Escuela del Ministerio Teocrático Semana del 17 de Marzo ‒ Puntos Sobresalientes de Génesis 43 a 46

Referencias para la Escuela del Ministerio Teocrático

Programa de la Escuela del Ministerio Teocrático: Semana del 17 de Marzo


17 de mzo. Lectura de la Biblia: Génesis 43 a 46
Núm. 1: Génesis 44:18-34
Núm. 2: ¿Quiénes tendrán parte en la resurrección terrestre? (rs pág. 332 párr. 3–pág. 333 párr. 3)
Núm. 3: Abías. Nunca dejemos de apoyarnos en Jehová (it-1 pág. 19, Abías núm. 5)

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Puntos Sobresalientes de Génesis 43 a 46


Génesis 43:32.
¿Por qué era detestable para los egipcios comer con los hebreos? Tal vez se debiera princi-palmente al orgullo racial y al prejui-cio religioso. Además, los egipcios detestaban a los pastores (Génesis 46:34). ¿Por qué razón? Posible-mente porque el sistema de castas egipcio colocaba a los pastores en uno de los últimos lugares, o quizás porque sintieran un fuerte rechazo hacia quienes buscaban pastos para los rebaños, pues escaseaba la tie-rra de cultivo.

Génesis 44:5.
¿Utilizó realmente José una copa para leer agüeros? La copa de plata y lo que se dijo de ella eran evidentemente parte de una estratagema. Como fiel siervo de Jehová, José no empleó la copa pa-ra leer agüeros, tal como tampoco la hurtó Benjamín.

Génesis 45:3.
José nos dio un extraordi-nario ejemplo de misericordia. La justicia estricta habría exigido que castigara a quienes lo habían vendi-do como esclavo. Por otra parte, el sentimentalismo pudiera haberlo lle-vado a simplemente pasar por alto su transgresión. José no se fue ni a un extremo ni al otro. Más bien, puso a prueba el arrepentimiento de sus medio hermanos. Y cuando observó que su pesar era sincero, los perdo-nó.

Génesis 46:8-10.
Sin embargo, no todos los hebreos se mantuvieron firme-mente separados de los que no ado-raban a Jehová. Por ejemplo, Dina se asoció con vecinos jóvenes que no servían al Dios verdadero. ¿Y qué resultado tuvo aquello? Un jo-ven se encendió de pasión y la violó. Parece que por un tiempo Judá se separó de su familia y se casó con una cananea. ¿En qué resultó eso? Pues bien, de aquella unión desigual nacieron tres hijos, pero Jehová tuvo que destruir a dos de ellos debido a la maldad que manifestaron. Simeón también tuvo un hijo con una cana-nea. Evidentemente aquello se con-sideraba tan fuera de lo común o tan indeseable que se llamó atención a ese hecho en la lista de los descen-dientes de Jacob.—Génesis 34:1, 2; 38:1-10; 46:8-10.

José no habría mostrado misericordia si no hubiera tenido base para ello. Ya había observado prueba de su arrepentimiento. Por ejemplo, cuando los acusó de ser espías, los oyó decir entre sí: “Indisputablemente somos culpables tocante a nuestro hermano [...]. Por eso nos ha sobrevenido esta angustia” (Génesis 42:21). Además, Judá había ofrecido quedarse como esclavo en lugar de Benjamín a fin de que este regresara a su padre (Génesis 44:33, 34).
De modo que José tenía razón para mostrar misericordia. Es más, sabía que hacerlo redundaría en la salvación de toda su familia. Por eso dijo a sus medio hermanos que volvieran a su padre, Jacob, y le dijeran: “Esto es lo que ha dicho tu hijo José: ‘Dios me ha nombrado señor de todo Egipto. Baja a mí. No vayas a tardar. Y tendrás que morar en la tierra de Gosén, y tendrás que continuar cerca de mí, tú y tus hijos y los hijos de tus hijos y tus rebaños y tus vacadas y todo cuanto tienes. Y yo ciertamente te proveeré de alimento allí’” (Génesis 45:9-11).

