La música: por qué mueve a la gente


LUCES de vivos colores y antorchas llameantes iluminaban la oscuridad de la noche mientras el carro del general egipcio que volvía victorioso entraba triunfalmente en el anfiteatro romano. Su entrada imponente era la culminación de una larga procesión de soldados hermosamente vestidos en cuyos rostros brillaba el triunfo, y un magnífico ballet en el cual ágiles danzantes con entusiasmo giraban para deleite de un auditorio al cual la grandeza misma del espectáculo imponía silencio. El aire de la noche estaba repleto de admirables armonías orquestales, suntuoso canto coral y el fragor de trompetas jubilosas. ¡Música triunfal! La vista que todo esto presentaba cautivaba al auditorio, y las vibrantes sonoridades que repletaban sus facultades auditivas lo sacudían de emoción.
Súbitamente la escena cambia a un lugar donde un auditorio de jóvenes, en su mayor parte muchachas adolescentes, está reunido en millares, gritando irrefrenablemente. Algunas tiemblan violentamente, otras sollozan, varias se desmayan y la mayoría de ellas están histéricas. Cuatro jóvenes de pelo largo en la plataforma tienen la atención de todos, y por encima de la barahúnda y confusión de sonidos se eleva la rítmica pulsación de las guitarras eléctricas y la batería.
La primera ocasión que se ha descrito era una función seria al aire libre de la ópera de Giuseppe Verdi “Aída,” en Verona, Italia. La segunda, una función por los Beatles en el Estadio Shea de la ciudad de Nueva York. Ambas demuestran a su propio modo el tremendo poder movedor de la música. No hay duda de que la música ejerce una poderosa influencia en la gente y despierta fuertes emociones, sean viles o nobles. Sí, esos millares de puntos que aparecen a través de las páginas de la música, cuando se traducen en sonido, producen una fuerza que el hombre ha reconocido por mucho tiempo.

Imaginaciones de los antiguos

Los escritores de tiempos antiguos abrigaban la idea supersticiosa de que la música podía hechizar a la gente. Muchas de sus leyendas reflejan esta creencia. Por ejemplo, de Orfeo se dijo que su ejecución musical era tan milagrosa que encantaba a animales, aves y árboles, y que hasta los ríos venían a escuchar sus melodías. Se supone que era hijo de Calíope, una de las nueve musas, diosas que los griegos pensaban que presidían las artes liberales, y de quienes obtenemos la palabra “música.” Cuando murió la esposa amada de Orfeo, Eurídice, él fue a buscarla, según la leyenda, al mundo de los muertos, y allí tocó tan hermosamente que el dios del averno la dejó salir.
Hay otros ejemplos de esta superstición en las fábulas griegas. Por ejemplo, del celoso y violento rey del mar, Tritón, se decía que calmaba las olas o las azotaba hasta darles furia tempestuosa simplemente con tocar su cuerno mágico, un caracol. Según la opinión común las sirenas eran doncellas marinas cuyo canto era tan cautivador que los marineros que pasaban eran atraídos por el poder de la música a su muerte contra las rocas. Sin embargo, un día, se dijo, Orfeo navegó por aquel lugar, tocando su laúd, y las sirenas se disgustaron tanto por haber sido eclipsadas que se ahogaron.
Debido a su gran impacto emocional, la religión falsa, en su mayor parte, ha dado gran énfasis al papel de la música en sus servicios de adoración, mientras que ha rebajado el papel de la mente. Los coros griegos eran parte integrante de las ceremonias antiguas griegas de religión, tal como las danzas rituales africanas son vitales en la adoración pagana de los africanos. El silbato de piedra y ciertos tambores se consideran sagrados en partes de África. Cuando se usa para tocar en los ritos, se supone que el tambor está habitado por los espíritus de la selva o el dios elefante.

Historia de la música

No hay duda de que la música y los grandes temas musicales eran conocidos entre los ángeles de Dios mucho antes de que empezara la historia humana. Sin embargo, es interesante notar que los primeros instrumentos para la música fueron fabricados para humanos por Jubal, descendiente de Caín. (Gén. 4:21) La necesidad de música que calmara el espíritu y ayudara a los hombres inicuos a olvidar los males se puso de relieve cuando Saúl exigió el servicio de David como arpista.—1 Sam. 16:14-23.
Los arqueólogos han sacado a luz bajorrelieves egipcios y decoraciones murales asirias en que se representa a compositores de música de tiempos muy primitivos. Continuamente se había de oír música vocal e instrumental en los palacios de Roma, y se dice que sus instrumentos costosos incluían flautas, liras enormes y órganos hidráulicos. A través de los siglos ha habido muchos cambios en la música, tanto hacia lo mejor como hacia lo peor. Aunque a algunas personas les gustaría pensar que esta era moderna ha avanzado mucho desde los tam-tams rítmicos de África, uno solo tiene que escuchar algunas de las composiciones que en la actualidad se consideran populares y queda transportado en la imaginación a la vida primitiva de la selva.

