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EL Holocausto

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INTRODUCCIÓN

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Pasaje a los campos de la muerte

A medida que los nazis conquistaban países europeos durante la II Guerra Mundial, millones de judíos eran asesinados o recluidos en campos de concentración. Cuando concluyó el conflicto, los nazis habían eliminado a más de seis millones de judíos.
Hulton Deutsch

Holocausto (del griego, holo, ‘total’; y kaio, ‘quemar’), término que hacía referencia originalmente a un rito religioso en el que se incineraba una ofrenda, pero que en la actualidad remite a cualquier desastre humano de gran magnitud, y especialmente, cuando se emplea como nombre propio, se refiere a la política de exterminio de los judíos residentes en Europa llevada a cabo por la Alemania gobernada por el nacionalsocialismo.
A lo largo del siglo XIX la comunidad judía fue mejorando su situación y consiguió en gran medida equiparar sus derechos a los de los demás ciudadanos en la mayoría de los países europeos. Pese a ello, este pueblo era perseguido en ocasiones por grupos antisemitas y ultranacionalistas. Lo cierto es que algunos de estos sectores consideraban que los judíos eran una raza extranjera que no podía integrarse dentro de la cultura europea, aunque nunca llegaron a emprender una campaña política organizada. Véase también Pogromo; Antisemitismo.

LA PERSECUCIÓN DE LOS JUDÍOS DE ALEMANIA EN LA ÉPOCA ANTERIOR A LA II GUERRA MUNDIAL

Cuando el régimen nacionalsocialista (nazi) alcanzó el poder en Alemania en enero de 1933, adoptó de inmediato medidas sistemáticas contra los judíos, considerados ajenos a la raza aria. Uno de los primeros decretos promulgados fue una definición del término ‘judío’. La religión de los antepasados era un rasgo fundamental en esta caracterización. Todo el que tuviera tres o cuatro abuelos judíos era considerado como tal automáticamente, sin que se tuviera en cuenta ni si este individuo era miembro de la comunidad religiosa judía ni su lugar de nacimiento. A aquéllos que fueran descendientes de judíos por parte de uno de sus progenitores sólo se les consideraba totalmente judíos si ellos mismos pertenecían a esta religión o habían contraído matrimonio con un miembro que la profesara. Los que tenían algún pariente judío o un único abuelo de esta religión eran llamados mischlinge (‘semiraza’). Este énfasis en el origen familiar se entendía como una afirmación de la ‘raza’ según la doctrina nazi, pero el propósito principal de estas clasificaciones era delimitar claramente a quien afectaban las leyes discriminatorias.

La ‘arianización’ de la vida económica

Desde 1933 hasta 1939, el partido nazi, los organismos gubernamentales, los bancos y los comercios aunaron sus esfuerzos para eliminar a los judíos de la vida económica. Aquéllos que no pertenecían a la raza aria no tenían derecho a ocupar cargos en la administración, y los abogados y médicos judíos perdieron a su clientela aria. Algunas empresas judías se disolvieron, otras fueron confiscadas por el Estado o vendidas a un precio inferior a su valor a otras compañías que no pertenecían a miembros de la comunidad judía ni eran dirigidas por ellos. La transferencia contractual de empresas judías a los nuevos propietarios alemanes recibía el nombre de ‘arianización’. Los ingresos procedentes de las ventas, así como los ahorros de los judíos estaban supeditados a impuestos especiales. Los empleados judíos de los negocios disueltos o arianizados perdían sus puestos de trabajo.

