Escuela del Ministerio Teocrático Semana del 7 de julio ‒ Puntos Sobresalientes de Levítico 17 a 20

Referencias para la Escuela del Ministerio Teocrático

Descargue las referencias en Archivo PDF para PCs, Smartphones y Tablets ó Imprimir en formato de Folleto

Descargue las referencias en Archivo PDF para PCs, Smartphones y Tablets

Programa de la Escuela del Ministerio Teocrático: Semana del 7 de julio


ss14 págs. 1-4 Programa de la Escuela del Ministerio Teocrático del año 2014
7 de jul. Lectura de la Biblia: Levítico 17 a 20
Núm. 1: Levítico 19:19-32
Núm. 2: ¿Por qué los cristianos ungidos con espíritu, o “santos”, no están libres de pecado? (rs pág. 354 párr. 1)
Núm. 3: Abismo. Lo que la Biblia dice sobre el abismo (it-1 pág. 27)

w14 15/5 págs. 1-2 Índice
7-13 DE JULIO DE 2014
¿Cómo “dar una respuesta a cada uno”?
PÁGINA 6 • CÁNTICOS: 96 Y 93

ws14 15/5 págs. 1-2 Índice
7-13 DE JULIO DE 2014
¿Cómo “dar una respuesta a cada uno”?
PÁGINA 3 • CÁNTICOS 96 Y 93


Puntos sobresalientes del libro de Levítico 17 a 20


Respuestas a preguntas bíblicas:

19:27. ¿Qué quiere decir el mandato de no “cortar los mechones de sus lados de modo que queden cortos en derredor” o “destruir la extremidad” de la barba? Obviamente se dispuso esta ley para evitar que los judíos se cortaran la barba o el cabello como solían hacerlo ciertos paganos (Jeremías 9:25, 26; 25:23; 49:32). Sin embargo, el mandato divino no significaba que los judíos no pudieran recortarse la barba en lo más mínimo (2 Samuel 19:24).

Lecciones para nosotros:

20:9. Un espíritu de odio y crueldad equivalía al asesinato ante los ojos de Jehová. Por ello, Dios prescribió la misma pena tanto para el que injuriara a sus padres como para el que realmente los asesinara. ¿No debería este hecho impulsarnos a mostrar amor a nuestros hermanos en la fe? (1 Juan 3:14, 15.)

Levítico 17:11-13
5. ¿Cómo nos beneficia la santidad de la sangre?
La sangre es sagrada porque Dios dice que representa la vida, o alma, de los seres vivos (Génesis 9:3, 4). La ley de Dios, que establece que la sangre tiene el mismo valor que la vida, nos beneficia. ¿Por qué? Porque sobre la base de esa ley, Dios hizo posible el perdón de los pecados. (Lea Levítico 17:11-13 y Hebreos 9:22.)
La sangre de Jesús fue especialmente valiosa porque él era perfecto. Después de sacrificar su vida por la humanidad, Jesús ofreció a Dios el valor de su sangre, que representaba su vida (Hebreos 9:12). Su sangre derramada permite que obtengamos vida eterna. (Lea Mateo 26:28 y Juan 3:16.)

Levítico 17:11
2 Se dibujan los planos para restaurarla.
Jehová proporcionó a los israelitas un código de leyes y diseñó un templo para que lo adoraran. La Biblia explica que ambas cosas eran “una sombra de las cosas por venir” (Colosenses 2:17). Las leyes y el templo eran, como el plano de una vivienda, una representación de algo futuro.
Una de esas leyes, por ejemplo, establecía que los israelitas sacrificaran animales para expiar sus pecados (Levítico 17:11). ¿Qué representaban estos sacrificios? Algo mucho más importante: un sacrificio que se ofrecería siglos después para rescatar definitivamente a la humanidad del pecado. Por otro lado, el diseño del tabernáculo y del templo simbolizó lo que haría el Mesías —la predicha “descendencia”— desde que entregó su vida hasta que subió al cielo (véase la lámina de la página 7).

