Definición de Lacayo

Lacayo - Su Significado, Definición y Concepto

Definición de: Lacayo


Término derivado del francés laquais ('servidor'), con el que se designa al sirviente de las casas nobiliarias, cuyo principal cometido era el de acompañar a su señor en todas las ocasiones, especialmente en los viajes de éste, fuese a pie, a caballo o en vehículos de tracción animal. Determinar el origen, tanto etimológico como histórico, del vocablo "lacayo" es bastante difícil. La profusión de lacayos en la Francia dieciochesca de la Ilustración fijó el término en la acepción más usada de la época, que es la que conocemos actualmente.


Es bastante probable que el mismo término se usase, en época medieval, para denominar a los soldados ligeros que acompañaban al señor feudal en la hueste, pero que únicamente intervenían si la situación se volvía complicada, pues eran servidores domésticos de su corte. Sin embargo, existe una teoría que hace derivar 'lacayo' de la raíz indoeuropea lakig ('dependiente'), puesto que algunos aventureros de etnia gitana que pululaban por las fronteras hispano-francesas eran denominados de tal forma. El rasgo característico de estos aventureros era, precisamente, tener los cabellos recogidos con un pañuelo o con una red; la librea de los lacayos europeos de la Edad Moderna también recogía, de manera parecida, el pelo de los sirvientes, y de ahí que algunos investigadores valoren positivamente esta curiosa teoría sobre su origen.

Como quiera que su cometido no estaba específicamente designado, salvo el de prestar ayuda a su señor en cualquier incontingencia, el hecho de que un noble tuviera muchos lacayos a su servicio era claramente una ostentación externa de su poder, tanto económico como político y social. La Europa de los siglos XVII y XVIII constituyó el marco predominante de los señores nobiliarios que, como muestra de su riqueza y de su importancia, acudían a las reuniones políticas, militares o, simplemente, a los actos sociales, acompañado de una gran cantidad de lacayos, vestidos de manera impecable con su libreas y finas sedas, y con la obediencia más rígida como característica destacada.

Los lacayos no recibían ninguna paga por su servicio, pero el señor se hacía cargo de su manutención, vestimenta y educación. Así, muchos de ellos recibieron una sólida formación cultural, que era utilizada por sus señores para que en las fiestas palaciegas cantasen, recitasen versos o interpretasen instrumentos musicales. Generalmente, el lacayo ingresaba en la casa nobiliaria cuando contaba con ocho años de edad, y la abandonaba a los quince años. Pese a su conocimiento y educación, la ausencia de patrimonio hacía que la gran mayoría de ellos ingresasen en el ejército después de acabar su periplo como sirvientes. También solía ser habitual que el mejor de todos ellos permaneciese en el palacio hasta el fin de sus días, asignándole ciertas tareas domésticas por las que se le pagaba un pequeño salario, aunque continuaba ejerciendo, además, el resto de funciones decorativas de un lacayo.

El continuo cerco a los privilegios nobiliarios efectuado por los cambios revolucionarios franceses, así como la irrupción de nuevas ideologías políticas burguesas, como el liberalismo, fue acabando paulatinamente con la figura del lacayo, puesto que la ostentación nobiliaria, que engrandecía las virtudes del linaje, desapareció para dejar paso a las virtudes económicas y a otros comportamientos sociales (como el decoro), propios del nuevo mundo burgués nacido al auspicio de los cambios revolucionarios de los siglos XVIII y XIX.

Concepto de: Lacayo

Lacayo es un adjetivo que refiere a alguien servil o rastrero. Como sustantivo, el término se utilizaba para nombrar al criado que acompañaba a su amo, ya sea a pie, a caballo en coche. Por extensión, solía mencionarse como lacayo al sirviente, siervo o esclavo.
Por ejemplo: “Dile a los lacayos que preparen los caballos: nos iremos en una hora”, “Los lacayos se revelaron contra sus amos y ya nada fue igual en el viejo poblado”, “El jefe tiene que entender que somos sus empleados y no sus lacayos”.
En la antigüedad, un lacayo era un espolique (el mozo que caminaba delante de la caballería de su amo) o un soldado de a pie que, armado con una ballesta, acompañaba a los caballeros durante la guerra. La noción, por lo tanto, siempre estuvo asociada a la idea de servir.
Con la concepción moderna del trabajo, la idea de lacayo adquirió una significación negativa. La servidumbre y la esclavitud son combatidas, pese a la explotación laboral que puede sufrir una persona. Un lacayo, en ese sentido, es alguien que no está protegido por los derechos.
Actualmente el término se asocia a un sujeto rastrero e indigno, capaz de rebajarse para estar cerca de alguien poderoso. El secretario de un gobernador, por ejemplo, será considerado como un lacayo si está dispuesto a mentir a la sociedad para contentar a su jefe. El lacayo, en este sentido, deja de lado el bien común para servir al poderoso, con la esperanza de ganarse su simpatía y favor.

Significado de: Lacayo

La palabra lacayo permite referir a aquello o aquel que se caracteriza por ser rastrero, vil, despreciable, es decir, alguien que es malo, que engaña a otro en su confianza será considerado como lacayo, asimismo, algo que nos resulta desagradable puede ser designado de ese modo.
Cabe destacarse que antiguamente la palabra lacayo se empleaba para denominar al criado, mayordomo, empleado, que se ocupaba de acompañar a su amo a pie, en coche o a caballo, según correspondiese.
Por caso es que también solía y suele usarse este concepto como sinónimo de empleado o de esclavo, porque siempre la palabra ha estado vinculada a la idea de servirle a otro. En el ámbito militar se le decía lacayo a aquel soldado que iba a pie y armado a través de una ballesta y tenía como misión la de acompañar a un caballero en la guerra.
En nuestros días, también es habitual que usemos la palabra para calificar a aquella persona que se muestra servil por otro, generalmente, cuando un empleado sirve constantemente, a todo momento y en todo lugar a su jefe y jamás lo contradice en nada de lo que este hace, dice o pide, aunque se trate de una locura. En la política es en donde más asiduamente nos podremos encontrar con este tipo de situación porque son justamente aquellas personas con poder las que se rodean de lacayos para así continuar firmes con su autoridad.
Un asesor, un secretario de estado, un ministro, entre otros, pueden erigirse en lacayos del presidente de una nación y de este modo, apoyando y convalidando cada decisión y palabra logran convertirse en aliados indispensables que a cambio reciben su favor y una gratificación económica por el servicio prestado.
A quienes actúan de este modo no les importa ser sometidos y rebajados a lo más despreciable, por quien adulan, a los más ruines comentarios, porque la idea es que cuanto más se sometan y acaten, más simpatía y favor se ganarán de su jefe.