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Escuela del Ministerio Teocrático Semana del 23 de junio ‒ Puntos Sobresalientes de Levítico 10 a 13

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Referencias para la Escuela del Ministerio Teocrático

Programa de la Escuela del Ministerio Teocrático: Semana del 23 de junio


ss14 págs. 1-4 Programa de la Escuela del Ministerio Teocrático del año 2014

23 de jun. Lectura de la Biblia: Levítico 10 a 13
Núm. 1: Levítico 12:1–13:8
Núm. 2: La verdad sobre la veneración de reliquias e imágenes de “santos” (rs pág. 352 párr. 3–pág. 353 párr. 5)
Núm. 3: Habla injuriosa. Jehová detesta el habla injuriosa (it-1 pág. 1073–pág. 1074 párr. 1)
w14 15/4 págs. 1-2 Índice

23-29 DE JUNIO DE 2014
¡Ánimo! Jehová lo ayudará
PÁGINA 22 • CÁNTICOS: 22 Y 95
ws14 15/4 págs. 1-2 Índice

23-29 DE JUNIO DE 2014
¡Ánimo! Jehová lo ayudará
PÁGINA 21 • CÁNTICOS 22 Y 95


Puntos sobresalientes del libro de Levítico 10 a 13


Respuestas a preguntas bíblicas:

10:1, 2. ¿Qué puede haber implicado el pecado de Nadab y Abihú, los hijos de Aarón? Poco después de que Nadab y Abihú obraron impropiamente al efectuar sus deberes sacerdotales, Jehová prohibió a los sacerdotes que usaran vino o licor embriagante mientras servían en el tabernáculo (Levítico 10:9). Eso da a entender que los dos hijos de Aarón tal vez estaban bajo los efectos del alcohol durante la ocasión aquí mencionada. Sin embargo, la razón por la que murieron fue porque ofrecieron “fuego ilegítimo, que [Jehová] no les había prescrito”.

Lecciones para nosotros:

10:1, 2. Hoy día, los siervos de Jehová responsables tienen que cumplir con los requisitos divinos. Además, no deben ser insolentes al encargarse de sus obligaciones.
10:9. Nadie debe realizar deberes que le haya dado Dios si está bajo los efectos del alcohol.

Respuestas a preguntas bíblicas:

12:2, 5. ¿Por qué se volvía “inmunda” la mujer como resultado del parto? Los órganos reproductivos fueron hechos para transmitir vida humana perfecta. No obstante, en vista de los efectos heredados del pecado, lo que se transmitió fue vida imperfecta y pecaminosa. Los períodos temporales de ‘inmundicia’ relacionados con el parto, así como la menstruación y las emisiones seminales, recordaban esta herencia pecaminosa (Levítico 15:16-24; Salmo 51:5; Romanos 5:12). Las disposiciones reglamentarias de purificación ayudaban a los israelitas a comprender la necesidad de un sacrificio redentor para cubrir el pecado de la humanidad y devolverle la perfección. Por eso, la Ley llegó a ser su “tutor que [los condujo] a Cristo” (Gálatas 3:24).

Lecciones para nosotros:

11:45. Jehová Dios es santo y exige que quienes le rinden servicio sagrado sean santos. Deben vivir con santidad y permanecer física y espiritualmente limpios (2 Corintios 7:1; 1 Pedro 1:15, 16).
12:8. Jehová permitía que los pobres presentaran como ofrenda de sacrificio pájaros en lugar de una oveja, que era más costosa, lo que demuestra que él es considerado con los pobres.

