioso.
Los testículos en el caso del hombre y los ovarios en el caso de la mujer, son los encargados de la producción de los espermatozoides y los óvulos, que son los que en definitiva tendrán a su cargo la reproducción per se, siendo los espermatozoides los que oportunamente en momento del período ovulatorio de la mujer tendrán la tarea de fecundarlo.
Una vez concretada la fecundación del óvulo, que dará lugar a la creación de un huevo o cigota, se producirán una serie de divisiones mitóticas que culminarán con el desarrollo del embrión. Este tendrá tres capas germinales, ectodermo, endodermo y mesodermo las cuales darán origen a los diversos órganos del cuerpo de ese nuevo individuo.
El aparato reproductor masculino se encuentra formado por los siguientes elementos próstata, pene, testículos, epidídimo, conductos deferentes y las vesículas seminales, en tanto, el de la mujer está integrado por la vagina, la vulva, el cérvix, el útero, el endometrio, los ovarios y las trompas de Falopio.

Significado de: Reproducción y sus Usos

Reproducción de los seres vivos

Mecanismo por el cual los seres vivos dan origen a otros seres semejantes o iguales a ellos mismos. El concepto de reproducción es uno de los más importantes en biología, pues sus mecanismos y los diferentes sistemas asociados a este proceso son los que posibilitan la supervivencia de una especie. De hecho, el origen de la vida comienza verdaderamente cuando unas estructuras químicas, por simples que fueran, obtuvieron la capacidad de replicarse por sí mismas y transmitir sus caracteres esenciales a la descendencia. Este fenómeno se hace imprescindible para la continuidad de la vida.

La reproducción tiene lugar tanto en los seres unicelulares y más simples que viven en la Tierra, como las bacterias, los protozoos, y algunas algas y hongos, como en los más grandes formados por multitud de células, cuyas estructuras reproductoras son aparentes y complejas, y requieren la participación de mecanismos hormonales, como los de las plantas y los animales. Sólo los virus, que carecen de vida libre y están considerados por los científicos en el límite de lo vivo y lo no vivo, no disponen de estructuras propias para poder reproducirse, por lo que, aun presentando la información genética necesaria para desarrollar su ciclo biológico, dependen totalmente de los sistemas enzimáticos de las células vivas de animales, plantas o bacterias, a las que parasitan.

Las bases moleculares de la reproducción consisten básicamente en la autorreplicación de la molécula de ADN (ácido desoxirribonucleico), la molécula trasmisora de la herencia biológica; de forma que a partir de una molécula de ADN se generan dos iguales a ella e idénticas entre sí. En esa molécula de ADN está localizado el conjunto completo de cromosomas de una especie con sus genes asociados, es lo que se conoce como genoma, y en él se encuentran todas las instrucciones precisas para la síntesis de proteínas y de enzimas reguladoras de todas las reacciones metabólicas necesarias para la vida del organismo, incluyendo la propia expresión de los genes. La trasmisión del material genético y por tanto la creación de células e individuos nuevos se realiza mediante los procesos de división celular.

Una de las formas de reproducción consiste en la división de una única célula para dar otra idéntica, es decir un clon, obteniéndose al final una población de células todas ellas idénticas entre sí, proceso conocido como reproducción asexual. En los organismos unicelulares, este proceso va a implicar la formación de un nuevo individuo, mientras que en los organismos multicelulares este proceso implica crecimiento y regeneración. La otra forma de reproducción es un proceso por el cual los organismos (unicelulares o multicelulares) realizan copias semejantes a sí mismos, mediante la fusión de dos células especializadas y distintas (los gametos), pertenecientes a individuos de distinto sexo, cuya unión formará un cigoto o célula huevo que se dividirá y desarrollará hasta producir el individuo adulto, el cual será genéticamente distinto a cada uno de sus progenitores y al resto de los descendientes de sus mismos progenitores (gracias a los fenómenos de meiosis y de recombinación genética); esto es lo que se conoce como reproducción sexual.

La reproducción asexual, por división simple, no solo tiene lugar en seres inferiores, como bacterias, protozoos y algas, sino que está bien presente en muchos animales invertebrados, sobre todo en los de vida sésil; así las esponjas, por ejemplo, pueden reproducirse sexual o asexualmente, y en este último caso un grupo de células (gémulas) se unen para formar un nuevo individuo. En las Hydras se ha comprobado que porciones aisladas del pedúnculo del cuerpo pueden regenerar y transformarse en un animal completo; y las ascidias también se reproducen sexual o asexualmente por gemación.