La Noche de los cristales rotos

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La Noche de los cristales rotos

Durante la Noche de los cristales rotos (Kristallnacht) se quemaron sinagogas y se destrozaron los escaparates de los comercios judíos en toda Alemania. Muchos judíos huyeron del país después de este pogromo, una respuesta al asesinato de un diplomático alemán a manos de un judío.
UPI/THE BETTMANN ARCHIVE

El objetivo que se proponía el régimen nazi era la emigración de los judíos. En noviembre de 1938, después de que un joven judío asesinara a un diplomático alemán en París, todas las sinagogas de Alemania fueron incendiadas, se destrozaron los escaparates de los comercios judíos y se arrestó a miles de ellos. Este suceso, conocido como la Noche de los cristales rotos (Kristallnacht), fue la señal para que la población judía de Alemania y Austria abandonara estos países con la mayor rapidez posible. Varios cientos de miles de judíos encontraron refugio en otras naciones, otros muchos, con menos posibilidades económicas, permanecieron para hacer frente a un futuro incierto.

LA OCUPACIÓN DE POLONIA

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En esta interactividad están recogidos los principales hitos de la II Guerra Mundial en sus distintos frentes y espacios geográficos.
© Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

Cuando comenzó la II Guerra Mundial en septiembre de 1939, el Ejército alemán ocupó la mitad occidental de Polonia, con lo que casi dos millones de judíos polacos cayeron bajo la esfera de poder alemana. Las restricciones que se aplicaron a los judíos polacos fueron mucho más duras que las padecidas por los judíos alemanes. Se les obligó a trasladarse a guetos rodeados por muros y alambradas, con una administración propia muy limitada que recordaba a los campos de concentración. Cada gueto contaba con un consejo judío que se encargaba de organizar el alojamiento, la sanidad y la producción. Se les proporcionaba alimentos y carbón, y los productos manufacturados se enviaban fuera del recinto. Sin embargo, el suministro de comida que permitían los alemanes consistía principalmente en cereales y algunas verduras y hortalizas (nabos, zanahorias y remolacha principalmente). La ración oficial del gueto de Varsovia no alcanzaba las 1.200 calorías por persona. Surgió un mercado negro de alimentos introducidos de contrabando, pero los precios de las mercancías eran elevados y el desempleo y la pobreza estaban muy extendidos. En las casas llegaban a vivir de seis a siete personas en cada habitación, y el tifus era habitual entre la población.

LA INVASIÓN DE LA URSS

Mientras la población polaca era internada en guetos, el Ejército emprendió una acción a gran escala en el frente oriental. En junio de 1941, los ejércitos alemanes invadieron la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), a la vez que la Oficina Principal de Seguridad del Reich (un organismo dependiente de la policía y de la milicia del partido nazi, conocida como las SS) enviaba 3.000 hombres de las unidades especiales para eliminar a todos los judíos que se encontraran en el territorio recientemente ocupado. Estos destacamentos móviles, llamados Einsatzgruppen (‘grupos de acción’), no tardaron en llevar a cabo ejecuciones en masa. Las matanzas solían realizarse en fosas o barrancos próximos a las ciudades o pueblos. En algunas ocasiones eran presenciadas por soldados o habitantes de la zona. Los rumores de estos asesinatos masivos habían llegado a varias capitales del mundo mucho antes de que hubiera testigos de las mismas.

LA ‘SOLUCIÓN FINAL’

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Mapa de los campos de concentración

Durante las décadas de 1930 y 1940, los dirigentes nazis alemanes crearon 22 campos de concentración donde encarcelaron a judíos, gitanos, homosexuales, comunistas, eslavos y otros grupos. El trabajo, los fusilamientos, los gases o las inyecciones letales habían acabado con más de cuatro millones de prisioneros al final de la guerra. Este mapa muestra la ubicación de los campos de concentración más importantes y las fronteras actuales.
© Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

