Escuela del Ministerio Teocrático Semana del 29 de septiembre ‒ Puntos Sobresalientes de Números 33 a 36

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Semana del 29 de septiembre

Puntos sobresalientes del libro de Números 33 a 36


*** it-1 pág. 703 Dioses y diosas ***
Las diez plagas. Por medio de las plagas con las que Jehová azotó a los egipcios, humilló a sus dioses y ejecutó juicio sobre ellos. (Éx 12:12; Nú 33:4; GRABADOS, vol. 2, pág. 530.) La primera plaga, la transformación del Nilo y de todas las aguas de Egipto en sangre, trajo deshonra sobre el dios-Nilo Hapi. La muerte de los peces en el Nilo también fue un golpe a la religión de Egipto, pues ciertas clases de peces se veneraban y hasta se momificaban. (Éx 7:19-21.) La rana, símbolo de fertilidad y resurrección para los egipcios, estaba consagrada a la diosa-rana Heqet. Por lo tanto, la plaga de las ranas humilló a esta diosa. (Éx 8:5-14.) La tercera plaga llevó a los sacerdotes practicantes de magia a reconocer su derrota cuando resultaron incapaces de convertir el polvo en jejenes por medio de sus artes ocultas. (Éx 8:16-19.) Al dios Thot se le atribuía la invención de la magia o las artes ocultas, pero ni siquiera este dios pudo ayudar a los sacerdotes practicantes de magia para que imitaran la tercera plaga.
La línea de demarcación entre los egipcios y los adoradores del Dios verdadero quedó trazada claramente a partir de la cuarta plaga. Aunque los enjambres de tábanos invadieron las casas de los egipcios, en la tierra de Gosén los israelitas no fueron afectados. (Éx 8:23, 24.) La siguiente plaga, la peste sobre el ganado, humilló a deidades como la diosa-vaca Hator, Apis y la diosa-cielo Nut, a la que se imaginaban como una vaca con las estrellas fijadas en su vientre. (Éx 9:1-6.) La plaga de diviesos supuso la deshonra de las deidades que, según se creía, poseían facultades curativas, como Thot, Isis y Ptah. (Éx 9:8-11.) La severa tormenta de granizo humilló a aquellos dioses que se pensaba que controlaban los elementos de la naturaleza, como por ejemplo: Reshpu, quien según se creía controlaba los relámpagos, y Thot, de quien se decía que tenía poder sobre la lluvia y el trueno. (Éx 9:22-26.) La plaga de langostas fue una derrota para los dioses que, según los egipcios, aseguraban una cosecha abundante, uno de los cuales era el dios de la fertilidad, Min, al que consideraban un protector de las cosechas. (Éx 10:12-15.) Entre las deidades que la plaga de oscuridad vejó estuvieron los dioses solares, como Ra y Horus, y también Thot, el dios de la Luna, que, según opinaban, era quien controlaba el Sol, la Luna y las estrellas. (Éx 10:21-23.)
La muerte del primogénito resultó en la máxima humillación para los dioses y las diosas egipcios. (Éx 12:12.) Los gobernantes de Egipto en realidad se llamaban a sí mismos dioses, los hijos de Ra o Amón-Ra. Se alegaba que Ra o Amón-Ra tenía coito con la reina. Por lo tanto, a su hijo se le consideraba un dios encarnado y era dedicado a Ra o Amón-Ra en su templo. De modo que la muerte del primogénito del faraón suponía en realidad la muerte de un dios. (Éx 12:29.) Este hecho en sí debió ser un golpe severo para la religión de Egipto, sin mencionar la completa impotencia de todas las deidades para salvar de la muerte a los primogénitos de los egipcios. (Véase AMÓN núm. 4.)

