Escuela del Ministerio Teocrático Semana del 1 de septiembre ‒ Puntos Sobresalientes de Números 17 a 21

Referencias para la Escuela del Ministerio Teocrático

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Programa de la Escuela del Ministerio Teocrático: Semana del 1 de septiembre


ss14 págs. 1-4 Programa de la Escuela del Ministerio Teocrático del año 2014
1 de sept. Lectura de la Biblia: Números 17 a 21
Núm. 1: Números 17:1-13
Núm. 2: ¿Qué pruebas hay de que el Diablo existe? (rs pág. 355 párr. 1–pág. 356 párr. 1)
Núm. 3: Hechos de Apóstoles. La exactitud del libro de Hechos (it-1 pág. 1115 párrs. 3-5)

w14 15/7 págs. 1-2 Índice
1-7 DE SEPTIEMBRE DE 2014
“Jehová conoce a los que le pertenecen”
PÁGINA 7 • CÁNTICOS: 63 Y 66

ws14 15/7 págs. 1-2 Índice
1-7 DE SEPTIEMBRE DE 2014
“Jehová conoce a los que le pertenecen”
PÁGINA 3 • CÁNTICOS 63 Y 66


Puntos sobresalientes del libro de Números 17 a 21

1 de sept. Lectura de la Biblia: Números 17 a 21

Puntos sobresalientes del libro de Números

21:14, 15. ¿A qué libro se alude en este pasaje? En las Escrituras se mencionan diversos libros que los escritores bíblicos emplearon como fuente de información (Josué 10:12, 13; 1 Reyes 11:41; 14:19, 29). Uno de ellos fue “el libro de las Guerras de Jehová”, que comprendía un relato histórico de las guerras del pueblo de Jehová.

*** w13 15/8 pág. 13 párr. 15 Nunca se enoje con Jehová ***
15 Algo que también puede perjudicar nuestra relación con Jehová es tener un punto de vista negativo sobre otros cristianos (1 Juan 4:20). Cuando los israelitas cuestionaron el nombramiento y la posición de Aarón, Jehová consideró que estaban murmurando contra él mismo (Núm. 17:10). De igual modo, si empezáramos a refunfuñar y quejarnos de los hombres que Jehová está utilizando para dirigir la parte terrestre de su organización, podríamos, en realidad, estar quejándonos de él (Heb. 13:7, 17).

*** w12 15/1 pág. 17 párrs. 6-7 Lecciones que aprendemos de “la armazón [...] de la verdad” ***
6 Cuando los israelitas sacrificaban a Jehová un animal, era imprescindible que este se encontrara totalmente sano: sin deformidades, ceguera, heridas ni enfermedades (Lev. 22:20-22). Igualmente, cuando le presentaban frutos o granos, debían ser las “primicias”, o primeros frutos, y “lo óptimo”, sí, lo mejor de la cosecha (Núm. 18:12, 29). Él no iba a aceptarles ofrendas de segunda categoría. ¿A qué señalaba el requisito de entregarle únicamente animales sin defectos? Al hecho de que el sacrificio de Jesús sería perfecto, sin tacha alguna, y que al proporcionar este medio para redimir a la humanidad, Jehová estaría dando lo mejor y lo que más quería (1 Ped. 1:18, 19).
7 Sin duda, el adorador que agradecía de corazón la bondad divina seleccionaba para Jehová lo mejor que tenía a su alcance. Cierto, cada uno decidía si la dádiva sería de mayor o menor calidad.

*** w11 15/9 págs. 7-8 párr. 4 Jehová es nuestra herencia ***
4 Como vimos, la tribu de Leví no obtuvo ningún terreno; más bien, la “herencia” que le correspondió fue un valiosísimo servicio: “el sacerdocio de Jehová” (Jos. 18:7). Por eso él le dijo en Números 18:20: “Yo soy la parte que te corresponde”. Ahora bien, ¿estaban condenados los levitas a vivir en la pobreza por no poseer campos? El contexto muestra que no (léase Números 18:19, 21, 24). “En cambio por su servicio”, las familias de la nación les entregaban “toda décima parte en Israel como herencia”, es decir, un diez por ciento de las cosechas y de los animales que nacían. A su vez, los levitas reservaban la décima parte de lo que recibían —lo más selecto— para dársela a los sacerdotes (Núm. 18:25-29). Estos últimos también recibían “todas las contribuciones santas” que los israelitas llevaban al santuario. Sin duda, los sacerdotes podían confiar plenamente en que Jehová cubriría sus necesidades.

