Escuela del Ministerio Teocrático ‒ Puntos Sobresalientes de Génesis 40 a 42

Referencias para la Escuela del Ministerio Teocrático

Programa de la Escuela del Ministerio Teocrático:


ss14 págs. 1-4 Programa de la Escuela del Ministerio Teocrático del año 2014
10 de mzo. Lectura de la Biblia: Génesis 40 a 42
Núm. 1: Génesis 41:1-16
Núm. 2: ¿Cómo llegan a vivir en la Tierra los demás de los muertos? (rs pág. 331 párr. 1–pág. 332 párr. 2)
Núm. 3: Abihú. La prominencia no es excusa para desobedecer (it-1 págs. 23, 24)

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Puntos Sobresalientes de Génesis 40 a 42


Génesis 41:14-16, 39, 40.
Jehová puede cambiar por completo las circunstancias de aquellos que le temen. Cuando sufrimos adversidades, es sabio depositar nuestra confianza en Jehová y serle fieles.
Durante su esclavitud en Egipto, José tuvo que aguantar las insinuaciones inmorales de la esposa de su amo. Enojada por su rechazo, ella lo acusó falsamente de tratar de violarla. Como consecuencia, José fue entregado “a la casa de encierro”, donde “con grilletes afligieron sus pies, en hierros entró su alma” (Génesis 39:7-20; Salmo 105:17, 18). ¡Qué angustioso debió de resultarle! Estuvo unos trece años de su vida esclavizado o preso debido a injusticias que otros, incluidos miembros de su propia familia, habían cometido contra él (Génesis 37:2; 41:46).

Génesis 40:8
En efecto, solo Jehová es capaz de aclarar el significado de las profecías, igual que un experto marino sabe desatar complicados nudos. Además, si fue Dios quien inspiró esas profecías, lo lógico es acudir a él para entenderlas. ¡Cuánta razón tenía José al atribuirle el mérito!

Génesis 40:8
La Biblia misma dice: “¿No pertenecen a Dios las interpretaciones?”. (Gén. 40:8.) Si en su estudio de las Escrituras hallan un pasaje que es difícil de entender, tienen que buscar hasta encontrar otros pasajes inspirados que aclaren el asunto. De esa manera dejan que la Biblia se interprete a sí misma, y hecho esto, procuran comprender “el modelo” de la verdad que se expone en la Palabra de Dios. (2 Tim. 1:13.) Jehová los conduce o guía a dicho entendimiento por medio de su espíritu santo. Pero para recibir la guía de ese espíritu tienen que cultivar su fruto, no contristarlo ni oponerse a él, y seguir respondiendo debidamente a su orientación. (Gál. 5:22, 23, 25; Efe. 4:30.) Además, al aplicar celosamente lo que aprenden, siguen fortaleciendo su fe y de ese modo consiguen un entendimiento cada vez más claro de cómo deben hacer la voluntad de Dios en un mundo del que no son parte. (Luc. 17:5; Fili. 1:9, 10.)

Génesis 41:37-55
¿Qué ocurrió durante esa prueba especialmente dura? “Jehová continuó con José y siguió extendiéndole bondad amorosa.” (Versículo 21a.) Un acto concreto de bondad amorosa dio inicio a una serie de sucesos que a la larga lo aliviaron de sus sufrimientos. Jehová le otorgó “hallar favor a los ojos del oficial principal de la casa de encierro” (versículo 21b). Como consecuencia, este funcionario le dio un puesto de responsabilidad (versículo 22). Luego, José conoció al hombre que con el tiempo hablaría de él a Faraón, el rey de Egipto (Génesis 40:1-4, 9-15; 41:9-14). Este, a su vez, lo nombró segundo gobernante del país, lo que resultó en que llevara a cabo una labor salvadora cuando el hambre azotó la tierra egipcia (Génesis 41:37-55). Los sufrimientos de José comenzaron cuando tenía 17 años, y duraron más de doce (Génesis 37:2, 4; 41:46). Pero durante todo ese período de angustia y aflicción, Jehová Dios le manifestó bondad amorosa protegiéndolo del desastre total y conservándolo con vida para que desempeñara una función privilegiada en el propósito divino.

