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Maestros medievales de la automatización

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LA AUTOMATIZACIÓN domina la industria moderna y ha asumido innumerables tareas repetitivas. Si a usted le preguntaran cuándo aparecieron los primeros aparatos programables, ¿qué respondería? ¿Hace un par de siglos, durante la Revolución Industrial europea? Quizá le sorprenda saber que fueron inventados mucho antes.




Bomba de pistón de doble acción, de Al-Jazari
A principios de la llamada edad de oro de la ciencia islámica, que va del siglo VIII hasta por lo menos el siglo XIII, se realizó un sobresaliente trabajo de conservación y traducción. Estudiosos de Oriente Medio tradujeron al árabe obras científicas y filosóficas de griegos ilustres como Arquímedes, Aristóteles, Ctesibio, Herón de Alejandría y Filón de Bizancio. * Gracias a esas traducciones y a otras fuentes, el Imperio islámico —que iba desde España hasta Afganistán e incluía el norte de África y Oriente Medio⁠— consiguió crear máquinas automáticas.




Dibujo del reloj elefante de Al-Jazari (siglo XIII)
Tales máquinas “funcionaban sin intervención humana por largos períodos: horas, días e incluso más tiempo”, afirma Donald Hill, especialista en Historia de la Ciencia y la Tecnología. ¿Cómo se lograba? Los ingenieros idearon ocurrentes mecanismos de control que hicieron posible la automatización. Estos mecanismos funcionaban con agua que al bajar de depósitos colocados en alto proporcionaba un suministro constante de energía. Abrían y cerraban válvulas, cambiaban la dirección en la que fluía el agua y se retroalimentaban. Incluso fueron “los pioneros de los dispositivos de seguridad”, como los llama el señor Hill. Veamos algunos inventos.

Los ingeniosos Banū Mūsa

Banū Mūsa es una expresión árabe que significa “hijos de Musa”. Se refiere a tres hermanos que vivieron en la Bagdad del siglo IX. Partiendo de los trabajos de sus predecesores helenísticos, Filón y Herón, así como de las obras de ingenieros chinos, indios y persas, idearon más de cien dispositivos. Según el escritor de temas científicos Ehsan Masood, entre sus inventos había fuentes cuyo chorro cambiaba a intervalos específicos, relojes con trucos visuales y vasijas que servían bebidas de forma automática y se reabastecían por sí solas mediante ingeniosas combinaciones de flotadores, válvulas y sifones. Los hijos de Musa fabricaron autómatas rudimentarios de tamaño natural, como una “chica del té” que realmente servía té y un flautista. “Es posible que estos sean los ejemplos más primitivos de máquinas programables”, escribió Jim al-Khalili, profesor especializado en Historia de la Ciencia.
Aquellos sistemas automáticos tenían mucho en común con los modernos. Sin embargo, “en lugar de electrónica, por lo general utilizaban agua a presión. Eso sí, muchos de los principios son iguales”, aclaró Ehsan Masood.

 Al-Jazari, el padre de la robótica

En 1206, Ibn al-Razzaz al-Jazari completó su obra, cuyo título se ha traducido a veces como El libro del conocimiento y de los dispositivos mecánicos ingeniosos. Se ha dicho que es “un tratado sobre diseño sistemático de máquinas”. Algunos de sus inventos fueron mucho más allá de los descritos por Banū Mūsa, y sus descripciones y diagramas son tan detallados que los ingenieros de hoy pueden reproducir sus dispositivos.
En el tratado de Al-Jazari aparecen dibujos de máquinas para extraer agua, relojes de agua, relojes de vela, autómatas musicales y una bomba que convertía el giro de un molino en el movimiento de vaivén de un pistón capaz de bombear agua a gran presión. Los historiadores reconocen que Al-Jazari ideó la bomba hidráulica tres siglos antes de que se diseñara en Occidente.
Además fabricó relojes de formas caprichosas, pero funcionales. El que se muestra en esta página ha sido reconstruido en un centro comercial de Dubái. El mecanismo del reloj contiene un recipiente perforado que flota en un depósito de agua situado dentro de la barriga de un elefante. El recipiente tarda treinta minutos en llenarse. Entonces se hunde y pone en marcha otros mecanismos que emplean cuerdas y bolas que salen del “castillo” situado sobre el elefante. Cuando el ciclo termina, el recipiente vuelve a flotar automáticamente, y el proceso se repite. Gracias a dicho mecanismo y a otras máquinas automáticas que se le atribuyen, Al-Jazari se ha hecho merecedor del título de padre de la robótica.
¡Qué sorprendente es la historia del ingenio humano! Pero no es un simple conjunto de datos interesantes: nos ayuda a tener una perspectiva más amplia de las cosas. En una época en que muchos se enorgullecen de la tecnología, nos recuerda cuánto debemos a las brillantes y productivas mentes que nos precedieron.

¡Despertad! Noviembre de 2012

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