Por otra parte, organismos unicelulares tan simples como las bacterias pueden presentar un tipo de reproducción sexual denominada conjugación, que es un proceso en el que el material genético de una célula se transfiere desde un individuo donador a otro receptor, mediante contacto físico entre ambas células. O bien, se produce el intercambio entre núcleos celulares haploides, como en los paramecios, quedando cada uno con dos pronúcleos que luego se fusionan.

Las plantas también pueden reproducirse sexual o asexualmente. En éstas, la reproducción sexual requiere la presencia de unos órganos denominados flores capaces de formar semillas; mientras que la reproducción asexual o vegetativa incluye la formación de esporas o la multiplicación vegetativa (muy extendida en el mundo vegetal), por medio de la cual un fragmento de un vegetal puede desarrollarse y formar un vegetal completo; ello lo consiguen gracias a la existencia de unas células con capacidad de crecimiento indefinido, denominadas meristemos. (Ver Reproducción en Vegetales).

La máxima expresión de la reproducción sexual se encuentra en los vertebrados. Peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos se reproducen siempre sexualmente, para lo que disponen de sistemas reproductores verdaderamente complejos, que han ido evolucionando y han sufrido adaptaciones en el transcurso del tiempo. Para que se produzca la reproducción sexual se requiere la existencia de unas glándulas productoras de gametos (ovarios y testículos), a través de un proceso denominado gametogénesis, que consiste en la reducción del número de cromosomas a la mitad de los que tiene la célula somática normal, lo que se consigue por una división reduccional denominada meiosis, para asegurar que la fusión de los gametos o fecundación origine un individuo que conserve el número de cromosomas de la especie. También se requiere la existencia de unos conductos y glándulas accesorias que aseguran el transporte de los gametos, la fecundación del óvulo (gameto femenino) y su desarrollo. Y no hay que olvidar la participación de mecanismos hormonales que cumplen un papel crucial en la regulación de infinidad de aspectos relacionados con la reproducción. Todo ello, unido a una instintiva conducta de apareamiento, asegura la perpetuidad de las especies.

Reproducción sexual y asexual: ventajas y desventajas

En la propagación de una especie, la reproducción asexual ofrece la ventaja de que cada individuo puede clonarse a sí mismo las veces que quiera, aprovechando las condiciones ambientales favorables, y en un espacio corto de tiempo, pues por ejemplo, una bacteria tarda solo 30 minutos en completar su ciclo vital y dividirse en dos. En contrapartida, no pueden aumentar su variabilidad genética, pues todos los individuos son iguales genotípicamente. La reproducción sexual, por el contrario, es mucho más costosa porque implica el mantenimiento del sexo, en el que sólo los miembros de un sexo (las hembras) tienen crías. Además, para favorecer el encuentro de los gametos masculino y femenino es necesario que éstos se produzcan en gran cantidad, lo que conlleva un coste energético para el organismo; es necesario también que los gametos, al menos uno de ellos, presenten movilidad para poder encontrarse; y los animales que no son acuáticos, y por tanto no viven en el medio ideal para la reproducción, deben desarrollar estrategias adaptadas a la vida terrestre, con el consiguiente coste energético.

Según éstas circustancias, parece que la reproducción asexual es una estrategia mejor para la propagación de una especie, y que las especies asexuales deberían barrer a las sexuales; sin embargo no es así. Las especies sexuales están por todas partes y no se extinguen por la presión de los clones reproductivamente más eficaces de las asexuales.

La explicación es que la variación de las especies sexuales supera el coste del sexo. Los clones, al ser idénticos, tienden a competir entre sí por los recursos mucho más intensamente que los miembros de las especies sexuales, y además, los clones suelen tener exigencias más específicas para su desarrollo vital que los individuos de especies sexuales. El sexo permite mezclar los genes de los progenitores y asegura una variedad genética para las crías, de manera que compiten menos intensamente entre sí, pueden explotar un rango más amplio de recursos y las especies adquieren evolutivamente una flexibilidad muy útil para la adaptación a los diferentes cambios del ambiente. Por lo tanto, la mayor capacidad de reproducción de las especies asexuales se contrarresta equilibradamente con la reproducción de las especies sexuales.

