Escuela del Ministerio Teocrático con Puntos Sobresalientes de Génesis 29 a 31

Referencias para la Escuela del Ministerio Teocrático

Programa de la Escuela del Ministerio Teocrático:

17 de febr. Lectura de la Biblia: Génesis 29 a 31
Núm. 1: Génesis 29:21-35
Núm. 2: ¿Qué significará la resurrección para la humanidad en general? (rs pág. 329 párr. 3–pág. 330 párr. 3)
Núm. 3: Abiatar. Un acto de deslealtad puede echar a perder muchos años de fiel servicio (it-1 págs. 20, 21)
Escuela del Ministerio Teocrático

Puntos Sobresalientes de Génesis 29 a 31


‒‒Gé 31:30-35
Pregunta 8. ¿Por qué estaba Labán tan interesado en recuperar los terafim robados? (Gen. 31:30-35.) [17 de febr., it-2 pág. 177 párr. 2.]
Labán estaba muy interesado en recuperar los terafim o ídolos domésticos que Raquel, sin saberlo Jacob, había robado. Pero no pudo encontrarlos, pues Raquel los mantuvo escondidos. El que Labán se valiera de agüeros y poseyera terafim puede indicar que los adoradores de la Luna entre quienes moraba habían influido en sus ideas religiosas.
Sin embargo, debería tenerse en cuenta que probablemente había otras razones, aparte de las exclusivamente religiosas, por las que Labán estaba tan ansioso de localizar y recuperar los terafim. Unas tablillas desenterradas en Nuzi, cerca de Kirkuk (Irak), revelan que, según las leyes que regían en tiempos patriarcales en aquella zona en particular, si el esposo de una mujer poseía tales ídolos domésticos, podría comparecer ante un tribunal y exigir las propiedades de su difunto suegro. Por consiguiente, quizás Labán pensó que Jacob había robado los terafim con el fin de desposeer más tarde a sus propios hijos. Este hecho puede explicar por qué, cuando no localizó los dioses domésticos, estaba tan ansioso de celebrar un acuerdo con Jacob que asegurara que este no volvería con los dioses domésticos después de la muerte de Labán para privar de la herencia a sus hijos. (Gé 31:30-35, 41-52.)

—Genesis 30:22-24.
¿Por qué cambió Raquel la oportunidad de concebir por unas mandrágoras?
En la antigüedad, la mandrágora tenía usos medicinales como narcótico y antiespasmódico. También se la consideraba afrodisíaca, así como estimulante de la fertilidad y la concepción (El Cantar de los Cantares 7:13). Aunque la Biblia no revela por qué hizo el cambio, Raquel tal vez pensara que las mandrágoras la ayudarían a concebir y así acabar con el oprobio de ser estéril. No obstante, pasaron algunos años antes que Jehová ‘le abriera la matriz’ (Génesis 30:22-24).

‒‒Génesis 29:25-27. Sin buscarlo, Jacob quedó atrapado en un matrimonio polígamo que causó muchos celos y amargura.
Lo que Jacob sentía por Raquel no era un simple capricho pasajero, pues los siete años de noviazgo “resultaron como unos cuantos días debido al amor que le tenía” (Génesis 29:20). Jacob amó a Raquel hasta el día de su muerte, lo que indica que debió ser una mujer de bellas cualidades.
¿Y Lea? ¿Querría ella también casarse con alguien que sirviera a Jehová? La Biblia no lo revela, pero sí indica los planes que Labán tenía para ella. Según el relato bíblico, cuando llegó el momento de entregar a Raquel en matrimonio, Labán celebró un banquete de bodas. Pero por la noche entregó a Lea para que Jacob “tuviera relaciones con ella” (Génesis 29:23).
¿Fue Lea cómplice del engaño, o simplemente se vio obligada a obedecer a su padre? ¿Y dónde se encontraba Raquel? ¿Sabía lo que estaba pasando? Si así fue, ¿cómo se sintió? ¿Pudo ella haberse opuesto a un padre tan autoritario? La Biblia no contesta ninguna de estas preguntas, así que no podemos saber qué opinaban Raquel y Lea. El caso es que cuando Jacob descubrió el engaño, no se enojó con ellas, sino con Labán. A él fue a quien le recriminó: “¿No fue por Raquel que serví contigo? Entonces, ¿por qué me has embaucado?”. ¿Qué justificación dio Labán? “No se acostumbra [...] dar la menor antes de la primogénita. Celebra en su plenitud la semana de esta mujer. Después de eso ciertamente se te dará también esta otra mujer por el servicio que puedas servir conmigo durante otros siete años.” (Génesis 29:25-27.) Sin buscarlo, Jacob quedó atrapado en un matrimonio polígamo que causó muchos celos y amargura.

