Escuela del Ministerio Teocrático Semana del 19 de mayo ‒ Puntos Sobresalientes de Éxodo 30 a 33

Referencias para la Escuela del Ministerio Teocrático

Programa de la Escuela del Ministerio Teocrático: Semana del 19 de mayo


ss14 págs. 1-4 Programa de la Escuela del Ministerio Teocrático del año 2014

19 de mayo Lectura de la Biblia: Éxodo 30 a 33
Núm. 1: Éxodo 32:1-14
Núm. 2: Los Diez Mandamientos fueron abolidos junto con la Ley mosaica (rs pág. 337 párrs. 1, 2)
Núm. 3: Abrahán. Tenga fe en las promesas de Jehová (it-1 pág. 31 párrs. 3-8)
w14 15/3 págs. 1-2 Índice

19-25 DE MAYO DE 2014
Honremos a nuestros mayores
PÁGINA 20 • CÁNTICOS: 90 Y 135
ws14 15/3 págs. 1-2 Índice

19-25 DE MAYO DE 2014
Honremos a nuestros mayores
PÁGINA 15 • CÁNTICOS 90 Y 135


Puntos sobresalientes del libro de Éxodo 30‒33


19 de mayo Lectura de la Biblia: Éxodo 30 a 33

32:1-8, 25-35. ¿Por qué no se castigó a Aarón por haber hecho el becerro de oro? En su corazón, Aarón no estaba de acuerdo con la adoración idolátrica. Posteriormente se unió a sus compañeros levitas al ponerse a favor de Dios y en contra de los que se opusieron a Moisés. Después que se destruyó a los culpables, Moisés recordó a los israelitas que ellos habían cometido un grave pecado, lo que indica que otros además de Aarón recibieron la misericordia de Jehová.
33:11, 20. ¿En qué sentido habló Dios “cara a cara” con Moisés? Esta expresión se refiere a una conversación íntima entre dos personas. Moisés habló con el representante de Dios y, mediante él, recibió las instrucciones divinas. Pero Moisés no vio a Jehová, dado que “ningún hombre puede ver[lo] y sin embargo vivir”. De hecho, Jehová no habló personalmente con Moisés. La Ley “fue transmitida mediante ángeles por mano de un mediador”, dice Gálatas 3:19.

Éxodo 30:12-16
¿Cómo se financiaban los servicios religiosos del templo de Jerusalén?
▪ Los servicios del templo de Jehová se financiaban con los impuestos. Aunque el impuesto principal era el diezmo obligatorio, también había otros. Por ejemplo, durante la construcción del tabernáculo, Jehová le dijo a Moisés que recaudara medio siclo de plata por cada israelita inscrito en el censo, en concepto de “contribución a Jehová” (Éxodo 30:12-16).
Parece que con el tiempo se estableció la costumbre de que cada judío contribuyera esa misma cantidad como impuesto anual para el templo. Este fue el impuesto que Jesús dijo a Pedro que pagara con la moneda que este último sacaría de la boca de un pez (Mateo 17:24-27).
Hace algunos años se hallaron en Jerusalén dos monedas de plata de las que se usaban para pagar dicho impuesto. Una de ellas, acuñada en Tiro en el año 22 de nuestra era, se encontró en un túnel de alcantarillado del siglo primero. En una de sus caras aparece el perfil de la deidad principal de dicha ciudad —Melqart, el Baal de Tiro—, mientras que en la otra cara se ve un águila sobre la proa de un barco. La segunda moneda se halló entre los escombros en el monte del templo y data del primer año de la revuelta judía contra Roma, que comenzó en el año 66 de nuestra era. Esta moneda tiene un cáliz por un lado, tres granadas brotando por el otro y dos inscripciones que dicen “Medio siclo” y “Santa Jerusalén”. Con respecto a este último hallazgo, el arqueólogo Gabriel Barkay explica que la moneda tiene “marcas de haber sido dañada por el fuego, probablemente de uno de los incendios que destruyeron el segundo templo en el año 70 de nuestra era”.

