Definición de República

República - Su Significado, Definición, Concepto e Importancia

Definición de: República y su Importancia

1. Estado, cuerpo político de una nación: el dictador declara que se ha visto obligado a adoptar tales medidas extremas por el bien de la república.
2. Sistema político representativo en el que los poderes del jefe del estado no están legitimados por derechos dinásticos o de conquista, sino que proceden de la elección de todos o parte de los ciudadanos: luchó por el derrocamiento de la monarquía y la implantación de la república.

3. Estado que posee esta forma de gobierno: la República Checa es un país independiente desde el 1 de enero de 1993.
4. Causa pública o conjunto de cosas de interés o utilidad común a los ciudadanos de un estado: un uso inapropiado de la república perjudica a todos los ciudadanos.
5. [Uso figurado e irónico] Lugar o situación en la que impera el desorden por un supuesto exceso de libertades: desde que llegó Lulú, este departamento se está convirtiendo en una república.

Sinónimos
Estado, gobierno, nación, comunidad, democracia.

Antónimos
Monarquía, tiranía, totalitarismo.

Modismos
República bananera. [Uso figurado y coloquial] País gobernado por una dictadura militar.
República de las letras, o literaria. Conjunto de hombres sabios y eruditos.

(2) [Política, Historia]

Sistema de gobierno en el que el conjunto de la comunidad elige como representante, a través de sufragio, a un dirigente máximo al que dota de plenos poderes durante el lapso de tiempo marcado por el plebiscito, sin que se tengan en cuenta cuestiones hereditarias o descendentes a la hora de fijar el candidato. Los poderes recibidos por el dirigente nunca pueden ser trasmitidos a nadie (descendientes, afines, familiares...) por ninguna vía hereditaria que no sea aprobada por los comicios del conjunto de ciudadanos.

Historia de la idea de Res Publica

En la Grecia clásica aparecieron los primeros regímenes políticos que los historiadores han asimilado a la república. La organización política de algunas de esas ciudades-estados donde imperó tal sistema estaban muy lejos de lo que acabó siendo el republicanismo, pero existía una gran diferencia entre los sistemas rudimentarios de gobierno de los pueblos bárbaros del norte o las sofisticadas monarquías teocráticas de Egipto y Mesopotamia si se los compara con las primeras tentativas democráticas bajo la idea de república. Entre la expulsión de los etruscos y la fundación del Imperio por Augusto, Roma tomó el sistema republicano de gobierno. En la Baja Edad Media se fundaron en algunas ciudades regímenes que fueron denominados repúblicas. En los tres casos, la república fue un sistema de gobierno oligárquico, sin tener con la concepción contemporánea de República mucha más relación que la meramente nominal.

Fue durante el Renacimiento y, de modo especial, con motivo de las crisis religiosas del siglo XVI cuando se realizaron las primeras críticas sistemáticas de la monarquía y comenzaron a elaborarse cuerpos doctrinales en los que apareció la concepción moderna republicana. En algunas ciudades-estado italianas (en especial Venecia y Florencia), en las Provincias Unidas y en la Confederación Helvética se crearon nuevos sistemas de gobierno republicanos; si bien el control popular de hecho no fue muy abundante y la presencia de familias señoriales defendió prioritariamente los intereses de la emergente burguesía comercial, la presencia de influyentes consejos legislativos y la ausencia de monarquías dinásticas acerca considerablemente este modelo al actual, configurándose como una etapa intermedia entre los modelos de la antigüedad y los contemporáneos.

La tercera gran fase del modelo republicano se basó en la elaboración de la doctrina de la soberanía popular. Los pensadores ilustrados, en especial Locke, Montesquieu y Rousseau desarrollaron los principios básicos doctrinales, lo que unido a los movimientos antimonárquicos depararon las dos grandes revoluciones del finales del siglo XVIII. Los patriotas de las Doce Colonias tomaron las nuevas corrientes doctrinales y en 1781 se redactó la primera constitución republicana que dio origen a los Estados Unidos; simbólicamente, las primeras palabras de la Declaración de Independencia son "Nosotros el Pueblo...". La Revolución Francesa adoptó el nuevo sistema y en agosto de 1792 depuso a Luis XVI. Aun con distinta suerte, ambos modelos significaron la definitiva consagración de la importancia de la soberanía popular, la necesidad del consenso del pueblo y la defensa de los derechos humanos, las tres más grandes contribuciones de ambas revoluciones a la historia universal. La plasmación del incremento del poder de la burguesía, la creciente importancia del proletariado y la paulatina marginación política de la aristocracia y el clero encontraron en el régimen republicano su manifestación ideal, razón por la que se fue consolidando a través de sucesivas oleadas revolucionarias durante la primera mitad del siglo XIX. Al mismo tiempo, la participación directa del pueblo en el gobierno de la república fue aumentando, gracias a un lento proceso que fue paralelo a la extensión de las ideas liberales, democráticas y socialistas y se manifestó con el paulatino incremento sectorial del electorado: sufragio censitario, sufragio universal, rebaja de la edad para votar y, finalmente, conquista del voto femenino.