*** w11 15/9 págs. 11-13 párrs. 3-9 ¿Hemos hecho de Jehová nuestra herencia? ***
3 Al igual que los levitas y los sacerdotes de la antigüedad, los cristianos ungidos aprecian muchísimo el privilegio de servir a Jehová (Núm. 18:20). Claro, no esperan que él les entregue como posesión algún lugar en la Tierra. Pero sí anhelan el día en que serán reyes y sacerdotes junto a Jesucristo en el cielo, donde, tal como indica Revelación 4:10, 11, seguirán prestando servicio a Dios (Eze. 44:28).
8 Muchos cristianos que han visto peligrar su empleo se han preguntado: “Si me quedo sin trabajo, ¿cómo mantendré a mi familia?” (1 Tim. 5:8). Sea que hayamos pasado por esta situación o no, sabemos que Jehová nunca abandona a quienes lo tienen como herencia y aprecian el privilegio de servirle. De hecho, es muy posible que hayamos comprobado por experiencia propia lo cierta que es esta promesa de Jesús: “Sigan [...] buscando primero el reino [...], y todas estas otras cosas [como la comida y la ropa] les serán añadidas” (Mat. 6:33).
9 Pensemos de nuevo en la tribu de Leví. No había heredado ninguna tierra. Sin embargo, como su principal ocupación era el servicio sagrado, podía contar con el cuidado de Jehová, quien le había dado esta garantía: “Yo soy la parte que te corresponde, y tu herencia” (Núm. 18:20). Aunque nosotros no servimos en un santuario construido por el hombre, hacemos bien en mostrar la misma actitud que los sacerdotes y los levitas y confiar en que Dios nos dará lo necesario. Al ir acercándonos al fin, esta fe es cada vez más importante (Rev. 13:17).

*** w12 1/15 p. 17 pars. 4-5 Learn From ‘the Framework of Truth’ ***
4 It could hardly have been lost on the ancient Jews that many aspects of the Mosaic Law emphasized their sinfulness. For example, anyone who touched a human corpse was required to undergo purification. To this end, a sound red cow was slaughtered and burned. Its ashes were kept to make “water for cleansing,” which was sprinkled on the person being purified on the third and the seventh day after contamination. (Num. 19:1-13) And as a reminder that human reproduction transmitted imperfection and sin, a woman who gave birth was required to observe a period of uncleanness, after which she was to make atonement by means of a sacrifice.—Lev. 12:1-8.
5 Animal sacrifices were required in many other situations of everyday life to atone for sins. Whether the worshipper realized it or not, these sacrifices—and those later offered at Jehovah’s temple—were “a shadow” of Jesus’ perfect sacrifice.—Heb. 10:1-10.

*** w12 15/1 pág. 17 párrs. 4-5 Lecciones que aprendemos de “la armazón [...] de la verdad” ***
4 En la Ley, los judíos de la antigüedad encontraban a cada paso indicaciones de que eran pecadores. Sirva como muestra la regla de purificarse después de tocar un muerto. Al tercer y al séptimo día de haber estado en contacto con él, la persona impura tenía que ser rociada con “agua de limpieza” ceremonial, la cual se elaboraba degollando una vaca roja sana, quemándola y disolviendo sus cenizas (Núm. 19:1-13). Otra norma semejante exigía que las parturientas guardaran un período de impureza y luego ofrecieran un sacrificio de expiación. Así se recordaba que los seres humanos transmiten en la reproducción el pecado y la muerte (Lev. 12:1-8).
5 En la vida diaria había muchas otras situaciones que requerían que los siervos de Jehová sacrificaran animales para expiar los pecados. Sea que se dieran cuenta o no, tales ofrendas —que con el tiempo llegaron a realizarse en el templo— eran una “sombra”, o modelo, que prefiguraba el sacrificio perfecto de Jesús (Heb. 10:1-10).

*** w89 1/6 pág. 19 párr. 14 Despleguemos limpieza mental y corporal ***
¿Qué se puede decir de los israelitas en general? Si por alguna razón se hacían impuros en sentido ceremonial, no podían participar en la adoración sino hasta que hubieran cumplido con los requisitos de purificarse. (Números 19:11-22.) Todo aquello recalcaba que se requiere limpieza física de los que adoran al Dios santo, Jehová.

*** w11 15/9 pág. 28 párr. 14 ¿Me conoce Jehová? ***
14 Tiempo después, volvió a dar un ejemplo de humildad al enfrentarse a circunstancias que lo afectaron directamente. Fue en cierta ocasión en la que los israelitas se pusieron a quejarse. Él perdió los estribos y, lo que es peor, no dio gloria a Jehová. Como castigo, se le anunció que no introduciría a su pueblo en la Tierra Prometida (Núm. 20:2-12). Recordemos que, junto con su hermano Aarón, había soportado durante años las protestas de los israelitas. Y ahora, por haber cometido aquel único error, se le indicó que se quedaría sin presenciar el cumplimiento de algo que llevaba mucho tiempo esperando. ¿Cómo reaccionó al saberlo? Aunque lógicamente se sentiría decepcionado, aceptó con humildad la decisión de Jehová. Sabía que es un Dios recto “con quien no hay injusticia” (Deu. 3:25-27; 32:4). No hay duda de que Moisés era una de las personas a quienes Jehová conocía como fieles siervos suyos (léase Éxodo 33:12, 13).