*** it-2 págs. 237-238 Límite ***
Los límites de las tribus de Israel. (MAPA, vol. 1, pág. 744.) Cuando Israel conquistó la Tierra Prometida, a las tribus de Rubén y Gad y a la media tribu de Manasés se les concedió tomar su herencia “del lado del Jordán hacia el naciente”. (Nú 32:1-5, 19, 33-42; 34:14, 15; Jos 13:8-13, 15-32.) Después de seis años de luchas contra los cananeos con el fin de someterlos, llegó el momento de determinar los límites de la tierra asignada al O. del Jordán a las restantes nueve tribus y a la media tribu de Manasés. Jehová designó a Josué, a Eleazar el sacerdote y a un principal de cada tribu para que constituyesen una comisión que supervisase la distribución. (Nú 34:13-29; Jos 14:1.) El procedimiento seguido se apegó a las instrucciones que Dios le había dado a Moisés tiempo atrás: “Conforme al gran número debes aumentar la herencia de uno, y conforme al corto número debes reducir la herencia de uno. A cada uno se debe dar su herencia en proporción con sus inscritos. Solo que por sorteo debe repartirse proporcionalmente la tierra”. (Nú 26:52-56; 33:53, 54.)
Por consiguiente, parece que la distribución de la tierra se efectuó en función de estos dos criterios: por sorteo y conforme al tamaño de la tribu. Es posible que mediante el sorteo se determinase el lugar aproximado de la herencia que correspondería a cada tribu, bien al N., S., E. u O. de la tierra, bien en la región de la llanura costera o en la zona montañosa. Como la decisión procedía de Jehová, se evitaron los recelos y disputas entre las tribus. (Pr 16:33.) De este modo Dios también podía controlar el resultado del sorteo con el fin de que la asignación de cada tribu correspondiese con la profecía que el patriarca Jacob había pronunciado en su lecho de muerte y que se registra en Génesis 49:1-33.
Después de determinar por sorteo la ubicación geográfica de la tribu, había que delimitar sus fronteras, tomando en cuenta el segundo criterio: el tamaño de la tribu. “Y tienen que repartirse proporcionalmente la tierra como posesión, por sorteo, según sus familias. Al populoso deben aumentarle su herencia, y al escaso deben reducirle su herencia. A donde le resulte la herencia por sorteo, allí llegará a ser suya.” (Nú 33:54.) En consecuencia, si bien la decisión tomada por sorteo respecto a la ubicación geográfica era invariable, la extensión de la herencia se ajustaría al tamaño de la tribu. A eso se debe el que se redujese el territorio de Judá cuando se vio que era demasiado grande y se asignase una parte a la tribu de Simeón. (Jos 19:9.)
El aumento o la disminución de la extensión de la herencia no se determinó en todo caso por el criterio de proporcionalidad, pues la tribu de Dan, la segunda más populosa, recibió una de las extensiones de tierra más pequeñas, lo que indica que se debieron tener en cuenta otros criterios, como el número de ciudades que había en la región, la orografía del terreno y la calidad del suelo para el cultivo. (Compárese con Jos 17:14-18.)

*** it-2 pág. 306 Mar Grande ***
Los escritores de la Biblia no solo usaron el nombre “mar Grande” (Jos 1:4; 9:1, 2; 15:12, 47; 23:4; Eze 47:15, 19, 20; 48:28), sino que también se refirieron a él con otros términos muy amplios. Para ellos, esta masa de agua era el “mar occidental”, debido a que formaba el límite occidental de la tierra que Dios les había dado. (Dt 11:24; 34:1, 2.) Desde Jerusalén se veía como el “mar occidental”, en contraste con el “mar oriental” o mar Muerto. (Joe 2:20; Zac 14:8.) Otras veces se le llamaba “el mar de los filisteos” (Éx 23:31) o simplemente “el Mar”. (Nú 34:5.)