Tipos de reproducción asexual

La reproducción asexual es el proceso por el cual un ser vivo da origen a nuevos individuos sin la intervención de gametos. Supone un progenitor único el cual se divide, germina o se fragmenta para formar dos o más descendientes, cuyos caracteres genéticos son idénticos a los del padre. Este tipo de reproducción es propia de bacterias, algas, hongos, musgos, protozoos, celentéreos, briozoos y tunicados, entre otros. La unidad reproductora puede ser cualquier fragmento del cuerpo o bien el organismo entero si es unicelular.

Existen varios tipos de reproducción asexual: bipartición, escisión o fragmentación, regeneración, gemación y esporulación o división múltiple.

Bipartición o fisión

La forma más simple de reproducción asexual, en la cual una célula se divide en dos por mitosis, cada una de las cuales dará lugar a un nuevo organismo completo e independiente. Las células hijas pueden separarse completamente o permanecer unidas formando colonias. Se da principalmente en bacterias y protozoos.

Escisión o fragmentación

División espontánea del cuerpo del progenitor en varias porciones pluricelulares, cada una de las cuales regenera las partes que le faltan, originando un ser completo. La presentan normalmente las algas verdes filamentosas, como las del género Spirogyra; algunos vegetales briofitos; algunos celentéreos, como las anémonas de mar; y muchos tipos de gusanos, como los anélidos poliquetos.

Regeneración

Es una forma de escisión en la que la división no se produce espontáneamente, sino como consecuencia de una lesión. Los órganos o fragmentos perdidos son capaces de regenerar el individuo completo, así como también el organismo progenitor es capaz de regenerar los fragmentos perdidos. Ocurre en las estrellas de mar y ofiuras, con seis o más brazos, que pueden regenerar el animal completo a partir de un solo brazo. También se da en las lombrices, esponjas e hidras y en muchos vegetales en los que casi cualquier parte de la planta puede regenerar el individuo completo; los esquejes, por ejemplo, son fragmentos del tallo que enraizan al plantarlos en tierra húmeda. (Véase Regeneración biológica).

Gemación

Una pequeña porción de la superficie del cuerpo del organismo progenitor se convierte en protuberancia o yema, a partir de la cual se desarrolla un nuevo individuo, que puede desprenderse del cuerpo y vivir independiente del progenitor (caso de esponjas, gusanos platelmintos y algunos celentereos) o permanecer unido a él formando una colonia (caso de corales y tunicados). En la reproducción de levaduras también se produce un abultamiento o yema que se independiza de la célula madre, tras adquirir un núcleo hijo, producto de la mitosis de la célula reproductora.

En las plantas es muy típica la formación de yemas en distintas partes, debido a la capacidad de división de las células meristemáticas, que representan un tipo de reproducción asexual frente a condiciones ambientales adversas. Es el caso de los tubérculos portadores de yemas que se desarrollan en el extremo de los rizomas o tallos subterráneos, como el de la patata; de los estolones de los fresales que forman una plántula que hecha raíces y da lugar a un nuevo tallo; de los bulbos de la cebolla y el tulipán, que son yemas subterráneas con hojas y cargadas de sustancias de reserva; de los bulbillos (yemas aéreas) que hay en las axilas, bordes y nervios de las hojas de las plantas herbáceas, como los lirios, que se desprenden y germinan en el suelo; y también de los propágulos que se desprenden de los musgos y desarrollan nuevos individuos.

Esporulación o división múltiple

Tras sucesivas divisiones del núcleo de una célula por mitosis se produce posteriormente la división del citoplasma, para formar varias células hijas, denominadas esporas. Las esporas son células especiales que se liberan cuando la membrana de la célula madre se rompe, y están provistas de cubiertas que las hacen resistentes a condiciones externas adversas, como temperaturas extremas o desecación excesiva. Este tipo de reproducción tiene lugar en algunos organismos unicelulares, como esporozoos, en hongos, y en la mayoría de los vegetales en algún momento de su ciclo vital.

