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El apasionante mundo de los insectos


De nuestro corresponsal en España

¿CREE usted que los insectos no son más que un fastidio? ¿Le gustaría que el mundo se librara de esa plaga irritante? ¿Los ataca con insecticida, o con un matamoscas, o los pisa nada más verlos? Antes de declarar la guerra a cuantos halle a su paso, ¿por qué no aprende algo sobre ellos? Al fin y al cabo, puesto que exceden en número a los seres humanos en proporción de unos 200.000.000 a 1, puede estar seguro de que los insectos están aquí para quedarse.
Un vistazo a tan solo algunas de estas apasionantes criaturas bien podría convencerlo de que se merecen nuestro respeto.

Maestros del vuelo de vista prodigiosa

Muchos insectos son auténticos maestros del vuelo. He aquí algunos ejemplos. Los mosquitos pueden volar en posición invertida, algunos hasta cuando llueve; y esto sin mojarse, sí, literalmente esquivando las gotas de lluvia. Hay avispas tropicales y abejas que surcan los aires a más de 72 kilómetros por hora. Cierta mariposa monarca de Norteamérica realizó un vuelo migratorio de 3.010 kilómetros. Las moscas cernícalo baten sus alas más de mil veces por segundo, mucho más deprisa que los colibríes. La libélula puede volar hacia atrás, habilidad que ha suscitado la curiosidad y el estudio atento de los investigadores.
Si alguna vez ha tratado de cazar una mosca, se habrá dado cuenta de que estos insectos poseen una vista prodigiosa, que se ve reforzada con unos reflejos diez veces más rápidos que los nuestros. Las moscas tienen ojos compuestos, y estos contienen miles de lentes hexagonales que funcionan de modo independiente. Parece, pues, que la visión de estas criaturas se fragmenta en imágenes diminutas.
Hay insectos que perciben la luz ultravioleta, invisible para los seres humanos. Por lo tanto, la mariposa que a nuestros ojos es de color blanco pálido, ni mucho menos es pálida para su congénere macho. Vista a la luz ultravioleta, la hembra exhibe bellos dibujos que atraen irresistiblemente a los galanes en celo.
A muchos insectos, los ojos les sirven de brújula. Las abejas y las avispas, por ejemplo, detectan el plano de la luz polarizada, y así determinan la posición del sol hasta cuando se oculta tras las nubes. Merced a esa facultad pueden buscar su comida lejos del panal y, de modo certero, hallar el camino de regreso.

El amor está en el aire

En el mundo de los insectos, los sonidos y olores a menudo se utilizan para encontrar pareja, un logro nada insignificante, dado que su vida solo dura unas semanas y hay poquísimos candidatos.
La hembra del pequeño pavón nocturno consigue pretendiente al despedir un olor tan intenso que el macho puede seguir su rastro desde una distancia de casi 11 kilómetros, pues sus sensibles antenas detectan incluso una sola molécula de la esencia.
Los grillos, saltamontes y cigarras prefieren dejarse oír. Hasta nosotros, los seres humanos, escuchamos el insinuante canto de estas últimas, que hacen de todo su cuerpo una caja de resonancia. De hecho, un grupo grande de cigarras en celo genera más ruido que un martillo neumático. Otras hembras, en cambio, no emiten sonido alguno.

Despertándose y calentándose

Los seres humanos que viven en climas fríos conocen la importancia de conservar el calor corporal. Lo mismo puede decirse de los insectos de sangre fría que amanecen casi rígidos por efecto de las bajas temperaturas. El sol es su aliado, y lo aprovechan al máximo.
Las moscas y los escarabajos se sienten atraídos a las flores y hojas que absorben el calor del sol en las primeras horas de la mañana. Algunos escarabajos frecuentan los nenúfares australianos, que, a modo de estufas botánicas, llegan a calentar sus flores 20 °C por encima de la temperatura ambiente. Las mariposas, en cambio, llevan un sistema de calefacción incorporado. Para calentarse abren las alas, que hacen las veces de eficientes paneles solares, y las orientan al sol.

Los insectos hacen de todo

En el mundo de los insectos, casi todas las especies cumplen funciones distintas, algunas muy singulares. Ciertas polillas, por ejemplo, obtienen la sal y humedad vitales absorbiendo las lágrimas del búfalo. En las heladas cumbres hay variedades que, dotadas de un eficaz anticongelante, se pasan la vida escarbando en busca de otros insectos que hayan sucumbido al frío.
Como indicó Salomón hace miles de años, la hormiga es particularmente industriosa. El sabio rey escribió: “Vete donde la hormiga, oh perezoso; mira sus caminos y hazte sabio. Aunque no tiene comandante, oficial ni gobernante, prepara su alimento aun en el verano; ha recogido su abastecimiento de alimento aun en la siega” (Proverbios 6:6-8). La ausencia de un gobernante es aún más asombrosa si se tiene en cuenta que algunas colonias superan los veinte millones de individuos. Sin embargo, estas “metrópolis” del mundo de los insectos funcionan a la perfección; cada hormiga realiza una tarea específica, de tal modo que las necesidades de comida, protección y cobijo de toda la colonia queden cubiertas.
Es posible que el ejemplo más impresionante de vivienda en el reino de los insectos sea el termitero, que en algunos casos alcanza los siete metros y medio de altura. Tales proezas arquitectónicas cuentan con un complejo sistema de aire acondicionado y con huertos subterráneos de hongos. Resulta aún más sorprendente que las termitas que construyen estas imponentes pirámides... ¡son ciegas!