*** w09 1/9 pág. 19 Un Juez que nunca pasa por alto sus normas de justicia ***
Primero, Dios no le mandó a Moisés que le hablara al pueblo, y mucho menos que los llamara rebeldes. Segundo, Moisés y Aarón no glorificaron a Dios. De hecho, Jehová los censuró por no haberlo santificado (versículo 12). Con la expresión “les sacaremos agua”, Moisés dio a entender que serían él y Aarón —y no Dios— quienes proporcionarían milagrosamente agua al pueblo. Tercero, el castigo divino estuvo de acuerdo con otras sentencias que Jehová había dictado en casos similares. Recordemos que también le había negado la entrada a Canaán a una generación anterior de rebeldes (Números 14:22, 23). Y cuarto, por ser los líderes de la nación, es natural que Dios exigiera más de ellos (Lucas 12:48).
Como ama la justicia, Jehová siempre aplica con imparcialidad sus normas y nunca dicta sentencias injustas. Sin duda, es un Juez que merece nuestra confianza y respeto.

*** w06 1/3 pág. 26 “Mantengan completamente su juicio” ***
Cuando estamos bajo tensión
15 Las circunstancias estresantes pueden hacer que hasta siervos leales de Jehová hablen o actúen imprudentemente (Eclesiastés 7:7). Tenemos el caso de Job, quien al hallarse bajo una prueba muy fuerte, se desequilibró un poco y tuvo que corregir su manera de pensar (Job 35:2, 3; 40:6-8). Por su parte, Moisés, aunque “era con mucho el más manso de todos los hombres que había sobre la superficie del suelo”, en cierta ocasión se irritó y habló sin reflexionar (Números 12:3; 20:7-12; Salmo 106:32, 33). David manifestó admirable autodominio al no matar al rey Saúl, pero cuando Nabal lo insultó y les gritó improperios a sus hombres, se encolerizó y perdió el buen juicio. Fue gracias a la intervención de Abigail que entró de nuevo en razón y se libró por poco de cometer un terrible error (1 Samuel 24:2-7; 25:9-13, 32, 33).
16 Nosotros también nos enfrentamos a situaciones de mucha tensión que pueden hacer que perdamos el buen juicio. Tener en cuenta el parecer de otros, como hizo David, puede evitar que obremos precipitadamente y pequemos (Proverbios 19:2). Por otro lado, la Palabra de Dios nos aconseja: “Agítense, pero no pequen. Digan lo que quieran en su corazón, sobre su cama, y callen” (Salmo 4:4). Siempre que sea posible, es mejor esperar a que nos calmemos antes de actuar o tomar una decisión (Proverbios 14:17, 29). Oremos a Jehová con fervor, “y la paz de Dios que supera a todo pensamiento guardará [nuestros] corazones y [nuestras] facultades mentales mediante Cristo Jesús” (Filipenses 4:6, 7). Esta calma que proviene de Dios nos estabilizará y nos ayudará a mantener completamente nuestro juicio.

*** w99 15/8 págs. 26-27 Beneficiémonos del “grano del cielo” ***
Los seres humanos imperfectos pueden perder el interés en las cosas que se hacen rutinarias, aun cuando estas reflejen el interés amoroso de Jehová. Por ejemplo, la provisión sobrenatural de maná asombró y complació a los israelitas al principio, pero con el tiempo, muchos se quejaron. “Nuestra alma ha llegado a aborrecer el pan despreciable”, gimieron irrespetuosamente, indicando así que habían empezado a “alejarse del Dios vivo” (Números 11:6; 21:5; Hebreos 3:12). Por tanto, su forma de actuar nos sirve como “amonestación de nosotros a quienes los fines de los sistemas de cosas han llegado” (1 Corintios 10:11).
¿Cómo podemos tomar a pecho dicha amonestación? Un modo de hacerlo es no permitiendo nunca que las enseñanzas bíblicas o las provisiones que recibimos a través del esclavo fiel y discreto lleguen a ser para nosotros algo común y corriente (Mateo 24:45). Una vez que empezamos a dar por sentadas las dádivas de Jehová o a aburrirnos de ellas, nuestra relación con él comienza a enfriarse.