Éx 30:26-28
También se ungían las cosas dedicadas como santas. Jacob tomó la piedra sobre la que había descansado la cabeza cuando tuvo un sueño inspirado, la puso como columna y la ungió, y así consagró el lugar, al que llamó Betel, que significa “Casa de Dios”. (Gé 28:18, 19.) Poco tiempo después, Jehová reconoció la unción de esa piedra. (Gé 31:13.) Por mandato de Jehová, Moisés ungió el tabernáculo y su mobiliario en el desierto del Sinaí, indicando que eran cosas dedicadas, santas. (Éx 30:26-28.)

Ex. 31:18
En armonía con estos usos de la palabra “dedo”, se puede comprender que el “dedo de Dios” tiene gran poder y que esta designación aplica bien a Su espíritu como Él lo usó durante la escritura de la Biblia. Así, las Escrituras nos informan que por medio del “dedo de Dios” él escribió los Diez Mandamientos en las dos tablas de piedra. (Éxo. 31:18; Deu. 9:10.)

Éxo. 32:1
Posteriormente violaron la ley que prohibía la idolatría, aunque habían hecho un pacto con Jehová tan solo dos meses antes y se habían comprometido a obedecer todas sus palabras (Éxo. 24:3, 12-18; 32:1, 2, 7-9). ¿Por qué desobedecieron? ¿Habrá sido porque Moisés llevaba mucho tiempo en el monte Horeb recibiendo instrucciones de Dios y sintieron miedo de un posible ataque? Ya en una ocasión los amalequitas los habían atacado y Moisés les había ayudado a vencerlos manteniendo los brazos levantados. Pero ahora no estaba con ellos. ¿Qué harían si los volvían a atacar? (Éxo. 17:8-16.) Fuera cual fuera la razón, lo cierto es que los israelitas “rehusaron hacerse obedientes” (Hech. 7:39-41)

Éx 32:4
¿Por qué no se castigó a Aarón por haber hecho el becerro de oro?
A pesar de su posición privilegiada, Aarón tuvo debilidades. La primera vez que Moisés permaneció cuarenta días en el monte Sinaí, “el pueblo se congregó en torno a Aarón, y le dijeron: ‘Levántate, haznos un dios que vaya delante de nosotros, porque en cuanto a este Moisés, el hombre que nos hizo subir de la tierra de Egipto, ciertamente no sabemos qué le habrá pasado’”. (Éx 32:1.) Aarón accedió y cooperó con estos rebeldes en la manufactura de una estatua de un becerro de oro. (Éx 32:2-6.) Más tarde, cuando Moisés le llamó la atención, presentó una excusa muy débil. (Éx 32:22-24.) Sin embargo, Jehová no le consideró el principal responsable, sino que dijo a Moisés: “Así que ahora déjame, para que se encienda mi cólera contra ellos y los extermine”. (Éx 32:10.) Moisés puso al pueblo ante una disyuntiva al clamar: “¿Quién está de parte de Jehová? ¡A mí!”. (Éx 32:26.) Todos los hijos de Leví respondieron, y entre estos debió encontrarse Aarón. Ellos mataron a tres mil idólatras, probablemente los principales instigadores de la rebelión. (Éx 32:28.) No obstante, más tarde Moisés recordó al resto del pueblo que ellos también compartían la culpa. (Éx 32:30.) Así que Aarón no fue el único que recibió la misericordia de Dios. De sus acciones subsiguientes se desprende que en su corazón no estuvo de acuerdo con el movimiento idolátrico, sino que cedió a la presión de los rebeldes. (Éx 32:35.) Jehová mostró que le había perdonado al mantener en vigor su nombramiento de sumo sacerdote. (Éx 40:12, 13.)

Éx 32:8
Mólek y la astrología en Israel. Hoy es posible demostrar que la astrología estaba muy ligada al culto a Mólek, un dios al que a veces se representaba con la cabeza de un toro. Los babilonios, los cananeos, los egipcios y otros pueblos le rindieron culto al toro en representación de deidades como Marduk, Mólek y Baal. Además, el toro fue uno de los signos más importantes del zodiaco: Tauro. Era frecuente que al dios-sol se le encarnase en la figura de un toro: sus cuernos representaban los rayos solares, y su vitalidad procreadora, la facultad “vivificante” del Sol. Por otra parte, la vaca recibía la misma honra como símbolo de Istar o Astarté. Por consiguiente, cuando Aarón y, más tarde, Jeroboán, introdujeron en Israel el culto al toro (o al becerro), a los ojos de Jehová fue un pecado muy grave. (Éx 32:4, 8; Dt 9:16; 1Re 12:28-30; 2Re 10:29.)

