Escuela del Ministerio Teocrático Semana del 18 de agosto ‒ Puntos Sobresalientes de Números 10 a 13

Referencias para la Escuela del Ministerio Teocrático

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Programa de la Escuela del Ministerio Teocrático: Semana del 18 de agosto


ss14 págs. 1-4 Programa de la Escuela del Ministerio Teocrático del año 2014
18 de ag. Lectura de la Biblia: Números 10 a 13
Núm. 1: Números 10:1-16
Núm. 2: Por qué la fe debe tener obras (rs pág. 343 párrs. 1-4)
Núm. 3: Hechos de Apóstoles. El espectacular nacimiento y desarrollo de la organización cristiana (it-1 pág. 1114–pág. 1115 párr. 2)

w14 15/6 págs. 1-2 Índice
18-24 DE AGOSTO DE 2014
¿Vemos a los débiles como Jehová los ve?
PÁGINA 23 • CÁNTICOS: 77 Y 79

ws14 15/6 págs. 1-2 Índice
18-24 DE AGOSTO DE 2014
¿Vemos a los débiles como Jehová los ve?
PÁGINA 15 • CÁNTICOS 77 Y 79


Puntos sobresalientes del libro de Números 10 a 13

18 de ag. Lectura de la Biblia: Números 10 a 13

DE UN LUGAR A OTRO EN EL DESIERTO

(Números 10:11–21:35)
Cuando por fin se alza la nube de encima del tabernáculo, los israelitas emprenden una marcha que los llevará a las llanuras desérticas de Moab treinta y ocho años y uno o dos meses después. Encontrará provechoso seguir su recorrido en el mapa de la página 9 del folleto Veamos “la buena tierra”, editado por los testigos de Jehová.
En el desierto de Parán, camino de Qadés, se producen al menos tres episodios de quejas. Jehová pone fin al primero enviando un fuego que consume a algunos miembros del pueblo. Más adelante, los israelitas claman por carne y Jehová les suministra codornices. Por último, las quejas de Míriam y Aarón contra Moisés tienen como consecuencia que a ella se la castigue temporalmente con lepra.
Ya acampados en Qadés, Moisés envía a espiar la Tierra Prometida a doce hombres, que regresan al cabo de cuarenta días. El pueblo, creyendo el informe desfavorable de diez de los espías, quiere apedrear a Moisés, Aarón y los fieles espías Josué y Caleb. Jehová se propone herir a los israelitas con peste, pero porque Moisés intercede, los condena a vagar por el desierto durante cuarenta años, hasta que mueran todos los que han sido censados.
Jehová dicta más disposiciones. Coré y otros israelitas rebeldes se alzan contra Moisés y Aarón, pero mueren consumidos por el fuego o tragados por la tierra. Al día siguiente, toda la asamblea murmura de Moisés y Aarón, por lo que perecen 14.700 israelitas a causa de un azote divino. Dios hace florecer la vara de Aarón a fin de que se sepa a quién ha escogido como sumo sacerdote. Luego pasa a dar más leyes relacionadas con las responsabilidades de los levitas y la limpieza del pueblo. El empleo de las cenizas de una vaca roja prefigura la limpieza que se obtiene mediante el sacrificio de Jesús (Hebreos 9:13, 14).
Los hijos de Israel retornan a Qadés, donde Míriam muere. La asamblea prorrumpe de nuevo en quejas contra Moisés y Aarón, esta vez debido a la falta de agua. Por no santificar el nombre divino cuando Jehová milagrosamente les proporciona agua, Moisés y Aarón pierden la oportunidad de entrar en la Tierra Prometida. Israel deja atrás Qadés, y Aarón muere en el monte Hor. Mientras rodean Edom, los israelitas se cansan y hablan en contra de Dios y Moisés. Jehová los castiga enviándoles serpientes venenosas. Una vez más, Moisés intercede, y Dios le ordena que haga una serpiente de cobre y la fije en un poste para que quienes hayan sido mordidos la miren y se curen. La serpiente prefigura el hecho de que se fijara a Jesucristo en un madero para nuestro beneficio eterno (Juan 3:14, 15). Israel derrota a los reyes amorreos Sehón y Og, y se apropia de sus tierras.