*** it-1 pág. 651 Dehesa ***
La zona abarcada por la dehesa tenía que ser: “Desde el muro de la ciudad y hacia fuera por mil codos, [unos 445 m.] todo en derredor”; pero el siguiente versículo añade: “Tienen que medir fuera de la ciudad por el lado del este dos mil codos” y lo mismo en las cuatro direcciones. (Nú 35:4, 5.) Se han ofrecido muchas posibilidades para armonizar estas dos cifras. Si bien se ha indicado que la Septuaginta griega dice “dos mil” en el primer versículo y no “mil”, el texto hebreo, así como la Vulgata latina y la Peshitta siriaca, dice “mil”. Según algunos hebraístas, puede ser que los primeros mil codos (Nú 35:4) fuesen para olivares y establos, mientras que los otros dos mil (Nú 35:5) se usasen para pastos, cultivos diversos y viñedos, lo que totalizaría una franja de tres mil codos a la redonda.
No obstante, como esta explicación lee entre líneas lo que el texto no dice, existe otra que parece más verosímil. Hay eruditos que opinan que las medidas significan que la dehesa se determinaba midiendo mil codos desde cada uno de los cuatro lados de la ciudad: este, oeste, norte y sur. En cuanto a los 2.000 codos por cada lado, creen que la expresión “fuera de la ciudad” no significa que estos 2.000 codos se midieran desde los muros de la ciudad hacia afuera, sino que eran la medida de cada uno de los cuatro lados de la dehesa. De ser así, significaría que el espacio ocupado por “la ciudad en medio” no se contaba en los 2.000 codos medidos. De este modo las dos medidas armonizarían, como se muestra en el gráfico de la página anterior.

*** gm cap. 7 págs. 92-94 párrs. 15-16 ¿Se contradice la Biblia? ***
15 Hubo ocasiones en que los escritores de la Biblia informaron acerca del mismo suceso desde puntos de vista diferentes, o presentaron sus relatos de maneras diferentes. Cuando se toman en cuenta esas diferencias, se hace fácil resolver otras aparentes contradicciones. Un ejemplo de esto se halla en Números 35:14, donde Moisés llamó el territorio al este del Jordán “este lado del Jordán”. No obstante, Josué, al hablar sobre la tierra al este del Jordán, la llamó el “otro lado del Jordán”. (Josué 22:4.) ¿Cuál es la descripción correcta?
16 En realidad, las dos son correctas. Según el relato de Números, los israelitas todavía no habían cruzado el río Jordán para entrar en la Tierra Prometida, de modo que para ellos el este del Jordán era “este lado”. Pero Josué ya había cruzado el Jordán. Ahora estaba, físicamente, al oeste del río, en la tierra de Canaán. Por eso, para él el este del Jordán era el “otro lado”.