La emancipación de los territorios americanos de las coronas española y portuguesa significó una extraordinaria extensión del republicanismo, si bien la consolidación de los nuevos estados se vio sometida a un fuerte debate con las tendencias monárquicas. El libertador José San Martín era partidario de instaurar monarquías en los países liberados; sin embargo, la fuerza de Bolívar y su decidida convicción república deparó la instauración de un rosario de repúblicas en todos los territorios emancipados; transitoriamente en algunos de ellos se llevó a cabo la creación de imperios (Iturbide y Maximiliano en México, el prolongado de Brasil), cuya sustitución hizo que todo el continente americano fuera republicano.

Aunque en Europa la tradición monárquica siguió vigente en la mayor parte de los países, el ideal republicano gozó de una gran aceptación, ligándose a la idea de democracia, con la que en muchas ocasiones se hizo sinónimo. Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XIX la idea de monarquía tradicional entró en crisis, readaptándose y aceptando crecientes prácticas democráticas, lo que deparó regímenes de monarquía constitucional. Aquellas monarquías que no se adaptaron vieron reproducidas las contiendas y la lucha por implantar la democracia significó su derrocamiento; este fenómeno se dio de modo trascendental tras la Primera Guerra Mundial, con la desaparición de los grandes imperios austro-húngaro, alemán, ruso y otomano y la fundación de repúblicas en los territorios antes dominados por las coronas.

En el siglo XX, la república es el sistema político predominante en todo el mundo. A los hechos anteriores hay que sumar el colosal movimiento de descolonización africano, asiático y polinésico de mediados de siglo, que dio lugar a la creación de un gran número de repúblicas, en numerosas ocasiones tras imponerse a pretensiones de consolidación monárquica. Sin embargo, en el siglo XX se ha acabado rompiendo la identificación entre república y democracia; no sólo se han desarrollado bajo el sistema republicano regímenes autoritarios, si no que los sistemas dictatoriales más extremos también han sido republicanos: el fascismo de la República de Saló, el Reich hitleriano, el stalinismo o el maoísmo; además de soportar dictaduras militares (en especial en Iberoamérica y África) y regímenes presidencialistas de carácter totalitario.

A partir de la Revolución Rusa (1917) se desarrolló un nuevo modelo, la república popular, que repudiaba la identificación republicana con la burguesía y pretendía evidenciar el definitivo acceso del proletariado al poder. Al final de la segunda guerra mundial, el crecimiento geoestratégico de la URSS permitió la aparición de repúblicas democráticas socialista, que seguían la concepción soviética y reclamaban la continuidad con la original idea republicana.

Características del régimen republicano

Lo que diferencia esencialmente a la república de otros regímenes es la elección del presidente, con categoría de jefe de estado, por un periodo determinado de tiempo explícitamente recogido en la constitución, sin que en ningún caso se puedan convertir las funciones presidenciales en hereditarias. Las funciones que ostenta el presidente, así como el sistema de votación para su elección están igualmente determinados en la constitución.

En líneas generales, atendiendo a las facultades presidenciales, existen dos grandes sistema republicanos. En las repúblicas presidencialistas el jefe de estado reúne también las funciones de presidente del gobierno, dirigiendo de hecho la política general y siendo el máximo magistrado del poder ejecutivo (y en ocasiones, como en Estados Unidos, también del judicial); el presidente designa a los ministros o secretarios de estado, es la máxima autoridad militar y dirige toda la administración central del estado; usualmente es elegido directamente por el electorado, sin que su nombramiento se deba al juego político o al predominio de uno u otro partido, por lo que el presidente si bien ve controlada su gestión por el parlamento, no es responsable ante él sino directamente ante el electorado; ejemplos de repúblicas presidencialistas son la casi totalidad de repúblicas americanas.

En la repúblicas parlamentarias existe una diferenciación efectiva entre las figuras del jefe de estado y el presidente del gobierno; el primero es el presidente de la república y sus funciones son esencialmente simbólicas (aunque en ocasiones, como en la Francia de la V República, detenta altas resposabilidades en la política exterior y de defensa), puede ser elegido por las cámaras legislativas, pero más a menudo lo es directamente por el electorado; el poder ejecutivo lo detenta el presidente del gobierno, quien es elegido por el parlamento según la correlación de fuerzas en él existente; aunque las consultas con el presidente de la república son habituales, es responsable político únicamente ante el parlamento; ejemplos de las repúblicas parlamentarias se dan en Alemania, Italia o Portugal.