Respuestas a preguntas bíblicas:

12:1. ¿Por qué se quejaron Míriam y Aarón respecto a Moisés? Aparentemente, el verdadero motivo fue que Míriam deseaba más poder. Al reencontrarse Moisés con su esposa Ziporá en el desierto, es posible que Míriam temiese perder su posición como la mujer de más autoridad en el campamento (Éxodo 18:1-5).
12:9-11. ¿Por qué se castigó solo a Míriam con lepra? Es muy probable que fuera ella quien suscitó las quejas y quien convenció a Aarón para que se le uniera. Este último manifestó una buena actitud al reconocer su error.

Lecciones para nosotros:

11:27-29. Moisés nos puso un magnífico ejemplo del modo como debemos reaccionar cuando otros reciben privilegios en el servicio de Jehová. En vez de ponerse celoso y tratar de ensalzarse a sí mismo, Moisés se alegró cuando Eldad y Medad empezaron a actuar como profetas.
12:2, 9, 10; 16:1-3, 12-14, 31-35, 41, 46-50. Jehová espera que sus siervos respeten la autoridad que él concede.

*** w12 15/9 pág. 28 Jehová congrega a un pueblo feliz ***
ASAMBLEAS HISTÓRICAS DE AYER Y DE HOY
3 La asamblea que tuvo lugar al pie del monte Sinaí fue, que se sepa, la primera en la que el pueblo de Dios se congregó para recibir la enseñanza divina, y por eso marcó un hito en la historia de la adoración pura. En aquella emocionante e inolvidable ocasión, Jehová les dio su Ley a los israelitas en medio de una imponente demostración de poder (Éx. 19:2-9, 16-19; léanse Éxodo 20:18 y Deuteronomio 4:9, 10). Aquel suceso fue clave en la relación que Dios tuvo con Israel a partir de entonces. No mucho después, Jehová estableció un sistema para convocar a su pueblo: le ordenó a Moisés que fabricara dos trompetas de plata que se usarían para que “la entera asamblea” se congregara “a la entrada de la tienda de reunión” (Núm. 10:1-4). ¡Qué emoción sentiría aquella multitud de fieles!

*** w04 15/10 págs. 17-18 “Ve de un sitio a otro en la tierra” ***
¿Cómo piensa y actúa la gente?
11 Los mapas se usan para encontrar lugares, pero ¿cree usted que podrían ayudarnos a entender cómo piensa la gente? Tomemos como ejemplo a los israelitas que se dirigieron a la Tierra Prometida desde el monte Sinaí. Tras algunas paradas en el camino, por fin llegaron a Qadés (o Qadés-barnea) [9]. Deuteronomio 1:2 dice que se necesitaban once días para cubrir esta distancia de unos 270 kilómetros. Desde allí, Moisés envió a los doce espías a la Tierra Prometida (Números 10:12, 33; 11:34, 35; 12:16; 13:1-3, 25, 26). Los espías se dirigieron hacia el norte atravesando el Négueb, probablemente pasaron por Beer-seba y luego por Hebrón, para alcanzar los límites septentrionales de la Tierra Prometida (Números 13:21-24). Por hacer caso del informe desalentador de los diez espías, los israelitas tuvieron que vagar cuarenta años por el desierto (Números 14:1-34). ¿Qué revela este incidente respecto a su fe y su disposición a confiar en Jehová? (Deuteronomio 1:19-33; Salmo 78:22, 32-43; Judas 5.)
12 Reflexione en este asunto desde un punto de vista geográfico. Si los israelitas hubieran ejercido fe y hubieran seguido el consejo de Josué y Caleb, ¿habrían tenido que viajar mucho para llegar a la Tierra Prometida? Qadés estaba a unos 16 kilómetros del lugar donde habían residido Isaac y Rebeca, Beer-lahai-roí [7], el cual se hallaba a menos de 95 kilómetros de Beer-seba, la ciudad que constituía el límite meridional de la Tierra Prometida (Génesis 24:62; 25:11; 2 Samuel 3:10). Si tenemos en cuenta que habían viajado desde Egipto hasta el monte Sinaí y desde allí habían recorrido 270 kilómetros hasta Qadés, podría decirse que estaban a las puertas de la Tierra Prometida. En nuestro caso, estamos en el umbral del prometido Paraíso terrestre. ¿Qué lección nos enseña este relato? El apóstol Pablo enlazó lo ocurrido a los israelitas con este consejo: “Hagamos, por lo tanto, lo sumo posible para entrar en ese descanso, por temor de que alguien caiga en el mismo modelo de desobediencia” (Hebreos 3:16–4:11).

