Samarcanda, Uzbekistán

Ciudad centro-oriental de Uzbekistán. Una de las ciudades más antiguas de Asia Central, era conocida como Maracanda en el siglo IV y fue capturada por Alejandro Magno en 329. Desde el siglo VI se fue gobernado por grupos diversos turco, Árabes y persas y fue un punto importante en la ruta de la seda de China a Europa hasta su destrucción por Gengis Khan en 1220. Se convirtió en la capital del imperio de Timur (Tamerlán) 1370; lo hizo el más importante centro económico y cultural en la región. La ciudad vieja contiene muchos buenos ejemplos de arquitectura de Asia Central, algunas datan del siglo XIV; esta área fue designada patrimonio de la UNESCO en 2001. Se convirtió en una capital provincial del imperio ruso en 1887, y creció considerablemente durante el período soviético.




Samarcanda, Uzbekistán

Samarkanda es la Ciudad capital de Uzbekistán, situada en el centro del país, conocida como Piedra preciosa del mundo y también como Perla y Edén de Oriente. Con casi 450.000 habitantes constituye el núcleo urbano más importante de la antigua Sogdiana, distante 268 km de Tachkent y 222 km de Bukhara.

Su nombre se compone de dos elementos, significando el segundo kanda, ciudad, en iranio oriental (o sogdiano), mientras que al primero, Samar, se le adscribe a un legendario héroe epónimo, originario de Turquía. Su primitivo nombre fue el de Marakanda, según se sabe por el historiador Arriano al describir las conquistas de Alejandro Magno. En las fuentes chinas Samarcanda está transcrita como Sak-ma-gin y Sa-mo-kian. La riqueza de la ciudad le viene propiciada por las aguas y canales derivados del río Zeravshan, que en uzbeko significa Dispensador de oro.

Situada a una altitud de 725 m, posee un clima claramente continental, mucho más fresco que el del resto de los enclaves del valle en donde se halla ubicada, con una temperatura media anual en torno a los 13º. Las precipitaciones no sobrepasan los 345 mm por año. A la vez que gran metrópoli comercial es también un centro industrial importante, siendo el principal enclave vitivinícola del Uzbekistán, célebre por sus uvas secas (kichmich). Su economía además de descansar en la agricultura (cereales, frutas, algodón) también lo hace en las industrias de transformación (destilerías, manufactura tabaquera, maquinaria agrícola y automovilística, industrias textiles, entre ellas, la producción del astrakán o piel del cordero karakul y la fabricación de cueros). Cuenta con una importante Universidad, además de otras instituciones pedagógicas y culturales, entre ellas, un Museo de Historia y cultura uzbekos.

Historia


El desarrollo histórico de la ciudad puede resumirse en tres grandes periodos de prosperidad separados por dos de decadencia. Sus orígenes se remontan a una lejana antigüedad, según ha revelado el sector de Aferasyab, aglomeración que precedió al nacimiento de Samarcanda.
En el año 329 a.C. Alejandro Magno la conquistaría. Entre los siglos I y III la ciudad conoció cierta actividad, pero pocos siglos después caería bajo el poder de los árabes, pasando a depender del califato omeya. Tras el desmembramiento de éste, el control pasaría a la dinastía local de los Tahiridas y después a la de los saffáridas. A comienzos del siglo IX se instalaría la dinastía de los samánidas, quienes dieron un impulso notable a Samarcanda, ampliándose incluso el perímetro urbano, que se estructuraría en tres sectores (la ciudadela o Kuhandiz, Kal´a) el núcleo urbano (Shahristan, Medina) y los arrabales (rabad). Todo su perímetro fue protegido con un foso y murallas. La ciudad adquirió, por otro lado, una gran importancia como centro de civilización musulmana. Sin embargo, su acontecimiento más dramático lo vivió en el año 1220, momento en que los tártaros de Mongolia, mandados por Gengis Khan, arrasaron la ciudad, matando a sus 370.000 habitantes y deportando al resto, unos 30.000 que habían escapado a la muerte por ser artesanos o artistas. Pocos años después de aquel triste acontecimiento, sería visitada por el célebre viajero Marco Polo, quien dijo de ella que era un gran ciudad. Durante un siglo y medio, Samarcanda sería una ciudad muerta, a deducir de lo dicho por el viajero árabe Ibn Battuta.
 
Sin embargo, en el siglo XIV, el intrépido y cruel Timur Lang (1369-1405), conocido en la Historia como Tamerlán ('el cojo de hierro') hizo de la ciudad la capital de su Estado, con lo cual Samarcando volvió a resurgir. A partir de entonces no cesó de ser embellecida y agrandada. Numerosas mezquitas, palacios y jardines adornaron su recinto urbano. Su fama incluso alcanzó Occidente, motivando que muchos viajeros acudieran a ella. Uno de ellos fue el español Raúl González de Clavijo, quien la visitó en el año 1404, dejando de su visita una amena descripción. Muerto Tamerlán la ciudad pasó a poder de su nieto mayor, un intelectual llamado Ulug-beg, que gobernó en ella durante 40 años (1409-1449), en los que hizo de la ciudad uno de los mayores centros culturales del mundo medieval y construyó un observatorio astronómico que se hizo célebre.