Éxo. 32:10
Pensemos, por ejemplo, en lo que Jehová le dijo a Moisés después de que los israelitas adoraron a un becerro de oro: “He mirado a este pueblo, y he aquí que es un pueblo de dura cerviz. Así que ahora déjame, para que se encienda mi cólera contra ellos y los extermine, y déjame hacer de ti una nación grande” (Éxo. 32:9, 10).
14 El relato continúa así: “Moisés procedió a ablandar el rostro de Jehová su Dios y a decir: ‘¿Por qué, oh Jehová, debe encenderse tu cólera contra tu pueblo, a quien sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? ¿Por qué deben decir los egipcios: “Con mala intención los sacó, para matarlos entre las montañas y para exterminarlos de la superficie del suelo”? Vuélvete de tu cólera ardiente y siente pesar respecto al mal contra tu pueblo. Acuérdate de Abrahán, de Isaac y de Israel tus siervos, a quienes juraste por ti mismo, por cuanto les dijiste: “Multiplicaré su descendencia como las estrellas de los cielos, y toda esta tierra que he designado la daré a su descendencia, para que verdaderamente tomen posesión de ella hasta tiempo indefinido”’. Y Jehová empezó a sentir pesar respecto al mal de que había hablado que haría a su pueblo” (Éxo. 32:11-14).
15 ¿Realmente necesitaba Jehová que Moisés corrigiera su forma de pensar? ¡Claro que no! Aunque le dio a conocer a Moisés sus intenciones, no se trataba de una decisión final. Más bien, estaba probando a su siervo, tal como Jesús hizo con Felipe y la mujer griega. Le abrió la puerta, por decirlo así, para que expresara su opinión. Jehová había nombrado a Moisés mediador entre él y los israelitas, y respetaba su posición como tal. ¿Qué haría Moisés? ¿Se dejaría llevar por la frustración? ¿Aprovecharía la oportunidad para apoyar la idea de sustituir a Israel por una nación nueva formada por sus propios descendientes?

Éx 32:1-13
En esta primera ocasión demostró tener las aptitudes necesarias para ser el mediador entre Jehová e Israel y para ser el caudillo de esa gran nación, compuesta quizás de tres millones de personas o más. Mientras Moisés estaba en la montaña Jehová le informó que el pueblo se había vuelto a la idolatría, y le dijo: “Ahora déjame, para que se encienda mi cólera contra ellos y los extermine, y déjame hacer de ti una nación grande”. La inmediata respuesta de Moisés puso de manifiesto que la santificación del nombre de Jehová era la cosa más importante para él, y que no tenía ningún tipo de egoísmo ni deseaba fama para sí mismo. No pidió nada para él, sino que demostró interés por el nombre de Jehová, nombre que Él mismo había ensalzado recientemente mediante el milagro del mar Rojo, y mostró respeto por la promesa de Dios a Abrahán, Isaac y Jacob. Jehová aprobó la súplica de Moisés y perdonó al pueblo. Aquí se ve que Jehová consideró que Moisés desempeñaba su papel de mediador de modo satisfactorio, y que Él respetaba el cargo para el que había nombrado a Moisés. De manera que entonces Jehová “empezó a sentir pesar respecto al mal de que había hablado que haría a su pueblo”, es decir, por causa del cambio de circunstancias, cambió de actitud con relación a traer el mal sobre ellos. (Éx 32:7-14.)

Éxodo 32:34
En primer lugar, observamos que a Miguel se le llamó “uno de los príncipes prominentes” y “el príncipe de ustedes”. Más tarde, se dijo que era “el gran príncipe que está plantado a favor de los hijos de[l] pueblo [de Daniel]” (Daniel 10:21; 12:1). Este dato indica que Miguel es el ángel que Jehová designó para guiar a los israelitas a través del desierto (Éxodo 23:20-23; 32:34; 33:2).
Las siguientes palabras del discípulo Judas respaldan esa conclusión: “Miguel el arcángel tuvo una diferencia con el Diablo y disputaba acerca del cuerpo de Moisés” (Judas 9).