*** w12 15/3 pág. 27 párrs. 9-10 No mire “a las cosas que deja atrás” ***
9 Por eso es tan sorprendente que, poco después de su milagrosa liberación, los israelitas comenzaran a murmurar. ¿De qué? ¡De la comida! Descontentos con lo que Jehová les proporcionaba, exclamaron en son de queja: “¡Cómo nos acordamos del pescado que comíamos de balde en Egipto, de los pepinos y las sandías y los puerros y las cebollas y el ajo! Pero ahora nuestra alma se halla seca. Nuestros ojos no se posan en cosa alguna sino en el maná” (Núm. 11:5, 6). Se habían vuelto tan miopes que pretendían volver al mismo lugar donde antes habían sido esclavos (Núm. 14:2-4). Su obsesión por las cosas que habían dejado atrás los llevó a perder la aprobación de Jehová (Núm. 11:10).
10 ¿Qué nos enseña todo esto? Cuando afrontamos problemas, no debemos idealizar el pasado pensando que la vida que llevábamos, incluso antes de conocer la verdad, era mejor. Claro, no hay nada de malo en que meditemos en nuestros actos para aprender de ellos o que reflexionemos con cariño en los buenos recuerdos. Pero es importante que mantengamos una perspectiva realista. Si perdiéramos el equilibrio, podríamos llegar a sentirnos tan descontentos con nuestras circunstancias que deseáramos volver a nuestra vida anterior (léase 2 Pedro 2:20-22).

*** w95 1/3 págs. 15-16 párr. 10 Cumplamos con nuestra dedicación “día tras día” ***
10 Pablo primero nos advierte que ‘no deseemos cosas perjudiciales’. (1 Corintios 10:6.) Estas palabras pueden recordarnos la ocasión en la que los israelitas se quejaron de tener solo maná para comer. Jehová les mandó codornices. El año anterior había sucedido algo similar en el desierto de Sin, poco antes de que los israelitas declararan su dedicación a Jehová. (Éxodo 16:1-3, 12, 13.) Pero la situación no era exactamente la misma. Cuando Jehová suministró las codornices la primera vez, no culpó a los israelitas por su murmuración. Sin embargo, esta vez era diferente. “La carne estaba todavía entre sus dientes, antes que pudiera ser masticada, cuando se encendió la cólera de Jehová contra el pueblo, y Jehová empezó a herir al pueblo con una matanza sumamente grande.” (Números 11:4-6, 31-34.) ¿Qué había cambiado? En ese tiempo los israelitas constituían una nación dedicada, por lo que eran responsables de sus actos. Su poco aprecio por las provisiones divinas los llevó a quejarse de Jehová, a pesar de que habían prometido hacer todo lo que él había hablado. Quejarse de la mesa que Jehová tiene en la actualidad es similar. Hay quienes no aprecian las provisiones espirituales que Jehová suministra a través del “esclavo fiel y discreto”. (Mateo 24:45-47.) Tengamos presente que nuestra dedicación requiere que recordemos con agradecimiento lo que Jehová ha hecho por nosotros y aceptemos el alimento espiritual que él provee.