Expresión espontánea de la música

A pesar de que algunos abusan de este arte hoy, la música ocupa un lugar legítimo en la vida de los hombres. Piense en el estallido espontáneo de gozo cuando Moisés y su rebaño humano cantaron acerca de su liberación de Faraón de Egipto. Luego hubo el cántico de Débora y Barac, singularizando su gratitud a Jehová por el triunfo sobre sus enemigos. Recuerde, también, el canto conmovedor del rey David... su lamento a causa de la muerte de Saúl y su amigo Jonatán. Las Escrituras atribuyen a David el ser ‘un hombre diestro que toca el arpa.’—1 Sam. 16:16, 18; Éxo. 15:1-21; Jue. 5:1-31; 2 Sam. 1:17-27.
Sea que podamos tocar algún instrumento musical o no, la mayoría de nosotros disfrutamos de la música... obtenemos verdadera satisfacción de las diversas expresiones de la música. A menudo la música puede acrecentar la expresión oral. ¡Y hay una variedad tan extensa! Hay música para incitarnos a acción, música para calmar y arrullar, música para disminuir la tensión, música para bailar. Y las narraciones puestas en música ciertamente se graban con profundidad en los oyentes. Algunos cantan porque están felices, algunos porque están tristes y algunos porque el sonido del agua que corre en la tina de baño o en la regadera ha dado un acorde incitante.

¿Qué es la música?

Una cosa es cantar o tararear una tonada conocida sin saber nada acerca de la música escrita; otra cosa bastante diferente es leer y escribir música de modo que la melodía se pueda reproducir con exactitud. La escala tonal que conoce mejor el mundo occidental se llama la escala diatónica. Se divide en ocho notas que ascienden o descienden en cierto orden. Comenzando con “do”... hay dos intervalos enteros, luego medio intervalo, tres intervalos enteros y luego medio intervalo: do, re, mi, fa, sol, la, si, do. Estas notas pueden elevarse a un semitono, es decir, a medio intervalo (sostenidos) o bajarse medio intervalo (bemoles).
Al arreglar estas notas de cierta manera y alargar o acortar la duración de ciertas notas para que encajen en un ritmo en particular, se pueden producir aires incitantes o una melodía que persiste en la mente. La alteración del tono es lo que produce una tonada, como cualquiera puede saberlo si ha oído a alguien tocar una nota equivocada.
Los orientales a veces dividen la escala en veinticuatro intervalos o cuartos de tono. La mayoría de la música tradicional antigua tiene una escala de cinco notas como la música china y escocesa antigua.
Las tonadas se registran en música escrita usando puntitos con cortas líneas verticales unidas a ellos. Al colocar estos puntos a notas en diversas posiciones en una barra de cinco líneas horizontales, se indica la posición de cada nota en la escala. El usar diferentes clases de notas indica cuánto tiempo han de sostenerse.

Los instrumentos determinan el timbre

El tocar una melodía en diversos instrumentos da una variedad de timbres. Si optamos por tocar una melodía alegre con una flauta, el sonido será dulce y como de ave. Con el fagot, suena grave y llena y, sin duda, ¡divertida! Con la guitarra, su sonido quizás haga que uno quiera bailarla. Sí, se puede cambiar el timbre de esta línea melódica de puntitos con simplemente cambiar el instrumento que se use para tocarla.
Los diversos instrumentos se dividen en cuatro clases principales: de cuerda, de viento de madera, de metal y de percusión. En los instrumentos de cuerda el sonido se produce tocando las cuerdas con un arco o pulsándolas con los dedos. En la mayor parte de los instrumentos de viento de madera el sonido se produce soplando en una cámara hueca con la ayuda de lengüetas situadas en la boquilla. En los instrumentos de metal los labios son importantísimos para producir música. Los instrumentos de percusión, incluso el piano, el triángulo, los platillos y toda clase de tambores, son aquellos en los cuales está envuelta una acción percutiente o retumbante. Por supuesto, cada clase de instrumentos tiene una gran variedad dentro de sí.
Algunos de los instrumentos poco usuales son los cuernos hechos de conchas, los tambores parlantes de madera de África, el arpa ahorquillada con un güiro adherido que sirve de cámara sonora, y el “balafón,” un xilófono al estilo africano con hileras de güiros pequeños de diferentes tamaños colocados debajo para dar los tonos.
Sin embargo, uno de los mejores instrumentos es la voz humana. Aunque quizás no posea el gran alcance de varios otros instrumentos, con entrenamiento puede alcanzar intensidades mucho mayores de emoción y matices de sentimiento. Y su tema más digno es cantar las alabanzas de Aquel que creó al hombre y su voz maravillosa, el Dios cuyo nombre es Jehová.
En verdad la música es un don maravilloso, y como otros dones, cuando se utiliza apropiadamente, bendice al dador y al recipiente. Cuando se usa junto con la lengua para expresar lo que es bueno, verdadero, gozoso o edificante para la mente, entonces refleja algo de la gloria y majestad del único Dios verdadero, quien es digno de toda expresión musical de alabanza.

Publicado en ¡Despertad! del 22 de Enero de 1970