Durante todo el siglo XV la ciudad se convirtió no sólo en un gran emporio comercial, sino también en un núcleo intelectual muy importante, con una célebre Universidad, el Kalinder-kani, centro de la civilización musulmana de todo el Asia central.

En 1497 Samarcanda fue el escenario de las luchas entre Zahir ad-Din Babur y el uzbeko Shaybani Khan, quien lograría apoderarse de la ciudad en 1512, estableciendo la dinastía de los shaybánidas. Muy pronto, los uzbekos abandonaron Samarcanda como capital en favor de otra ciudad cercana, llamada Bukhara. Con ello se inició un nuevo periodo de decadencia que llegaría hasta el siglo XVIII. Los anales chinos indican que durante mucho tiempo la ciudad quedó prácticamente despoblada. De hecho, tan solo estuvo habitada por un millar de familias en tiempos de Nadir Shah Afshar, personaje que la atacó. A ello siguieron una serie de revueltas de uzbekos bajo el emir Haydar (1800-1826), momento en que tan sólo contaba con unos 30.000 habitantes.

Cuando en 1868 los rusos, dirigidos por el general Constantino von Kauffmann, se apoderaron de Samarcanda sin combate, un nuevo periodo histórico se había iniciado, construyéndose una nueva ciudad al lado de la antigua que quedó reducida a un campo arqueológico, sin duda, el más remarcable de todo el Asia central.

Entre 1924 y 1930 se erigió en una importante ciudad de la Rusia soviética, si bien conoció diferentes disturbios que se verían agravados en marzo de 1990, obligando a un trasvase de población a zonas de Georgia. En junio de 1990 el soviet supremo de Uzbekistán declaró la soberanía de la República, proclamándose en agosto de 1991 la independencia de Uzbekistán, adhiriéndose, sin embargo, al protocolo fundacional de la Comunidad de Estados Independientes. Samarcanda pasó a ser la capital de la indicada República.

Patrimonio artístico


Muchos y magníficos son los singulares edificios históricos de Samarcanda, así como sus ruinas arqueológicas.

El mausoleo de Gur-Emir


Sin duda, su más célebre monumento lo constituye el mausoleo de Gur-Emir (Tumba del emir), que contiene en su cripta la tumba de Tamerlán (trabajada en nefrita verde), así como las tumbas de Ulug-beg, las de otros componentes de la dinastía timúrida y la de su guía espiritual Mir Seid Bereke. Aunque el mausoleo estaba destinado a su nieto menor y heredero, Mohamed, la muerte de Tamerlán en 1405 obligó a que allí fuese inhumado. El edificio, que además contó con una madrasa y con una khanaka (hoy desaparecidas), se distingue por la proporción armoniosa de sus líneas y formas volumétricas, sobresaliendo su patio y sus minaretes en los ángulos. El mausoleo presenta una base octogonal, sobre la que cabalga un gran tambor circular que está coronado por una majestuosa cúpula de 64 lados, con 15 m de diámetro y una altura de 12´5 m, recubierta de hermosos baldosines azulados (el azul es el color de luto del mundo musulmán), cúpula que por su interior descansa sobre trompas. En tal construcción se utilizó con profusión el oro y el ónice. Fue restaurado en 1969.

El Reghistan

 
No muy lejos del precitado mausoleo, y en el centro de la ciudad antigua, sobre una elevación del terreno, se halla el conjunto artístico del Reghistan, voablo que quiere decir plaza de arena. Esta plaza, testigo de mercados, paradas militares y ejecuciones públicas, se halla rodeada por tres grandes madrasas, esto es, escuelas o seminarios muslmanes, todas ellas de maravillosas líneas constructivas y profusa decoración. Las tres fueron construidas entre los siglos XV y XVIII y las tres destacan por sus minaretes, sus arcos de acceso, las cerámicas polícromas y los mármoles. De una belleza inigualable es la madrasa que se construyó en primer lugar (1417-1420) por Ulug-beg, con una superficie de 56 por 81 m, sobresaliendo por su decoración y por sus minaretes (dos de ellos todavía en pie). En 1430 un personaje de nombre Kukeldash hizo construir el el sector este del Reghistan una mezquita. Entre 1619 y 1636 se construyó por parte del gobernador Yalangutush-bakhadur la madrasa Shir Dor ("decorada de tigres"), parecida a la gran madrasa de Ulug-beg, y ubicada frente a ella. Ha conocido varias restauraciones, una de ellas, la de 1960, muy importante. Esta nueva madrasa sobresale por su portal, un amplio iwan, con tímpano hermosamente decorado, en el que aparecen animales (los tigres atacando a ciervos) así como un rostro humano, que figura el sol. Pocos años después, en 1647, se levantó la mezquita-madrasa Tilla Kari ("cubierta de oro"). En su interior se construyó una pequeña mezquita que quedó sin concluir.