Éxodo 33:11, 20.
¿En qué sentido habló Dios “cara a cara” con Moisés? Esta expresión se refiere a una conversación íntima entre dos personas. Moisés habló con el representante de Dios y, mediante él, recibió las instrucciones divinas. Pero Moisés no vio a Jehová, dado que “ningún hombre puede ver[lo] y sin embargo vivir”. De hecho, Jehová no habló personalmente con Moisés. La Ley “fue transmitida mediante ángeles por mano de un mediador”, dice Gálatas 3:19.

Éxodo 33:12
¿Qué implica el conocer el nombre de Dios?
La creación material da testimonio de la existencia de Dios, pero no revela cuál es su nombre. (Sl 19:1; Ro 1:20.) Conocer el nombre de Dios significa más que un simple conocimiento de la palabra. (2Cr 6:33.) En realidad, significa conocer a la Persona: sus propósitos, actividades y cualidades según se revelan en su Palabra. (Compárese con 1Re 8:41-43; 9:3, 7; Ne 9:10.) Puede ilustrarse con el caso de Moisés, un hombre a quien Jehová ‘conoció por nombre’, esto es, conoció íntimamente. (Éx 33:12.) Moisés tuvo el privilegio de ver una manifestación de la gloria de Jehová y también ‘oír declarado el nombre de Jehová’. (Éx 34:5.) Aquella declaración no fue simplemente una repetición del nombre Jehová, sino una exposición de los atributos y actividades de Dios, en la que se decía: “Jehová, Jehová, un Dios misericordioso y benévolo, tardo para la cólera y abundante en bondad amorosa y verdad, que conserva bondad amorosa para miles, que perdona error y transgresión y pecado, pero de ninguna manera dará exención de castigo, que hace venir el castigo por el error de padres sobre hijos y sobre nietos, sobre la tercera generación y sobre la cuarta generación”. (Éx 34:6, 7.) De manera similar, la canción de Moisés que incluye las palabras: “Porque yo declararé el nombre de Jehová”, cuenta los tratos de Dios con Israel y describe su personalidad. (Dt 32:3-44.)

Éxo. 33:13
Hace mucho tiempo, Moisés pidió a Jehová: “Sírvete hacerme conocer, por favor, tus caminos, para que te conozca, a fin de que halle favor a tus ojos” (Éxo. 33:13). Esa oración la expresó Moisés después de haber visto las diez plagas, presenciado la división del mar Rojo, dialogado con Jehová durante cuarenta días en el monte Sinaí y recibido los Diez Mandamientos. Con 80 años de edad y tras haber sido usado de forma portentosa por Jehová, Moisés reconocía su necesidad espiritual. En conformidad con tal ejemplo, se animó a los ancianos y siervos ministeriales a seguir progresando como hombres espirituales, sin importar cuánto tiempo llevaran sirviendo a Jehová.

Éxodo 33:19
El amplio alcance de la bondad de Dios se ve en lo que dijo a Moisés en el desierto de Sinaí. Dios prometió a su siervo fiel: “Yo mismo haré que toda mi bondad pase delante de tu rostro”. Al cumplir esa promesa y usar su propio nombre, Dios añade: “Jehová, Jehová, un Dios misericordioso y benévolo, tardo para la cólera y abundante en bondad amorosa y verdad, que conserva bondad amorosa para miles, que perdona error y transgresión y pecado, pero de ninguna manera dará exención de castigo”. (Éxodo 33:19; 34:6, 7.)
Por lo tanto, la bondad de Dios incluye su misericordia y su benevolencia, su bondad amorosa y su verdad. Su bondad también se ve en que es “tardo para la cólera”; es paciente.