*** it-2 pág. 1012 Serpiente de cobre ***
Los israelitas conservaron la serpiente de cobre, y con el tiempo la utilizaron de modo impropio, pues la adoraron y le ofrecieron humo de sacrificio. De ahí que el rey judaíta Ezequías (745-717 a. E.C.) hiciera machacar y reducir a pedazos la serpiente de cobre —que tenía más de setecientos años— como parte de sus reformas religiosas, pues el pueblo la había convertido en un ídolo.

*** w09 15/4 pág. 14 ¿Recuerda usted? ***
• ¿Son “el libro de Jasar” y “el libro de las Guerras de Jehová” libros del canon bíblico que se perdieron? (Jos. 10:13; Núm. 21:14.)
No. Al parecer se trata de documentos o registros de tiempos bíblicos a los que aludieron algunos escritores de la Biblia. Sin embargo, no fueron inspirados por Dios (15/3, página 32).

*** it-1 pág. 10 Aarón ***
Después Dios mandó que se colocaran en el tabernáculo doce varas, cada una de ellas representaba a una de las doce tribus, y en la de la tribu de Leví se inscribió el nombre de Aarón. (Nú 17:1-4.) Al día siguiente Moisés entró en la tienda del Testimonio y halló que la vara de Aarón “había brotado, y estaba echando botones y arrojando flores y estaba produciendo almendras maduras”. (Nú 17:8.) Así se demostró, fuera de toda duda, que Jehová había escogido a los hijos de Aarón de entre los levitas para el servicio sacerdotal y había nombrado a Aarón sumo sacerdote. Desde entonces, nunca se volvió a desafiar seriamente el derecho que tenía la casa de Aarón a ejercer el sacerdocio. La vara de Aarón, la que echó botones, se colocó en el arca del pacto como “señal para los hijos de la rebeldía”, aunque parece que después de la muerte de estos rebeldes y de la entrada de la nación en la Tierra Prometida, se retiró del Arca, pues ya había cumplido su propósito. (Nú 17:10; Heb 9:4; 2Cr 5:10; 1Re 8:9.)

*** g02 8/6 pág. 14 La sal, un producto valioso ***
En el pasado, este producto también se consideraba un símbolo de estabilidad y permanencia. Por ello, en la Biblia, un pacto duradero recibía el nombre de “pacto de sal”, y ambas partes lo ratificaban tomando una comida con sal (Números 18:19). Bajo la Ley mosaica, los sacrificios que se ofrecían en el altar debían salarse, lo que probablemente representaba que estaban libres de corrupción o deterioro.

*** w11 15/9 pág. 7 Jehová es nuestra herencia ***
Jehová es nuestra herencia
“Yo soy la parte que te corresponde, y tu herencia, en medio de los hijos de Israel.” (NÚM. 18:20)
UNA vez que Israel conquistó gran parte de la Tierra Prometida, llegó el momento de repartirla. De ello se encargaron Josué, el sumo sacerdote Eleazar y los cabezas de las tribus (Núm. 34:13-29). Ellos le asignaron una porción a cada tribu, pero no le entregaron ninguna a la de Leví (Jos. 14:1-5). ¿Por qué no? ¿Será que la pasaron por alto? ¿O acaso no le correspondía ninguna parte o herencia?
2 En realidad, Jehová no tenía ninguna intención de abandonar a los levitas. De hecho, él mismo le había asegurado a Aarón como representante de esta tribu: “Yo soy la parte que te corresponde, y tu herencia, en medio de los hijos de Israel” (Núm. 18:20).

