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Belleza en las rocas


¿SE INTERESA usted en la belleza, belleza que está escondida bajo superficies poco atractivas, belleza que deleita y emociona? Entonces venga y visite mi sótano, y le abriré muy levemente una puerta a un mundo de belleza cuya existencia apenas sospechan muchas personas. Como usted ve, soy lo que a menudo se llama en lenguaje familiar un “sabueso de las rocas.”
Pero primero, permítame aclararle un punto. No soy coleccionista de rocas para un jardín de rocas. Ese es un campo enteramente diferente. Yo estoy más interesado en la belleza oculta que se encuentra bajo la superficie, especímenes deslumbradores, pasmosos, que deben haber sido diseñados por el Creador como banquete para los ojos de su creación humana. ¿Se ha enterado usted de las micromontaduras? ¿No? Entonces, le explicaré.
Estas bandejas de cajas de plástico que tengo encierran una variedad de especímenes minerales de todas partes de la Tierra, y éstos están montados en madera de balsa, pegada con cola en el interior de cada caja de plástico. Estos menudos grupos de cristales se llaman micromontaduras porque para apreciarlos hay que amplificarlos. La comodidad de tener muestras pequeñas es que uno puede empacar una variedad grande en un espacio pequeño. Luego, con la ayuda de un microscopio uno puede penetrar en un mundito de belleza encantadora.
Note que cada caja tiene una etiqueta que indica el nombre del mineral, con más información pertinente, como la forma del cristal, las asociaciones minerales y de qué lugar vino.

“Inesperada” es la palabra

Es probable que usted ya esté familiarizado con el cobre y sus muchos usos prácticos. Pero, ¿ha pensado usted alguna vez en el cobre como mineral de gran belleza? Si no, entonces permítame presentarle el mundo del cobre, donde la variedad de forma del cristal y la intensidad del color hacen de este mineral el deleite del coleccionista. Primero, déle un vistazo a esta cajita. Tiene la etiqueta “Cobre, Bisbee, Arizona.” ¿Ve usted lo que está dentro? ¡Pues, a simple vista parecen menudas cuerdas de alambre de cobre!
Ahora, montaré este espécimen bajo el estereomicroscopio, ajustaré la luz y lo enfocaré para usted. Déle un vistazo ahora. ¿Qué les ha sucedido a esas “cuerdas de cobre”? ¡Pues, se han transformado en racimos de cristales de cobre de color dorado-rojizo! Pero eso no es todo. Enfocaremos ahora un solo cristal. Usted comienza a observar algunas de las formas básicas del cristal, una es un cubo, otra un octaedro, etc. Y luego proyectándose desde un cristal parece haber algunas agujas finas de color rúbeo. Los coleccionistas las conocen como calcotriquitas (de las palabras griegas que significan “cobre” y “cabello”).
Pero imaginémonos que aceleramos la amplificación de estas llamadas “agujas.” Se convierten en prismas largos, cuadrados, y el color rúbeo asume una cualidad más intensa. Pasmoso, ¿no es verdad? Ahora dé un vistazo más de cerca a la parte superior de uno de esos prismas delgados, y ¿qué ve usted? Pues, parecen dos pirámides menudas de color rojo, base contra base, con la punta de una de ellas conectando con la parte superior del prisma. Esta forma de cristal se llama octaedro, es decir, que tiene ocho caras triangulares. ¿No es verdad que son asombrosos los variados modelos geométricos del cristal?