Levítico 17:14
[Ilustración y recuadro de la página 31]
¿SE HA PREGUNTADO POR QUÉ?
Tal vez haya escuchado que los testigos de Jehová no aceptamos transfusiones de sangre. Pero ¿sabe por qué no lo hacemos?
Nuestra postura, que está basada en la Biblia, suele malinterpretarse. Hay quien piensa, por ejemplo, que rechazamos todos los tratamientos médicos o que sencillamente no nos importa morir. Pero nada más lejos de la realidad. Los Testigos deseamos la mejor atención médica posible para nosotros mismos y para nuestras familias. Eso sí, solo aceptamos tratamientos médicos sin sangre. ¿Por qué?
Nuestra posición se basa en una importante ley que Dios dictó para toda la humanidad. Poco después del Diluvio, Dios les dio permiso a Noé y su familia para comer carne animal. Solo les impuso una restricción: no debían consumir sangre (Génesis 9:3, 4). Esta ley es aplicable a todos los seres humanos, pues todos descendemos de Noé. Además, se trata de una ley que nunca ha sido abolida. De hecho, más de ocho siglos después, Dios la repitió a la nación de Israel y les explicó que la sangre es sagrada porque representa el alma, es decir, la vida misma (Levítico 17:14). Y mil quinientos años más tarde, los apóstoles ordenaron a los cristianos que “[siguieran] absteniéndose [...] de sangre” (Hechos 15:29).
Los testigos de Jehová estamos convencidos de que si aceptáramos una transfusión, no estaríamos absteniéndonos de sangre. Por esa razón insistimos en recibir otros tratamientos. Además, esta postura bíblica ha contribuido mucho a elevar la calidad de la atención médica. Eso explica por qué hoy día muchas personas que no son testigos de Jehová también solicitan tratamientos sin sangre.

Levítico 18:6, 9 ‒ Levítico 18:19
3. Derecho al respeto. Uno de los Diez Mandamientos estipulaba: “Honra a tu padre y a tu madre” (Éxodo 20:12). Y el sabio rey Salomón dijo en uno de sus proverbios: “Escucha, hijo mío, la disciplina de tu padre, y no abandones la ley de tu madre” (Proverbios 1:8).
La Ley regulaba con detalle el trato con personas del sexo opuesto y manifestaba gran respeto por las mujeres (Levítico 18:6, 9; Deuteronomio 22:25, 26). Incluso les recordaba a los hombres que debían tener en cuenta los límites físicos y biológicos de su esposa (Levítico 18:19).

Lev. 18:20, 29
[Recuadro de la página 15]
OTROS PROCEDIMIENTOS
El desarrollo de la fecundación in vitro ha originado otros procedimientos que están en conflicto con el punto de vista de Dios, expuesto en las Escrituras. Por ejemplo, los óvulos de una mujer pueden ser fecundados con el semen de un hombre que no sea su esposo, y los embriones resultantes pueden transferirse a su matriz. (Las parejas de lesbianas suelen recurrir a esta opción.) O puede que se use el esperma del esposo para fertilizar los óvulos de otra mujer y que luego se implanten los embriones en la esposa.
Otra variante es la denominada adopción de embriones. En este caso, los embriones que se implantan en la mujer no proceden ni de sus óvulos ni del semen de su esposo. Otra técnica es fecundar fuera de la matriz los óvulos de una mujer con los espermatozoides de su esposo e implantar los embriones en la matriz de otra mujer que actúa como madre de alquiler.
Los siervos de Dios no aceptan tales procedimientos, pues respetan este mandato: “No debes dar tu emisión como semen a la esposa de tu asociado, para hacerte inmundo por ello” (Lev. 18:20, 29; Prov. 6:29). La fecundación realizada con óvulos o espermatozoides de alguien ajeno a la unión marital equivale a lo que la Biblia llama pornéia, es decir, inmoralidad sexual. Y en los métodos ya mencionados se produce un uso notablemente inapropiado de los órganos sexuales (Mat. 5:32; 1 Cor. 5:11; 6:9, 18; Heb. 13:4).

Levítico 18:6, 23
¿Y qué hay en cuanto a tener relaciones sexuales antes de casarse? Eso también es contrario a las normas morales de Jehová, pues la Biblia señala: “Esto es la voluntad de Dios: [...] que se abstengan de la fornicación” (1 Tesalonicenses 4:3). Del mismo modo, la homosexualidad, el incesto y la bestialidad son pecados contra Dios (Levítico 18:6, 23; Romanos 1:26, 27). Todas las personas que deseen agradar al Creador y disfrutar de una vida realmente feliz deben rechazar toda forma de inmoralidad

Levítico 18:3
Tampoco debe pasarse por alto la conciencia que Dios nos ha dado. Todos nacemos con un sentido de lo que es correcto o incorrecto, de lo que está bien y lo que está mal (Romanos 2:15). La conciencia nos dice qué es lo normal y apropiado, y qué es antinatural y ofensivo, a menos que esté distorsionada o endurecida a causa de prácticas pervertidas. Jehová aludió a este hecho cuando dio a los israelitas la ley contra el matrimonio entre parientes carnales cercanos. “De la manera como hace la tierra de Egipto, en la cual moraron, no deben hacer ustedes —leemos—; y de la manera como hace la tierra de Canaán, en la cual voy a introducirlos, no deben hacer ustedes; y en los estatutos de ellos no deben andar.” (Levítico 18:3.) Los cristianos aprecian muchísimo su conciencia basada en la Biblia y no permiten que la corrompa el sentido distorsionado del bien y el mal que tienen las naciones (Efesios 4:17-19).