4 En la antigüedad, el mayordomo era un esclavo de confianza que atendía la casa o los negocios de su dueño. Por lo general gozaba de considerable autoridad, pues se le ponía al cargo de los bienes, el dinero y los demás siervos de la casa. Un ejemplo de ello fue Eliezer, al que Abrahán le confió sus muchas posesiones. Quizás fue a él a quien su amo envió a Mesopotamia con la misión trascendental de encontrarle esposa a su hijo Isaac (Gén. 13:2; 15:2; 24:2-4).
5 José, bisnieto de Abrahán, fue mayordomo de la casa de Potifar (Gén. 39:1, 2). Con el tiempo, él mismo llegó a tener un mayordomo que cuidaba de toda su casa y que, en cierta ocasión, se encargó de acoger hospitalariamente a diez hermanos de José. Y por mandato de su amo, organizó todo lo relacionado con la copa de plata supuestamente robada. Es obvio que los mayordomos ocupaban puestos de mucha confianza (Gén. 43:19-25; 44:1-12).

Respuestas a preguntas bíblicas:
43:32. ¿Por qué era detestable para los egipcios comer con los hebreos? Tal vez se debiera principalmente al orgullo racial y al prejuicio religioso. Además, los egipcios detestaban a los pastores (Génesis 46:34). ¿Por qué razón? Posiblemente porque el sistema de castas egipcio colocaba a los pastores en uno de los últimos lugares, o quizás porque sintieran un fuerte rechazo hacia quienes buscaban pastos para los rebaños, pues escaseaba la tierra de cultivo.
44:5. ¿Utilizó realmente José una copa para leer agüeros? La copa de plata y lo que se dijo de ella eran evidentemente parte de una estratagema. Como fiel siervo de Jehová, José no empleó la copa para leer agüeros, tal como tampoco la hurtó Benjamín.

¿Puede decirse que José, fiel siervo de Jehová, practicaba la adivinación con una copa especial de plata, como parece indicar Génesis 44:5?
No hay motivo para creer que José en realidad haya practicado ninguna forma de adivinación.
La Biblia muestra que él sabía la verdad sobre el uso de las artes mágicas para conocer el futuro. Anteriormente, cuando se le pidió que interpretara los sueños del Faraón, repitió varias veces que solo Dios puede anunciar el porvenir. De ahí que el propio Faraón reconociera que había sido el Dios de José —el verdadero Dios, y no poderes ocultos— quien le había revelado a este acontecimientos futuros (Génesis 41:16, 25, 28, 32, 39). Más tarde, en la Ley que dio a Moisés, Jehová prohibió el uso de la magia o la adivinación, confirmando así que solo Él tiene la capacidad de predecir el futuro (Deuteronomio 18:10-12).
Entonces, ¿por qué dijo José mediante su mayordomo que él “con pericia le[ía] agüeros” valiéndose de una copa de plata? (Génesis 44:5.) A fin de aclarar el asunto es preciso analizar las circunstancias que rodearon dicha afirmación.
Obligados por el hambre que asolaba la región, los hermanos de José viajaron a Egipto para comprar víveres. Años atrás, ellos mismos habían vendido a José como esclavo. Ahora, sin que lo supieran, era a su hermano a quien debían solicitar ayuda, pues se había convertido en el administrador de alimentos del país. José no les reveló su identidad, sino que decidió ponerlos a prueba para determinar la autenticidad de su arrepentimiento y la profundidad de su afecto hacia su padre, Jacob, y hacia su hermano Benjamín, el hijo predilecto de Jacob. Para ello recurrió a una estratagema (Génesis 41:55–44:3).
José ordenó a uno de sus siervos que llenara de provisiones los sacos de sus hermanos, colocara dentro el dinero de cada uno y metiera su copa de plata en el saco de Benjamín. Durante todo este tiempo, José estuvo representando el papel de administrador de un país pagano, por lo cual adaptó su manera de comportarse y de hablar delante de sus hermanos, que no sospechaban nada.
Cuando sus hermanos comparecieron ante él, José prosiguió con su simulación y les preguntó: “¿No sabían que un hombre como yo puede leer con pericia los agüeros?” (Génesis 44:15). Como vemos, la copa fue obviamente parte de la estratagema. Que José la usaba para adivinar es tan falso como que Benjamín la había hurtado.