Reproducción sexual

Proceso mediante el cual dos individuos de sexos diferentes originan descendientes que son genéticamente distintos entre sí y también de los progenitores. Implica la mezcla de los genomas de ambos progenitores, lo que permite una diversificación genética, que origina una mayor diversidad de individuos en la población, y favorece la supervivencia de la especie frente a un medio ambiente que sufre alteraciones impredecibles. Si un progenitor produce numerosos descendientes, con una gran variedad de combinaciones génicas, existen más probabilidades de que al menos uno de ellos esté mejor adaptado a las condiciones futuras, lo que representa una ventaja fundamental de este tipo de reproducción frente a la reproducción asexual.

Ha sido adoptada por la gran mayoría de plantas y animales, incluso por muchos procariotas y eucariotas unicelulares. Los organismos más complejos han evolucionado a través de generaciones de reproducción sexual.

La mezcla de los genomas se consigue mediante la fusión de dos células haploides que contienen, cada una, una dotación sencilla de cromosomas, y forman una célula diploide, la cual contiene una dotación doble de cromosomas. El ciclo de reproducción sexual supone por tanto una alternancia de células haploides con células diploides. Las células haploides se generan cuando una célula diploide se divide por meiosis, proceso mediante el cual, los genes del doble conjunto de cromosomas se reparten en dotaciones simples de cromosomas. Durante este proceso se produce recombinación genética entre los cromosomas, lo que proporciona a cada célula de la nueva generación haploide un nuevo juego de genes, que deriva en parte de una célula de la generación haploide anterior y en parte de la otra.

Las células haploides especializadas para la fusión sexual son los gametos, y generalmente son de dos tipos, uno grande e inmóvil llamado oocito u óvulo y el otro pequeño y móvil llamado espermatozoide. Los gametos se fusionan originando una célula diploide denominada zigoto, que se dividirá por mitosis sucesivas originando un organismo pluricelular complejo.

Se distinguen varios tipos de reproducción sexual: según el tipo de gametos, isogamia y anisogamia; según el tipo de individuos sexuales, hermafroditismo y unisexualidad; y según el proceso de fecundación, anfigonia y partenogénesis, conjugación y autogamia. Por último la reproducción alternante, en la que se alternan fases de reproducción asexual y sexual.

Isogamia y Anisogamia

En los casos en los que dos individuos adultos, en alguna etapa de su ciclo biológico, se comportan ellos mismos como gametos y se fusionan para dar un zigoto, lo que se conoce como singamia u hologamia, se puede hablar de dos tipos de reproducción:

La reproducción isogámica o isogamia es aquella en la que los dos gametos son estructuralmente iguales, y se da en muchos protistas. En la anisogámica o anisogamia se aprecian dos tipos de gametos, de tamaño diferente en algunos protistas y en los vegetales.

La isogamia es más primitiva que la anisogamia. En algunas especies isogámicas, los gametos están al menos químicamente diferenciados. En este caso un gameto pertenece a un tipo de cruzamiento y puede unirse sólo con un gameto de un tipo diferente de cruzamiento, asegurando así la exogamia.

Los gametos varían mucho en forma; pueden ser flagelados o ameboides, y en algunos casos están altamente diferenciados, especialmente en el caso de los gametos móviles.

Conjugación

Reproducción característica de los protozoos ciliados, como los paramecios. Los individuos conjugantes se aproximan y forman entre sí un puente citoplásmico, a través del cual se intercambian los núcleos gaméticos, procedentes de la división de los núcleos originales. Finalizado el intercambio, cada individuo queda con dos núcleos, uno el suyo propio y otro el intercambiado, que se fusionan para formar un núcleo zigótico.

Los detalles de este proceso varían según las especies y el número de macronúcleos y micronúcleos presentes, pero el objetivo general es el mismo: se reemplaza el viejo macronúcleo, se establece una dotación de genes a partir de ambos progenitores, y se incrementa la capacidad reproductora de los organismos. Es un proceso complejo para intercambiar información genética, por el cual las células se conjugan y los micronúcleos experimentan meiosis. (Véase Conjugación celular y Conjugación bacteriana).