Lev. 10:16-20
Preguntas de los lectores
¿Por qué se indignó Moisés con Eleazar e Itamar, los hijos de Aarón, después de la muerte de sus hermanos Nadab y Abihú, y cómo se aplacó la cólera del profeta? (Lev. 10:16-20.)
Poco después de establecer en su cargo a los sacerdotes que oficiarían en el tabernáculo, Jehová ejecutó a Nadab y Abihú, hijos de Aarón, por haberle ofrecido “fuego ilegítimo” (Lev. 10:1, 2). Moisés les prohibió a los otros dos hijos de Aarón, Eleazar e Itamar, que hicieran duelo por sus hermanos. No mucho después, se indignó con ellos porque no habían comido del macho cabrío que se dio como ofrenda por el pecado (Lev. 9:3). ¿Por qué reaccionó así?
La Ley que Jehová dio a Moisés mandaba que el sacerdote que presentara una ofrenda por el pecado comiera parte de ella en el patio de la tienda de reunión. Se consideraba que de este modo respondía por los pecados de quienes ofrecían el sacrificio. Sin embargo, no debía participar de la ofrenda si parte de la sangre del sacrificio se había llevado al Santo, el primer compartimento del santuario. En este caso, la ofrenda tenía que quemarse (Lev. 6:24-26, 30).
Debido a los trágicos sucesos que tuvieron lugar aquel día, parece que Moisés quiso asegurarse de que se hubieran obedecido todos los mandamientos divinos. Al enterarse de que se había quemado el macho cabrío de la ofrenda por el pecado, les preguntó indignado a Eleazar e Itamar por qué habían desobedecido las instrucciones y no habían comido parte del sacrificio, algo que debieron haber hecho en vista de que la sangre no se había presentado ante Jehová en el Santo (Lev. 10:17, 18).
Quien le respondió a Moisés fue Aarón, probablemente porque Eleazar e Itamar habían actuado así con su autorización. Como sus otros dos hijos habían sido ejecutados, puede que él se preguntara si ese día los sacerdotes podían participar con buena conciencia de la ofrenda por el pecado. Quizás pensó que a Jehová no le habría agradado que lo hicieran, aunque en realidad no eran culpables de la conducta de Nadab y Abihú (Lev. 10:19).
Lo más probable es que Aarón razonara que como aquel era el primer día en que los miembros de su familia desempeñaron sus labores sacerdotales, deberían haberlo hecho con especial cuidado para complacer a Dios hasta en los más mínimos detalles. Sin embargo, Nadab y Abihú profanaron el nombre de Jehová, lo que les acarreó la ira divina. Aarón debe haber concluido que los otros sacerdotes no podían participar de una ofrenda santa, pues eran familia de los culpables.
Está claro que Moisés aceptó la explicación de Aarón, pues el relato señala: “Cuando Moisés llegó a oír aquello, entonces resultó satisfactorio a sus ojos” (Lev. 10:20). Y, por lo visto, Jehová también quedó satisfecho con la respuesta de Aarón.

Lev. 10:1-6
16 Aarón, el hermano de Moisés, se enfrentó a una situación parecida con dos de sus hijos, Nadab y Abihú. Jehová los castigó con la muerte por haber cometido la grave ofensa de ofrecerle incienso de forma impropia. ¡Qué doloroso debió de ser para su padre saber que nunca más volvería a verlos, hablarles ni estar con ellos! Pero eso no fue todo. Aarón y sus demás hijos recibieron la orden divina de evitar las muestras de duelo acostumbradas: “No vayan a dejar sus cabezas desaseadas, y no deben rasgar sus prendas de vestir, para que no mueran ustedes y para que no se indigne [Dios] contra toda la asamblea” (Lev. 10:1-6). De este episodio extraemos una clara lección: nuestro amor a Jehová siempre debe estar por encima de nuestro amor a un familiar, y más aún si no se arrepiente de sus pecados.