¿Cómo reflejó verdadero temor de Dios la misericordia de José?
Años después, José se vio cara a cara con sus hermanos, quienes sin piedad alguna lo habían vendido como esclavo. Pudo haber aprovechado la gran necesidad de alimento que tenían para vengarse de lo que le habían hecho. Pero el trato tiránico no refleja temor de Dios (Levítico 25:43). Por consiguiente, cuando obtuvo suficientes pruebas de que habían cambiado de actitud, fue misericordioso y los perdonó. Como en el caso de José, el temor piadoso nos impulsará a vencer el mal con el bien y nos impedirá ceder a la tentación (Génesis 45:1-11; Salmo 130:3, 4; Romanos 12:17-21).

José nos dio un extraordinario ejemplo de misericordia. La justicia estricta habría exigido que castigara a quienes lo habían vendido como esclavo. Por otra parte, el sentimentalismo pudiera haberlo llevado a simplemente pasar por alto su transgresión. José no se fue ni a un extremo ni al otro. Más bien, puso a prueba el arrepentimiento de sus medio hermanos. Y cuando observó que su pesar era sincero, los perdonó.
Podemos imitar a José. Si alguien que ha pecado contra nosotros se arrepiente de corazón, debemos perdonarlo. Claro está, nunca debemos dejar que el sentimentalismo nos ciegue de modo que pasemos por alto un mal grave. Por otro lado, no hemos de permitir que el rencor nos impida ver las obras de arrepentimiento sincero. Por ello, ‘continuemos soportándonos unos a otros y perdonándonos liberalmente unos a otros’ (Colosenses 3:13). De esta manera imitaremos a nuestro Dios, Jehová, que está “listo para perdonar” (Salmo 86:5; Miqueas 7:18, 19).

15. ¿Qué nos ayudará a no amargarnos ni guardar resentimiento cuando suframos?
15 ¿Qué nos ayudará a no amargarnos ni guardar resentimiento hacia quienes nos odian sin causa? Recuerde que nuestros principales adversarios son Satanás y los demonios (Efesios 6:12). Aunque hay seres humanos que nos persiguen intencional y deliberadamente, muchos de los que se oponen al pueblo de Dios lo hacen por ignorancia o manipulados por otros (Daniel 6:4-16; 1 Timoteo 1:12, 13). Jehová desea dar a “hombres de toda clase” la oportunidad de que “se salven y lleguen a un conocimiento exacto de la verdad” (1 Timoteo 2:4). De hecho, algunos que en un tiempo se opusieron a la verdad son ahora nuestros hermanos cristianos por haber observado nuestra conducta intachable (1 Pedro 2:12). Además, podemos aprender una lección del ejemplo de José, hijo de Jacob. Aunque sufrió mucho por culpa de sus medio hermanos, no les guardó rencor. ¿Por qué no? Porque vio la mano de Jehová en lo sucedido, cómo Él dirigía los acontecimientos para llevar a cabo Su propósito (Génesis 45:4-8). De igual modo, Jehová puede hacer que cualquier sufrimiento injusto que estemos pasando sirva para dar gloria a su nombre (1 Pedro 4:16).

Sin embargo, no todos los hebreos se mantuvieron firmemente separados de los que no adoraban a Jehová. Por ejemplo, Dina se asoció con vecinos jóvenes que no servían al Dios verdadero. ¿Y qué resultado tuvo aquello? Un joven se encendió de pasión y la violó. Parece que por un tiempo Judá se separó de su familia y se casó con una cananea. ¿En qué resultó eso? Pues bien, de aquella unión desigual nacieron tres hijos, pero Jehová tuvo que destruir a dos de ellos debido a la maldad que manifestaron. Simeón también tuvo un hijo con una cananea. Evidentemente aquello se consideraba tan fuera de lo común o tan indeseable que se llamó atención a ese hecho en la lista de los descendientes de Jacob.—Génesis 34:1, 2; 38:1-10; 46:8-10.

