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Repaso de la Escuela del Ministerio Teocrático Octubre 2014

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Repaso de la Escuela del Ministerio Teocrático: información para el estudio personal


Las siguientes preguntas se analizarán en la Escuela del Ministerio Teocrático la semana del 27 de octubre de 2014.

1. ¿Por qué se quejaron los israelitas contra Dios y Moisés, como relata Números 21:5, y de qué nos advierte este relato? [1 de sept., w99 15/8 págs. 26, 27.]

^ (Núm. 21:5) Y el pueblo siguió hablando contra Dios y Moisés: “¿Por qué nos han hecho subir de Egipto para morir en el desierto? Pues no hay pan y no hay agua, y nuestra alma ha llegado a aborrecer el pan despreciable”.

^ ***w99 15/8 págs. 26-27 Beneficiémonos del “grano del cielo”***
Algo fundamental que tenían que aprender era que “no solo de pan vive el hombre, sino que de toda expresión de la boca de Jehová vive el hombre” (Deuteronomio 8:3). Si Dios no hubiera proporcionado el maná, el pueblo habría muerto de hambre, como ellos mismos reconocieron (Éxodo 16:3, 4). Este alimento recordaba diariamente a los israelitas agradecidos que dependían totalmente de Jehová, y de este modo se les humillaba. Una vez que estuvieran en la rica Tierra Prometida, sería menos probable que se olvidasen de Jehová y de que dependían de él.
Al igual que los israelitas, los cristianos deben ser conscientes siempre de que dependen de Dios para satisfacer las necesidades básicas de la vida, tanto las físicas como las espirituales (Mateo 5:3; 6:31-33). En respuesta a una de las tentaciones del Diablo, Jesucristo citó las palabras de Moisés que se encuentran en Deuteronomio 8:3 cuando dijo: “Está escrito: ‘No de pan solamente debe vivir el hombre, sino de toda expresión que sale de la boca de Jehová’” (Mateo 4:4). En efecto, los verdaderos adoradores de Dios se alimentan al leer las expresiones de Jehová que se hallan en su Palabra. Además, su fe se fortalece cuando experimentan los efectos beneficiosos de estas expresiones en su vida al andar con Dios y poner los intereses del Reino en primer lugar.
Los seres humanos imperfectos pueden perder el interés en las cosas que se hacen rutinarias, aun cuando estas reflejen el interés amoroso de Jehová. Por ejemplo, la provisión sobrenatural de maná asombró y complació a los israelitas al principio, pero con el tiempo, muchos se quejaron. “Nuestra alma ha llegado a aborrecer el pan despreciable”, gimieron irrespetuosamente, indicando así que habían empezado a “alejarse del Dios vivo” (Números 11:6; 21:5; Hebreos 3:12). Por tanto, su forma de actuar nos sirve como “amonestación de nosotros a quienes los fines de los sistemas de cosas han llegado” (1 Corintios 10:11).
¿Cómo podemos tomar a pecho dicha amonestación? Un modo de hacerlo es no permitiendo nunca que las enseñanzas bíblicas o las provisiones que recibimos a través del esclavo fiel y discreto lleguen a ser para nosotros algo común y corriente (Mateo 24:45). Una vez que empezamos a dar por sentadas las dádivas de Jehová o a aburrirnos de ellas, nuestra relación con él comienza a enfriarse.
Con razón, Jehová no nos inunda con un constante flujo de verdades nuevas y emocionantes, sino que más bien arroja luz sobre su Palabra de manera gradual, poco a poco (Proverbios 4:18). Esto le permite a su pueblo asimilar y poner en práctica lo que va aprendiendo. Jesús siguió el ejemplo de su Padre al enseñar a sus primeros discípulos. Les explicó la Palabra de Dios “hasta el grado que podían escuchar”, o “entender”, según lo traducen algunas versiones (Marcos 4:33; compárese con Juan 16:12).
Profundicemos nuestro agradecimiento por las provisiones de Dios
Jesús también empleó la repetición. La mente, por supuesto, puede comprender enseguida cierto punto —por ejemplo, un principio bíblico—, pero tomarlo a pecho y hacer que forme parte de la “nueva personalidad” cristiana puede llevar un poco más de tiempo, especialmente si los viejos hábitos y actitudes mundanos están muy arraigados (Efesios 4:22-24). Este fue, sin duda, el caso de los discípulos de Jesús en lo que tenía que ver con vencer el orgullo y cultivar la humildad. Jesús tuvo que enseñarles humildad en numerosas ocasiones, presentando cada vez la misma idea básica pero desde una perspectiva diferente para que la hicieran suya, como finalmente sucedió (Mateo 18:1-4; 23:11, 12; Lucas 14:7-11; Juan 13:5, 12-17).
En la actualidad, las reuniones cristianas y las publicaciones Watch Tower imitan el ejemplo de Jesús y también emplean la repetición bien pensada. Por tanto, considerémosla una expresión del interés amoroso de Dios en nosotros y nunca nos cansemos de lo que recibimos, a diferencia de los israelitas, que se cansaron del maná. De hecho, si nos esforzamos pacientemente por asimilar los recordatorios que Jehová nos proporciona con regularidad, percibiremos su buen fruto en nuestra vida (2 Pedro 3:1). Tener una actitud agradecida demuestra realmente que estamos ‘captando el sentido’ de la Palabra de Dios tanto con el corazón como con la mente (Mateo 13:15, 19, 23). A este respecto, contamos con el buen ejemplo del salmista David, quien, a pesar de no tener la variedad de alimento espiritual que nosotros recibimos hoy, dijo que las leyes de Jehová eran “más dulces [...] que la miel, y la miel que fluye de los panales” (Salmo 19:10).
“Maná” que imparte vida eterna
“Yo soy el pan de la vida —dijo Jesús a los judíos—. Los antepasados de ustedes comieron el maná en el desierto y sin embargo murieron. [...] Yo soy el pan vivo que bajó del cielo; si alguien come de este pan vivirá para siempre; [...] el pan que yo daré es mi carne a favor de la vida del mundo.” (Juan 6:48-51.) El pan literal, o maná, ni impartió ni puede impartir vida eterna. Pero aquellos que ponen fe en el sacrificio de rescate de Jesús disfrutarán en su día de esa bendición (Mateo 20:28).
La mayoría de los que se beneficien del rescate de Jesús vivirán para siempre en una Tierra paradisíaca. “Una gran muchedumbre” —prefigurada por la “vasta compañía mixta” de extranjeros que se unieron a los israelitas en su éxodo de Egipto— sobrevivirá a la venidera “gran tribulación”, que eliminará la maldad de la Tierra (Revelación [Apocalipsis] 7:9, 10, 14; Éxodo 12:38). Aquellos a quienes prefiguraron los israelitas disfrutarán de una recompensa aún mayor. El apóstol Pablo dijo que estos, 144.000 en total, formarían el Israel espiritual de Dios. Su recompensa al morir es la resurrección a la vida en el cielo, donde Jesús les dará una clase especial de maná (Gálatas 6:16; Hebreos 3:1; Revelación 14:1).

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