Lev. 11:44
7 Cuando dedicamos nuestra vida a Jehová, lo hicimos sin reservas. En otras palabras, le prometimos ponerlo a él en primer lugar al enfrentarnos a cualquier situación (léase Hebreos 10:7). Sin duda, fue la mejor opción que pudimos tomar. Y de seguro hemos visto que si nos esforzamos por determinar qué desea Dios que hagamos en cada situación y luego lo llevamos a la práctica, los resultados son siempre excelentes (Isa. 48:17, 18). Somos un pueblo santo y alegre porque reflejamos las cualidades de nuestro divino Instructor (Lev. 11:44; 1 Tim. 1:11).

Lev. 10:1, 2
12 El rey David cantó a Jehová: “Que mi oración esté preparada como incienso delante de ti” (Sal. 141:2). Pausemos un momento y reflexionemos: ¿Cómo es mi comunicación con Dios? ¿Es frecuente? ¿Es de calidad? El libro de Revelación muestra que Jehová acepta “las oraciones de los santos” como si fueran incienso, ya que se elevan ante él como un dulce aroma (Rev. 5:8). Recordemos que antes les había exigido a los israelitas que el incienso que quemaban a diario en el altar estuviera cuidadosamente elaborado, siguiendo una fórmula precisa. Si no se ajustaba a sus especificaciones, lo rechazaba (Éxo. 30:34-37; Lev. 10:1, 2). ¿Qué nos enseña lo anterior? Si queremos que Jehová acepte nuestras oraciones sinceras, tenemos que formularlas como él desea.

Levítico 11:13, 15
“Reparen en los cuervos.” Así se tituló el discurso de Michael Burnett, quien fue misionero y ahora es uno de los profesores de este curso. Explicó que todos, en algún momento, nos sentiremos preocupados o incluso angustiados. Entonces debemos recordar el consejo de Jesús: “Reparen en los cuervos, que ni siembran ni siegan, [...] y sin embargo Dios los alimenta” (Lucas 12:24). Según la Ley mosaica, estas aves eran animales impuros; en otras palabras, los israelitas no debían comerlas. Incluso debían verlas como una “cosa asquerosa” (Levítico 11:13, 15). A pesar de todo esto, Dios las alimentaba. El hermano Burnett concluyó: “Cuando se enfrenten a situaciones angustiosas, piensen en los cuervos. Si Dios cuida de estos animales a los que se consideraba impuros y asquerosos, ¡cuánto más los cuidará a ustedes, siervos puros ante sus ojos!”.

Levítico 13:47-52
Sin duda, la lepra ya existía en Oriente Medio en tiempos bíblicos, pues la Ley mosaica ordenaba poner en cuarentena a los leprosos (Levítico 13:4, 5). Ahora bien, el término hebreo original que se traduce “lepra” (tsa•ra′ʽath) no solo se aplicaba a esta enfermedad. También se utilizaba para referirse a una “plaga verde amarillenta o rojiza” que afectaba la ropa y los edificios. Cuando aparecía en una prenda de lana o de lino o en un objeto de piel, a veces bastaba con lavarlos para eliminarla. Pero si la plaga no desaparecía, había que quemar la prenda o el objeto (Levítico 13:47-52). En las casas, la plaga aparecía en las paredes en forma de “depresiones verdes amarillentas o rojizas”. En este caso, había que quitar la parte infectada y mantenerla alejada de la gente. Si la lepra reaparecía, se demolía el edificio y se destruían los materiales (Levítico 14:33-45). Hay quienes creen que la lepra que afectaba la ropa y las casas era lo que hoy se conoce como mildiu o moho. Sin embargo, no se puede afirmar con toda seguridad.