6. ¿De qué manera demostró José el profundo amor que sentía por su padre, y cómo podemos imitar su ejemplo?
6 Con la bendición de Jehová, José se había convertido en uno de los hombres más ricos y poderosos de Egipto (Génesis 41:40). Pero no pensaba que era demasiado importante o que estaba demasiado ocupado para honrar a su padre, quien para entonces tenía 130 años. Al enterarse de que Jacob (o Israel) se estaba acercando, “José hizo alistar su carro y subió al encuentro de Israel su padre en Gosén. Cuando se le apareció, cayó al instante sobre su cuello y cedió a las lágrimas sobre su cuello vez tras vez” (Génesis 46:28, 29). Esta bienvenida era mucho más que una muestra formal de respeto. José amaba a su anciano padre con toda su alma y no sentía vergüenza de manifestárselo. Si tenemos padres mayores, ¿les prodigamos también muestras de cariño?

No descuide sus necesidades espirituales
Un despido repentino puede turbar en un primer momento al cristiano más equilibrado, pero jamás debemos desatender nuestras necesidades espirituales. Piense, por ejemplo, en Moisés, cuya vida dio un vuelco cuando a la edad de 40 años perdió su posición entre la aristocracia para convertirse en pastor, un trabajo que los egipcios despreciaban (Génesis 46:34). Moisés tuvo que adaptarse a su nueva situación. Durante los siguientes cuarenta años dejó que Jehová lo fuera moldeando y preparando para el papel que habría de cumplir (Éxodo 2:11-22; Hechos 7:29, 30; Hebreos 11:24-26). A pesar de las dificultades, se centró en las cosas espirituales y aceptó de buena gana la educación divina. La lección es clara: nunca permitamos que las adversidades resten importancia a nuestros valores espirituales.


Núm. 1: Génesis 44:18-34


Núm. 2: ¿Quiénes tendrán parte en la resurrección terrestre? (rs pág. 332 párr. 3-pág. 333 párr. 3)

*** rs pág. 332-pág. 333 Resurrección ***
¿Quiénes tendrán parte en la resurrección terrestre?
Juan 5:28, 29: “No se maravillen de esto, porque vie-ne la hora en que todos los que están en las tumbas con-memorativas oirán su voz [la voz de Jesús] y sal-drán.” (La palabra griega que se traduce “tumbas conme-morativas” no es la forma plural de ta′phos [sepultura, una tumba individual] ni hai′des [fosa, la sepultura común de la humanidad muerta], sino el plural de la forma dativa mne•mei′on [recordatorio, tumba conmemorativa]. Esto recalca que se conserva el recuerdo del difunto. No aquellos cuya memoria es borrada en el Gehena a causa de los pecados imperdonables, sino las personas recor-dadas por Dios serán resucitadas y tendrán la oportuni-dad de vivir para siempre. (Mat. 10:28; Mar. 3:29; Heb. 10:26; Mal. 3:16.)
Hech. 24:15: “Tengo esperanza en cuanto a Dios [...] de que va a haber resurrección así de justos como de injustos.” (Tanto los que hayan vivido en conformidad con los justos caminos de Dios como los que, por ignorancia, hayan hecho lo que es injusto serán resucitados. La Bi-blia no contesta todas nuestras preguntas en cuanto a si específicamente ciertas personas que han muerto serán resucitadas. Pero podemos confiar en que Dios, que co-noce todos los hechos, obrará imparcialmente, con una justicia templada con misericordia que no pasa por alto las normas justas de Él. Compárese con Génesis 18:25.)
Rev. 20:13, 14: “El mar entregó los muertos que había en él, y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos, y fueron juzgados individualmente según sus hechos. Y la muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. Esto significa la muerte segunda: el lago de fuego.” (Por eso, todos aquellos cuya muerte se debió al pecado adámico serán levantados, sea que hayan sido sepultados en el mar o en el Hades, la sepultura terrestre común de la humanidad muerta.)
Si se ha de resucitar a miles de millones de personas de entre los muertos, ¿dónde vivirán todos?
Un cálculo muy liberal de la cantidad de personas que ha vivido en la Tierra es de 20.000.000.000. Como he-mos visto, no todos estos individuos serán resucitados. Pero aunque supusiéramos que todos fueran resucita-dos, habría suficiente lugar para todos. La superficie de la Tierra, en la actualidad, es de 147.600.000 kilómetros cuadrados (57.000.000 de millas cuadradas). Si la mitad de esa superficie se apartara para otros fines, todavía quedaría lugar para unos 3.700 metros cuadrados (poco menos de 1 acre) por persona... cantidad de terreno que puede proveer más que suficiente alimento. La raíz del problema de la escasez de alimento actual no es que la Tierra no pueda producir suficiente alimento, sino, más bien, la rivalidad política y el egoísmo comercial.