¿De qué nos sirven los insectos?

Los insectos desempeñan una función esencial en nuestra vida cotidiana. De hecho, alrededor del treinta por ciento de nuestra dieta depende de la polinización que efectúan las abejas, en su mayoría silvestres. Pero esta no es más que una de las benéficas labores que llevan a cabo los insectos, pues estos también mantienen limpio el terreno por medio de un eficaz sistema de reciclaje de plantas y animales muertos. De este modo, el suelo se enriquece y fertiliza con los nutrientes liberados. “Sin los insectos —escribe el entomólogo Christopher O’Toole— nos inundarían los restos de plantas y animales muertos” (Alien Empire [El imperio desconocido]).
Se echa muchísimo de menos a los insectos cuando el trabajo que realizan queda sin hacer. Considere lo que sucedió en Australia, que ha llegado a tener millones de reses. Como es natural, las manadas dejaban excrementos por todas partes. Además de resultar desagradable, el estiércol facilitó la reproducción de cierta mosca (Musca vetustissima), que constituye una plaga tanto para el hombre como para el ganado. Se importaron escarabajos peloteros de Europa y África... y problema resuelto.

¿Amigos, o enemigos?

Debe admitirse que algunos insectos se comen las cosechas y transmiten enfermedades. Sin embargo, solo un 1% de cuantos habitan el planeta se consideran una plaga, y buen número de ellos son más dañinos debido a la forma en que el hombre ha trastocado el medio ambiente. Por ejemplo, el mosquito portador del paludismo rara vez es fuente de problemas para los nativos del bosque ecuatorial; sin embargo, causa estragos en las poblaciones limítrofes, donde abunda el agua estancada.
Con frecuencia, el hombre puede combatir los insectos que atacan los cultivos sin recurrir a métodos artificiales, sea alternando las cosechas o introduciendo y conservando predadores naturales. Las humildes mariquitas y crisopas controlan eficazmente las plagas de áfidos. Y en el sudeste asiático, unos funcionarios de salud pública comprobaron que dos larvas de libélula podían mantener limpio de larvas de mosquito un depósito de agua.
De ahí que los insectos sean, pese a las molestias que conllevan, parte integral del medio ambiente del que dependemos. Como señala Christopher O’Toole, los insectos no necesitan nada de nosotros, pero “nosotros no podemos sobrevivir sin ellos”.

[Nota]

Para los seres humanos, el equivalente sería un rascacielos con una altura de más de nueve kilómetros.

LA METAMORFOSIS: aspecto nuevo, vida nueva

  Ciertos insectos renuevan por completo su apariencia mediante el proceso de la metamorfosis (literalmente, “cambio de forma”). Los cambios pueden ser espectaculares. Gusanos se convierten en moscas, orugas en mariposas y larvas acuáticas en libélulas voladoras. Cientos de miles de insectos pasan por tal proceso.
  Para que ocurra semejante transformación, comparable a que un tren se convirtiera en un avión, en el interior del insecto se tienen que producir drásticas modificaciones. Pongamos por caso la mariposa. Mientras la oruga está aletargada en su fase de crisálida, la mayor parte de los tejidos y órganos corporales desaparecen, a la vez que se desarrolla todo un nuevo conjunto de estructuras para su etapa adulta, como las alas, los ojos y las antenas.
  La metamorfosis suele comportar un cambio en el modo de vida. Por ejemplo, la libélula en estado larvario captura pequeños peces o renacuajos, pero cuando se hace adulta y vuela, cambia a una dieta insectívora. Es como si un hombre pasara sus primeros veinte años nadando en el mar y el resto de su vida volando como un pájaro.
  ¿Pudo orquestar la evolución estas increíbles transformaciones? ¿Cómo podría la oruga aparecer así como así, ya programada para convertirse en mariposa? ¿Y qué fue primero, la oruga o la mariposa? Ninguna puede existir sin la otra, pues solo la mariposa se reproduce y pone huevos.
  Sin duda alguna, tras la metamorfosis se ve claramente la mano de un Diseñador magistral, a quien la Biblia llama el Creador de todas las cosas, el Dios todopoderoso (Salmo 104:24; Revelación [Apocalipsis] 4:11).

Publicado en:  ¡Despertad! 8 de Enero de 2000

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