domingo, mayo 26, 2013

Cómo los chinos reciben el Año Nuevo

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POR lo general, cada nación tiene alguna fiesta que considera más importante que otras. Para los chinos, el Año Nuevo lunar es una de esas fiestas. Por miles de años los chinos han considerado el Año Nuevo la época más festiva de todas.
Aunque los chinos adoptaron oficialmente el calendario gregoriano en 1912, el año nuevo solar del 1 de enero de ninguna manera es tan popular como el año nuevo lunar. Por ejemplo, en el año nuevo solar la mayoría de las empresas y las oficinas solo tienen un día libre, pero durante la fiesta del Año Nuevo lunar cierran por tres o cuatro días, algunas hasta por una semana. El año nuevo lunar chino cae en la primera luna nueva después que el Sol entra en la casilla zodiacal de Acuario, que puede ser en cualquier tiempo desde el 21 de enero hasta el 19 de febrero.

Preparativos para la fiesta

El entusiasmo de los chinos por esta celebración excede hasta el que demuestran los occidentales por la Navidad. La gente comienza a prepararse para ella con un mes de anticipación. Aun familias de pocos recursos gastan mucho dinero efectuando compras que consideran necesarias para la celebración. Puesto que se da énfasis a lo nuevo, a la gente le gusta comprar ropa nueva. En Hong Kong la gente tiene la costumbre de comprar zapatos nuevos, y todas las zapaterías tienen un tremendo movimiento comercial durante la semana que precede al año nuevo.
Una fecha preparatoria importante para la celebración es el 24 de diciembre del calendario lunar. Muchos chinos creen que en este día el Dios de la Cocina regresa al cielo para entregar un informe al emperador Jade, del cual se cree que es responsable de los galardones y el castigo. Puesto que se cree que el dios encargado de la cocina es un enviado del emperador Jade, la gente quiere conquistar su favor, esperando que él esconda sus acciones malas y solamente hable acerca de las acciones buenas cuando entregue su informe. Por eso, para conseguir su favor, limpian cabalmente su altar que está sobre la estufa y le ofrecen pasteles y dulces. Hasta queman papel moneda para ayudar al Dios de la Cocina a pagar sus gastos de viaje, o queman un caballo de papel para que viaje en él. Otros dan otro paso. Opinando que no es bastante seguro el simplemente sobornar al Dios de la Cocina, tratan de emborrachar al dios para asegurarse de que no rinda un mal informe acerca de ellos. Hacen esto sumergiendo en vino un retrato del Dios de la Cocina. A medianoche lo despiden con un estallido de petardos o triquitraques. Desean que él “envíe un buen informe al cielo y proclame paz a la Tierra.”
Unos días antes del año nuevo, los mercados están más atestados que de costumbre, pues todos van a comprar alimento extra para la comida especial y para los días de fiesta del Año Nuevo, un tiempo durante el cual se cierran los mercados. A la gente también le gusta comprar flores para la temporada festiva. Es tiempo en que están en flor los narcisos, de modo que se ve a muchos buhoneros vendiendo bulbos de narcisos en el mercado. Los capullos de melocotón y los árboles de mandarina en miniatura también son muy populares. El color que más se ve en este tiempo del año es el rojo brillante, que se considera un color de felicidad.

La fiesta

A medianoche se encienden triquitraques por todas partes, dando la bienvenida al año nuevo. Durante los siguientes días el sonido de los petardos o triquitraques se oye casi constantemente. Sin embargo, en 1968 el pueblo de Hong Kong probablemente disfrutó de su primer Año Nuevo sin alboroto. El gobierno proscribió los triquitraques, puesto que los comunistas locales habían estado usando la pólvora de los triquitraques para hacer bombas.
Además de ser ocasión para reuniones familiares, el Año Nuevo también es ocasión para visitar a amigos y parientes. En los dos primeros días del nuevo año se ve a familias enteras que van de lugar en lugar visitando. Además de regalos, llevan un abastecimiento generoso de paquetes rojos con diversas cantidades de dinero para distribuirlos a los niños. Se comprende que estos paquetes rojos son muy populares entre los niños, pues esto les suministra algún dinero para comprar dulces y juguetes. En teoría, cualquier persona no casada tiene derecho a recibir paquetes rojos, pero en la práctica muy pocos adultos solteros los aceptan.
Cuando llegan visitantes se les ofrecen confituras y semillas de melón. A veces también se les invita a beber algún jugo dulce y a comer unos pasteles de Año Nuevo. Aunque a los niños les gusta mucho esa hospitalidad, a menudo los adultos la consideran con menos entusiasmo. Después de banquetear con tanta abundancia de alimento suculento por unos cuantos días, la gente con frecuencia padece de indigestión.
Según la costumbre, la gente evita el hacer visitas el tercer día del año nuevo, porque cree que el hacerlo los hará reñir con sus amigos durante el año. Aunque muchos ya no creen en esto, la mayoría todavía acata esta costumbre, porque les da la oportunidad de descansar un poco después de haber pasado dos días haciendo visitas.
El séptimo día del año nuevo se considera un día importante. Se llama “El cumpleaños de todos.” Según una costumbre antigua, el primer día del año nuevo se considera el cumpleaños del gallo, el segundo día el del perro, a éste siguen los cumpleaños de los cerdos, las cabras, el ganado vacuno, los caballos, y el séptimo día se asigna al hombre.
Es costumbre de los cantoneses reunirse para otra comida familiar en este séptimo día. Así termina la primera fase de la celebración del Año Nuevo. Aunque en el pasado la celebración seguía hasta el día quince, la vida activa que lleva la gente ahora rara vez les permite continuar todo ese tiempo. De hecho, en muchas tiendas se vende en el cuarto día.
Además de asignar un cumpleaños general para cada uno de los animales ya mencionados, los chinos también usan doce diferentes animales para representar sus años. Estos son: las ratas, el ganado vacuno, los tigres, los conejos, los dragones, las culebras, los caballos, los carneros, los monos, los gallos, los perros y los cerdos. Para determinar a qué animal corresponde el año, se parean dos juegos de cifras chinas, uno de los cuales consta de doce cifras y el otro de diez. Según este cálculo, 1969 fue el año de los gallos y 1970 es el año de los perros.
A los adivinadores les gusta hacer conjeturas según estos diversos animales en cuanto a si en cierto año vendrán bendiciones o mal. El año de 1967 fue el año de los carneros y se suponía que sería un año muy propicio, pero ese año Hong Kong sufrió los peores motines de su historia.