El Tcharsu


El único vestigio del siglo XVIII en la ciudad es el Tcharsu, un edificio dodecagonal situado en el ángulo nordeste de la madrasa de Shir Dor. El edificio, de vasta cúpula central y otras seis pequeñas cúpulas, fue destinado a actividades comerciales.

La mezquita de Bibi Khanym


Al norte del Reghistán se hallan las grandiosas ruinas de la mezquita de Bibi Khanym (167 por 109 m de superficie), llamada así por el nombre de la mujer preferida de Tamerlán, hija, según la leyenda, del emperador de China. A pesar del paso del tiempo sus ruinas todavía causan admiración, caso de uno de los cuatro minaretes que la adornaron y que pudo salvarse del terremoto que asoló Samarcanda en 1897. Fue construida a finales del siglo XIV por Tamerlán en recuerdo de una victoriosa campaña militar por la India. Estuvo ornamentada con más de 500 columnas y con muros decorados con una profusa variedad de placas marmóreas y ladrillos vidriados con diferentes colores, predominando los tonos azules y verdes, componiendo hermosas geometrías y series caligráficas ornamentales. De la misma quedan su majestuosa cúpula, un minarete y un par de arcos. Asociada a la mezquita se halla una leyenda, cuyo argumento finaliza con la muerte violenta del arquitecto constructor y de la esposa de Tamerlán. Enfrente fue levantada una madrasa que contuvo también un mausoleo, destinado a la descendencia femenina de Tamerlán.

La necrópolis de Shah i-Zinda


El conjunto artístico de Samarcanda de mayor interés lo constituye, no obstante, la gran necrópolis de Shah i-Zinda (el Rey viviente), en el sector meridional del primitivo enclave de Aferasyab. La misma está formada por cuatro mezquitas, doce mausoleos (entre ellos, el supuesto de Kazy-Zade-Rumi, el maestro de Ulug-beg, y los de Khodja Ahmed, de Kutlugh Aga, de Shadi Mulk Aga, de Tughlugh Tekin), una madrasa y un cenotafio o tumba sin restos humanos (cenotafio de Kussam), que arrancando de una portal de acceso, y a través de un estrecho pasaje finaliza en la tumba o mausoleo de Khodja Akhmed. Tal conjunto fue construido alrededor de la tumba de Qutham ibn Abbas, primo hermano de Mahoma y propagador, según la leyenda, del Islam en Samarcanda, adonde había arribado en el año 676. Qutham ibn Abbas murió asesinado en Samarcanda y allí le fue edificada su tumba a finales del siglo VII. Este lugar se convirtió muy pronto en punto de peregrinación y se fue ampliando con la serie de monumentos que se han indicado. Allí fueron recibiendo sepultura algunas esposas, parientes y compañeros de Tamerlán. De hecho, todos los edificios componen una rica sinfonía de colores. Verdes, azules y blancos se mezclan con violetas, colorados y granates.

Otros monumentos


Otros monumentos remarcables son el mausoleo de Ak Sarai, obra del siglo XV y sepultura familiar, al sudeste de Gur-Emir, y el mausoleo de Ishrat Khané, también del siglo XV, situado al este de la ciudad y en donde se inhumaron miembros de la dinastía de los timúridas. Cerca de este monumento, y ya fuera de los muros de la ciudad se halla, en mitad de un cementerio, el mausoleo del siglo XII que se levantó sobre la tumba del célebre jurista árabe del siglo IX, Abd-al-Mazeddine, edificio luego transformado al ser rodeado de tumbas familiares y de una pequeña madrasa y una mezquita, ricamente decorada a comienzos del siglo XX.

Siguiendo la carretera que lleva a Tachkent, fuera de Samarcanda, se halla el campo arqueológico de Maracanda (219 ha), lugar del emplazamiento de la antigua ciudad, que contó con unas murallas de 10 km de perímetro, según el historiador Quinto Curcio. Aquí existe un museo arqueológico local que atesora los restos de las diferentes culturas que se asentaron en tal zona. Asimismo, debe recogerse el observatorio astronómico de Ulug-beg, reputado astrónomo incluso en opinión de Laplace, quien lo hizo edificar en 1428, y del que apenas quedan unas pocas ruinas, entre ellas, la paerte subterránea de su famoso sextante.

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