*** w13 1/2 pág. 5 Moisés, un hombre humilde ***
Moisés no pensaba que él debía ser el único con autoridad. Cuando Jehová permitió que otros israelitas también fueran profetas, no se puso celoso; al contrario, se alegró (Números 11:24-29). Cuando su suegro le recomendó que delegase en otros parte de su trabajo, aceptó humildemente el consejo (Éxodo 18:13-24). Y hacia el final de su vida, aunque todavía estaba fuerte físicamente, pidió a Jehová que le nombrase un sucesor. El elegido fue Josué, y Moisés lo apoyó de todo corazón. Además, instó al pueblo a que siguiera al joven líder que los conduciría a la Tierra Prometida (Números 27:15-18; Deuteronomio 31:3-6; 34:7) Seguro que Moisés consideró un honor dirigir a los israelitas en su adoración a Dios. Sin embargo, lo más importante para él no era su posición, sino el bienestar de ellos.
¿QUÉ NOS ENSEÑA SU EJEMPLO? No permitamos nunca que el poder, la autoridad o nuestras aptitudes se nos suban a la cabeza. Lo que Jehová busca en sus siervos no es tanto su capacidad como su humildad (1 Samuel 15:17). Si realmente somos humildes, seguiremos este sabio consejo bíblico: “Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento” (Proverbios 3:5, 6).

*** w13 1/2 pág. 6 Moisés, un hombre de amor ***
Además de escucharlos, Moisés también oraba por ellos. Hasta oraba por quienes lo habían tratado mal. Por ejemplo, cuando Míriam, su propia hermana, criticó a Moisés, Jehová la castigó con lepra. En lugar de alegrarse, él intercedió enseguida por ella con estas palabras: “¡Oh Dios, por favor! ¡Sánala, por favor!” (Números 12:13). ¿Qué podría haber tras aquella expresiva oración sino amor?
¿QUÉ NOS ENSEÑA SU EJEMPLO? Que debemos cultivar un amor profundo por Dios, un amor que nos impulse a obedecer sus mandamientos “de corazón” (Romanos 6:17). Esta clase de obediencia lo hace muy feliz (Proverbios 27:11). Servir a Dios por amor también tiene un efecto positivo en nosotros, pues hacer las cosas que le agradan nos produce felicidad (Salmo 100:2).

*** w11 15/1 págs. 27-28 Poder para superar todas las dificultades ***
Poder para resistir la presión de quienes nos rodean
8 Los cristianos sufrimos un tipo de ataque menos directo: la presión de quienes nos rodean. No obstante, contamos con el espíritu de Jehová, el cual es mucho más poderoso que el del mundo. Gracias a ello podemos hacer frente a la gente que se burla de nosotros, nos calumnia o trata de imponernos su forma de vivir. Pensemos en el caso de Josué y Caleb. ¿Qué les permitió expresar su desacuerdo con los otros diez espías que habían explorado Canaán? La fuerza activa de Dios, la cual había despertado en ellos un “espíritu”, o disposición de ánimo, diferente (léanse Números 13:30 y 14:6-10, 24).

*** w11 15/7 pág. 11 párrs. 4-5 ¿Seguiremos la amorosa guía de Jehová? ***
los rumores de los diez espías los llenaron de pánico. Tanto es así que la mayoría pensó que sería un error hacer caso a Jehová y entrar en la Tierra Prometida. ¿Qué harían Josué y Caleb en esas circunstancias tan tensas? (Núm. 13:25-33.)
5 Aquellos dos hombres no se dejaron arrastrar por los demás. Aunque la gente no quiso escucharlos e incluso amenazó con apedrearlos, ellos defendieron la verdad. ¿Qué les permitió ser tan valientes? Sin duda, la fe. Y es que cuando uno tiene fe, ve muy clara la diferencia entre las santas promesas de Jehová y las afirmaciones sin fundamento de los hombres. De hecho, Josué y Caleb expresaron más tarde su satisfacción al ver que Dios había cumplido todo lo que había jurado hacer (léanse Josué 14:6, 8 y 23:2, 14). Eran dos hombres devotos y nunca se les habría ocurrido ofender a Jehová por complacer a aquella multitud incrédula. Por eso, se mantuvieron firmes en su postura. ¡Qué ejemplo para todos nosotros! (Núm. 14:1-10.)

