Definición de Talmud

Talmud - Su Significado, Definición, Concepto e Importancia

Definición de: Talmud y su Importancia

El Talmud o en hebreo התלמוד con el significado de enseñanza, es una obra sagrada de varios cuerpos, que representa la tradición oral del pueblo judío, caracterizado por su respeto a ellas, donde se exponen las opiniones y discusiones de ideas entre los rabinos de muchas generaciones, sobre sus leyes y costumbres, además de relatar historias y leyendas.

La primera parte del Talmud, elaborado por los Tanaim, se denomina Mishná, dividida en seis órdenes o temáticas, y fue terminado de redactar por el Rabí Yehuda, en el siglo III, para evitar que luego de la destrucción del Templo de Jerusalén la tradición oral se perdiera. Trata de temas agrícolas, de las festividades (entre ellas el Shabat) del matrimonio, del divorcio, del culto, de la responsabilidad civil y penal, y de la pureza ritual, experiencias, recogidos a lo largo de ocho siglos.
Las explicaciones de la Mishná, por parte del los Amoraim, constan escritas en idioma arameo, en general como discusiones entre rabinos, en la parte del Talmud, denominada Guemará, cuyo significado en terminación, o finalización del estudio, lo que se produjo en el siglo V. Un Guemará fue redactado en Jerusalén y el otro en Babilonia, más aceptado, por ser más completo en estilo, contenido y comprensión, siempre con respeto a la Torá o Antiguo Testamento.
El primer Talmud fue publicado en Venecia en la segunda década del siglo XVI, pero la más difundida es del siglo XIX, editada en Lituania, que incluyó muchos cometarios rabínicos que se habían escrito posteriormente sobre el contenido del Talmud, produciendo enmiendas.

Concepto de: Talmud y Qué es

Obra literaria y religiosa escrita que recoge el comentario a la Misná elaborado por los maestros judíos de Palestina entre los siglos III y V. Su nombre en hebreo (Talmud) significa 'estudio'. En efecto, constituye el resultado del debate que se hizo sobre esa obra básica del derecho religioso judío en las academias palestinenses (el nombre técnico de ese comentario es guemará). Es paralelo, aunque sensiblemente distinto, al comentario que se elabora sobre los mismos temas en el Talmud babilónico, concluido algún tiempo más tarde. Ambos Talmudim ofrecen un amplio desarrollo de la problemática tratada en la Misná, aunque lo hacen por caminos muy diversos y con grandes diferencias, sin depender directamente uno de otro.

Talmud palestinense

El Talmud palestinense, llamado también de Jerusalén, recoge las enseñanzas de los rabinos de los principales centros de estudio de Palestina: Tiberias, Séporis, Lyda, etc., sobre las cuestiones planteadas en la Misná. Incluye el comentario o debate sobre 39 de los 63 tratados misnaicos, entre ellos los referentes a las leyes agrícolas, que no fueron comentados en Babilonia. No sabemos si existieron comentarios a alguno de los otros tratados, pero tampoco hay indicios serios de que fueran escritos y se hayan perdido. Aunque la mayor parte de su contenido es de carácter jurídico, aproximadamente una sexta parte del material es de naturaleza distinta, recogiendo otras muchas facetas de la vida, la leyenda, la ciencia y el folclore de los judíos palestinenses.

Comparado con el Talmud babilónico, el palestinense es mucho más simple y conciso. Las notables diferencias de contenido pueden ser el reflejo de distintas tradiciones de interpretación y también de diferencias políticas, culturales o económicas de las juderías de ambos países. Así, los diezmos y demás leyes en favor de los sacerdotes siguen en vigor en Palestina, aunque no en Babilonia. En Palestina, la sociedad tiene una estructura agrícola más conservadora y, en algunos aspectos, puede decirse que se trata de una legislación de guerra. Las diferencias entre ambos talmudim se extienden al terreno del derecho civil: la potestad paterna, la esclavitud, el comercio, la usura, la pena de muerte, etc.