Génesis 41:14, 15, 39-45, 50-52
Llegó el día en que se hallaron solos en la casa. La esposa de Potifar se aferró a José y exclamó: “¡Acuéstate conmigo!”. Él huyó, y ella, por despecho, lo acusó de intentar violarla. ¿Qué consecuencias tuvo aquello? ¿Recompensó Jehová inmediatamente aquel proceder íntegro? No. José acabó en prisión y sujeto con grilletes (Génesis 39:12-20; Salmo 105:18). Jehová observó aquella injusticia, y con el tiempo lo ensalzó sacándolo de la cárcel para ponerlo en un palacio. José llegó a ser la segunda persona más poderosa de Egipto, y fue bendecido con una esposa y con hijos (Génesis 41:14, 15, 39-45, 50-52). Además, el relato de su integridad se puso por escrito hace tres mil quinientos años, para beneficio de los siervos de Dios que han vivido desde entonces. Su obediencia a las justas leyes divinas se vio recompensada con magníficas bendiciones. Hoy, de igual manera, no siempre veremos los beneficios inmediatos de un proceder de integridad moral, pero podemos estar seguros de que Jehová lo ve y nos bendecirá al debido tiempo (2 Crónicas 16:9).

Gén. 41:16, 33, 34
Los siervos de Dios de tiempos bíblicos se aseguraban de que sus hijos aprendieran las normas básicas de cortesía en el hogar. Fíjese en la amabilidad y cariño con que Abrahán e Isaac se dirigieron el uno al otro en Génesis 22:7. En el caso de José también se hizo patente que sus padres lo habían educado bien, pues cuando estuvo encarcelado fue cortés incluso con los demás prisioneros (Gén. 40:8, 14). Y su manera de dirigirse al faraón demuestra que había aprendido cómo comportarse ante personas de alto rango (Gén. 41:16, 33, 34).

Génesis 41:16, 38, 39
Jehová también empleó el espíritu santo para iluminar a su pueblo. Así, por este medio capacitó a José para interpretar los sueños proféticos de Faraón (Génesis 41:16, 38, 39). Igualmente, se valió de su fuerza activa con el objeto de revelar sus propósitos a los humildes y ocultarlos a los orgullosos (Mateo 11:25). Por ello, el apóstol Pablo dijo lo siguiente sobre lo que Jehová ha hecho a favor de “los que lo aman”: “Es a nosotros a quienes Dios [lo] ha revelado mediante su espíritu” (1 Corintios 2:7-10). En efecto, solo podemos comprender bien la voluntad divina con la ayuda del espíritu santo.

Núm. 1: Génesis 41:1-16


Núm. 2: ¿Cómo llegan a vivir en la Tierra los demás de los muertos? (rs pág. 331 párr. 1–pág. 332 párr. 2)

rs pág. 331 párr. 1–pág. 332 párr. 2 Resurrección
Rev. 20:4-6: “Vi tronos, y hubo quienes se sentaron sobre ellos, y se les dio poder para juzgar. Sí, vi las almas de los que fueron ejecutados con hacha por el testimonio que dieron de Jesús y por hablar acerca de Dios [...] Y llegaron a vivir y gobernaron como reyes con el Cristo por mil años. (Los demás de los muertos no llegaron a vivir sino hasta que fueron terminados los mil años.) Esta es la primera resurrección. Feliz y santo es cualquiera que tiene parte en la primera resurrección; sobre éstos no tiene autoridad la muerte segunda, sino que serán sacerdotes de Dios y del Cristo, y gobernarán como reyes con él por los mil años.”
En NM y NBE se usa el paréntesis para ayudar al lector a conectar lo que viene tras la declaración en paréntesis con lo que la precede. Como se dice claramente, no son “los demás de los muertos” los que participan de la primera resurrección. Esa resurrección es para los que gobiernan con Cristo durante los mil años. ¿Significa eso que nadie más de entre la humanidad vivirá durante los mil años excepto los que gobiernen en el cielo con Cristo? No; porque, si así fuera, eso significaría que no habría personas a favor de las cuales ellos hubieran de servir como sacerdotes, y que su dominio sería sencillamente un planeta desolado.
Entonces, ¿quiénes, son “los demás de los muertos”? Son los de la humanidad que han muerto como resultado del pecado adámico y los que, aunque sobreviven a la gran tribulación o tal vez nacen durante el Milenio, necesitan que se les libere de los efectos mortíferos de dicho pecado. (Compárese con Efesios 2:1.)
¿En qué sentido es que no ‘llegan a vivir’ sino hasta el fin de los mil años? Esto no significa su resurrección. Este ‘llegar a vivir’ implica mucho más que el sencillamente existir como humanos. Significa obtener la perfección humana, libre de todos los efectos del pecado adámico. Observe que la referencia a esto en el Rev 20 versículo 5 se halla inmediatamente después que el versículo anterior dice que los que están en el cielo “llegaron a vivir”. En el caso de ellos significa vida sin ninguno de los efectos del pecado; hasta se les otorga el favor especial de la inmortalidad (1 Cor. 15:54). Entonces, para “los demás de los muertos”, esto debe significar plenitud de vida en perfección humana.