Sistemas de cristalización mineral

También debo mencionar que a cada mineral se le clasifica en uno de seis diferentes sistemas de cristalización, una clasificación que se basa en el arreglo de los ejes (líneas imaginarias) dentro del cristal. Para determinar el sistema al cual pertenece un mineral, uno tiene que conocer el número, las longitudes relativas y las yuxtaposiciones de los ejes dentro de determinado cristal. Tanto el cobre como la calcotriquita pertenecen a lo que se conoce como el sistema isométrico. Los cristales de este sistema tienen tres ejes iguales en ángulos rectos uno con el otro.
Aquí está otra montadura interesante... la azurita, de la zona de cobre Tsumeb, de África del Sudoeste, una región que es famosa por sus excelentes especímenes minerales. Se han encontrado allí cristales de azurita de 18 centímetros de largo. Creo que está enfocada ahora. Déle un vistazo por el microscopio. Un hermoso azul intenso, ¿no es verdad? El color vívido y la gran variedad de formas de cristal de este mineral han hecho que sea muy popular entre los coleccionistas.
Luego, daremos un vistazo a una malaquita... ésta es de Katanga, en el Congo. Note las “alas de mariposa” de verde óleo simuladas por el hábito de “agemelarse” de este mineral. Tanto la azurita como la malaquita son carbonatos de cobre, ambas son de hábito monoclínico, es decir, sus cristales tienen una sola intersección oblicua de los ejes imaginarios. ¿Nos estamos poniendo un poco técnicos? A propósito, una masa franjeada de malaquita de calidad de piedra preciosa que se descubrió en Siberia allá en 1800 midió aproximadamente 2,7 por 5,5 metros. Con el tiempo fue hecho lajas y convertido en muchos objetos de arte que se pueden encontrar en los museos del mundo así como en colecciones particulares.
La atacamita es nuestro siguiente espécimen. Enfocándolo cuidadosamente, uno puede notar los racimos de cristales prismáticos delgados, con detalles primorosos, con terminaciones de verde brillante. Bajo amplificación el color de cada cristal se convierte en una intensa esmeralda transparente. Esta muestra vino de Chile. La atacamita pertenece al sistema de cristal ortorrómbico, es decir, tiene la característica de tres ejes desiguales.
Ahora llegamos a uno de mis hallazgos. En esta montadura usted ve una buena cantidad de minerales —calcopirita, “estilbita,” “huelandita,” “laumontita” y “chabazita”— todos formados en cristales de cuarzo. Lo que ha de notarse en particular aquí es la calcopirita. ¿Ve usted lo que parece tres triángulos de amarillo latón que están sobre sus puntas? Eso es calcopirita, un sulfuro de cobre y hierro, algo que a menudo el no iniciado confunde con oro. Sin embargo, este material se desmorona bajo un cuchillo. Pertenece al sistema de cristal tetragonal, por el hecho de que sus tres ejes están en ángulos rectos, siendo iguales en longitud solo los dos ejes laterales.
Quizás a usted le gustaría examinar esta calcantita procedente de la Mina Ting Tang, de Gwennap, Cornwall, Inglaterra. Es un sulfato de cobre y pertenece al sistema de cristal triclínico. Esto le indica a uno que tiene tres ejes desiguales que se cruzan en ángulos oblicuos. Note cómo los cristales en este caso son cortos y prismáticos, yendo en color desde azul de Prusia hasta azul celeste. Y parecen húmedos. Eso se debe a que estos cristales, cuando se exponen al aire, constantemente recogen humedad. En realidad, si se dejan en atmósfera demasiado húmeda o demasiado seca, se convierten en un charco de verde azulado o un polvo de blanco verdoso. El nombre “calcantita” se deriva de una palabra que significa “flores de cobre.”
A usted le interesará saber que le sería bastante fácil cultivar algunos de estos cristales en su propio hogar. Todo lo que tiene que hacer es comprar un poco de sulfato de cobre o vitriolo azul en la ferretería. Triture una cantidad muy pequeña de ello en una superficie dura. Luego sacuda el polvo en un poco de agua, haciendo una solución concentrada. Colóquela aparte en un plato o una cacerola a temperatura más o menos constante. Examínela diariamente, y pronto verá que el proceso de evaporación deja hermosos cristales como los que usted ve aquí.
Finalmente, quiero que usted vea un verdadero tesoro... el “dioptase.” Es un silicato de cobre. Considere, por ejemplo, este racimo de cristales de la región del Congo de África. Mire, le mostraré varios especímenes. Note la variedad de cristales brillantes, de verde azulado, de diversas localidades. El hecho de que estos cristales son hexagonales muestra que pertenecen al sistema hexagonal. Este sistema se caracteriza por tres ejes laterales iguales que se cruzan en ángulos de 60 grados, y un eje vertical de longitud variable que cruza en ángulos rectos. Pero considere este espécimen de Arizona... cristales prismáticos largos, de color verde azulado, que se proyectan del cristal “wulfenita” de amarillo brillante. ¿Comprende por qué éste es uno de mis favoritos?

En busca de belleza

¿Dónde obtuve muchos de mis especímenes? Bueno, algunos vinieron de lugares lejanos, como usted ha visto, en su mayor parte por intercambio con otros coleccionistas. Pero aquí mismo alrededor de la casa uno fácilmente puede toparse con algunos especímenes deslumbradores. Si usted vive cerca de minas o canteras, éstos son buenos lugares para hallar muestras. Por supuesto, uno tiene que obtener permiso de los dueños, y observar cuidadosamente las reglas que tienen para evitar accidentes. Otro lugar probable dónde buscar es en zonas recién dinamitadas. También hay hoyos de grava, rocas recién expuestas o hasta muros viejos de piedra; vale la pena investigar todos éstos.
En cuanto a herramientas y equipo me basto con un martillo de explorador, un cincel, una bolsa de explorador, ropa vieja y un par de zapatos o botas fuertes. Mis viajes para recoger muestras son muy raros. En realidad, por lo general uno puede recoger bastante en un solo viaje para mantenerse ocupado muchas horas seleccionando y preparando los materiales para montarlos. Tales viajes hasta se pueden hacer en paseos de familia, pues hay muchas otras cosas que ver y examinar mientras uno se ocupa en su búsqueda.
Un buen libro de texto sobre minerales le ayuda a uno a identificar sus especímenes. Un cepillo de dientes usado y un detergente sirven para limpiar la muestra que usted escoja para montar. Un lente de bolsillo de 10X ó 20X será útil en el proceso de seleccionar y montar. Y en cuanto al espacio para almacenar y exhibir, esto realmente no presenta ningún problema. Aun con mis años como coleccionador, este gabinete pequeño, de 91 x 91 x 61 centímetros, es adecuado. Pues, ¡hasta se puede utilizar un cajón de escritorio!
El micromontar puede ser una distracción agradable. De vez en cuando, a medida que uno examina los tesoros llenos de colorido de las rocas, se tiene la convicción más profunda de que solo un Creador inteligente, que ama la belleza, un artista del más alto calibre, pudo haber provisto tan abundante satisfacción para los ojos de los hombres terrestres. Sí, realmente, para los que buscan, hay belleza en las rocas.—Contribuido.

 Publicado en ¡Despertad!  del 8 de Enero de 1970

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