Un mes después de que comenzaran las acciones de los grupos móviles en el territorio ocupado de la URSS, el dirigente nazi y jefe de la Aviación alemana, Hermann Wilhelm Goering, envió un comunicado al jefe de la Oficina Principal de Seguridad del Reich, Reinhard Heydrich, encomendándole la organización de la “solución final para la cuestión judía” en toda la Europa dominada por los alemanes. Se obligó a los judíos residentes en Alemania a llevar distintivos o brazaletes con una estrella amarilla a partir de septiembre de 1941. Decenas de miles fueron deportados a los guetos de Polonia y a las ciudades conquistadas en la URSS a lo largo de los siguientes meses. Pero cuando esta medida ya se había puesto en marcha, se creó un nuevo método de exterminio: los campos de concentración.
En Polonia se construyeron campos equipados con instalaciones de gases. La mayoría de las futuras víctimas eran deportadas a estos centros de muerte desde los guetos cercanos. Más de 300.000 judíos procedentes únicamente del gueto de Varsovia fueron eliminados. Los primeros transportes solían llevar a mujeres, niños o ancianos, y, en general, a la población que no podía trabajar. Los judíos que podían ser empleados como mano de obra permanecían en talleres o fábricas, pero acababan siendo ejecutados. Las deportaciones más numerosas se produjeron en el verano y otoño de 1942. El destino de estos traslados no era comunicado a los consejos judíos de los guetos, pero las noticias de los asesinatos en masa fueron llegando a oídos de los supervivientes y de los gobernantes de Estados Unidos y Gran Bretaña. En abril de 1943 los 65.000 judíos que aún permanecían en Varsovia se sublevaron contra la policía alemana, que había entrado en el gueto para realizar nuevos envíos. La lucha duró tres semanas.

Deportaciones

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Anne Frank

En 1933, Anne Frank y su familia, todos ellos judíos, huyeron de Alemania por temor a la persecución nazi y se establecieron en los Países Bajos. Tras la invasión alemana de este país, en 1942, permanecieron dos años escondidos en una pequeña habitación de un edificio de Amsterdam. Durante ese tiempo, eludieron su captura por las fuerzas de ocupación nacionalsocialistas pero, finalmente, en 1944, fueron descubiertos y arrestados. Anne fue enviada a un campo de concentración, donde murió al año siguiente. Su famoso Diario, en el que la joven dejó constancia de lo acaecido en el periodo en el que sobrevivió oculta con su familia, sería encontrado más tarde en la propia habitación que les sirvió de hogar y refugio.
Anne Frank Fonds/Basel/Anne Frank House/Getty Images

Las deportaciones que se llevaron a cabo en toda la Europa ocupada por los alemanes generaron multitud de conflictos políticos y administrativos. Dentro de la propia Alemania se produjo un fuerte debate sobre el destino de los mischlinge, a los que finalmente se respetó. Se emprendieron negociaciones diplomáticas para efectuar deportaciones en algunos de los países aliados con Alemania, como los estados satélite de Eslovaquia y Croacia. El gobierno francés de Vichy, que ya había puesto en vigor algunas leyes antisemitas, comenzó a encarcelar a los judíos incluso antes de que los alemanes lo solicitaran. El gobierno fascista italiano se negó a cooperar con los nazis hasta que Italia fue ocupada por fuerzas alemanas en septiembre de 1943; la misma actitud adoptó el gobierno húngaro, por lo que los alemanes invadieron el país en marzo de 1944. Rumania, pese a haber sido responsable de varias ejecuciones en masa de judíos en los territorios ocupados de la URSS, también se negó a entregar su población judía a Alemania. En la Dinamarca ocupada numerosos daneses colaboraron para salvar de una muerte segura a los judíos que se encontraban en el país y les enviaron a Suecia, que era un Estado neutral, en miles de pequeñas embarcaciones.
Los alemanes se apropiaban de todas las posesiones de los deportados siempre que les era posible. En Alemania se confiscaron las cuentas bancarias y propiedades de los judíos, y el mobiliario de los pisos de familias judías de la Francia ocupada, Bélgica y Países Bajos se envió a Alemania para ser distribuido entre las personas cuyas casas habían sido bombardeadas.
El transporte de víctimas a los campos de la muerte solía hacerse por ferrocarril, y la policía tenía que abonar al sistema ferroviario alemán el precio de un billete de ida de tercera clase por cada deportado. Cuando se había cargado a mil personas en un tren, se aplicaba una tarifa de grupo por la cual sólo era preciso pagar la mitad del importe. Los trenes, formados por vagones de mercancías, se desplazaban lentamente siguiendo horarios especiales. Los enfermos y los ancianos solían fallecer durante el trayecto.

