Marmotas del oeste norteamericano



RARO, ¿verdad?, que haya animales que construyan sus propias ciudades y prefieran el ambiente cívico al aislamiento. Más raro todavía que tengan disposiciones reglamentarias sobre alojamiento, servicio policíaco, divisiones de barriadas y cierto grado de orgullo cívico. Sin embargo, como los indios y los búfalos, éstos son un aspecto que está desapareciendo velozmente de las Grandes Llanuras de los Estados Unidos. Sí, nos referimos a las marmotas... que ahora se encuentran principalmente en parques protegidos.
En un tiempo estas poblaciones de marmotas eran numerosas e inmensas... una de ellas, en la llanura Staked del norte de Texas, se extendía por 1.600 kilómetros de ancho y unos 400 kilómetros de largo, y se calculaba que tenía una población de 400.000.000. La venida de los ganaderos y sus enormes hatos trajo consigo una declaración de guerra contra estas poblaciones de marmotas... una guerra de exterminio. Los combatientes humanos no titubeaban en recurrir a gas venenoso. No se manifestaba misericordia alguna. Jóvenes y viejos, machos y hembras, todos habrían de ser muertos violentamente.
En el proceso de justificar esta matanza atroz, se alegaba que el forraje de las Grandes Llanuras no bastaba para sostener los millones de marmotas así como los hatos en rápida multiplicación de los ganaderos. Cada 256 marmotas, se decía, comían tanto forraje como una vaca; 32 comían tanto como una oveja. Además, ¿no constituían sus madrigueras un grave peligro para el ganado? Resultaba en patas rotas. De modo que la campaña siguió y siguió, sin considerar los posibles beneficios que pudieran provenirle a la tierra como resultado de las actividades de las marmotas.

Conozca a la marmota

Es un pequeño roedor de color café amarillento, de treinta a treinta y ocho centímetros de largo, con una altura de unos trece centímetros hasta los hombros, rollizo y de patas cortas, y tiene una cola corta y tiesa que se menea hacia arriba y hacia abajo en vez de a los lados. Se parece más al conejo común... es decir, sin las orejas, porque sus orejas son menudas, redondas y muy pegadas a la cabeza, lo que le da cierta apariencia de tener la cabeza plana. En peso varía entre 680 gramos y 1,4 kilos.
Note algunas de sus otras características. Sus patas delanteras están equipadas de garras largas, ideales para excavar. Sus ojos son bastante singulares. Tienen cristalinos de color anaranjado que actúan como filtros que le ayudan a aguantar el intenso resplandor del Sol. Situados bien hacia adelante, son casi la primera cosa que se ve sobre la superficie cuando está saliendo de su casa.
En su juventud la marmota es bastante juguetona. Cuando se excita, aun en la edad adulta, deja escapar agudos ladriditos. Es por eso que en inglés a este pequeño roedor se le ha llamado “perro de la pradera,” por su ladrido, porque puede menear la cola y por otras características que hacen recordar cachorritos amarillentos juguetones. Sin embargo, en círculos zoológicos recibe un nombre que significa “ratón-perro.”

Casa urbana a la marmota

La marmota vive y se cría bajo tierra. Su madriguera está realmente bien diseñada... no es simplemente un hoyo en el suelo. El hoyo para entrar, que mide de quince a veinte centímetros de ancho, está situado en medio de un cráter en miniatura. Esto se debe a que a propósito ha construido un terraplén de treinta a sesenta centímetros de alto, con una circunferencia de 3,7 a 4,3 metros. Y puede haber hasta cincuenta de éstos en cada hectárea. La entrada de la madriguera conduce a un túnel que se precipita quizás 4,3 metros, luego da una vuelta súbita y continúa horizontalmente por cierta distancia antes de inclinarse gradualmente hacia la superficie de nuevo a lo que evidentemente es un callejón sin salida. Sin embargo, ese callejón sin salida en realidad está tan cerca de la superficie que la marmota puede usarlo como escotilla de escape siempre que amenace el peligro.
El túnel principal tiene varios ramales cortos que van a la derecha o a la izquierda. Uno de ellos, no lejos de la superficie, parece un cuarto de guardia o cuarto de escuchar así como un lugar para volverse y verificar si no hay intrusos siguiendo. En los otros pasajes quizás haya dormitorios; uno de ellos, por lo menos, es la sala de alumbramiento donde los menudos cachorros de catorce gramos nacen en camadas de aproximadamente cinco... ciegos, sin pelo y sin voz. Para la cuarta semana ya están bien forrados de piel; para la quinta semana los ojos están abiertos, y dan sus primeros ladridos tenues; para la sexta semana ya están listos para acompañar a la madre en el primer viaje a la superficie.