‒‒Génesis 30:1. Una familia infeliz
En comparación con el amor que Jacob le tenía a Raquel, Lea se sentía “odiada”. Consciente de su situación, Dios le “abrió la matriz”, mientras que Raquel permanecía estéril. Sin embargo, Lea quería algo más que un hijo: quería el amor de Jacob. ¡Qué infeliz se sentía viendo que todo el cariño de Jacob era para Raquel! Aun así, parece que esperaba ganarse el amor de su esposo al dar a luz a su primogénito, Rubén, que significa “¡Vean, un Hijo!”. ¿Por qué le puso ese nombre? “Es porque Jehová ha mirado mi miseria —razonaba Lea—, por cuanto ahora mi esposo empezará a amarme.” Pero eso no sucedió, ni siquiera cuando dio a luz un segundo hijo. Lea lo llamó Simeón, nombre derivado de un verbo que significa “oír” o “escuchar”. Ella pensaba: “Es porque Jehová ha escuchado, por cuanto era odiada, y por eso me dio también este” (Génesis 29:30-33).
Si Dios la había escuchado, era porque ella le había orado acerca de su situación, lo que parece indicar que era una mujer de fe. Con todo, siguió sintiéndose desdichada aun después de tener a su tercer hijo, Leví. Lea explica el significado del nombre —“Adherencia” o “Unido”— diciendo: “Esta vez mi esposo se unirá a mí, porque le he dado a luz tres hijos”. Sin embargo, los sentimientos de Jacob hacia ella no cambiaron. Es posible que Lea finalmente se resignara a su situación, pues el nombre que le puso a su cuarto hijo no contiene ninguna referencia a su deseo de que Jacob la amara. El nombre de Judá —que significa “Elogiado” u “Objeto de elogio”— era sencillamente una expresión de agradecimiento. Lea se limitó a decir: “Esta vez elogiaré a Jehová” (Génesis 29:34, 35).
Es cierto que Lea no era feliz, pero Raquel tampoco. Esta llegó incluso a suplicarle a Jacob: “Dame hijos, o si no seré mujer muerta” (Génesis 30:1). Raquel contaba con el amor de Jacob, pero quería tener hijos. Lea tenía los hijos, pero quería el amor. Cada una deseaba lo que la otra tenía, y los celos les amargaban la vida. Ambas amaban a Jacob y querían darle hijos, pero ninguna de las dos era feliz. ¡Qué triste situación la de esta familia!

‒‒Génesis 30:1-8 ¿Por qué bendijo Jehová el empeño físico y emocional de Jacob y Raquel?
Porque se concentraron en la voluntad de Jehová y valoraron su herencia. Oraron con fervor a Dios para que los bendijera y obra-ron en armonía con la voluntad divina y con sus propias peticiones. Al igual que Jacob y Raquel, muchas personas de la actualidad pueden atestiguar que se requiere esfuerzo diligente para recibir la bendición de Jehová. Dicho empeño a menudo va acompañado de lágrimas, desánimo y frustración.