Los campos de la muerte

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Recuerdo de Auschwitz, Polonia

En Oświęcim, en el sur de Polonia, estuvo emplazado el mayor campo de concentración de la Alemania nazi. El campo, llamado Auschwitz, fue utilizado dentro del plan de exterminio de Adolf Hitler, pensado para eliminar a los judíos y a los miembros de otras minorías étnicas, como los romanís. Muchos prisioneros murieron en las cámaras de gas, otros fueron fusilados, ahorcados, envenenados o sometidos a experimentos médicos. Otras personas murieron a causa de enfermedades e inanición, o por el trabajo extenuante en las fábricas. Hoy el campo de concentración de Auschwitz, declarado Patrimonio de la Humanidad, es utilizado como museo conmemorativo.
Philippe Giraud/Good Look/Corbis

Los puntos de destino en Polonia eran Kulmhof (Chelmno), Belzec, Sobibor, Treblinka, Lublin y Auschwitz. Kulmhof, situado al noroeste del gueto de Łódź, contaba con furgones de gas, y el número de personas que perdieron allí la vida fue de unas 150.000. Belzec disponía de cámaras de gas de monóxido de carbono en las que fueron asesinados 600.000 judíos aproximadamente, procedentes en su mayoría de la populosa zona de Galitzia. Las cámaras de gas de Sobibor pusieron fin a la vida de más de 250.000 personas, y las de Treblinka de 700.000 a 800.000. En Lublin murieron gaseados o fusilados unos 50.000 judíos. El número de víctimas de Auschwitz fue superior a un millón.
Auschwitz, próximo a Cracovia, fue el mayor campo de exterminio. El gas empleado en este lugar, a diferencia del de otros campos, era era cianuro de hidrógeno y producía una muerte rápida. Las víctimas de Auschwitz procedían de toda Europa: Noruega, Francia, Países Bajos, Italia, Alemania, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Yugoslavia, Grecia y España, en este último caso principalmente republicanos españoles exiliados tras la Guerra Civil (1936-1939). Una gran parte de los presos de estos países, incluso aquéllos que no eran judíos, fueron empleados como mano de obra en industrias; algunos prisioneros fueron sometidos a experimentos médicos, sobre todo a esterilizaciones. Aunque lo habitual era que sólo se gaseara a los judíos y los gitanos, varios cientos de miles de personas internadas en este campo murieron a causa del hambre, de las enfermedades o las ejecuciones. Se construyeron enormes crematorios para incinerar los cuerpos de las víctimas y borrar las huellas del exterminio. Auschwitz fue fotografiado por aviones de reconocimiento aliados que buscaban objetivos industriales, y en 1944 se destruyeron las fábricas pero no las cámaras de gas.

LAS CONSECUENCIAS DEL HOLOCAUSTO

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Campos de concentración

Durante la II Guerra Mundial, los nazis hicieron prisioneros a más de 7 millones de personas (en su mayoría judíos europeos) y los confinaron en 22 campos de concentración. Algunos fueron asesinados por pelotones de fusilamiento, otros murieron de inanición o como resultado de experimentos llevados a cabo por doctores y científicos alemanes. La mayoría murió en las cámaras de gas. En 1945, cuando las fuerzas aliadas liberaron los campos, encontraron miles de cadáveres sin enterrar. La mayoría de los supervivientes padecía enfermedades o desnutrición.
Archive Photos