Levítico 12:1-6
¿Por qué bajo la Ley mosaica se consideraba que ciertas funciones sexuales naturales hacían “inmunda” a la persona?
Dios creó el sexo tanto para la reproducción de la raza humana como para el disfrute de las parejas casadas (Génesis 1:28; Proverbios 5:15-18). No obstante, en los capítulos 12 a 15 de Levítico encontramos leyes detalladas respecto a la inmundicia atribuible a las emisiones de semen, la menstruación y el parto (Levítico 12:1-6; 15:16-24). Dichas leyes, que se dieron al antiguo Israel, fomentaban un estilo de vida saludable y defendían valores morales elevados. Además, enfatizaban la santidad de la sangre y la necesidad de expiar los pecados.
No obstante, la cuestión fundamental en los tipos de inmundicia relacionados con las funciones sexuales era el flujo o pérdida de sangre. Las leyes de Jehová respecto a la sangre grababan en la mente de los israelitas no solo la santidad de esta, sino también el lugar especial que ocupaba en la adoración de Jehová, a saber, en los sacrificios y en la expiación de pecados (Levítico 17:11; Deuteronomio 12:23, 24, 27).


Núm. 1: Levítico 12:1–13:8


Núm. 2: La verdad sobre la veneración de reliquias e imágenes de “santos” (rs pág. 352 párr. 3–pág. 353 párr. 5)

rs pág. 352 párr. 3–pág. 353 párr. 5 Santos
La New Catholic Encyclopedia admite lo siguiente: “Por tanto, es inútil buscar en el Antiguo Testamento una justificación al culto de las reliquias; tampoco se presta mucha atención a las reliquias en el Nuevo Testamento. [...] Parece que [el “padre” de la Iglesia] Orígenes consideró esta práctica como una señal pagana de respeto a un objeto material” (1967, tomo XII, págs. 234, 235).
Es notable que Dios enterró a Moisés, y ningún ser humano descubrió jamás dónde estaba su tumba (Deu. 34:5, 6). Pero Judas 9 nos informa que el arcángel Miguel disputó con el Diablo en cuanto al cuerpo de Moisés. ¿Por qué? El propósito de Dios de disponer del cuerpo de tal manera que ningún ser humano supiera dónde hallarlo había sido claramente expresado. ¿Deseaba el Adversario dirigir a humanos a aquel cuerpo para que fuera exhibido y tal vez llegara a ser objeto de veneración?
Respecto a la veneración de imágenes de los “santos”, véase, entre las secciones principales de este manual, la titulada “Imágenes”.
¿Por qué se representa con nimbos (halos, aureolas) a los “santos” católicos?
La New Catholic Encyclopedia admite: “El atributo más común, que se aplica a todos los santos, es el nimbo (nube), una forma luminosa definida que rodea la cabeza del santo. Sus orígenes se remontan a una época precristiana, y se encuentran ejemplos de esto en el arte helénico de inspiración pagana; el halo se usaba, como lo muestran los mosaicos y las monedas, para representar a semidioses y divinidades como Neptuno, Júpiter, Baco y especialmente Apolo (dios del Sol)” (1967, tomo XII, pág. 963).
The New Encyclopædia Britannica dice: “En el arte helénico y romano, Helios el dios solar y los emperadores romanos aparecen frecuentemente con una corona de rayos. Debido a sus orígenes paganos, esta forma se evitó en el arte cristiano primitivo, pero los emperadores cristianos adoptaron un sencillo nimbo circular para sus retratos oficiales. Desde mediados del siglo cuarto se mostró también a Cristo con este atributo imperial [...] no fue sino hasta el siglo sexto cuando se hizo costumbre usar el halo para la Virgen María y otros santos” (1976, Micropædia, tomo IV, pág. 864).
¿Es apropiado mezclar el cristianismo con el simbolismo pagano?
“¿Acaso podría convivir la Luz con las tinieblas y haber armonía entre Cristo y Satanás? ¿Qué unión puede haber entre un creyente y uno que no cree?; el Templo de Dios no tiene que ver con los ídolos, y nosotros somos el Templo de Dios que vive. [...] Salgan de en medio de ellos y apártense, dice el Señor. No toquen nada impuro y yo los veré con agrado. Yo seré un padre para ustedes, que pasarán a ser mis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.” (2 Cor. 6:14-18, NBL.)