Levítico 19:18
En segundo lugar, Jesús dijo: “Tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo” (versículo 31; Levítico 19:18). El amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables: el segundo es consecuencia del primero (1 Juan 4:20, 21). Si amamos al prójimo como a nosotros mismos, trataremos a los demás como queremos que ellos nos traten a nosotros (Mateo 7:12). Haciendo esto demostramos que amamos a Dios, quien nos hizo a todos a su imagen y semejanza (Génesis 1:26).

Lev. 19:17
14 ¿Y qué hay de aquel que no ha llegado a cometer un asesinato pero deja que el rencor crezca en su interior hasta el punto de odiar a un hermano en la fe? (Lev. 19:17.) ¿Luchará por desarraigar esos sentimientos que podrían endurecerle el corazón? (Mat. 5:21, 22.)

Lev. 19:16
13 Las críticas pueden acarrearle consecuencias espirituales muy graves a la congregación, como perturbar su paz y unidad. Si habláramos mal de nuestros hermanos en la fe, no solo les haríamos daño a ellos, sino que podríamos acabar cayendo en la calumnia y la injuria (Lev. 19:16; 1 Cor. 5:11). En el siglo primero, algunos estaban “desatendiendo el señorío y hablando injuriosamente de los gloriosos”, es decir, de los responsables de la congregación (Jud. 8, 16). Sin duda, a Dios no le agradó ese comportamiento.

Levítico 19:15
“Ejercer justicia.” Cierta obra de referencia explica que el término para “justicia” en hebreo “implica relaciones rectas y equitativas dentro de la comunidad”. Jehová nos pide que tratemos a otros del modo que él considera correcto y justo. De modo que ejercemos justicia si somos imparciales, rectos y honrados con los demás (Levítico 19:15; Isaías 1:17; Hebreos 13:18). Cuando los tratamos de forma justa, es probable que ellos se sientan impulsados a tratarnos igual (Mateo 7:12).

Capítulo 19 de Levítico
“SANTO, santo, santo es Jehová Dios.” (Revelación [Apocalipsis] 4:8.) Con estas palabras, la Biblia muestra que la santidad de Jehová es inigualable, es decir, que él es puro y limpio a un grado máximo. Además, está completamente separado del pecado; este no lo corrompe ni lo contamina. ¿Significa esto que, como somos humanos imperfectos, jamás podremos tener una relación estrecha con Jehová, el Dios supremo? Por supuesto que no. Al contrario, la propia Biblia nos da esperanza al mostrarnos que sí es posible. Veámoslo en el capítulo 19 de Levítico.
En primer lugar, Jehová le dijo a Moisés: “Habla a la entera asamblea de los hijos de Israel”. Luego le transmitió el mensaje que tendría que darle a toda la nación: “Deben resultar santos, porque yo Jehová su Dios soy santo” (versículo 2). Así pues, se esperaba que cada uno de los israelitas tuviera una conducta santa. Al decir “deben”, Jehová dejó claro que se trataba de un mandato, y no de una simple sugerencia. ¿Estaba pidiéndoles demasiado?
Notemos que Jehová no se refirió a su propia santidad para indicarles a los israelitas hasta qué grado debían ser santos, sino para que comprendieran por qué debían serlo. En otras palabras, él no estaba pidiéndoles que fueran tan santos como él. Eso sería imposible porque nadie se compara a Jehová en santidad. Solo a él se le llama el “Santísimo” (Proverbios 30:3). No obstante, puesto que él es santo, espera que sus siervos —aunque imperfectos— se esfuercen al mayor grado posible por tener una conducta santa. ¿De qué manera pueden hacerlo?
Volvamos al caso de los israelitas. Jehová no solo les indicó que debían ser santos, sino que también estableció una serie de requisitos que abarcaban todo aspecto de la vida. Algunas de las normas de conducta que debían cumplir eran las siguientes: respetar a los padres y a las personas mayores (versículos 3 y 32); mostrar consideración a los sordos, a los ciegos y a los necesitados (versículos 9, 10 y 14); ser honestos e imparciales con los demás (versículos 11 a 13, 15, 35 y 36), y amar a otras personas como a ellos mismos (versículo 18). Así pues, si los israelitas seguían estas y otras leyes, “verdaderamente result[arían] santos a su Dios” (Números 15:40).
El mandato de Dios de ser santos nos ayuda a comprender mejor su modo de pensar y actuar. Para empezar, nos enseña que si queremos agradarle, debemos vivir en armonía con sus normas y esforzarnos por tener una conducta santa (1 Pedro 1:15, 16). Así disfrutaremos de la mejor vida posible (Isaías 48:17).
Este mandato también muestra que Jehová confía en sus siervos. Nunca espera de nosotros más de lo que podemos dar (Salmo 103:13, 14). Al estar hechos a su imagen y semejanza, está seguro de que tenemos el potencial para cultivar cierto grado de santidad (Génesis 1:26). ¿Verdad que saber esto nos motiva a acercarnos más al Dios santo, Jehová?