Énfasis al dinero y a la buena suerte

Aquí en Hong Kong el saludo más popular de Año Nuevo es “Kung hei fat choy,” que significa “Que tenga usted buena suerte y riquezas.” Parece que la gente en general considera las riquezas materiales el mayor éxito y la más deseada meta en la vida. De hecho, en muchas comunidades de la China se considera al quinto día del año nuevo el día del Dios del Dinero. Ese día la gente recibe al Dios del Dinero en sus casas con ofrendas de incienso y sacrificios, esperando que esto les traiga prosperidad en el año nuevo. Hace años, en la ciudad de Shanghai, la gente solía quedarse despierta toda la noche de la víspera del regreso del Dios del Dinero para encender petardos en muestra de buena acogida.
Como uno pudiera esperar por el saludo popular, muchas de las costumbres del Año Nuevo están estrechamente relacionadas con la suerte. Algunas personas religiosas ofrecen incienso en el templo como esfuerzo por obtener buena suerte en el nuevo año. También ofrecen allí alimento, y luego se llevan a casa el alimento y se lo dan a los niños a comer, creyendo que esto les traerá buena suerte. También, muchos evitan el usar cualesquier instrumentos filosos, como cuchillos y tijeras, durante la fiesta del Año Nuevo, pensando que éstos podrían cortar su buena suerte. Muchos colocan letreros de buena suerte sobre sus puertas.
Puesto que los chinos se preocupan tanto por la buena suerte durante el año nuevo, algunas religiones se han aprovechado de la situación. En algunas casas se pueden ver linternas que penden sobre la puerta y dentro del hogar. En las linternas hay escritos varios dichos, tales como “Sean prósperos en todas las cosas.” Estas linternas se compran en templos taoístas o santuarios budistas. En realidad, muchos templos de Hong Kong tienen una subasta de linternas y obtienen suficientes fondos para sostenerse el resto del año. Puesto que las linternas se venden a los mejores postores, algunas personas pagan más de cien dólares por una, esperando recibir las bendiciones que se prometen en los dichos de la linterna.
También durante la fiesta de Año Nuevo hay ciertos tabúes que están estrechamente relacionados con la suerte. Por ejemplo, muchas personas no barren el piso durante esta fiesta, puesto que temen barrer la buena suerte y echarla de sus hogares. Todo trabajo de barrer se efectúa antes de la víspera de Año Nuevo. No solo eso; cualquiera que sí barre el polvo tiene cuidado de cómo lo hace; tiene que barrerse hacia adentro, para no barrer de la casa la buena suerte. Por eso, desde que se le da la bienvenida al Dios del Dinero, hasta el saludo tradicional del Año Nuevo, y hasta cuando se barren los pisos, se puede discernir que el deseo de enriquecerse figura de manera prominente en la celebración china del Año Nuevo.

Una deducción incorrecta

No hay nada de malo en que uno espere que el año nuevo traiga mayor felicidad. Sin embargo, ¿llega la felicidad con las riquezas? El énfasis que la fiesta china del Año Nuevo pone en el dinero y la suerte da a entender eso. Pero la evidencia claramente muestra que no necesariamente es así. De hecho, aunque las riquezas no son malas en sí, el deseo de enriquecerse es muy perjudicial. Como indica la confiable Santa Biblia: “El amor al dinero es raíz de toda suerte de cosas perjudiciales, y haciendo esfuerzos por realizar este amor algunos han sido descarriados de la fe y se han acribillado con muchos dolores.”—1 Tim. 6:10.
En consecuencia, la fiesta china del Año Nuevo no dirige a la persona a la verdadera fuente de la felicidad. Porque esa fuente no es el dinero ni la suerte, sino que es el Dios verdadero que está en el cielo, Jehová.

Publicado en ¡Despertad! del 22 de Abril de 1970

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