*** w95 15/11 págs. 10-14 Las ciudades de refugio, una provisión misericordiosa de Dios ***
Las ciudades de refugio, una provisión misericordiosa de Dios
“Estas seis ciudades servirán de refugio, para que huya allá cualquiera que, sin intención, hiera mortalmente a un alma.” (NÚMEROS 35:15.)
6 Si se cometía un asesinato en el antiguo Israel, era necesario vengar la sangre de la víctima. La ley de ‘vida por vida’ se cumplía cuando “el vengador de la sangre” daba muerte al asesino. (Números 35:19.) El vengador era el familiar varón más cercano de la víctima. Pero ¿qué puede decirse de los homicidas involuntarios?
La provisión misericordiosa de Jehová
7 Dios suministró amorosamente ciudades de refugio para quienes mataran a alguien por accidente o sin intención. A Moisés se le dijo respecto a estas ciudades: “Habla a los hijos de Israel, y tienes que decirles: ‘Van a cruzar el Jordán a la tierra de Canaán. Y tienen que escoger ciudades que les sean convenientes a ustedes. Como ciudades de refugio les servirán, y allí tiene que huir el homicida que, sin intención, hiera mortalmente a un alma. Y las ciudades tienen que servirles a ustedes como refugio del vengador de la sangre, para que no muera el homicida hasta que esté de pie delante de la asamblea para juicio. Y las ciudades que darán, las seis ciudades de refugio, estarán a disposición de ustedes. Tres ciudades darán de este lado del Jordán, y tres ciudades darán en la tierra de Canaán. Como ciudades de refugio servirán [...] para que huya allá cualquiera que, sin intención, hiera mortalmente a un alma’”. (Números 35:9-15.)
8 Cuando los israelitas entraron en la Tierra Prometida, obedecieron a Dios y establecieron seis ciudades de refugio. Tres de ellas, Quedes, Siquem y Hebrón, estaban al oeste del río Jordán. Al este del Jordán se hallaban las ciudades de refugio de Golán, Ramot y Bézer. Estas seis ciudades estaban convenientemente ubicadas cerca de caminos que se mantenían en buenas condiciones. En algunos puntos de estos caminos había letreros con la palabra “refugio”. Los letreros indicaban en qué dirección se encontraba la ciudad de refugio, y el homicida involuntario corría a la más cercana para salvarse. Allí encontraba protección del vengador de la sangre. (Josué 20:2-9.)
9 ¿Por qué suministró Dios ciudades de refugio? Para que la tierra no se contaminara con sangre inocente y para que el pueblo no se hiciera culpable de derramamiento de sangre. (Deuteronomio 19:10.) ¿Quiénes se beneficiaban de las ciudades de refugio? La Ley declaraba: “Para los hijos de Israel y para el residente forastero y para el poblador en medio de ellos estas seis ciudades servirán de refugio, para que huya allá cualquiera que, sin intención, hiera mortalmente a un alma”. (Números 35:15.) Por eso, para ser imparcial y para que se hiciera justicia templada con misericordia, Jehová dijo a los israelitas que establecieran ciudades de refugio para los homicidas involuntarios que fueran 1) israelitas naturales, 2) residentes forasteros de Israel o 3) pobladores extranjeros que moraran en medio de ellos.
10 Cabe destacar que, aunque el homicida fuera involuntario, tenía que ser ejecutado, según el decreto divino: “Cualquiera que derrame la sangre del hombre, por el hombre será derramada su propia sangre”. De modo que fue una provisión misericordiosa de Jehová Dios el que el homicida involuntario pudiera huir a una de las ciudades de refugio. Al parecer, la mayoría de las personas se compadecían del homicida que huía del vengador de la sangre, pues sabían que ellas también podían cometer una ofensa similar, sin intención, y necesitar refugio y misericordia.
La vida en la ciudad de refugio
15 El homicida involuntario tenía que permanecer en la ciudad de refugio o a una distancia de 1.000 codos (unos 400 metros) de las murallas. (Números 35:2-4.) Si traspasaba esos límites, podía encontrarse con el vengador de la sangre. En esas circunstancias, el vengador tenía el derecho de ejecutar al homicida con impunidad. Pero el homicida no estaba atado ni encarcelado. Como residente de la ciudad de refugio, tenía que aprender un oficio, trabajar y ser un miembro útil de la comunidad.
16 ¿Cuánto tiempo tenía que permanecer en la ciudad de refugio el homicida involuntario? Posiblemente por el resto de su vida. De todas formas, la Ley estipulaba: “Él debería morar en su ciudad de refugio hasta la muerte del sumo sacerdote, y después de la muerte del sumo sacerdote el homicida puede volver a la tierra de su posesión”. (Números 35:26-28.) ¿Por qué podía salir de la ciudad de refugio el homicida involuntario cuando muriera el sumo sacerdote? Pues bien, el sumo sacerdote era una de las personas más destacadas de la nación. Por lo tanto, su muerte sería un suceso tan notable que se comunicaría por todas las tribus de Israel. Todos los que habían huido a las ciudades de refugio podrían entonces regresar a su hogar sin preocuparse de caer en las manos de los vengadores de la sangre. ¿Por qué? Porque la Ley de Dios decretaba que la oportunidad de matar al homicida caducaba al morir el sumo sacerdote, y todo el mundo lo sabía. Si el familiar se vengaba de la muerte después de que esto sucediera, se convertía en asesino y se le castigaba como tal.
Efectos duraderos
17 ¿Cuáles eran los posibles efectos de las restricciones que se imponían al homicida involuntario? Le recordaban que había causado la muerte de alguien. Y lo más probable es que considerara sagrada la vida humana el resto de su vida. Además, difícilmente olvidaría la misericordia que se le mostró. Como fue tratado con misericordia, muy posiblemente sería también misericordioso con otras personas. La provisión de las ciudades de refugio y sus restricciones también beneficiaba al pueblo en general. ¿En qué sentido? Tiene que haber grabado profundamente en ellos el hecho de que no debían ser negligentes ni indiferentes respecto a la vida humana. Por eso los cristianos debemos recordar la importancia de no incurrir en una actuación negligente que pudiera provocar una muerte accidental. La provisión misericordiosa de Dios de las ciudades de refugio también debe impulsarnos a ser misericordiosos cuando sea apropiado. (Santiago 2:13.)
18 La provisión de Jehová Dios de las ciudades de refugio era provechosa también de otras maneras. El pueblo no formaba patrullas de vigilancia para buscar al homicida presuponiendo antes del juicio que era culpable. Al contrario, lo consideraba inocente de asesinato deliberado e incluso le ayudaba a llegar al lugar de seguridad. Además, la provisión de las ciudades de refugio era el polo opuesto del procedimiento moderno de internar a los asesinos en cárceles, donde son mantenidos por el resto de la población y donde muchas veces se convierten en peores criminales debido a su compañerismo estrecho con otros malhechores. El sistema de las ciudades de refugio hacía innecesario construir, mantener y vigilar costosas prisiones amuralladas y con rejas de las que los presos tan a menudo procuran escapar. De hecho, el homicida buscaba la “prisión” y permanecía allí por un tiempo determinado. También tenía que trabajar, contribuyendo de este modo al beneficio de la comunidad.
19 La provisión de Jehová de las ciudades de refugio era verdaderamente misericordiosa, pues protegía a los homicidas involuntarios. Promovía, sin duda, el respeto por la vida. Ahora bien, ¿tienen algún significado las antiguas ciudades de refugio para las personas del siglo XX? ¿Podríamos ser culpables de derramamiento de sangre a los ojos de Jehová Dios y no darnos cuenta de que necesitamos su misericordia? ¿Tienen alguna importancia para nosotros las ciudades de refugio del antiguo Israel?