Levítico 19:9, 10
¿Qué era la rebusca, y a quiénes beneficiaba?
▪ La Ley mosaica prohibía a los agricultores recolectar absolutamente todo el producto de sus campos. Por ejemplo, durante la cosecha no podían segar las orillas de los trigales y tenían que dejar en los viñedos las uvas que hubieran quedado esparcidas, así como las que no hubieran madurado todavía. Además, debían olvidarse de las aceitunas que no cayeran de las ramas al varear los olivos (Levítico 19:9, 10; Deuteronomio 24:19-21). Así, los pobres, los huérfanos, las viudas y los inmigrantes tendrían la oportunidad de hacer la rebusca, es decir, de recoger los frutos que hubieran quedado atrás.

Levítico 19:9, 10
La ley divina de la rebusca
11 Un segundo aspecto de la Ley mosaica que reflejaba el interés de Dios por el bienestar de su pueblo fue la rebusca. Jehová mandó a los agricultores israelitas que permitieran a los pobres recolectar el producto de los campos que se quedara atrás. Los agricultores no debían segar completamente las orillas de los sembrados, ni repasar las viñas o los olivos, ni tampoco recoger las gavillas olvidadas. La rebusca era una medida amorosa en favor de los pobres, los inmigrantes, los huérfanos y las viudas. Claro está, exigía trabajo arduo de parte de estos, pero gracias a ella, no tenían que mendigar (Levítico 19:9, 10; Deuteronomio 24:19-22; Salmo 37:25).
12 La ley de la rebusca no estipulaba cuánto había de dejarse para los menos favorecidos: los márgenes sin segar podían ser anchos o estrechos; se trataba de una decisión personal. Así, esta ley enseñaba generosidad. Además, ofrecía a los agricultores la oportunidad de demostrar su agradecimiento al Proveedor de la cosecha, ya que “el que muestra favor al pobre [...] glorifica [a su Hacedor]” (Proverbios 14:31). Boaz fue un ejemplo al respecto, pues se aseguró bondadosamente de que Rut, una viuda que espigaba en sus campos, recogiera una buena cantidad de grano. Jehová recompensó con creces su generosidad (Rut 2:15, 16; 4:21, 22; Proverbios 19:17).
13 El principio en que se basa la ley de la rebusca aún permanece: Jehová espera que sus siervos sean generosos, en particular con los necesitados. Cuanto más generosos seamos, mayores serán nuestras bendiciones. De hecho, Jesús afirmó: “Practiquen el dar, y se les dará. Derramarán en sus regazos una medida excelente, apretada, remecida y rebosante. Porque con la medida con que ustedes miden, se les medirá en cambio” (Lucas 6:38).

Lev. 20:2, 27
Con relación a esto, Levítico 20:2 declara: “Cualquier hombre de los hijos de Israel, y cualquier residente forastero que resida como forastero en Israel, que dé de su prole a Mólek, debe ser muerto sin falta. La gente de la tierra debe lapidarlo hasta que muera”. Quienes tuvieran un “espíritu de médium o espíritu de predicción” debían ser ajusticiados del mismo modo, es decir, apedreados hasta morir (Lev. 20:27).