En opinión de algunos estudiosos, los comentarios más antiguos a algunos de esos tratados pudieron elaborarse en Cesárea a mediados del siglo IV. La redacción final tuvo lugar seguramente en Tiberias, en torno al año 400. No obstante, las repeticiones, las contradicciones internas y los problemas de lógica que el texto plantea, así como su relativo desorden, han sugerido a algunos expertos la idea de que nos hallamos más bien ante una lista cronológica de opiniones individuales con no pocas elipsis, preguntas sin responder, pasajes fuera de lugar, etc., que lo hacen difícilmente comprensible, como si faltara una última redacción. La opinión tradicional atribuye la responsabilidad final del Talmud palestinense a Yohanán bar Nappaha (muerto hacia el 279), pero eso suscita problemas de datación casi insolubles. La mayor parte de la obra está escrita en un dialecto occidental del arameo (junto a algunas secciones en hebreo), con cierto influjo del griego.

Alcanzó considerable autoridad, particularmente en Palestina y Egipto, en el N de África y hasta en España, aunque su importancia no fue comparable a la que tuvo el elaborado en Babilonia.

Talmud babilónico

El segundo de los Talmudim, junto al Talmud palestinense, refleja el debate jurídico y la producción intelectual de cientos de sabios de las academias de Babilonia acerca de todas las facetas de la vida judía consideradas en la Misná, recogidos en un total de 2.900 grandes folios repletos de enseñanzas y tradiciones. Los materiales llegan al menos desde el siglo III hasta el final de la época sasánida (615). Aunque sólo tiene comentario (guemará) sobre 37 de los 63 tratados de la Misná, se puede decir que es casi una enciclopedia del saber de su época.

En sus diversas discusiones y debates, los maestros babilónicos de Nehardea, Pumbedita, Sura, etc., encontraron nuevos sentidos en las palabras de la Misná, organizaron esquemáticamente las opiniones de sus predecesores, sistematizaron las leyes anteriores y regularon toda la vida de su época. A veces, un solo maestro comenta todo un capítulo de la Misná. Algunas colecciones de dichos están organizadas por temas o por su forma. Los rabinos de Babilonia disfrutaban contrastando y comparando opiniones, buscando su armonía y su lógica, aplicando los principios a situaciones hipotéticas, lejos de la realidad.

Como obra compilada a lo largo de siglos, se pueden distinguir en el Talmud diversos estratos, de acuerdo con los maestros en ellos citados. El más amplio y central se atribuye a Rava y Abbaye. Cinco tratados se distinguen de los restantes por su vocabulario, su gramática y su terminología, y se discute de dónde proceden y si se trata simplemente de diferencias locales de las distintas academias, o si se escribieron antes o después que los restantes. En todo caso, no se puede hablar en sentido estricto de una edición final, ya que es más bien un proceso de crecimiento continuo que dura varios cientos de años. Se atribuye el trabajo de redacción a R. Asi (muerto hacia el año 427), aunque no parece que pueda tratarse de la obra de una sola persona. Más bien, tuvieron que intervenir en ella muchas generaciones de maestros, sin que la obra se terminara de manera definitiva, con un texto cerrado, hasta entrada la Edad Media.

Si comparamos el Talmud palestinense con el babilónico, hay sin duda materiales comunes, discusiones y decisiones parecidas de los sabios de las distintas academias de Palestina y Babilonia. Pero hay también diferencias notables en la forma externa, en los tratados comentados, en la propia lengua (dos dialectos arameos distintos: el del Talmud de Babilonia es un arameo oriental, con secciones en hebreo) y en general en el contenido. El Talmud babilónico es sensiblemente más extenso, e incluye no pocos elementos de angelología, demonología, magia, astrología, brujería, etc. Los dos Talmudim reflejan las diferencias de vida y pensamiento, así como las que afectan a la estructura social de las comunidades judías de ambos países.