Núm. 3: Abihú. La prominencia no es excusa para desobedecer (it-1 págs. 23, 24)

it-1 págs. 23, 24 Abihú
ABIHÚ
(Él Es Padre).
Uno de los cuatro hijos que Aarón tuvo de su esposa Eliseba. Los otros tres fueron: Nadab, Eleazar e Itamar. (Éx 6:23; 1Cr 6:3; 24:1.) Nació en Egipto, y como era el segundo hijo de Aarón, para el tiempo del éxodo ya sería un hombre maduro, pues su padre tenía entonces ochenta y tres años. (Nú 33:39.)
Puesto que Nadab y Abihú eran los hijos mayores, Jehová les permitió que acompañaran a su padre y a setenta de los ancianos de Israel al monte Sinaí para ver de lejos una magnífica visión de la gloria de Dios. (Éx 24:1, 9-11.) Jehová honró a los hijos de Aarón nombrándolos sacerdotes para que sirvieran junto con su padre, el sumo sacerdote, y decretando que de entre ellos saldría el sucesor de Aarón. Tendrían que llevar trajes talares sacerdotales y prendas para cubrir la cabeza “para gloria y hermosura”. Moisés había de “ungirlos y llenarles la mano de poder y santificarlos” para su servicio a Dios. (Éx 28:1, 40-43.) El sacerdocio llegaría a ser de ellos “como estatuto hasta tiempo indefinido”. (Éx 29:8, 9.)
A partir de entonces, siempre se les incluyó en las instrucciones divinas acerca del sacerdocio y sus funciones. (Éx 29:10-46; 30:26-38.) Además, Dios les inculcó enfáticamente, no solo a ellos, sino a toda la nación, la importancia vital de respetar la santidad de todo aquello que tenía que ver con Su adoración, como el altar para el incienso y otros accesorios. Su vida dependía de que respetaran las regulaciones divinas.
Un año después del comienzo del éxodo, llegó el tiempo para erigir el tabernáculo e instalar el sacerdocio (1512 a. E.C.). La nación entera se congregó delante de la entrada de la tienda de reunión para las ceremonias de instalación, y vio a Aarón, Abihú y sus hermanos, lavados y con sus trajes y turbantes, recibir el ungimiento como sacerdotes de Dios para representar a la nación delante de Él. Después de aquello, los sacerdotes recién ungidos permanecieron en la entrada de la tienda de reunión durante siete días para completar su instalación y, como dijo Moisés, para “llenarles la mano de poder”. “Y Aarón y sus hijos procedieron a hacer todas las cosas que Jehová había mandado por medio de Moisés.” (Le 8:1-3, 13-36.)
Al octavo día Aarón empezó a oficiar con la ayuda de Abihú y sus hermanos. (Le 9:1-24.) Ellos fueron testigos de la gloriosa manifestación de la presencia de Dios. Pero, probablemente antes que terminara el día, el relato dice que “Nadab y Abihú [...] tomaron y llevaron cada uno su braserillo y pusieron en ellos fuego y sobre él colocaron incienso, y empezaron a ofrecer delante de Jehová fuego ilegítimo, que él no les había prescrito. Con esto salió un fuego de delante de Jehová y los consumió, de modo que murieron ante Jehová”. (Le 10:1, 2.) Por orden de Moisés los primos de Aarón sacaron del campamento los cadáveres. Dios mandó que ni su padre ni los restantes hermanos manifestaran pesar por el hecho de que se les hubiera cortado así de la congregación. (Le 10:4-7.)
Inmediatamente después, Dios advirtió a Aarón que ni él ni sus hijos usaran licor embriagante mientras sirvieran en el tabernáculo, ‘para que no murieran’. Con relación al Le 10 versículo nueve, The Pentateuch and Haftorahs (edición de J. H. Hertz, Londres, 1972, pág. 446), dice: “Los rabinos relacionaron el incidente de Nadab y Abihú con este mandato contra los licores embriagantes antes de oficiar en el Santuario”. Así que es posible que el grave pecado de estos hombres estuviera relacionado con la embriaguez, si bien la verdadera causa de su muerte fue que violaron un requisito de Dios para la adoración pura al ofrecer “fuego ilegítimo, que él no les había prescrito”.
Dios otorgó un gran honor a Abihú, quien disfrutó de mucha prominencia ante toda la nación durante un corto espacio de tiempo; pero bien haya sido por ambición, por engreimiento o por una actitud frívola hacia las instrucciones divinas, sus privilegios duraron muy poco y murió sin hijos. (Nú 3:2-4; 26:60, 61; 1Cr 24:1, 2.)