Núm. 3: Abías. Nunca dejemos de apoyarnos en Jehová (it-1 pág.19, Abías núm. 5)


*** it-1 pág. 19 Abías ***
5. Uno de los veintiocho hijos de Rehoboam. También se le llamó Abiyam, y llegó a ser el segundo rey del reino de dos tribus de Judá. Reinó desde 980 hasta 978 a. E.C. (1Re 14:31–15:8.) Era descendiente real de David tanto por parte de padre como de madre, y su generación fue la decimosexta en el linaje real de Jesucristo contando a partir de Abrahán. (1Cr 3:10; Mt 1:7.) De las dieciocho esposas y sesenta concubinas que tuvo Rehoboam, la más amada fue Maacá, la nieta de Absalón (llamada Micaya en 2 Crónicas 13:2), a la que favoreció sobre las de-más escogiendo a su hijo Abías para sucederle en el trono, aunque no era su primogénito. (2Cr 11:20-22.)
Cuando Abías ascendió al trono, en el año decimoctavo del rey Jeroboán I de Israel, volvieron a surgir hostilidades entre el reino septentrional y el meridional, y estalló una guerra. En formación de combate contra el ejército de Judá —400.000 hombres poderosos y escogidos—, estaban los 800.000 guerreros de Jeroboán. Sin arredrarse por tal desigualdad, Abías se dirigió a la muchedumbre de Jeroboán con un apasionado discurso en el que condenaba su idolátrica adoración de becerros y les recordaba que el pacto de Jehová con David era para un reino que jamás terminaría. “Con nosotros está a la cabeza el Dios verdadero —declaró Abías—[...], no peleen contra Jehová [...], porque no tendrán éxito.” (2Cr 12:16–13:12.)
En la violenta batalla que siguió, quedó frustrada providencialmente la emboscada de Jeroboán, y medio millón de sus hombres murieron, lo que acabó con su poder militar. Hasta capturaron la ciudad de Betel, donde se había erigido uno de los detestables becerros de oro con su sacerdocio apóstata. Y todo porque Abías ‘se había apoyado en Jeho-vá’. (2Cr 13:13-20.) No obstante, Abías siguió andando en los pecados de su padre, Rehoboam, al permitir que continuaran en el país los luga-res altos, las columnas sagradas y hasta los prostitutos de templo. “Su corazón no resultó completo para con Jehová su Dios.” (1Re 14:22-24; 15:3.) Durante su vida tuvo catorce esposas y treinta y ocho hijos, y a su muerte le sucedió en el trono su hijo Asá. (2Cr 13:21; 14:1.)

INFORMACION ADICIONAL:
*** g81 22/1 pág. 22 “Dios es mi copiloto”... ¿es el suyo también? ***
El ejemplo de Abías, rey del antiguo reino de dos tribus de Judá, comprueba esto. Al verse cara a cara con las fuerzas militares de Jeroboán, rey de Israel, que eran dos veces más numerosas que las suyas, Abías dijo a sus adversarios: “¡Miren! con nosotros está a la cabeza el Dios verdadero . . . no peleen contra Jehová el Dios de sus antepasados, porque no tendrán éxito.” (2 Cró. 13:12) Fue debido a que Abías reco-noció que Jehová estaba “a la cabeza,” sirviendo de “capitán” de ellos en los cielos, que los judíos bajo Abías como repre-sentante terrestre de Jehová lograron ganar la victoria a pesar de las enormes fuerzas que estaban en contra de ellos.
Si reconocemos con humildad la posición inferior que ocu-pamos, nuestra relación con Dios será estrecha, como la que existe entre un piloto y un copiloto. Pero nunca —ni por un momento— habrá duda alguna en nuestra mente en cuanto a quién está al mando.

Referencias consultadas en el sitio: "Biblioteca en línea Watchtower"

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