*** w09 1/9 pág. 19 Un Juez que nunca pasa por alto sus normas de justicia ***
Un Juez que nunca pasa por alto sus normas de justicia
Números 20:2-13
NO ES raro oír de jueces que dictan sentencias injustas o demasiado severas. Sin embargo, ese no es el caso de Jehová Dios, quien ama la justicia (Salmo 37:28). Aunque él es paciente, no es permisivo: nunca pasa por alto sus propias normas de justicia. Para ilustrarlo, veamos cómo juzgó la situación que se relata en el capítulo 20 de Números.
Tras casi cuarenta años vagando por el desierto, los israelitas estaban a punto de entrar en la Tierra Prometida. Fue entonces cuando comenzaron a quejarse de la falta de agua ante Moisés y Aarón: “[¿]Han traído ustedes a la congregación de Jehová a este desierto para que nosotros y nuestras bestias de carga muramos en él?” (versículo 4). Decían que aquel desierto era un “lugar malo” donde no había agua para beber, ni tampoco higos, uvas ni granadas, las mismas frutas que años antes los espías israelitas habían traído de la Tierra Prometida (versículo 5; Números 13:23). ¿Puede creerlo? Culpaban a Moisés y Aarón de vivir en aquel desierto, y no en la tierra fértil que precisamente la generación anterior había rechazado.
Jehová no adoptó medidas drásticas contra los murmuradores. Más bien, le dijo a Moisés que debía hacer lo siguiente: tomar su vara, convocar al pueblo y “hablar al peñasco delante de los ojos de ellos para que realmente [diera] su agua” (versículo 8). Moisés siguió las primeras dos instrucciones, pero no la tercera. En lugar de obedecer con fe la orden de Jehová de hablarle al peñasco, le dijo al pueblo con dureza: “¡Oigan, ahora, rebeldes! ¿Es de este peñasco de donde les sacaremos agua?” (versículo 10; Salmo 106:32, 33). Entonces lo golpeó dos veces, “y empezó a salir mucha agua” (versículo 11).
De este modo, tanto Moisés como Aarón cometieron un grave pecado contra Dios. Jehová les dijo: “Ustedes se rebelaron contra mi orden” (Números 20:24). ¡Qué ironía! Ellos, que habían acusado al pueblo de ser rebelde, fueron precisamente los que actuaron con rebeldía al no seguir las instrucciones divinas. Por eso, Dios les dijo que no conducirían a los israelitas a la Tierra Prometida. ¿Fue demasiado severa su sentencia? No, por varias razones.
Primero, Dios no le mandó a Moisés que le hablara al pueblo, y mucho menos que los llamara rebeldes. Segundo, Moisés y Aarón no glorificaron a Dios. De hecho, Jehová los censuró por no haberlo santificado (versículo 12). Con la expresión “les sacaremos agua”, Moisés dio a entender que serían él y Aarón —y no Dios— quienes proporcionarían milagrosamente agua al pueblo. Tercero, el castigo divino estuvo de acuerdo con otras sentencias que Jehová había dictado en casos similares. Recordemos que también le había negado la entrada a Canaán a una generación anterior de rebeldes (Números 14:22, 23). Y cuarto, por ser los líderes de la nación, es natural que Dios exigiera más de ellos (Lucas 12:48).
Como ama la justicia, Jehová siempre aplica con imparcialidad sus normas y nunca dicta sentencias injustas. Sin duda, es un Juez que merece nuestra confianza y respeto.

*** w87 15/10 pág. 30 Preguntas de los lectores ***
▪ ¿Cuál fue el error de Moisés que le hizo perder el privilegio de entrar en la Tierra Prometida? ¿Fue que golpeó la roca en vez de solo hablarle, o que no glorificó a Jehová Dios?
Parece que el error de Moisés consistió en más que solamente el hecho de que golpeó la roca en vez de hablarle, como Dios había dirigido que se hiciera.
Cuando casi cumplían 40 años de vagar por el desierto, los israelitas acamparon en Qadés-barnea, en el desierto de Zin (o Parán). Decenios antes habían acampado allí, probablemente porque tres manantiales de aquella área crean un verde oasis, como el que se ve en la fotografía de la página 31. Sin embargo, en aquella ocasión no había mucha agua, lo que quizás significó que la gente no pudo hallar mucho alimento. Por eso riñeron con Moisés, el representante de Jehová, y dijeron: “¿Por qué nos han hecho subir de Egipto para traernos a este lugar malo? No es lugar de sementera e higos y vides y granadas, y no hay agua para beber”. (Números 20:5.)
Entonces Dios dijo a Moisés y Aarón: “Toma la vara y convoca a la asamblea, [...] y ustedes tienen que hablar al peñasco delante de los ojos de ellos para que realmente dé su agua; y tienes que sacarles agua del peñasco y dar de beber a la asamblea y a sus bestias de carga”. (Números 20:8.) ¿Qué sucedió después?
“Moisés y Aarón convocaron a la congregación delante del peñasco, y él procedió a decirles: ‘¡Oigan, ahora, rebeldes! ¿Es de este peñasco de donde les sacaremos agua?’. Con eso Moisés alzó la mano y golpeó el peñasco con su vara dos veces; y empezó a salir mucha agua.” (Números 20:10, 11.)

*** w95 1/3 pág. 17 párr. 14 Cumplamos con nuestra dedicación “día tras día” ***
14 Pablo citó otro ejemplo amonestador: “Ni pongamos a Jehová a prueba, como algunos de ellos lo pusieron a prueba, de modo que perecieron por las serpientes”. (1 Corintios 10:9.) El apóstol hablaba en este texto del tiempo en que los israelitas se quejaron de Dios a Moisés cuando empezaron a “rendirse de cansancio a causa del camino”. (Números 21:4.) ¿Ha cometido usted alguna vez este error? Cuando se dedicó a Jehová, ¿pensaba que el Armagedón estaba a la vuelta de la esquina? ¿Ha sido Jehová más paciente de lo que usted esperaba? Recuerde, no nos dedicamos a Jehová solo por cierto tiempo o simplemente hasta el Armagedón. Nuestra dedicación es para siempre. Por lo tanto, “no desistamos de hacer lo que es excelente, porque al debido tiempo segaremos si no nos cansamos”. (Gálatas 6:9.)