Un nuevo vecino se muda

Cuando un cachorro de marmota ha crecido y decide que necesita su propio hogar, primero escoge el sitio, y comienza a excavar con las garras agudas, pasando la tierra suelta bajo su vientre y echándola hacia atrás con las patas traseras. A veces se le ve empujando la tierra suelta que está delante de él con las fuertes patas delanteras; en otras ocasiones, se le ve saliendo hacia atrás, echando afuera la tierra con poderosos golpes de las patas traseras. Quizás un animal más joven husmee por el hoyo inquisitivamente, solo para encontrarse con una andanada de tierra que vuela y hace que caiga de espaldas sorprendido.
La primera tierra suelta se usa para formar el terraplén circular alrededor de la entrada. La marmota lleva bastante tierra húmeda al sitio deseado, y luego la apisona y la aprieta hasta que está firme con repetidos golpes de su nariz plana. Mientras este animalito trabaja mantiene su cuerpo curvado, con los hombros doblados, para que el cuerpo obre como una poderosa máquina apisonadora, mientras él introduce el hocico semejante a martillo en la tierra. Antes de completar la morada, el pequeño constructor puede sacar hasta setecientos litros de material a la superficie.
Ese terraplén circular sirve de protección contra inundación cuando lluvias indebidamente fuertes empapan las llanuras. El extremo final de la madriguera es muy útil también. No simplemente suministra refugio cuando algún enemigo que también vive en madrigueras ha perseguido a la marmota hasta dentro de su casa, sino que también suministra una bolsa de aire en la cual la marmota puede encontrar refugio hasta que bajan las aguas inundadoras. El porche de la entrada semejante a cráter sirve tanto de estación de vigilancia como de punto conveniente desde el cual efectuar un intercambio de chismes con los vecinos.
En una población de marmotas cada animal es miembro de un clan o “camarilla,” como algunos lo llaman. Cada “camarilla” ocupa una barriada distinta de la población, y las marmotas de otro clan no son bienvenidas allí. Al acercarse una marmota extraña la primera que lo nota salta abruptamente sobre sus patas traseras, levantando las patas delanteras y dando un gañido fuerte. Eso constituye una advertencia territorial, e inmediatamente hay respuestas de montículos vecinos a medida que, una tras otra, las marmotas locales expresan protesta por la intrusión. Por otra parte, cuando las marmotas son de la misma “camarilla,” unas utilizan las madrigueras de las otras, se acicalan la piel unas a las otras y están constantemente jugando.
Durante el calor del mediodía, la actividad se reduce al mínimo a medida que las criaturitas se retiran a sus madrigueras para una siesta. Pero temprano por la mañana y en las últimas horas de la tarde toda la población está en movimiento. Veintenas de marmotas están estiradas en el suelo mientras sus compañeras les repasan la piel, limpiándola y arreglándola. Otras se retuercen y serpentean en el polvo para librarse de pulgas y garrapatas. Los animales más jóvenes participan en juegos. Una marmota corre tras otra hasta que, como un jugador de fútbol americano que ataja, puede derribarla. Entonces cambian de posición, y la perseguida se convierte en perseguidora.
Siempre hay centinelas vigilando, permaneciendo en atención rígida, escudriñando primero la tierra y luego el cielo con ojos como abalorios. A la primera vista o sonido de lo inusitado, lanzan un gañido de advertencia. Dos ladridos agudos y toda marmota al alcance del oído se apresura a su propio montículo y permanece erguida. Tan pronto como ven que se acerca el enemigo entran en sus madrigueras. Y tienen muchos enemigos, además de los humanos. Tejones, coyotes, zorras, hurones de patas negras, culebras de cascabel y lechuzas de tierra a veces invaden las madrigueras. Las águilas y los halcones descienden del cielo sobre cualquier ciudadano de la población de marmotas que se haya arriesgado a alejarse demasiado del centro de operaciones.
Se ha sabido de marmotas que han sellado la madriguera que ha sido violada por una culebra. Y como precaución contra enemigos terrestres que están al acecho, los ciudadanos mantienen bastante recortada la vegetación que hay alrededor de sus entradas por una extensión de muchos metros, impidiendo así protección para intrusos hostiles.