La autogamia es un tipo de reproducción sexual que implica un solo progenitor. Ocurre en varios grupos, pero entre los ciliados es una modificación de la conjugación y con las mismas ventajas: el reemplazamiento del viejo macronúcleo, la renovación del vigor y la recombinación génica. El macronúcleo se rompe mientras el micronúcleo sufre una meiosis. Dos pronúcleos del mismo organismo se unen para formar un núcleo zigótico.

Hermafroditismo y unisexualidad

Algunos animales y la mayoría de especies vegetales son hermafroditas, es decir, que un mismo individuo produce óvulos y espermatozoides. El hermafroditismo es frecuente en especies que presentan dificultades de dispersión geográfica, como los organismos sésiles o lentos de movimiento, o los parásitos. Ciertos animales hermafroditas, como las tenias parásitas, están capacitados para la autofecundación. Como el sujeto parasitado sólo alberga a uno de esos grandes parásitos, este recurso significa una adaptación singular para la supervivencia de la especie. Sin embargo, muchos hermafroditas no se reproducen por autofecundación sino que dos individuos se aparean mediante la fecundación cruzada. Utiliza éste método la lombriz de tierra. En otras especies, la autofecundación no ocurre porque en un mismo individuo aparecen primero testículos y después ovarios. Las ostras, aunque hermafroditas, no pueden autofecundarse, pues los ovarios y los testículos de cada individuo producen gametos en diferentes tiempos.

En las especies unisexuales, los sexos están separados en individuos distintos, como ocurre en algunas especies vegetales y muchas especies animales. En estos casos es frecuente el dimorfismo sexual, es decir, la diferencia morfológica entre individuos de uno y otro sexo.

El hermafroditismo se considera una forma de reproducción más primitiva que la reproducción unisexual. La unisexualidad impide la autofecundación y favorece el intercambio genético, objeto fundamental de la reproducción sexual.

Partenogénesis y anfigonia

Una de las variedades excepcionales de la reproducción sexual es la partenogénesis, común en insectos sociales como abejas, avispas y otros artrópodos, y también en algunos crustáceos. Consiste en el desarrollo de un óvulo sin fecundar, hasta llegar a formar un animal adulto. Algunas especies de artrópodos consisten enteramente en hembras, las cuales se reproducen de esta manera. Lo más común es que la partenogénesis persista únicamente durante unas generaciones, después de las cuales aparecen machos que fecundan una generación de huevos.

En el caso de las abejas, la reina queda inseminada por un macho, sólo un vez en toda su vida. Los espermatozoides quedan depositados en una bolsa conectada al aparato genital, cerrada por una válvula musculosa. Durante la puesta, la reina puede abrir esa válvula, con posibilidad de que salga un espermatozoide y fecunde un óvulo; pero también puede mantenerla cerrada y hacer que los óvulos desarrollen sin fecundar. Los huevos fecundados se convierten en hembras, en tanto que los no fecundados serán machos.

En oposición a la partenogénesis, la reproducción sexual típica, con fecundación, se denomina gamogénesis o anfigonia.

Reproducción alternante

Muchas especies presentan ciclos biológicos en los que alternan generaciones de individuos que se reproducen de diferente modo. Podemos distinguir tres tipos de reproducción alternante: la metagénesis, la alternancia antitética y la heterogonia.

En la metagénesis, se alterna una fase de reproducción asexual, por escisión o gemación, con la fase sexual. Se produce en animales inferiores, esponjas, celentéreos y algunos anélidos poliquetos.

La alternancia antitética es característica de la mayoría de los vegetales. En esta modalidad reproductora, la fase sexual alterna con una fase reproductiva asexual por esporas. Se obtienen generaciones de individuos diploides que alternan con generaciones de individuos haploides.

La heterogonia es la alternancia de dos o más generaciones sexuales con distinto modo de reproducción. La partenogénesis cíclica es un ejemplo de este tipo de reproducción alternante; generaciones de individuos producidos por partenogénesis se alternan con generaciones formadas por fecundación.

Órganos y modalidades de reproducción sexual

La variedad de órganos, aparatos y sistemas reproductores en los organismos pluricelulares es enorme. La mayoría de los animales presentan un par de gónadas, aunque en algunos más primitivos el número puede ser superior, y su ubicación es casi siempre intraadominal, aunque algunos mamíferos poseen sus testículos fuera de la cavidad abdominal.