*** w99 15/8 págs. 26-27 Beneficiémonos del “grano del cielo” ***
Los seres humanos imperfectos pueden perder el interés en las cosas que se hacen rutinarias, aun cuando estas reflejen el interés amoroso de Jehová. Por ejemplo, la provisión sobrenatural de maná asombró y complació a los israelitas al principio, pero con el tiempo, muchos se quejaron. “Nuestra alma ha llegado a aborrecer el pan despreciable”, gimieron irrespetuosamente, indicando así que habían empezado a “alejarse del Dios vivo” (Números 11:6; 21:5; Hebreos 3:12). Por tanto, su forma de actuar nos sirve como “amonestación de nosotros a quienes los fines de los sistemas de cosas han llegado” (1 Corintios 10:11).
¿Cómo podemos tomar a pecho dicha amonestación? Un modo de hacerlo es no permitiendo nunca que las enseñanzas bíblicas o las provisiones que recibimos a través del esclavo fiel y discreto lleguen a ser para nosotros algo común y corriente (Mateo 24:45). Una vez que empezamos a dar por sentadas las dádivas de Jehová o a aburrirnos de ellas, nuestra relación con él comienza a enfriarse.
Con razón, Jehová no nos inunda con un constante flujo de verdades nuevas y emocionantes, sino que más bien arroja luz sobre su Palabra de manera gradual, poco a poco (Proverbios 4:18). Esto le permite a su pueblo asimilar y poner en práctica lo que va aprendiendo. Jesús siguió el ejemplo de su Padre al enseñar a sus primeros discípulos. Les explicó la Palabra de Dios “hasta el grado que podían escuchar”, o “entender”, según lo traducen algunas versiones (Marcos 4:33; compárese con Juan 16:12).
Profundicemos nuestro agradecimiento por las provisiones de Dios
Jesús también empleó la repetición. La mente, por supuesto, puede comprender enseguida cierto punto —por ejemplo, un principio bíblico—, pero tomarlo a pecho y hacer que forme parte de la “nueva personalidad” cristiana puede llevar un poco más de tiempo, especialmente si los viejos hábitos y actitudes mundanos están muy arraigados (Efesios 4:22-24). Este fue, sin duda, el caso de los discípulos de Jesús en lo que tenía que ver con vencer el orgullo y cultivar la humildad. Jesús tuvo que enseñarles humildad en numerosas ocasiones, presentando cada vez la misma idea básica pero desde una perspectiva diferente para que la hicieran suya, como finalmente sucedió (Mateo 18:1-4; 23:11, 12; Lucas 14:7-11; Juan 13:5, 12-17).
En la actualidad, las reuniones cristianas y las publicaciones Watch Tower imitan el ejemplo de Jesús y también emplean la repetición bien pensada. Por tanto, considerémosla una expresión del interés amoroso de Dios en nosotros y nunca nos cansemos de lo que recibimos, a diferencia de los israelitas, que se cansaron del maná. De hecho, si nos esforzamos pacientemente por asimilar los recordatorios que Jehová nos proporciona con regularidad, percibiremos su buen fruto en nuestra vida (2 Pedro 3:1). Tener una actitud agradecida demuestra realmente que estamos ‘captando el sentido’ de la Palabra de Dios tanto con el corazón como con la mente (Mateo 13:15, 19, 23). A este respecto, contamos con el buen ejemplo del salmista David, quien, a pesar de no tener la variedad de alimento espiritual que nosotros recibimos hoy, dijo que las leyes de Jehová eran “más dulces [...] que la miel, y la miel que fluye de los panales” (Salmo 19:10).