‒‒Génesis 31:42, 53. Jacob llamó al Todopoderoso “el Pavor de Isaac”.
Isaac le tenía un temor reverente, pues temía desagradarle. El he-cho de que Jacob jurase “por el Pavor de su padre Isaac” muestra que compartía su mis-mo parecer. Un pavor saludable de Jehová, que se refleja en el deseo de evitar lo que Él desaprueba, es esencial para el que desea ser Su siervo.

‒‒Génesis 31:38-40. Ahora bien Jacob no estaba haciendo trabajo seglar solo para ayudar a Labán, ni para acumular riqueza material. Jacob estaba aumentando su rebaño con la mira de regresar al hogar con el tiempo con una casa propia. ¿Por qué? Porque sabía que tanto Abrahán como Isaac fueron extranjeros en la tierra y que Dios con el tiempo se la daría a la posteridad de Abrahán. Jacob creía en esta promesa. Su alma entera estaba envuelta en ello. Quería tener una casa que estuviera libre, una casa que pudiera servir a Dios enteramente. Y Dios lo bendijo de modo que su familia, sus doce hijos, real-mente llegaron a ser el fundamento de la gran nación de Israel. Hoy los cristianos tie-nen un trabajo que hacer que necesita aten-ción de todo corazón. Ese trabajo consiste en atender los intereses del Reino. Las buenas nuevas tienen que declararse. Se re-quiere fidelidad. La obra de pastoreo tiene que efectuarse con el mismo celo y vigor que Jacob ejerció con los rebaños de él mismo y de Labán. Lo mismo que en el caso de Ja-cob, vale la pena mirar atentamente hacia la herencia venidera. La palabra griega traduci-da “miraba atentamente,” en Hebreos 11:26, significa apartar la vista de toda otra cosa y fijarla en un solo objeto.

17 de febr. Lectura de la Biblia: Génesis 29 a 31

Núm. 1 Génesis 29:21-35


Núm. 2: ¿Qué significará la resurrección para la humanidad en general? (rs pág. 329 párr. 3–pág. 330 párr. 3)

*** rs pág. 329-pág. 330 Resurrección ***
¿Cómo demostró Jesús lo que significará la resurrección para la humanidad en general?
Juan 11:11, 14-44: “[Jesús dijo a sus discípulos:] ‘Nuestro amigo Lázaro está descansando, pero yo me voy allá para despertarlo del sueño.’ [...] Jesús les dijo francamente: ‘Lázaro ha muerto.’ [...] Cuan-do Jesús llegó, halló que hacía ya cuatro días que estaba en la tumba conmemorativa. [...] Le dijo Jesús [a Marta, la hermana de Lázaro]: ‘Yo soy la resurrección y la vida.’ [...] Clamó con fuerte voz: ‘¡Lázaro, sal!’ El hombre que había estado muerto salió con los pies y manos envueltos con envolturas, y su semblante estaba envuelto en un paño. Jesús les dijo: ‘Desátenlo y déjenlo ir.’” (Si Jesús hubiera llamado así a Lázaro de vuelta de un estado bendito en otra vida, eso no habría sido un acto bondadoso. Pero el que Jesús levantara a Lázaro de un estado inanimado fue un acto bondadoso tanto para él como para sus hermanas. Nuevamente Lázaro llegó a ser un humano viviente.)
Mar. 5:35-42: “Vinieron algunos hombres de la casa del presidente de la sinagoga y dijeron: ‘¡Tu hija murió! ¿Por qué molestar ya al maestro?’ Mas Jesús, oyendo por casualidad la palabra que se habla-ba, dijo al presidente de la sinagoga: ‘No temas, ejerce fe solamen-te.’ [...] Tomó consigo al padre y a la madre de la niñita y a los que estaban con él, y entró a donde estaba la niñita. Y, tomando la mano de la niñita, le dijo: ‘Talitha cumi,’ que, traducido, significa: ‘Jovencita, te digo: ¡Levántate!’ Y al instante la jovencita se levantó y echó a an-dar, pues tenía doce años. Y en seguida estuvieron fuera de sí con gran éxtasis.” (Cuando tenga lugar la resurrección general en la Tierra durante el Reinado Milenario de Cristo, sin duda muchos millones de padres y sus hijos se regocijarán en gran manera al volver a verse.)
¿Qué perspectivas hay para los que sean levantados a la vida en la Tierra?
Luc. 23:43: “Verdaderamente te digo hoy: Estarás conmigo en el Paraíso.” (Toda la Tierra será transformada en un paraíso bajo la go-bernación de Cristo como Rey.)
Rev. 20:12, 13: “Vi a los muertos, los grandes y los pequeños, de pie delante del trono, y se abrieron rollos. Pero se abrió otro rollo; es el rollo de la vida. Y los muertos fueron juzgados de acuerdo con las cosas escritas en los rollos según sus hechos. [...] Fueron juzgados individualmente según sus hechos.” (El que se abran rollos evidente-mente señala a un tiempo en que se impartirá educación sobre la voluntad divina, en conformidad con Isaías 26:9. El hecho de que el “rollo de la vida” se abra indica que los que presten atención a dicha educación tendrán la oportunidad de que su nombre se escriba en ese rollo. Tendrán ante sí la perspectiva de vivir eternamente en perfec-ción humana.)