*** w92 1/5 pág. 24 Él proveyó para Israel en Sinaí ***
Los israelitas habían estado en servidumbre allá en el delta del Nilo, pero no les había faltado lo necesario. Pinturas murales de tumbas antiguas representan un surtido de uvas, melones y otras cosechas, al igual que peces y aves de corral que contribuirían a tener un régimen alimentario variado. ¡Cuán exacta era, pues, la queja vehemente que expresaron en el desierto: “¿Quién nos dará carne para comer? ¡Cómo nos acordamos del pescado que comíamos de balde en Egipto, de los pepinos y las sandías y los puerros y las cebollas y el ajo!”! (Números 11:4, 5; 20:5.)

*** w11 1/9 pág. 14 ¿Lo sabía? ***
¿Por qué usó Dios codornices para alimentar a Israel en el desierto?
▪ Después que la nación de Israel salió de Egipto, en dos ocasiones Dios le suministró codornices en abundancia para que comieran carne (Éxodo 16:13; Números 11:31).
Las codornices son aves pequeñas, de unos 18 centímetros (7 pulgadas) de longitud y 100 gramos (3,5 onzas) de peso. Estas aves migratorias, cuyo hábitat de reproducción abarca Asia occidental y Europa, pasan el invierno en Arabia y el norte de África. Para llegar hasta allí, atraviesan en grandes bandadas las costas orientales del mar Mediterráneo y sobrevuelan la península del Sinaí.
Según el Diccionario Manual Bíblico, la codorniz “vuela rápidamente a favor del viento; pero si éste cambia de dirección, o si las aves se han extenuado por un largo vuelo, caen al suelo aturdidas”. Antes de continuar su viaje migratorio, necesitan descansar un día o dos sobre el terreno, lo que las convierte en presa fácil para los cazadores. A principios del siglo XX, Egipto exportaba para el consumo cerca de tres millones de codornices al año.
Las dos veces que los israelitas se alimentaron de codornices fue en primavera. Aunque estas aves suelen cruzar la península del Sinaí en esa estación, fue Jehová quien hizo que un viento fuerte las llevara al campamento israelita (Números 11:31).

*** w09 1/8 pág. 26 Jehová valora a las personas mansas y humildes ***
Acérquese a Dios
Jehová valora a las personas mansas y humildes
Números 12:1-15
AMBICIÓN, competitividad, orgullo: estos son algunos rasgos de la gente que busca sobresalir en este mundo. Pero ¿nos acercan a Jehová Dios tales características? En realidad, no. Al contrario, él espera que quienes le sirvan sean mansos y pacíficos. Veamos cómo lo ilustra el capítulo 12 de Números. La historia transcurre en el desierto de Sinaí, poco después de que el pueblo de Israel saliera de Egipto.
Según el relato, Míriam y Aarón “empezaron a hablar contra Moisés”, su hermano menor (versículo 1). Al decir que se pusieron a hablar contra Moisés —y no a Moisés—, la Biblia parece indicar que estaban esparciendo críticas entre la gente. Tal vez fue Míriam la que llevaba la voz cantante, pues es a ella a quien se menciona primero. Por lo visto, el problema era que Moisés se había casado con una cusita. ¿Estaba celosa Míriam? ¿Temía que otra mujer —y además una extranjera— pudiera eclipsarla?
La verdad es que había otras razones detrás, pues Míriam y Aarón dijeron: “¿Es simplemente por Moisés solo por quien Jehová ha hablado? ¿No ha hablado también por nosotros?” (versículo 2). Parece ser que el verdadero problema era que deseaban gozar de mayor autoridad y prestigio.
Moisés, por su parte, aguantó aquellas críticas con paciencia, lo cual confirma que —como dice la Biblia— era “el más manso de todos los hombres” (versículo 3). Él no tuvo que defenderse porque Jehová, quien estaba escuchándolo todo, tomó cartas en el asunto.
Para Dios, aquellas murmuraciones constituían una ofensa contra él mismo. Al fin y al cabo, él había nombrado a Moisés como su representante. Por eso, cuando reprendió a Míriam y Aarón, les recordó la relación especial que tenía con Moisés. “Boca a boca le hablo”, dijo. Y les preguntó: “¿Por qué, pues, no temieron hablar [...] contra Moisés?” (versículo 8). De modo que al hablar contra su hermano, en realidad estaban criticando a Dios mismo. Por esa descarada falta de respeto experimentarían los efectos de la cólera divina.
Míriam —al parecer, la promotora de las críticas— fue herida de lepra. Acto seguido, Aarón le suplicó a su hermano que intercediera ante Dios por ella. Imagínese: la salud de Míriam ahora dependía de Moisés, a quien tantos agravios le habían causado. ¿Qué hizo él? En su primera y única intervención en el relato, Moisés dio prueba nuevamente de su bondad, humildad y paciencia: le rogó a Jehová que la sanara. Como resultado, Míriam se curó, aunque tuvo que sufrir la vergüenza de que la pusieran en cuarentena por siete días.
Esta historia destaca las cualidades que le agradan a Jehová, así como las actitudes que desaprueba. Si queremos acercarnos a él, debemos desechar cualquier indicio de ambición, competitividad y orgullo. Recuerde que Jehová valora a las personas mansas y humildes. De hecho, él promete: “Los mansos mismos poseerán la tierra, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz” (Salmo 37:11; Santiago 4:6).
[Nota]
La mansedumbre no es una característica de personas débiles, sino de quienes son capaces de soportar injusticias con paciencia y sin deseos de vengarse.