Levítico 20:2, 3
Una “cosa que yo no había mandado”
En marcado contraste con los israelitas, los habitantes de Canaán ofrecían sus hijos como sacrificio a sus dioses, entre ellos el dios ammonita Mólek, también conocido como Milcom o Moloc (1 Reyes 11:5, 7, 33; Hechos 7:43). La obra Compendio Manual de la Biblia dice: “Los cananeos, pues, adoraban cometiendo excesos inmorales en presencia de sus dioses, y luego asesinando a sus hijos primogénitos como sacrificio a estos mismos dioses”.
¿Agradaban a Jehová Dios tales prácticas? Claro que no. Cuando los israelitas estaban a punto de entrar en la tierra de Canaán, Jehová les dio el siguiente mandato, que aparece en Levítico 20:2, 3: “Has de decir a los hijos de Israel: ‘Cualquier hombre de los hijos de Israel, y cualquier residente forastero que resida como forastero en Israel, que dé de su prole a Mólek, debe ser muerto sin falta. La gente de la tierra debe lapidarlo hasta que muera. Y en cuanto a mí, fijaré mi rostro contra aquel hombre, y ciertamente lo cortaré de entre su pueblo, porque ha dado de su prole a Mólek con el propósito de contaminar mi lugar santo, y para profanar mi santo nombre’”.

Levítico 20:10
14 Asimismo, saber que no hay forma de compensar al cónyuge inocente debería impelernos a no cometer un acto tan egoísta como es el adulterio. Proverbios 6:30-35 muestra que la gente quizá se compadezca de un ladrón que roba para comer, pero desprecia al adúltero por sus malos motivos. De hecho, el que comete adulterio “está arruinando su propia alma”, es decir, su vida. Bajo la Ley mosaica se le hubiera condenado a muerte (Levítico 20:10). Con tal de satisfacer su apetito sexual, al adúltero no le importa el daño que pueda causar. Si no se arrepiente, no permanecerá en el amor de Dios y será expulsado de la congregación cristiana, que es limpia y pura.

Levítico 19:26; 20:27
Los médicos temerosos de Dios del antiguo Israel no emplearon prácticas espiritistas. El sabio mandato de Dios fue: “No debería hallarse en ti nadie que [...] emplee adivinación, practicante de magia ni nadie que busque agüeros ni hechicero [...]. Porque todo el que hace estas cosas es algo detestable a Jehová”. (Deuteronomio 18:10-12; Levítico 19:26; 20:27.) Lo mismo es aplicable hoy a los siervos cristianos de Dios. Es necesario tener cautela.
En los últimos años, muchas personas han recurrido a diagnósticos y tratamientos “alternativos”. Este es fundamentalmente un terreno de decisión personal. (Mateo 7:1; compárese con Romanos 14:3, 4.) Sería triste que un cristiano se preocupara tanto por cuestiones polémicas de salud que estas ensombrecieran su ministerio, el único modo seguro de salvar vidas. (1 Timoteo 4:16.) La Biblia no dice que en el nuevo mundo se curarán las enfermedades y se obtendrá la salud perfecta mediante tratamientos médicos con hierbas, dietas o regímenes holísticos. En realidad, la curación completa solo se conseguirá mediante el perdón de los pecados sobre la base del sacrificio de rescate de Jesús. (Isaías 33:24; Revelación 22:1, 2.)


Núm. 1: Levítico 19:19-32


Núm. 2: ¿Por qué los cristianos ungidos con espíritu, o “santos”, no están libres de pecado? (rs pág. 354 párr. 1)

rs pág. 354 párr. 1 Santos
De seguro fue cierto que todos los que componían la congregación cristiana del primer siglo eran santos (1 Cor. 14:33, 34; 2 Cor. 1:1; 13:13, VM, VV [1977]). De ellos se dice que recibieron “remisión de pecados” o “perdón de pecados” y fueron “santificados” por Dios (Hech. 26:18; 1 Cor. 1:2, VM, VV [1977]). Sin embargo, ellos no afirmaban que estuvieran libres de todo pecado. Habían nacido como descendientes del pecador Adán. Debido a esta herencia, a menudo tenían que luchar para hacer lo correcto, como lo admitió humildemente el apóstol Pablo (Rom. 7:21-25). Además, el apóstol Juan dijo claramente: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1 Juan 1:8, VV [1977]). Así, pues, el ser santo en el sentido del uso del término respecto a los verdaderos seguidores de Cristo no significa que en la carne estén libres de todo pecado.