INFORMACION ADICIONAL

*** w05 1/5 págs. 20-22 párrs. 16-19 ¿Qué significa abrigar la esperanza de la resurrección? ***
17 Mientras tanto, repasemos dos lecciones que debemos grabar en el corazón. La primera es la importancia de servir a Dios de toda alma ahora. En imitación del Amo, Jesucristo, nuestra vida abnegada demuestra que amamos a Jehová y al prójimo. Si la oposición o persecución nos priva de los medios de vida o de la libertad, estemos resueltos a mantenernos firmes en la fe contra viento y marea. Ante el riesgo de perder la vida, la esperanza de la resurrección nos consuela y fortalece para per-manecer leales a Jehová y a su Reino. En efecto, si somos celo-sos en la predicación del Reino y en la obra de hacer discípulos recibiremos las bendiciones eternas que Jehová tiene prepara-das para los rectos.
18 La segunda lección está relacionada con la forma de afron-tar las tentaciones que proceden de la carne caída. Abrigar la esperanza de la resurrección y agradecer la bondad inmerecida de Jehová refuerzan nuestra resolución de permanecer firmes en la fe. El materialismo, uno de los encantos del mundo, dejará de atraernos si lo comparamos con “la vida que realmente lo es” (1 Timoteo 6:17-19). Ante la tentación de sucumbir a la inmo-ralidad, resistiremos con firmeza, pues comprendemos que en caso de morir antes de Armagedón, persistir en una conducta que desagrade a Jehová podría ponernos en la misma situación de aquellos para quienes no hay resurrección.

Núm. 3: Abiatar. Un acto de deslealtad puede echar a perder muchos años de fiel servicio (it-1 págs. 20, 21)