*** it-1 pág. 494 Ciudades de refugio ***
Procedimiento legal. Cuando un fugitivo llegaba a una ciudad de refugio, tenía que exponer su caso a los ancianos en la puerta de la ciudad, y debía extendérsele hospitalidad. A fin de evitar que los que cometían asesinatos intencionados se aprovechasen de esta provisión, después de exponer el caso en la ciudad de refugio, el fugitivo tenía que someterse a juicio y probar su inocencia en las puertas de la ciudad bajo cuya jurisdicción había ocurrido la muerte. En caso de hallarle inocente, era devuelto a la ciudad de refugio. Sin embargo, solo podía garantizarse su seguridad si permanecía en la ciudad el resto de su vida o hasta la muerte del sumo sacerdote. No era posible aceptar ningún rescate con el fin de alterar estos términos. (Nú 35:22-29, 32; Jos 20:4-6.) Ni siquiera el altar sagrado de Jehová podía proteger a los asesinos, como se mostró en el caso de Joab. (Éx 21:14; 1Re 1:50; 2:28-34; véase VENGADOR DE LA SANGRE.)

*** w04 1/8 pág. 27 Puntos sobresalientes del libro de Números ***
35:33. Lo único que puede expiar el asesinato de personas inocentes, cuya sangre contamina la tierra, es la sangre de quienes la han derramado. ¡Qué apropiado será que Jehová destruya a los inicuos antes de transformar la Tierra en un paraíso! (Proverbios 2:21, 22; Daniel 2:44.)