*** w02 15/10 págs. 28-29 ¿Deberían los cristianos ser celosos? ***
Míriam y Finehás
Míriam era la hermana mayor de Moisés y Aarón, quienes acaudillaron a Israel durante el éxodo. Cuando los israelitas estaban en el desierto, Míriam se puso celosa de su hermano Moisés. La Biblia lo explica así: “Ahora bien, Míriam y Aarón empezaron a hablar contra Moisés con motivo de la esposa cusita que él había tomado [...]. Y siguieron diciendo: ‘¿Es simplemente por Moisés solo por quien Jehová ha hablado? ¿No ha hablado también por nosotros?’”. Al parecer, fue Míriam quien tomó la iniciativa en aquella ocasión, pues ella, no Aarón, fue castigada con lepra durante una semana por su falta de respeto (Números 12:1-15).
¿Por qué se enfrentó Míriam a su hermano? ¿Acaso le preocupaba la adoración verdadera? ¿Quería proteger a los demás israelitas? Es evidente que no. Parece ser que abrigaba en el corazón el deseo impropio de obtener más prestigio y autoridad. Puesto que era profetisa, el pueblo la respetaba mucho, en particular las mujeres (fue ella quien las animó a celebrar con música y canciones el milagroso acto de salvación en el mar Rojo). Sin embargo, tal vez empezó a preocuparse indebidamente por la perspectiva de perder cierta prominencia en favor de una posible rival, la esposa de Moisés. Su egoísmo despertó los celos que provocaron la disputa con Moisés, el caudillo nombrado por Jehová (Éxodo 15:1, 20, 21).

*** w88 15/5 pág. 22 ¿Ha visto algún hombre a Dios? ***
Cuando Moisés hablaba con Dios y recibía Sus instrucciones, aquella comunicación no era por visiones, como muchas veces sucedía en el caso de otros profetas. Esto se indica en Números 12:6-8, donde leemos: “Él pasó a decir: ‘Oigan mis palabras, por favor. Si llegara a haber un profeta de ustedes para Jehová, sería en una visión como me daría a conocer a él. En un sueño le hablaría. ¡No así con mi siervo Moisés! Tiene confiada a él toda mi casa. Boca a boca le hablo, y así le muestro, y no por enigmas; y la apariencia de Jehová es lo que él contempla’”. ¿En qué sentido contempló Moisés “la apariencia de Jehová”?
Moisés contempló “la apariencia de Jehová” cuando él, Aarón y otros hombres estuvieron en el monte Sinaí. En Éxodo 24:10 está escrito: “Llegaron a ver al Dios de Israel. Y debajo de sus pies había lo que se parecía a una obra de losas de zafiro y a los mismos cielos en pureza”. Pero ¿cómo llegaron a “ver al Dios de Israel” Moisés y los otros hombres, puesto que Dios había dicho a Moisés: “Ningún hombre puede verme y sin embargo vivir”? El versículo 11 explica, porque dice: “Él no alargó la mano contra los hombres distinguidos de los hijos de Israel, sino que ellos consiguieron una visión del Dios verdadero, y comieron y bebieron”. De modo que fue mediante una visión como Moisés y los otros vieron la apariencia de Dios.