En los animales que presentan simetría radial en cuanto a su organización corporal, tales como las estrellas de mar, las esponjas, las hidras, las medusas, las anémonas y los corales, los gametos son producidos por las células del mesénquima (un tejido embrionario que forma la mayor parte del mesodermo). Los espermatozoides son liberados directamente al medio, mientras que los óvulos son generalmente expulsados después de la fecundación. Las estrellas de mar, por ejemplo, presentan un par de gónadas por interradio.

Los animales con simetría bilateral presentan generalmente órganos reproductores con forma globular, con un epitelio germinativo a partir de cual se originan los gametos. Existen además gonoductos por los que los gametos salen desde las gónadas hacia el exterior; así por los oviductos salen los óvulos desde el ovario (en la mujer reciben el nombre de trompas de falopio), y por los espermiductos salen los espermatozoides hacia el exterior.

En los animales que carecen de cavidad corporal, sin estómago verdadero, (acelomados), como los gusanos platelmintos y los nemertinos, también en los gusanos nemátodos, el gonoducto comunica con el exterior a través de un gonoporo. Sin embargo, en los celomados, aquéllos que presentan una cavidad corporal (el celoma) en la cual se encuentran suspendidos el tubo digestivo y otros órganos internos, las gónadas y sus gonoductos vierten los gametos al celoma, a través de gonoporos independientes, y luego son llevados al exterior tras la ruptura de las paredes del propio organismo o de alguna otra forma (como ocurre en los gusanos anélidos); o bien, lo hacen a través de un conducto urogenital, llamado así por ser común al aparato reproductor y al excretor, caso de los mamíferos.

En la mayoría de los insectos existe un receptáculo seminal al que llegan los espermatozoides tras la cópula y en el que quedan almacenados; luego se liberan a medida que la hembra produce sus óvulos.

En la mayoría de los vertebrados, el conducto urogenital desemboca en la cloaca, que forma parte del intestino de las aves, peces, anfibios y reptiles. En los mamíferos, el conducto urogenital desemboca en un pene, que es el órgano copulatorio, mientras que en las hembras los conductos genital y urinario salen al exterior de forma independiente.

Además de las gónadas, órganos sexuales accesorios son los receptáculos seminales de las hembras de los insectos, las glándulas vitelinas y calcáreas, que aseguran las nutrición y protección de los huevos, y el útero y la vagina en los animales más evolucionados. Los machos pueden presentar vesículas seminales, glándulas prostáticas y órganos copuladores (pene).
(Véanse los sistemas reproductores de cada uno de los grupos animales).

En la mayoría de las plantas y en un gran números de invertebrados, los gametos masculinos y femeninos son producidos por el mismo individuo; son por tanto seres hermafroditas.

Además de la variedad de órganos y aparatos de reproducción, en animales existen tres modalidades de reproducción: ovípara, ovovivípara y vivípara. En la reproducción ovípara las hembras expulsan los huevos al medio, fecundados o no, para que se desarrollen; es propia de muchos invertebrados. En la ovovivípara la hembra retiene los huevos en su oviducto, pero el embrión obtiene el alimento de las reservas nutritivas del vitelo y no del cuerpo de la madre; es propia peces, lagartos y serpientes. En la reproducción vivípara las hembras retienen el huevo en el interior del útero y además se establece una íntima relación entre el embrión y la madre, a través de la placenta, sobre todo para su alimentación y respiración; es exclusiva de los mamíferos, con la excepción de los ornitorrincos, y también la presentan algunos tiburones, como el pez martillo.

Reproducción y ciclos de vida

Existe una fase en el desarrollo de muchos animales (insectos, gusanos, anfibios, invertebrados marinos) que es posterior a su salida del huevo fecundado y anterior al estado adulto, denominada estado larvario (ver larva), tras el cual experimentan una metamorfosis para llegar al estado adulto. La larva es una etapa adaptativa a las condiciones del medio; además, el huevo de estos animales tiene pocas reservas nutritivas, por lo que se diferencia rápidamente en una pequeña larva que busca su propio alimento. Las mariposas, por ejemplo, experimentan un tercer estado posterior a la fase larvaria (oruga) que se conoce con el nombre de pupa o crisálida, tras la cual emerge el insecto adulto y maduro sexualmente. También es propio de algunos animales un cambio periódico de la piel, por ejemplo en reptiles, o del exoesqueleto, como en los artrópodos, que les permite aumentar de tamaño; este fenómeno es la muda.