Cuando la guerra terminó millones de judíos, eslavos, gitanos, homosexuales, testigos de Jehová, comunistas y otros grupos habían fallecido en el Holocausto. Más de 5.000.000 de judíos fueron asesinados: unos 3.000.000 en centros de exterminio y en campos de trabajo, 1.400.000 en los fusilamientos masivos, y más de 600.000 en los guetos (se estima que el número de víctimas fue casi de 6.000.000). Las potencias victoriosas se vieron fuertemente presionadas para fundar en Palestina una patria permanente para los judíos sobrevivientes, y la creación del Estado de Israel, tres años después de la derrota alemana, resultó ser otra consecuencia del Holocausto. Como lo fue la acuñación del concepto ‘crímenes de guerra contra la humanidad’ en el Derecho internacional, resultado de cuya aplicación numerosos dirigentes nazis responsables del Holocausto fueron condenados, y algunos ejecutados, al finalizar la contienda por un tribunal de guerra internacional celebrado en Nuremberg (Alemania), dentro de los juicios por crímenes de guerra tristemente más famosos de la historia reciente de la humanidad.
 

Holocausto judío (Shoah)

El término 'holocausto' posee una segunda acepción en sentido figurado, que es la que hoy más comúnmente se usa: “Gran matanza de seres humanos, en general”; sin embargo, la voz, con este valor, nos lleva automáticamente a un holocausto determinado: la catástrofe judía del siglo XX (la que en hebreo se dice Shoah), que solemos escribir con mayúscula. Las bases remotas de esta tragedia sin igual hemos de buscarlas en las profundidades del antisemitismo decimonónico, característico del centro y este de Europa; de hecho, si el holocausto judío (desde aquí, Holocausto) es recordado como un fenómeno propiamente germánico, en él participaron activamente, de forma oficial o no, otras naciones en las que el antisemitismo era también muy profundo. En su tarea de destrucción de las juderías que encontraron a su paso durante la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas de las SS alemanas encontraron el apoyo de parte de la población cuando no de las mismas autoridades en naciones como Rumanía, Lituania, Letonia, Bielorrusia o Ucrania; al mismo tiempo, Hitler supo sacar partido del tradicional antisemitismo de otros países bálticos o centroeuropeos. La gran masacre fue gestándose con el advenimiento de los nazis al poder, acaecido el 30 de enero de 1933, y se desarrolló con especial intensidad durante los años de la Segunda Guerra Mundial, que acabó oficialmente el 8 de mayo de 1945.

La virulencia antisemita del Partido Nacional Socialista formaba parte de sus bases programáticas desde que se publicaran en 1920, por lo que no hubo que esperar a la victoria de 1933 para saber cuál sería su posición respecto de los judíos residentes en Alemania; sin embargo, el panorama fue haciéndose cada vez más turbio debido a la penetración de la ideología nazi entre el pueblo y su implantación general en Alemania, al convertirse indiscutiblemente en la primera fuerza política y en un verdadero fenómeno de masas. Un momento crucial fue la implantación de las Leyes de Nuremberg el 15 de septiembre de 1935, donde se establecía que ningún judío pudiera tener la ciudadanía alemana; otro momento especialmente célebre fue la "Noche de los Cristales Rotos" (Krristallanacht), entre el 9 y el 10 de noviembre de 1938. La situación empeoró brusca y progresivamente desde la invasión de Polonia, el 1 de septiembre de 1939, lo que supuso la declaración de guerra inmediata por parte de Francia y Gran Bretaña.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial fue determinante para que el plan de Hitler de barrer a los judíos de toda Europa se extendiese hasta los últimos confines orientales del Continente, en su encuentro con Asia. El dictador perseguía esclavizar a todos los pueblos eslavos, desde la cercana Polonia hasta Rusia, y utilizarlos como fuerza de trabajo bruto al servicio de la pujante Alemania; por otra parte, al elemento judío sólo le reservaba la aniquilación. Si en una primera fase, antes del estallido de la Guerra, Alemania apostó por la expulsión de los judíos de su territorio, tras la invasión de Checoslovaquia se decidió que la única solución posible del Problema Judío era la que se denominó oficialmente (de ahí el empleo de las mayúsculas en ambos casos) la Solución Final o Total (Gesamtloesung); para ello, Hitler, y con él todo su gobierno, apeló a varios métodos, como el trabajo hasta la extenuación, los fusilamientos masivos o, en último término, las tristemente célebres cámaras de gas.