*** w09 15/3 pág. 32 Preguntas de los lectores ***
Las Santas Escrituras hacen mención del “libro de Jasar” y del “libro de las Guerras de Jehová” (Jos. 10:13; Núm. 21:14). Sin embargo, ninguno de los dos forma parte del canon bíblico. ¿Se trata de escritos inspirados que se perdieron?
No hay razón para creer que esos dos libros fueron inspirados por Dios y luego se perdieron. Los escritores bíblicos inspirados se refirieron a un buen número de escritos. En el caso de algunos de ellos, es muy posible que realmente sean parte de la Biblia, pero se les llama con nombres que los lectores modernos desconocen. Por ejemplo, 1 Crónicas 29:29 menciona “las palabras de Samuel el vidente”, “las palabras de Natán el profeta” y “las palabras de Gad el hombre de visiones”. Estas tres denominaciones podrían ser una referencia colectiva a los libros que hoy conocemos como Primero y Segundo de Samuel, o quizás al libro de Jueces.
Por otro lado, a veces se hace referencia a escritos que tienen nombres parecidos a ciertos libros de la Biblia, pero que no son parte de ella. Este sería el caso de cuatro libros antiguos llamados “el libro de los asuntos de los tiempos de los reyes de Judá”, “el Libro de los Reyes de Judá y de Israel”, “el Libro de los Reyes de Israel” y “el Libro de los Reyes de Israel y de Judá”. Aunque los nombres pueden sonar parecidos a los de los libros bíblicos que conocemos como Primero y Segundo de los Reyes, esos cuatro escritos no fueron divinamente inspirados ni tienen cabida en el canon bíblico (1 Rey. 14:29; 2 Cró. 16:11; 20:34; 27:7). Probablemente fueron simples registros históricos que existían cuando el profeta Jeremías y Esdras escribieron los relatos que encontramos en la Biblia.
En efecto, algunos escritores bíblicos mencionaron o consultaron registros o documentos disponibles en su época, pero que no habían sido inspirados por Dios. Por citar otros casos, Ester 10:2 hace alusión al “Libro de los asuntos de los tiempos de los reyes de Media y Persia”. Y Lucas dijo haber “investigado todas las cosas desde el comienzo con exactitud” al preparar su Evangelio, lo que tal vez signifique que consultó los registros disponibles para trazar la genealogía de Jesús (Luc. 1:3; 3:23-38). El Evangelio que Lucas escribió ciertamente fue inspirado por Dios, y su valor para nosotros no disminuye por el hecho de que este discípulo consultara registros que no eran inspirados.
En cuanto a los dos libros mencionados en la pregunta —“el libro de Jasar” y “el libro de las Guerras de Jehová”—, al parecer fueron documentos no inspirados. Por esa razón, Jehová no se encargó de preservarlos. Las referencias bíblicas a esos dos libros llevan a los expertos a la conclusión de que eran antologías literarias que hablaban de los conflictos entre Israel y sus enemigos (2 Sam. 1:17-27). Una enciclopedia bíblica señala la posibilidad de que fueran “el repertorio de poesías y canciones de los cantantes profesionales del antiguo Israel, quienes preservaban las tradiciones épicas y líricas de la nación”. Hasta hombres que Jehová utilizó a veces para revelar profecías o relatar visiones escribieron documentos que Jehová no inspiró o no optó por incorporar a las Escrituras, que son “provechosa[s] para enseñar, para censurar, para rectificar las cosas, para disciplinar en justicia” (2 Tim. 3:16; 2 Cró. 9:29; 12:15; 13:22).
El hecho de que ciertos libros se mencionen en la Biblia y se hayan utilizado como fuente de información no significa que hayan sido inspirados. Sin embargo, podemos estar seguros de que contamos con todos los escritos que constituyen “la palabra de nuestro Dios”, la cual “durará hasta tiempo indefinido” (Isa. 40:8). Así es: lo que Jehová decidió incluir en los 66 libros de la Biblia y conservar hasta nuestros días es precisamente lo que cada uno de nosotros necesita a fin de estar “completamente equipado para toda buena obra” (2 Tim. 3:16, 17).

Núm. 1: Números 17:1-13


Núm. 2: ¿Qué pruebas hay de que el Diablo existe? (rs pág. 355 párr. 1–pág. 356 párr. 1)

rs pág. 355 párr. 1–pág. 356 párr. 1 Satanás el Diablo
La Biblia es la principal fuente de prueba. En ella se le menciona por nombre muchas veces (Satanás 52 veces, Diablo 33 veces). En la Biblia se halla escrito también el testimonio de un testigo ocular que confirma la existencia de Satanás. ¿Quién fue el testigo ocular? Jesucristo —quien vivió en los cielos antes de venir a la Tierra— mencionó muchas veces a este inicuo por nombre. (Luc. 22:31; 10:18; Mat. 25:41.)
Lo que la Biblia dice tocante a Satanás el Diablo es razonable. El mal que el género humano experimenta sobrepasa por mucho, en proporción, a la maldad de los humanos implicados en la situación. La explicación bíblica sobre el origen de Satanás y sus actividades aclara por qué, a pesar de que la mayor parte de la humanidad desea vivir en paz, el hombre ha sido plagado por el odio, la violencia y la guerra por miles de años, y por qué esta situación ha alcanzado el nivel de amenazar ahora con destruir a todo el género humano.
Si en verdad no existiera el Diablo, entonces el aceptar lo que la Biblia dice tocante a él no resultaría de beneficio duradero para nadie. Sin embargo, hay muchos casos de personas que en el pasado estuvieron envueltas en el ocultismo —o que pertenecieron a grupos que practican el espiritismo— y que informan que en aquel tiempo les perturbaba muchísimo oír “voces” de lo invisible, ser “poseídas” por seres sobrehumanos, y otros sucesos por el estilo. Obtuvieron alivio verdadero cuando aprendieron lo que la Biblia dice sobre Satanás y sus demonios, pusieron en práctica el consejo bíblico de evitar las prácticas espiritistas y buscaron la ayuda de Jehová mediante la oración. (Véanse las páginas 131-136, la sección titulada “Espiritismo”.)
El creer que Satanás existe no significa aceptar la idea de que él tenga cuernos, una cola larga y puntiaguda y una horca, ni que esté asando gente en un infierno ardiente. La Biblia no describe así a Satanás. Eso es lo que salió de la mente de artistas medievales en que influyeron las representaciones de Pan, un dios de la mitología griega, y El Infierno, la obra escrita por el poeta italiano Dante Alighieri. En vez de enseñar que hay un infierno ardiente, la Biblia dice claramente que “los muertos [...] no están conscientes de nada en absoluto”. (Ecl. 9:5.)