Núm. 3: Habla injuriosa. Jehová detesta el habla injuriosa (it-1 pág. 1073–pág. 1074 párr. 1)

it-1 pág. 1073–pág. 1074 párr. 1 Habla injuriosa
HABLA INJURIOSA
La palabra griega original bla•sfē•mí•a y el verbo bla•sfē•mé•ō se usan con referencia a lenguaje denigrante, calumniador e injurioso. Como se indica en el artículo BLASFEMIA, la palabra griega bla•sfē•mí•a tiene un significado más amplio que la palabra española “blasfemia”. En español el término se aplica preferentemente a expresiones injuriosas contra Dios o contra cosas sagradas. (Mt 12:31.) A este respecto, cuando la Versión Cantera-Iglesias hace un comentario sobre la palabra bla•sfē•mí•a en Efesios 4:31, menciona que aplica a “todo lenguaje abusivo contra Dios y sus cosas [...]; o bien, simplemente, ‘mal lenguaje’, ‘maledicencia’”.
Por ello, aunque algunas traducciones (CI, Scío, Val y otras) utilizan los términos “blasfemia” y “blasfemar” en pasajes como el de Hechos 18:6, Colosenses 3:8, 1 Timoteo 6:1 y Tito 2:5, otras, con el fin de aclarar el sentido, emplean en esos mismos casos expresiones como “calumnia”, “insulto”, “palabra injuriosa”, “maledicencia”, “habla injuriosa”, “hablar mal”, “hablar perjudicialmente”, “hablar injuriosamente”, “maldecir” “denigrar” y similares. (Véanse BI, NBE, NM, NVI y otras.)
Cuando Jesús fue fijado al madero, los que pasaban lo injuriaban, diciendo: “¡Bah! Tú, supuesto derribador del templo y edificador de él en tres días, sálvate bajando del madero de tormento”. Uno de los dos malhechores que había a su lado se expresó en términos semejantes. (Mr 15:29, 30; Mt 27:39, 40; Lu 23:39.) Pablo y sus compañeros cristianos también fueron objeto de injurias por parte de quienes cuestionaban su propósito, mensaje y conciencia cristiana (Hch 18:6; Ro 3:8; 14:16; 1Co 10:30; 1Pe 4:4); sin embargo, no se esperaba que ellos ‘hablasen perjudicialmente de nadie’, como tampoco daba pie su conducta a que nadie hablara injuriosamente de su labor o mensaje. (Ef 4:31; Col 3:8; 1Ti 6:1; Tit 2:5; 3:2; compárese con 2Pe 2:2.) Ni siquiera los ángeles “presentan contra ellos acusación en términos injuriosos, lo cual no hacen por respeto a Jehová”. (2Pe 2:11.) No obstante, sí cabe esperar tal habla de quienes practican conducta relajada, son orgullosos y están mentalmente enfermos sobre cuestiones y debates, y de los que desatienden con falta de respeto los nombramientos de Dios. (1Ti 6:4; 2Pe 2:10-12; Jud 8-10.)
El término correspondiente en las Escrituras Hebreas es ga•dháf. Aunque originalmente debió referirse a daño físico violento, se usa en sentido figurado con el significado de “hablar injuriosamente”, es decir, hacer daño con palabras. (Nú 15:30; 2Re 19:6; Eze 20:27.) La palabra hebrea na•qáv, cuyo significado primario es “horadar; traspasar” (2Re 12:9; 2Re 18:21), tiene el sentido de blasfemar en el relato del hijo de una mujer israelita que había ‘injuriado’ el nombre de Jehová. (Le 24:11, 16.) Este es un caso de habla áspera o grosera dirigida contra Jehová o contra su pueblo. Un estudio del contexto aclara la naturaleza del “habla injuriosa”. (Véanse EXECRAR; INJURIA; INVOCACIÓN DE MAL.)

Referencias consultadas en: Watchtower Library 2013 CD‒ROM

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