Para desarrollar tan terrible plan, que también alcanzaría a otras etnias (eslavos o gitanos) o grupos (enfermos mentales, homosexuales y comunistas), era decisivo contar con centros destinados a tal fin. Ello indujo a la creación de campos de concentración de características diversas: desde simples campos de trabajo hasta auténticas factorías de la muerte. La deportación hacia esos centros comenzó mucho antes de que estallara la guerra; sin embargo, sólo la guerra animó a eliminar a los judíos de toda Europa, dándoles la muerte in situ o deportándolos hacia los numerosos campos de concentración localizados en distintos puntos de Europa. Los judíos fueron a dichos enclaves desde Francia por el oeste y desde Rusia por el este; desde los Países Bálticos por el norte y Grecia por el sur; su destino estaba, por lo general, en campos ubicados en territorios pertenecientes a las actuales Alemania, Lituania, Ucrania y, especialmente, Polonia. De los primeros campos de deportación, donde los judíos estuvieron inicialmente concentrados, se pasó a auténticos mataderos para hombres, a la manera de algunos campos ubicados en Polonia, como Sobibor, Treblinka o Auschwitz.

La historia del Holocausto puede y debe seguirse, por diversas razones, incluso más allá del último día de la Segunda Guerra Mundial, el 8 de mayo de 1945. En primer lugar, cabe recordar que la tragedia continuó para muchos judíos que osaron regresar a sus lugares de origen y que pagaron el retorno con su vida, pues el sentimiento antijudío de las gentes en nada se había aplacado tras el ocaso de Hitler, por cuanto era de diferente raigambre; la prolongación del Holocausto ha sido una realidad derivada también de la memoria siempre viva de sus víctimas, así como de la persecución y enjuiciamiento de los responsables del Holocausto en todo el mundo (con el grupo de Simon Wiesenthal a la cabeza). Acabada la Guerra, las marcas del genocidio judío se curaron parcialmente con la búsqueda y encuentro de familiares o con la recuperación de parte de los bienes incautados; a tal efecto, desde finales de 1996 se ha iniciado el rastreo de los depósitos y cuentas bancarias congelados en los principales bancos suizos y se ha seguido la ruta del oro robado a los judíos y empleado como moneda por los nazis en todo el mundo. Realmente, la única experiencia positiva que los judíos han extraído del Holocausto es de signo providencialista y mesiánico, ya se observe desde una perspectiva laica o religiosa; en unos pocos años, la vieja comunidad judía ha ido desde el peor de todos los periodos de su historia a la mejor situación posible: apenas salidos de los campos de concentración, los judíos asistieron emocionados al nacimiento del estado de Israel, hecho por el que todos sienten hoy un especial orgullo.

En definitiva, el Holocausto fue el resultado de la suma de millones de tragedias individuales que nos presentan todos los dolores que pueda imaginar la mente humana; esa hecatombre supuso la práctica aniquilación de la gran judería europea, la muerte de unos seis millones de judíos, cifra que sólo puede compararse con el total de entre veinte y veintidós millones de caídos en la Unión Soviética (entre los que hay que contar, no lo olvidemos, a unos dos millones de judíos rusos), aunque su muerte se derivó mayoritariamente del avance del frente del este (y del desprecio que los nazis sentían por los pueblos eslavos, claro está) y sólo en segundo término de su deportación masiva hacia campos de exterminio. El impacto del Holocausto es aún hoy tremendo en la memoria de la comunidad judía de todo el mundo, que ronda los quince millones de almas: raro es quien no ha perdido algún miembro de su familia, por no decir grupos familiares enteros, en aquella tragedia; por ello, en el calendario judío se ha incluido una nueva fiesta de recuerdo de los caídos, en el 27 de Nisan de acuerdo con su calendario, día que se dice de Recuerdo del Holocausto o Yom ha-Sho’ah. El nacimiento del estado de Israel en 1948 fue, como se ha dicho, en buena medida el resultado del desastre de la gran judería europea durante la Segunda Guerra Mundial
 
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