*** w02 1/12 pág. 11 Los recuerdos de Josué ***
Según el relato de los espías, el nombre original de Josué era Hosea (“Salvación”), pero Moisés le había añadido la sílaba que aludía al nombre divino, de modo que lo cambió a Jehosúa, o Josué (“Jehová es Salvación”). La Septuaginta traduce su nombre “Jesús” (Números 13:8, 16, nota). Fiel a ese gran nombre, Josué declaró con valor que Jehová es salvación. Aquel cambio no fue fruto de la casualidad. Reflejó la estima de Moisés por Josué y encajó con el privilegiado papel que desempeñaría al introducir a una nueva generación en la Tierra Prometida.

*** w06 15/6 pág. 16 “Cuida de esta vid” ***
“Cuida de esta vid”
LOS doce espías exploraron la Tierra Prometida. Moisés les había dicho que observaran a los habitantes y que trajeran muestras del producto de la tierra. ¿Qué producto les llamó más la atención? Cerca de Hebrón encontraron una viña cuyas uvas eran tan grandes que se requirieron dos espías para cargar un solo racimo. Tan impresionante era la cosecha que los espías llamaron a aquella zona fértil “el valle torrencial de Escol”, o “Racimo [de Uvas]” (Números 13:21-24; nota).
Una persona que visitó Palestina en el siglo XIX informó: “En Escol, o valle de la Uva [...], aún abundan las vides, y las uvas son las mejores y más grandes de Palestina”. Aunque las vides de Escol eran sobresalientes, en tiempos bíblicos se producían buenas uvas en muchas regiones de Palestina. Los registros egipcios indican que los faraones importaban vino de Canaán.

Núm. 1: Números 10:1-16


Núm. 2: Por qué la fe debe tener obras (rs pág. 343 párrs. 1-4)

rs pág. 343 párrs. 1-4 Salvación
Efe. 2:8, 9, VV (1977): “Por gracia [“bondad inmerecida”, NM] habéis sido salvados por medio de la fe; y esto no proviene de vosotros, pues es don de Dios; no a base de obras, para que nadie se gloríe.” (La entera provisión para la salvación es una expresión de la bondad inmerecida de Dios. De ninguna manera puede un descendiente de Adán obtener salvación por su propia cuenta, por nobles que sean sus obras. La salvación es un don que proviene de Dios, y que se da a los que ejercen fe en el valor del sacrificio de su Hijo para expiar los pecados.)
Heb. 5:9, VV (1977): “[Jesús] vino a ser fuente de eterna salvación para todos los que le obedecen.” (Las bastardillas son nuestras.) (¿Contradice esto la declaración de que los cristianos son “salvos mediante la fe”? De ningún modo. La obediencia simplemente muestra que la fe de ellos es genuina.)
Sant. 2:14, 26, VV (1977): “¿De qué sirve que alguien diga que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá esa fe salvarle? Porque así como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.” (La persona no se gana la salvación mediante sus obras. Pero cualquiera que tenga fe genuina sí tendrá obras que la acompañen... obras de obediencia a los mandatos de Dios y Cristo, obras que demuestren su fe y amor. Sin tales obras, su fe está muerta.)
Hech. 16:30, 31, VV (1977): “‘Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?’ Ellos [Pablo y Silas] dijeron: ‘Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.’” (Si aquel hombre y su casa creían verdaderamente, ¿no habrían de obrar en conformidad con lo que creían? ¡Por supuesto!)