Núm. 3: Hechos de Apóstoles. La exactitud del libro de Hechos (it-1 pág. 1115 párrs. 3-5)

it-1 pág. 1115 párrs. 3-5 Hechos de Apóstoles
Autenticidad. La exactitud del libro de Hechos ha quedado confirmada a través de los años por varios descubrimientos arqueológicos. Por ejemplo, Hechos 13:7 dice que Sergio Paulo era el procónsul de Chipre. Se sabe que poco antes de que Pablo visitara Chipre, un propretor o legado gobernaba la isla, pero el descubrimiento de una inscripción en Chipre prueba que llegó a estar bajo la jurisdicción del senado romano en la persona de un gobernador provincial llamado procónsul. La situación de Grecia durante la gobernación de César Augusto fue parecida. Acaya era una provincia gobernada directamente por el senado romano, pero cuando Tiberio llegó a ser emperador, él mismo se encargó de su gobierno, si bien, según Tácito, en tiempos del emperador Claudio volvió a ser una provincia senatorial. Se ha descubierto un fragmento de un rescripto de Claudio a los habitantes de Delfos (Grecia) en el que se hace referencia al proconsulado de Galión. Por consiguiente, Hechos 18:12 es exacto cuando se refiere a Galión como el “procónsul” durante la estancia de Pablo en Corinto, la capital de Acaya. (Véase GALIÓN.) Además, una inscripción hallada en un arco de Tesalónica (cuyos fragmentos se conservan en el Museo Británico) muestra el acierto de Hechos 17:8 al hablar de los “gobernantes de la ciudad” (“politarcas”, gobernadores de los ciudadanos), a pesar de que este título no se encuentra en la literatura clásica.
En Atenas, el Areópago, o Colina de Marte, donde Pablo predicó se yergue hasta este día como testigo mudo de la veracidad de Hechos. (Hch 17:19.) Los términos y las expresiones médicas que se encuentran en este libro concuerdan con los de los escritos médicos griegos de la época. Los medios de transporte comunes en el Oriente Medio del primer siglo corresponden básicamente a los mencionados en Hechos; por tierra: a pie, a caballo o en carros tirados por caballos (23:24, 31, 32; 8:27-38); por mar: en barcos de carga (21:1-3; 27:1-5). Aquellos barcos antiguos no tenían un solo timón, sino que se controlaban con dos grandes remos timoneros, de ahí que se haga referencia a ellos en plural (27:40). En relación con la narración del viaje en barco de Pablo a Roma (27:1-44), marineros contemporáneos que frecuentan esa ruta dan fe de su credibilidad y autenticidad respecto al tiempo invertido, la distancia recorrida y los lugares visitados.
Entre los siglos II al IV E.C., los catalogadores de las Escrituras aceptaron sin discusión el libro de Hechos de Apóstoles como inspirado y canónico. Se encuentran porciones de este libro y fragmentos de los cuatro evangelios en algunos de los papiros de las Escrituras Griegas, como Chester Beatty núm. 1 (P45), del siglo III E.C.; Michigán núm. 1571 (P38), del siglo III o IV, que contiene porciones de los capítulos 18 y 19, y un manuscrito del siglo IV, Aegyptus núm. 8683 (P8), que contiene partes de los capítulos 4 al 6. Citaron del libro de Hechos Policarpo de Esmirna, alrededor de 115 E.C.; Ignacio de Antioquía, alrededor de 110 E.C., y Clemente de Roma, posiblemente en 95 E.C. Tanto Atanasio como Jerónimo y Agustín, del siglo IV, confirman las listas primitivas que incluyen el libro de Hechos.

Referencias consultadas en: Watchtower Library 2013 CD‒ROM

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