La autoridad de este Talmud fue amplísima, llegando a la casi totalidad del mundo judío. Mereció el comentario de numerosos juristas judíos, de los cuales el más conocido es el de Rasi, que suele incluirse en todas las ediciones del texto del Talmud. En el Occidente cristiano se censuraron pasajes completos de la obra, se quemaron carretas enteras de Talmudim, o se utilizaron, cortados en tiras, para encuadernar legajos notariales o procesos de los archivos de la Inquisición.

Algunos tratados del Talmud de Babilonia han sido traducidos al castellano en Argentina por A. J. Weiss (Buenos Aires, Acervo Cultural, 1964 ss.). Puede verse una Antología del Talmud, recopilada por D. Romano, Barcelona 1975. Existe también traducción castellana de uno de los tratados externos (próximos al Talmud, aunque no incorporados plenamente a él).

Talmud

El Talmud es la definición de la Ley oral surgida como complemento de la Ley escrita que Dios transmitió a Moisés. Esta definición o resumen de la Ley oral fue obra del propio Moisés en primer lugar y posteriormente de los esfuerzos académicos de los sabios que vivieron en Palestina y Babilonia, hasta el comienzo de la Edad Media en que surgen tanto en Oriente como en Occidente unas obras basadas en aquellos resúmenes talmúdi-cos que vieron su origen en Palestina o Babilonia. El Talmud tiene dos componentes: la Misná (Mishná o Michná; ambas grafías se encontrarán en los textos), un libro de halajás o leyes escritas en lengua hebrea, y el comentario a esta Misná, llamado Guemará, síntesis de discusiones y aclaraciones de la Misná, escrito en un dialecto arameo-hebreo.

Al referirnos al proceso histórico que conduce a la creación y evolución del sistema jurídico judío, se aludió a la necesidad, después del Éxodo, de conservar la Tradición y transmitirla a las generaciones venideras. Se hacía preciso, además de conservar la Torá, recopilar la Ley oral. Rabí Yehudá Hannasi (135 a 219 de la E.C.) dispuso las diferentes normas y decisiones en un orden metódico, reunió a los Jefes de Escuela, aunó criterios, debatió los puntos controvertidos y publicó bajo el nombre de Misná el primer código de las leyes israelitas.

El código israelita o Misná está dividido en seis partes llamadas sedarím ('órdenes'), que son:

Seder Zerahím ('Orden de las Siembras'). Contiene las leyes y observancias religiosas en cuanto se siembra y se planta. Trata de las diferentes clases de siembras, los diezmos, las primicias y el año sabático. Al comienzo consta de un tratado de las oraciones y de las jaculatorias a pronunciar en diferentes momentos de la vida diaria.

Seder Moed ('Orden de las Fiestas). Trata del Sábado, diferentes días solemnes y ayuno.

Seder Nashín ('Orden de las Mujeres'). Trata del matrimonio, el divorcio, las relaciones entre los esposos, los votos, etc.

Seder Neziquín ('Orden de los Daños'). Trata de las indemnizaciones por daños causados al prójimo, Derecho civil, Derecho Penal, Derecho procesal, Tribunales, etc. Contiene, igualmente, un tratado moral.

Seder Kadashím ('Orden de las Cosas Sagradas'). Reúne las leyes y reglamentos sobre los sacrificios a Dios, culto y preceptos relativos a los alimentos. Contiene, asimismo, una descripción del Templo de Jerusalén.

Seder Taharot ('Orden de las Purificaciones'). Se ocupa de las cosas puras e impuras, la purificación de personas y cosas, etc.

Cada una de estas seis partes o libros están divididos en apartados, capítulos y artículos. La Misná y un complemento interpretativo o Guemará forman lo que denominamos el Talmud.

Como afirma Cansinos-Assens en su obra Las bellezas del Talmud, "se trata de una de esas obras colectivas del genio de una raza que en la literatura universal hacen de lejos el ruido de los grandes ríos”. El Talmud ha llegado a ser a lo largo de los siglos el libro por excelencia del pueblo hebraico, y su mas íntima víscera literaria y religiosa.