Núm. 3: Hechos de Apóstoles. El espectacular nacimiento y desarrollo de la organización cristiana (it-1 pág. 1114–pág. 1115 párr. 2)

it-1 pág. 1114–pág. 1115 párr. 2 Hechos de Apóstoles
HECHOS DE APÓSTOLES
Título que recibió uno de los libros de la Biblia a partir del siglo II E.C. Abarca sobre todo la actividad de Pedro y Pablo, más bien que la de todos los apóstoles, y ofrece una historia fidedigna y extensa del impresionante comienzo y rápido crecimiento de la organización cristiana, primero entre los judíos y luego entre las naciones gentiles.
En este libro sobresale el tema preponderante de toda la Biblia, a saber, el Reino de Jehová (Hch 1:3; 8:12; 14:22; 19:8; 20:25; 28:31); nos recuerda constantemente que los apóstoles dieron “testimonio cabal” tanto de Cristo como del Reino y que efectuaron su ministerio a cabalidad. (Hch 2:40; 5:42; 8:25; 10:42; 20:21, 24; 23:11; 26:22; 28:23.) Además, proporciona un marco histórico incomparable para el estudio de las cartas inspiradas de las Escrituras Griegas Cristianas.
Escritor. La introducción del libro se refiere al evangelio de Lucas como “el primer relato”. Como ambos escritos están dirigidos a la misma persona, Teófilo, se sabe que Lucas fue el escritor de Hechos, aunque no firma la obra. (Lu 1:3; Hch 1:1.) Ambos relatos tienen estilo y fraseología similares. El Fragmento de Muratori, de finales del siglo II E.C., también lo atribuye a Lucas. Escritores eclesiásticos del siglo II E.C., como Ireneo de Lyón, Clemente de Alejandría y Tertuliano de Cartago, atribuyen a Lucas la autoría de Hechos cuando citan de este libro.
Cuándo y dónde se escribió. El libro abarca un período de aproximadamente veintiocho años, desde la ascensión de Jesús, en 33 E.C., hasta el fin del segundo año del encarcelamiento de Pablo en Roma, alrededor de 61 E.C. Durante este período gobernaron sucesivamente cuatro emperadores romanos: Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón. Puesto que narra sucesos que ocurrieron durante el segundo año del encarcelamiento de Pablo en Roma, no pudo haberse completado antes de esa fecha. Si el relato se hubiera escrito después, parece lógico que Lucas hubiese dado más información sobre Pablo. De haberse escrito después del año 64 E.C., seguramente habría mencionado la persecución violenta que Nerón desató ese año. Y si hubiera sido escrito después de 70 E.C., como algunos afirman, sería de esperar que se hubiese registrado la destrucción de Jerusalén.
El escritor, Lucas, debió acompañar a Pablo en muchos de sus viajes y también en la accidentada travesía que realizó a Roma, pues utiliza en su narración los pronombres en la primera persona del plural: “nosotros”, “nos”, “nuestras”, “nuestro”. (Hch 16:10-17; 20:5-15; 21:1-18; 27:1-37; 28:1-16.) Además, Pablo envía los saludos de Lucas en las cartas escritas desde Roma (Col 4:14; Flm 24), lo que hace pensar que el libro se terminó de escribir en esa ciudad.
Por consiguiente, Lucas fue testigo ocular de gran parte de los acontecimientos que narra, y en sus viajes tuvo relación con compañeros cristianos que intervinieron en algunos de los sucesos narrados o que al menos los habían presenciado. Por ejemplo, Juan Marcos pudo haberle contado cómo se liberó a Pedro de la prisión mediante un milagro (Hch 12:12), mientras que pudo haber sabido de los sucesos narrados en los Hch capítulos 6 y 8 por medio de Felipe, el misionero. Y, como es natural, Pablo le daría muchos detalles de los sucesos que Lucas no vivió personalmente.

Referencias consultadas en: Watchtower Library 2013 CD‒ROM

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