*** w08 15/2 págs. 4-5 párrs. 9-10 Tengamos siempre presente a Jehová ***
9 Si tenemos siempre presente a Jehová, le obedeceremos en todo y como resultado recibiremos abundantes bendiciones (Deu. 28:13; 1 Sam. 15:22). En efecto, debemos estar prestos a obedecer a Jehová. Pensemos en la actitud que demostraron las cinco hijas de Zelofehad, que vivieron en el tiempo de Moisés. La costumbre entre los israelitas era que la herencia familiar pasara a los hijos, y no a las hijas. Pero como Zelofehad murió sin hijos varones, Jehová ordenó que se entregara la herencia a sus hijas. Sin embargo, había una condición que respetar: debían casarse exclusivamente con hombres de la tribu de Manasés, de modo que la herencia no pasara a ninguna otra tribu (Núm. 27:1-8; 36:6-8).
10 Las hijas de Zelofehad estaban seguras de que las cosas saldrían bien si obedecían a Dios. La Biblia señala: “Tal como Jehová había mandado a Moisés, de esa manera lo hicieron las hijas de Zelofehad. Por consiguiente, Mahlá, Tirzá y Hoglá y Milcá y Noá, las hijas de Zelofehad, llegaron a ser las esposas de los hijos de los hermanos de su padre. Llegaron a ser esposas de algunos de las familias de los hijos de Manasés hijo de José, para que la herencia de ellas continuara junto con la tribu de la familia de su padre” (Núm. 36:10-12). Estas mujeres obedientes siguieron las órdenes de Jehová (Jos. 17:3, 4). Hoy día los cristianos solteros que son espirituales hacen lo mismo: confían en Dios y lo obedecen casándose “solo en el Señor” (1 Cor. 7:39).


Núm. 1: Números 33:24-49 (4 min. o menos)

(Números 33:24-49) partieron del monte Séfer y se pusieron a acampar en Haradá. 25 Entonces partieron de Haradá y se pusieron a acampar en Maqhelot. 26 En seguida partieron de Maqhelot y se pusieron a acampar en Táhat. 27 Después partieron de Táhat y se pusieron a acampar en Taré. 28 Entonces partieron de Taré y se pusieron a acampar en Mitqá. 29 Más tarde partieron de Mitqá y se pusieron a acampar en Hasmoná. 30 Luego partieron de Hasmoná y se pusieron a acampar en Moserot. 31 Entonces partieron de Moserot y se pusieron a acampar en Bene-jaaqán. 32 Después partieron de Bene-jaaqán y se pusieron a acampar en Hor-haguidgad. 33 Luego partieron de Hor-haguidgad y se pusieron a acampar en Jotbatá. 34 Más tarde partieron de Jotbatá y se pusieron a acampar en Abroná. 35 Entonces partieron de Abroná y se pusieron a acampar en Ezión-guéber. 36 Después partieron de Ezión-guéber y se pusieron a acampar en el desierto de Zin, es decir, Qadés. 37 Más tarde partieron de Qadés y se pusieron a acampar en el monte Hor, en la frontera de la tierra de Edom. 38 Y Aarón el sacerdote procedió a subir al monte Hor, por orden de Jehová, y a morir allí en el año cuarenta de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el quinto mes, el primero del mes. 39 Y Aarón tenía ciento veintitrés años de edad cuando murió en el monte Hor. 40 Entonces el cananeo, el rey de Arad, mientras moraba en el Négueb, en la tierra de Canaán, llegó a oír de la venida de los hijos de Israel. 41 Con el tiempo estos partieron del monte Hor y se pusieron a acampar en Zalmoná. 42 Después partieron de Zalmoná y se pusieron a acampar en Punón. 43 Luego partieron de Punón y se pusieron a acampar en Obot. 44 Entonces partieron de Obot y se pusieron a acampar en Iyé-abarim, en el confín de Moab. 45 Más tarde partieron de Iyim y se pusieron a acampar en Dibón-gad. 46 Después partieron de Dibón-gad y se pusieron a acampar en Almón-diblataim. 47 Entonces partieron de Almón-diblataim y se pusieron a acampar en las montañas de Abarim, delante de Nebo. 48 Por fin partieron de las montañas de Abarim y se pusieron a acampar en las llanuras desérticas de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó. 49 Y continuaron acampando junto al Jordán desde Bet-jesimot hasta Abel-sitim, en las llanuras desérticas de Moab.