Pólipo y medusa son también dos fases bien diferenciadas del ciclo de vida de los cnidarios. Los pólipos se multiplican por reproducción asexual, dando yemas que se convierten en medusas, la forma libre y sexuada que se reproduce mediante gametos liberados al agua; la fecundación da lugar a la formación de un huevo que origina un pólipo, completando el ciclo.

En las plantas, el ciclo biológico más característico es el diplohaplonte, en el que existe una fase de gametofito haploide, procedente de la germinación de una espora y productor de gametos en los gametangios, que es como se llama a los órganos productores de gametos en los vegetales, mientras que el esporofito es la fase diploide, que origina esporas en los esporangios (ver Alternancia de generaciones). La flor es la máxima expresión de las plantas con reproducción sexual, en la que se encuentran los órganos de la reproducción y a partir de la cual se forma, previa polinización y fecundación, la semilla y el fruto; generalmente está compuesta de cáliz, corola, estambres y pistilos.

Tecnologías reproductivas

Las modernas técnicas de biología reproductiva permiten realizar inseminaciones artificiales, reproducciones "in vitro", y obtención de clones a partir de organismos grandes y complejos, con técnicas que se van perfeccionando cada vez más y que en un futuro podrán incluso evitar la extinción de especies amenazadas. La clonación, junto con la aplicación de las técnicas de ingeniería genética, podría realizar importantes aportaciones a la terapia génica de la línea germinal, al convertir un embrión con fallos genéticos en un gemelo completamente sano, con los defectos genéticos corregidos, y así prevenirle de enfermedades mortales o debilitantes (véase Clonación y terapia génica).

Las tecnologías reproductivas permiten fecundar óvulos in vitro, desarrollar los primeros estados del embrión en tubos de ensayo, congelar embriones por largos periodos de tiempo, trasferirlos desde el útero de una hembra donante al aparato reproductor de otra hembra receptora, etc. También se pueden aplicar para conseguir lo contrario, es decir, un control de la fertilidad y por tanto de la natalidad, con la utilización de métodos anticonceptivos (ver Control de natalidad).

La inseminación artificial es una de las técnicas más antiguas aplicadas y con mayor éxito. Es una técnica fácil y de rápida aplicación que, gracias a la posibilidad de extraer y conservar semen, es muy útil en ganadería y en casos de parejas con algún problema de esterilidad. Consiste en la introducción de células germinales masculinas (espermatozoides) en el aparato genital de una hembra, de forma no natural. La fecundación "in vitro" y transferencia embrionaria es el método más utilizado por parejas estériles para tener hijos, y consiste básicamente en la fecundación del óvulo fuera del organismo, en un medio de cultivo adecuado de laboratorio, seguida de la implantación del huevo en el útero. La reproducción "in vitro" de especies vegetales es también un fenómeno de gran importancia. (Véase Fecundación in vitro en Fecundación).

Una gran revolución de las tecnologías reproductivas ha sido la creación de organismos clónicos, a partir de células obtenidas de embriones y cultivadas en el laboratorio, para después ser implantadas en otros animales; o como en el caso de la oveja Dolly, a partir de células de seres vivos adultos, mucho más complejas que las células embrionarias para la obtención de individuos genéticamente iguales (véase Clonación de mamíferos).

Los científicos estudian actualmente la posibilidad de salvar de la extinción a especies amenazadas, de manera que antes de la muerte del último ejemplar éste pueda ser clonado, utilizando su material genético y las modernas técnicas de biología molecular, como se hizo con la oveja Dolly y posteriormente con otros mamíferos. Sin embargo, aún queda mucho por desarrollar en este campo. El bucardo, una subespecie de cabra hispánica, se extinguió en el año 2000 y los intentos por recuperar esta subespecie no dieron sus frutos pues, la experiencia en clonación de animales salvajes es escasa, no así en animales de ganadería; ello, unido a que no se cuenta con el material genético suficiente, descartó una posible clonación; sin embargo, se ha conservado el material genético recogido de este animal a la espera de nuevos avances tecnológicos que permitan alcanzar la recuperación de la especie en toda su riqueza genética, hecho inalcanzable en la actualidad.