*** it-1 págs. 20-21 Abiatar ***
Abiatar vivía en Nob, “la ciudad de los sacerdotes”, a poca distan-cia de Jerusalén, cuando el rey Saúl hizo que Doeg el edomita matara a filo de espada al sumo sacerdote, padre de Abiatar, y a otros sacer-dotes (ochenta y cinco en total), por su supuesto apoyo a David. Doeg también pasó a espada a todos los demás residentes de la ciudad. Solo escapó Abiatar. Huyó junto a David, que también era fugitivo y que para aquel tiempo debía estar en Queilá, a varios kilómetros hacia el sudoeste.
A partir de entonces, Abiatar viajó con David todo el tiempo que este estuvo proscrito y actuó como sacerdote de sus fuerzas. Primero de Samuel 23:6 muestra que Abiatar había llevado consigo un efod, y aunque los sacerdotes por lo general llevaban un efod de lino (1Sa 22:18), los versículos 9 al 12 del capítulo 23 parecen indicar que este era el efod de su padre, el sumo sacerdote, y que contenía el Urim y el Tumim.
Su puesto durante los reinados de David y Salomón. Parece que cuando David finalmente subió al trono, hizo sumo sacerdote a Abiatar. Algunos doctos opinan que después de la muerte del sumo sacerdote Ahimélec, el rey Saúl instaló a Sadoc como sumo sacerdote para reemplazarlo, no reconociendo así a Abiatar, que estaba con David, el futuro sucesor de Saúl, y sostienen que después de ascender al trono, David nombró a Abiatar sumo sacerdote copartícipe con Sa-doc. Es evidente que este punto de vista obedece a que con regulari-dad se menciona juntos a Sadoc y Abiatar como si compartieran un puesto encumbrado en el sacerdocio. (2Sa 15:29, 35; 17:15; 19:11; 20:25; 1Re 1:7, 8, 25, 26; 4:4; 1Cr 15:11.) La prueba indica que duran-te el reinado de David, Abiatar fue el único sumo sacerdote y que en ese entonces Sadoc ocupaba una posición secundaria. (1Re 2:27, 35; Mr 2:26.)
Junto con otros sacerdotes, Abiatar tuvo el privilegio de subir el Arca de Jehová desde el hogar de Obed-edom hasta Jerusalén. (2Sa 6:12; 1Cr 15:11, 12.) Además de sumo sacerdote, fue uno de los con-sejeros de David. (1Cr 27:33, 34.)
Hacia el fin del reinado de David, su hijo Absa-lón conspiró contra él. Abiatar de nuevo permaneció junto a David cuando las circunstancias obligaron al rey a huir de Jeru-salén. Como parte de un plan para frustrar el consejo del traidor Ahito-fel, anterior consejero de David, se envió a Abiatar y a Sadoc de regre-so a Jerusalén como sacerdotes leales para que, en calidad de oficia-les de enlace, mantuvieran a David al tanto de los planes de su hijo rebelde. (2Sa 15:24-36; 17:15.) Después de la muerte de Absalón, Abiatar y Sadoc sirvieron de intermediarios para que David volviera a la capital. (2Sa 19:11-14.)
Si se tiene en cuenta que Abiatar aguantó muchas penalidades en compañía de David durante el tiempo en que este huía de Saúl y tam-bién durante la rebelión de Absalón, y que, por consiguiente, disfrutó de la confianza, la amistad y el favor de David durante unas cuatro décadas, sorprende verle unirse a otro hijo de David, Adonías, en una conspiración posterior para apoderarse del trono. El complot fracasó a pesar de contar con el apoyo de Joab, el jefe del ejército, y se nombró rey a Salomón, al cual el leal sacerdote Sadoc ungió de acuerdo con las órdenes de David. (1Re 1:7, 32-40.) Jonatán, el hijo de Abiatar, un corredor que había llevado las noticias a David durante la insurrección de Absalón, fue entonces a avisar a Adonías de que el complot había fracasado. El rey Salomón no tomó acción inmediata contra Abiatar, pero cuando los hechos mostraron que el complot todavía no había terminado, ordenó que mataran a Adonías y a Joab, y desterró de Je-rusalén al sacerdote Abiatar, diciéndole: “¡Vete a Anatot a tus campos! Pues mereces la muerte; pero en este día no te daré muerte, porque llevaste el Arca del Señor Soberano Jehová delante de David mi pa-dre, y porque sufriste aflicción durante todo el tiempo que mi padre sufrió aflicción”. (1Re 2:26.) Entonces se asignó a Sadoc para que reemplazara a Abiatar en su puesto sacerdotal, de modo que el sumo sacerdocio pasó de nuevo a la línea de Eleazar, el hijo de Aarón, y la línea sacerdotal de la casa de Elí terminó por completo, en cumpli-miento de la profecía registrada en 1 Samuel 2:31. (1Re 2:27; 1Sa 3:12-14.)

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