Núm. 2: No subestime el poder del Diablo (rs pág. 358 párr. 1–pág. 359 párr. 1) (5 min.)

rs pág. 358 párr. 1–pág. 359 párr. 1 Satanás el Diablo
Jesucristo lo describió como “el gobernante del mundo”, aquel a quien la humanidad en general obedece al hacer caso a sus instancias de que pase por alto los requisitos de Dios (Juan 14:30; Efe. 2:2). La Biblia también lo llama “el dios de este sistema de cosas”, aquel a quien honran las prácticas religiosas de la gente que se adhiere a este sistema de cosas. (2 Cor. 4:4; 1 Cor. 10:20.)
Cuando procuraba tentar a Jesucristo, el Diablo “lo subió y le mostró todos los reinos de la tierra habitada en un instante de tiempo; y el Diablo le dijo: ‘Te daré toda esta autoridad y la gloria de ellos, porque a mí me ha sido entregada, y a quien yo quiera se la doy. Por eso, si tú haces un acto de adoración delante de mí, todo será tuyo’” (Luc. 4:5-7). Revelación 13:1, 2 revela que Satanás da ‘poder, trono y gran autoridad’ al sistema político mundial de gobernación. Daniel 10:13, 20 revela que Satanás ha tenido príncipes demoníacos sobre reinos prominentes de la Tierra. Efesios 6:12 dice que estos constituyen ‘los gobiernos, las autoridades, los gobernantes mundiales de esta oscuridad, fuerzas espirituales inicuas en lugares celestiales’.
No es de extrañar que 1 Juan 5:19 diga: “El mundo entero está yaciendo en el poder del inicuo”. Pero él tiene poder sólo por un período limitado, y solamente por tolerancia de Jehová, quien es Dios Todopoderoso.

Núm. 3: Administración. La “administración” que Dios inició en el año 33 de nuestra era (it-1 pág. 54 párr. 4) (5 min.)

it-1 pág. 54 párr. 4 Administración
¿Qué es la “administración” que Dios inició en 33 E.C.?
En su bondad inmerecida, Dios dispuso tener “una administración [gr. oi•ko•no•mí•an, literalmente: “manejo de la casa”] al límite cabal de los tiempos señalados, a saber: reunir todas las cosas de nuevo en el Cristo, las cosas en los cielos y las cosas en la tierra”. (Ef 1:10; compárese con Lu 12:42, nota.) Esta “administración”, o manejo progresivo, que Dios ha estado llevando a cabo desde 33 E.C., tiene como objetivo la unificación de todas sus criaturas inteligentes. La primera etapa de la “administración” de Dios es la reunión de nuevo de “las cosas en los cielos”, es decir, la preparación de la congregación de herederos del Reino que han de vivir en los cielos bajo Jesucristo como su Cabeza espiritual. (Ro 8:16, 17; Ef 1:11; 1Pe 1:4.) La segunda etapa de esta “administración” es la reunión de “las cosas en la tierra”, esto es, la preparación de aquellos que han de vivir en un paraíso terrestre. (Jn 10:16; Rev 7:9, 10; 21:3, 4.)

Referencias consultadas en: Watchtower Library 2013 CD‒ROM

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