De compras y en contacto social

La marmota simplemente se apacienta de lo que necesita a medida que lo necesita. Y su dieta, aunque en gran parte es vegetariana, es variada. Le encantan la hierba de trigo, el bromo, la grama, el cardo ruso, la artemisa, el nopal y arbustos de tierras salinas. En cuanto a agua, confía en su facultad de fabricar fluido en su cuerpo mediante la conversión metabólica de carbohidratos... algo que tiene en común con muchos habitantes del desierto. Una forma menuda de vencetósigo así como una malva en miniatura que llaman “deleite del vaquero” son deleites especiales. La especie de marmota de cola negra también come algunos saltamontes, en particular cuando estos la amenazan con una escasez de forraje. La especie de cola blanca come gorgojos, escarabajos adultos, larvas de polilla y mariposas. Sin embargo los arbustos, la mala hierba, los pastos y las semillas forman la parte principal de su dieta.
Durante el invierno, aunque no inviernan en el sentido más estricto, las marmotas se amodorran la mayor parte del tiempo en sus madrigueras. Pero aun entonces, en un día de Sol brillante cuando la temperatura se encuentra a unos 18 grados centígrados bajo cero, salen para disfrutar de un cambio. En el invierno es cuando viven de las reservas de grasa que han formado durante el verano y el otoño. Algunos de estos animales llegan a estar tan cubiertos de grasa que cuando miran por encima de sus hombros sus costados se arrugan como papel corrugado.
Cuando las marmotas se encuentran mientras están apacentando, se detienen para saludarse, tocándose la nariz como si se dieran un beso, acariciándose y dándose palmaditas unas a otras, a veces hasta sentándose sobre las ancas, mientras las patas delanteras de una descansan sobre los hombros de otra. Se ha sabido de dos que se han sentado frente a frente, han colocado juntas sus patas delanteras con movimientos repetidos de palmadas, y luego han caído al suelo y se han frotado la nariz. ¿Se puede usted imaginar cuántos chismes se contarán en ocasiones como ésas?
Algunas autoridades alegan que algunas de las acciones cómicas de las marmotas cuando se encuentran realmente son un sistema para determinar cuál es una marmota de su propia barriada y cuál de otra. Prescindiendo del propósito, fascina el observarlas. Un observador, por ejemplo, vio a dos hembras encontrarse mientras se apacentaban. Se inclinaron y luego, poniéndose erguidas y tocándose las patas delanteras, colocaron juntos sus hocicos como si estuviesen besándose. Pero cuando dos machos se encontraron, giraron y trataron de arrojarse tierra con las patas uno al otro.

Su desaparición... ¿para lo mejor o lo peor?

Hubo un tiempo en que el cinturón de 480 a 640 kilómetros de las Grandes Llanuras, que se extendía desde el Canadá hacia el sur hasta México, estaba lleno de poblaciones de marmotas. Las extensiones de colinas de poca altura de esta región sin árboles, semiárida, en un tiempo estaban llenas del juego y el trabajo de millones de marmotas. Ahora ha descendido sobre ellas una gran quietud. A menos que uno visite algunas zonas específicas de parques protegidos, ya no puede uno oír los gañidos de marmotas excitadas o verlas jugando y apacentándose en alrededores que estaban bien adaptados a su modo de vivir.
Como a menudo sucede con las normas humanas faltas de perspicacia, parece que los propagandistas del exterminio de la marmota no han considerado la posibilidad de que esta criaturita pueda otorgar beneficios a la humanidad. Solo en 1939, y quizás demasiado tarde, del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos expidió su informe sobre el tema. ¿Era cierto que estas criaturitas amenazaban seriamente el abastecimiento de forraje para el ganado? Ni el cardo ruso ni el breñal para conejos son adecuados para el ganado; no obstante, la marmota medra en ellos. En un estómago de marmota encontraron 20.000 semillas de hierba nudosa venenosa. En Montana se notó que hasta el 70 por ciento del alimento que consumían las marmotas era de hierba loca, veneno craso para el ganado. Y 14 de 20 estómagos examinados en el mes de mayo contenían larvas destructoras de plantas tiernas... hasta el 35 por ciento del alimento consumido.
Y no solo es la marmota una estrella en el campo de deshacerse de la hierba venenosa, sino que también otorga otro beneficio señalado a la tierra donde lleva su modo de vivir instintivo. Sus numerosas madrigueras sirven para revolver la tierra, oreándola y endulzándola, suministrando desagüe, y generalmente preparándola para cultivo por el hombre.
Hay algo inhumano en cuanto a la manera en que el hombre trata a este pequeño pariente de la ardilla. Por otra parte, hay mucho en cuanto a la marmota que le hace a uno recordar a los humanos imperfectos: el chismear en el porche de enfrente, su contacto social, las actividades y prejuicios, el poner reparos cuando están encolerizadas acerca de algún asunto, el poner tierra de por medio entre una y otra cuando no se llevan bien, etc. Sin embargo, sí parece lamentable que una criaturita que llena tan plenamente sus ocho años de vida con el gozo de vivir sea empujada ahora a tan cerca del borde de la extinción.

 Publicado en ¡Despertad!  del 22 de Enero de 1970