Núm. 3: Abismo. Lo que la Biblia dice sobre el abismo (it-1 pág. 27)

it-1 pág. 27 Abismo
ABISMO
Según la obra Greek and English Lexicon to the New Testament (Londres, 1845, pág. 2), el término griego á•bys•sos significa “muy o sumamente profundo”. Para el Greek-English Lexicon (de Liddell y Scott, Oxford, 1968, pág. 4), el significado es “insondable, ilimitado”. La Septuaginta griega lo utiliza por lo general para traducir la palabra hebrea tehóhm (profundidad acuosa), como en Génesis 1:2; 7:11.
De las nueve veces que aparece á•bys•sos en las Escrituras Griegas Cristianas, siete se encuentran en el libro de Revelación. En él se indica que las simbólicas langostas salen del “abismo” bajo la jefatura de su rey, Abadón o Apolión, “el ángel del abismo”. (Rev 9:1-3, 11.) También se dice que sale “del abismo” la “bestia salvaje” que hace guerra contra los “dos testigos” de Dios y los mata. (Rev 11:3, 7.) Revelación 20:1-3 describe la acción futura de arrojar a Satanás al abismo por mil años, algo que en cierta ocasión una legión de demonios le suplicaron a Jesús que no hiciese con ellos. (Lu 8:31.)
Significado en las Escrituras. Cabe destacar que la Septuaginta griega no usa á•bys•sos para traducir el término hebreo scheʼóhl, y en vista de que a las criaturas espíritus se las echa en él, no es propio limitarlo al Seol o Hades, pues está claro que estas dos palabras se refieren al sepulcro común de la humanidad. (Job 17:13-16; véanse HADES; SEOL.) No se alude al “lago de fuego”, pues a Satanás se le arroja a este lago de fuego después de ser liberado del abismo. (Rev 20:1-3, 7-10.) Las palabras de Pablo en Romanos 10:7, que dicen que Cristo estuvo en el abismo, también excluyen tal posibilidad y además muestran que el abismo es diferente del Tártaro. (Véase TÁRTARO.)
El texto de Romanos 10:6, 7 ayuda a entender el significado del “abismo”, al decir: “Pero la justicia que resulta de la fe habla de esta manera: ‘No digas en tu corazón: “¿Quién ascenderá al cielo?”, esto es, para hacer bajar a Cristo; o: “¿Quién descenderá al abismo?”, esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos’”. (Compárese con Dt 30:11-13.) Es evidente que aquí el “abismo” se refiere al lugar donde Cristo Jesús pasó parte de tres días y de donde su Padre lo resucitó. (Compárese con Sl 71:19, 20; Mt 12:40.) Revelación 20:7 llama al abismo “prisión”, lo que armoniza con la reclusión absoluta a la que la muerte somete a sus víctimas, como en el caso de Jesús. (Compárese con Hch 2:24; 2Sa 22:5, 6; Job 38:16, 17; Sl 9:13; 107:18; 116:3.)
Con respecto al significado etimológico de “insondable”, cualidad que caracteriza al “abismo”, es interesante notar lo que dice la Encyclopædia of Religion and Ethics (de Hastings, 1913, vol. 1, pág. 54), sobre Romanos 10:6, 7: “El lenguaje de san Pablo transmite la idea de una región inmensa que haría inútil cualquier esfuerzo por explorarla”. Pablo contrasta lo inaccesible del “cielo” y del “abismo” con lo accesible de la justicia por medio de la fe. Esto lo ilustra el uso que hace de la palabra relacionada bá•thos en Romanos 11:33: “¡Oh la profundidad [bá•thos] de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán inescrutables son sus juicios e ininvestigables sus caminos!”. (Véanse también 1Co 2:10; Ef 3:18, 19.) Por lo tanto, en armonía con Romanos 10:6, 7, el lugar representado por el “abismo” también comunica la idea de estar ‘fuera del alcance’ de todos, excepto de Dios o del ángel que tiene la “llave del abismo” nombrado por Él. (Rev 20:1.) Uno de los significados atribuidos a la palabra á•bys•sos en el Greek-English Lexicon, de Liddell y Scott, pág. 4, es “el vacío infinito”.
La palabra hebrea metsoh•láh o metsu•láh (forma plural) se traduce “abismo grande” en Salmo 88:6, aunque su significado literal es “abismos” o “profundidades”. (Compárese con Zac 10:11.) Está relacionada con tsu•láh, que significa “profundidad acuosa”. (Isa 44:27.)

Referencias consultadas en: Watchtower Library 2013 CD‒ROM

Descargue las referencias en Archivo PDF para PCs, Smartphones y Tablets

Descargue las referencias en Archivo PDF para  PCs, Smartphones y Tablets