Éxodo 33:20
Además, si una persona de carne y hueso compareciera ante la presencia inmediata de Jehová Dios, moriría. Así se lo indicó él a Moisés: “No puedes ver mi rostro, porque ningún hombre puede verme y sin embargo vivir” (Éxodo 33:20; Juan 1:18).
17 Este hecho no debería extrañarnos. Moisés solo contempló parte de la gloria de Jehová, por lo visto a través de un ángel que lo representaba. ¿Con qué efecto? Su rostro estuvo ‘emitiendo rayos’ durante un tiempo después de aquella experiencia, de modo que a los israelitas les daba miedo hasta mirarlo directamente (Éxodo 33:21-23; 34:5-7, 29, 30). Así pues, es patente que un simple ser humano no podría ver al Señor Soberano en la plenitud de su gloria.

Núm. 1: Éxodo 32:1-14


Núm. 2: Los Diez Mandamientos fueron abolidos junto con la Ley mosaica (rs pág. 337 párrs. 1, 2)

rs pág. 337 párrs. 1, 2 Sábado (Día de descanso)
Rom. 7:6, 7: “Ahora hemos sido desobligados de la Ley, porque hemos muerto a aquello por lo cual se nos tenía sujetos [...] ¿Qué, pues, diremos? ¿Es la Ley pecado? ¡Jamás sea cierto eso! Realmente no hubiera llegado yo a conocer el pecado si no hubiese sido por la Ley; y, por ejemplo, no hubiera conocido la codicia si la Ley no hubiese dicho: ‘No debes codiciar.’” (Aquí, inmediatamente después de escribir que los cristianos judíos habían sido “desobligados de la Ley”, ¿qué ejemplo de la Ley cita Pablo? El Décimo Mandamiento, lo cual muestra que este era parte de la Ley de la cual habían sido desobligados.)
2 Cor. 3:7-11: “Si el código que administra muerte y que fue grabado con letras en piedras se efectuó con una gloria, de modo que los hijos de Israel no pudieron mirar con fijeza el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, gloria que había de ser eliminada, ¿por qué no debería ser con mucha más razón con gloria la administración del espíritu? [...] Porque si lo que había de ser eliminado fue introducido con gloria, mucho más sería con gloria lo que permanece.” (Aquí se hace referencia al código que fue “grabado con letras en piedras” y se dice que los “hijos de Israel no pudieron mirar con fijeza el rostro de Moisés” en la ocasión en que se les dio el código. ¿Qué describe esto? Éxodo 34:1, 28-30 muestra que es la ocasión en que se dieron los Diez Mandamientos; estos fueron los mandamientos grabados en piedra. Obviamente se hallan entre lo que el texto dice aquí que “había de ser eliminado”.)

Núm. 3: Abrahán. Tenga fe en las promesas de Jehová (it-1 pág. 31 párrs. 3-8)