Como ha sido señalado en las anteriores alusiones, una característica fundamental del régimen republicano -si bien no exclusiva de este sistema- es la reunión del conjunto de leyes fundamentales en la carta magna o constitución. La diferencia esencial en este punto radica en el carácter real o formalmente democrático del régimen; en los democráticos la constitución es redactada por una asamblea o cortes constituyentes, órganos legislativos directamente elegidos por el pueblo; una vez redactada la constitución debe ser aprobada en plebiscito o referéndum, bien por la misma asamblea o también por el conjunto de electorado. Tras ser aprobado el texto constitucional es tomado como la base jurídica por la que se rige la vida política del estado republicano. En las democracias formales, de partido único o autocráticas el texto constitucional es un mero pretexto para legitimar el control del poder por una personalidad o una élite política, sin que en realidad exista una separación de poderes, ni un control parlamentario de la gestión ejecutiva, ni una independencia efectiva del poder judicial.

Concepto de: República y Qué es

Las primeras formas de Organización Social surgieron como una necesidad del Ser Humano para poder afrontar las distintas dificultades que le imponía el mundo que le rodeaba, teniendo entonces alianzas que buscaban el trabajo en equipo y la coperación para poder llegar a obtener Mejores Recursos y Bienes que permitían no solo alimentarse sino también protegerse, y fue así que estos grupos crecieron hasta conformar las primeras Aldeas o Tribus.
Estos grupos sociales fueron evolucionando, teniendo cada vez más integrantes y abrieron paso a la necesidad de una Mejor Organización que conllevó a lo que es considerado como las Sociedades Primitivas, siendo estas generalmente lideradas por un Jefe de Tribu que era elegido mediante distintos métodos que varían desde Ritos Religiosos hasta la demostración de Destreza y Fuerza física, erigiéndose como tal a quien posteriormente deberá mediar en conflictos entre individuos como también dirigir los destinos de dicho grupo.
El crecimiento de la Humanidad en sí llevó a lo que hoy en día son las Grandes Ciudades, y más aún lo que es el territorio de un País o Estado, pero para que éste sea considerado como tal, es necesario contar con un Asentamiento Jurídico, que es generalmente una enunciación de principios fundamentales conocida como Carta Magna o bien llevando el nombre de Constitución Nacional.
Es justamente en la Constitución donde no solo se enuncian los Derechos Fundamentales de los ciudadanos que habiten el territorio que abarque, sino también lo inherente a la elección de la Forma de Gobierno, cómo será aplicada, sus distintas dependencias, obligaciones y deberes, además de los límites que ésta tendrá por sobre los ciudadanos.
Entre las distintas formas que puede adoptar ésta, una de las más difundidas es la de República, siendo este sistema una organización donde la supremacía fundamental está dada por la Ley Suprema (es decir, la mencionada Constitución) respetándose su espíritu y esencia, y teniendo en consideración que todos los ciudadanos que habiten este territorio tendrán Igualdad Legal.
Esto último es importante ya que se considera entonces que todos los Ciudadanos tienen lo que es conocido como Igualdad de Derecho, lo que en otras épocas no era lo mismo ya que no se aplicaba a diferentes estratos, condiciones sociales o bien a la forma de trabajo que realizaban, mientras que en la República como forma de gobierno las leyes rigen para todos por igual.

Significado de: República y sus Usos

Proveniente del latín, el término ‘República’ (res publica, la “cosa pública”, la cosa hecha pública) representa a una de las formas de gobierno más ampliamente difundidas en la actualidad en la cual la participación de gran parte de la población es central para el correcto desarrollo de los eventos políticos además de sociales, económicos y culturales.
En la república, es el pueblo el sujeto de la soberanía ya que es el único representante de la cosa pública, a diferencia de otros gobiernos tales como la aristocracia (gobierno de los mejores), la monarquía (gobierno de uno solo) o la oligarquía (el gobierno de unos pocos). También se opone a los estados de tipo totalitarios y autoritarios por definición. El acto público se constituye en la república en el momento del voto en el cual los ciudadanos soberanos eligen libremente a quienes deberán actuar como sus representantes.
La república como sistema de gobierno actual se caracteriza por ciertos elementos básicos a su naturaleza y la falta o el no respeto por alguno de ellos significa la inexistencia de una república como tal (aunque en términos el Estado lleve el nombre de república).
Entre esos elementos fundantes de un Estado republicano, debemos mencionar la división de poderes entre Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y Poder Judicial (división a través de la cual se busca permitir el control interno y evitar el abuso de poder), el respeto por los valores de libertad, justicia y verdad, el acceso de todos los elementos sociales a la participación política y la disolución de los derechos o privilegios de clase. Finalmente, la participación continua y permanente del pueblo en la política es, además, el elemento central a través del cual se asegura el respeto por las intenciones de la mayoría del pueblo.
La república como forma de gobierno no ha sido siempre como la conocemos en la actualidad. La Roma Republicana (509 a.C. al 27 a.C.) es sin dudas uno de los momentos históricos más importantes del sistema repúblicano. Sin embargo, en ella no todos los ciudadanos tenían acceso al poder por la existencia de privilegios de clase y diferenciación social.