it-1 pág. 31 párrs. 3-8 Abrahán
Aparece la descendencia prometida. Puesto que Sara continuaba estéril, parecía que iba a ser Eliezer, el fiel mayordomo procedente de Damasco, quien recibiría la herencia de Abrahán. No obstante, Jehová volvió a asegurarle a Abrahán que su propia prole llegaría a ser incontable, como las estrellas del cielo, y Abrahán “puso fe en Jehová; y él procedió a contárselo por justicia”, aunque esto sucedió años antes de su circuncisión. (Gé 15:1-6; Ro 4:9, 10.) Entonces, Jehová celebró con él un pacto formal, acompañado de sacrificios de animales, y al mismo tiempo le reveló que se afligiría a su prole durante un período de cuatrocientos años y que hasta sería llevada a la esclavitud. (Gé 15:7-21; véase PACTO.)
Pasó el tiempo. Ya llevaban diez años en Canaán, pero Sara continuaba estéril, así que propuso que su sierva egipcia, Agar, la sustituyera y de esa manera pudiera tener un hijo por medio de ella. Abrahán consintió, y en 1932 a. E.C., cuando ya había cumplido ochenta y seis años, nació Ismael. (Gé 16:3, 15, 16.) Pasó más tiempo. En 1919 a. E.C., cuando Abrahán tenía noventa y nueve años, Jehová ordenó que se circuncidara a todos los varones de su casa, como señal o sello en testimonio de la especial relación pactada que existía entre Él y Abrahán. Al mismo tiempo le cambió el nombre de Abrán a Abrahán, “porque padre de una muchedumbre de naciones de seguro te haré yo”. (Gé 17:5, 9-27; Ro 4:11.) Poco después de aquello, tres ángeles materializados a quienes Abrahán recibió hospitalariamente prometieron en el nombre de Jehová que Sara concebiría y daría a luz un hijo, ¡sí, en el plazo de un año! (Gé 18:1-15.)
¡Cuántas cosas pasaron en ese año! Sodoma y Gomorra fueron destruidas y el sobrino de Abrahán y sus dos hijas escaparon por muy poco. Debido a un hambre, Abrahán y su esposa se mudaron a Guerar, donde el rey de esa ciudad filistea tomó a Sara para su harén. Jehová intervino, Sara fue puesta en libertad y al tiempo señalado, en 1918 a. E.C., cuando Abrahán tenía cien años y Sara noventa, nació Isaac, el heredero que había sido prometido en su día. (Gé 18:16–21:7.) Cinco años después, cuando el medio hermano de Isaac, Ismael, que ya había cumplido diecinueve años, se burló de Isaac, Abrahán se vio obligado a despedirle a él y a su madre, Agar. Fue entonces, en 1913 a. E.C., cuando empezaron los cuatrocientos años de aflicción para la prole de Abrahán. (Gé 21:8-21; 15:13; Gál 4:29.)
La prueba suprema de fe a la que tuvo que enfrentarse Abrahán llegó unos veinte años más tarde. Según la tradición judía, Isaac entonces contaba veinticinco años. (Antigüedades Judías, de F. Josefo, libro I, cap. XIII, sec. 2.) En obediencia a las instrucciones de Jehová, Abrahán tomó consigo a Isaac y viajó hacia el N., desde Beer-seba, en el Négueb, hasta el monte Moria, al norte de Salem. Allí edificó un altar e hizo los preparativos para ofrecer como sacrificio quemado a Isaac, la descendencia prometida. Y de hecho, Abrahán “ofreció, por decirlo así, a Isaac”, porque “estimó que Dios podía levantarlo hasta de entre los muertos”. Justo en el último momento, Jehová intervino y suministró un carnero para sustituir a Isaac en el altar del sacrificio. Por lo tanto, fue esta fe incondicional respaldada por una completa obediencia lo que movió a Jehová a reforzar su pacto con Abrahán, jurando por sí mismo como una garantía legal especial. (Gé 22:1-18; Heb 6:13-18; 11:17-19.)
Sara murió en Hebrón en 1881 a. E.C. a los ciento veintisiete años, por lo que a Abrahán se le hizo necesario comprar una porción de terreno para sepultarla, pues como residente forastero, no poseía tierras en Canaán. Así que les compró a los hijos de Het un campo en Macpelá, cerca de Mamré, que tenía una cueva. (Gé 23:1-20; véase COMPRA.) Tres años después, cuando Isaac llegó a la edad de cuarenta años, Abrahán envió a Eliezer de regreso a Mesopotamia para que consiguiera para su hijo una esposa adecuada, que también fuera adoradora verdadera de Jehová. Rebeca, la sobrina nieta de Abrahán, resultó ser la que Jehová escogió. (Gé 24:1-67.)
“Además, Abrahán volvió a tomar esposa”, a Queturá, y engendró a otros seis hijos, de modo que de él no solo descendieron los israelitas, los ismaelitas y los edomitas, sino también los medanitas, los madianitas y otros pueblos. (Gé 25:1, 2; 1Cr 1:28, 32, 34.) De ese modo Abrahán vio cumplida la expresión profética de Jehová: “Padre de una muchedumbre de naciones de seguro te haré yo”. (Gé 17:5.) Finalmente, en 1843 a. E.C., murió a la avanzada edad de ciento setenta y cinco años y sus hijos Isaac e Ismael lo enterraron en la cueva de Macpelá. (Gé 25:7-10.) Antes de su muerte, Abrahán dio regalos a los hijos de sus esposas secundarias y los despidió, de modo que Isaac quedó como único heredero de “todo cuanto tenía”. (Gé 25:5, 6.)

Referencias consultadas en: Watchtower Library 2013

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