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Texto Diario - Semana del 2 de febrero

Examinando las Escrituras Diariamente 2015 con textos bíblicos

Lunes 2 de febrero

Tendrán que ser como Dios, conociendo lo bueno y lo malo (Gén. 3:5).

Al tentar a Eva, Satanás insinuó que Jehová la estaba privando de algo maravilloso. Le dijo que el día que probara el fruto del “árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo” llegaría a ser “como Dios, conociendo lo bueno y lo malo” (Gén. 2:17). Con estas palabras, le dio a entender que ella podía independizarse de Jehová. Al parecer, el orgullo la impulsó a creerse aquella mentira. Pensando que no moriría, Eva comió del fruto. ¡Qué equivocada estaba! A diferencia de Eva, ¡qué magnífico ejemplo de humildad nos dejó Jesús! En una de las tentaciones, Satanás le propuso que hiciera algo que impresionara a otros y pusiera a prueba a Jehová, pero Jesús sabía que aquello sería una clara muestra de orgullo. Por eso respondió sin rodeos: “Dicho está: ‘No debes poner a prueba a Jehová tu Dios’” (Luc. 4:9-12). w13 15/8 4:11, 12

(Gén. 3:5) Porque Dios sabe que en el mismo día que coman de él tendrán que abrírseles los ojos y tendrán que ser como Dios, conociendo lo bueno y lo malo”.
(Gén. 2:17) Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás”.
(Luc. 4:9-12) Entonces lo condujo a Jerusalén y lo apostó sobre el almenaje del templo y le dijo: “Si eres hijo de Dios, échate abajo desde aquí; 10 porque está escrito: ‘A sus ángeles dará encargo acerca de ti, que te conserven’, 11 y: ‘Te llevarán en sus manos, para que nunca des con tu pie contra una piedra’”.12 Respondiendo, Jesús le dijo: “Dicho está: ‘No debes poner a prueba a Jehová tu Dios’”.

Martes 3 de febrero

Jonás siguió proclamando y diciendo: “Solo cuarenta días más, y Nínive será derribada” (Jon. 3:4).

Jehová les dio a los habitantes de Nínive, la capital asiria, la oportunidad de escuchar su advertencia. Le dijo a Jonás: “Levántate, ve a Nínive la gran ciudad, y proclama contra ella que la maldad de ellos ha subido delante de mí”. Nínive sería destruida (Jon. 1:1, 2; 3:1-3). Ahora bien, cuando Jonás declaró ese mensaje, “los hombres de Nínive empezaron a poner fe en Dios, y procedieron a proclamar un ayuno y a ponerse saco, desde el mayor de ellos aun hasta el menor de ellos”. Su rey “se levantó de su trono y quitó de sí su prenda de vestir oficial y se cubrió de saco y se sentó en las cenizas”. Como los ninivitas hicieron caso de la advertencia y se arrepintieron, Jehová les perdonó la vida (Jon. 3:5-10). w13 15/6 4:9, 10

(Jon. 3:4) Finalmente Jonás comenzó a entrar en la ciudad por distancia de un día de camino, y siguió proclamando y diciendo: “Solo cuarenta días más, y Nínive será derribada”.
(Jon. 1:1, 2) Y la palabra de Jehová empezó a ocurrirle a Jonás hijo de Amitai, diciendo: 2 “Levántate, ve a Nínive la gran ciudad, y proclama contra ella que la maldad de ellos ha subido delante de mí”.
(Jon. 3:1-3) Entonces la palabra de Jehová le ocurrió a Jonás por segunda vez, y dijo: 2 “Levántate, ve a Nínive la gran ciudad, y proclámale la proclamación que te voy a hablar”. 3 Ante aquello, Jonás se levantó y fue a Nínive según la palabra de Jehová. Ahora bien, resultaba que Nínive misma era una ciudad grande ante Dios, con distancia de tres días de camino.
(Jon. 3:5-10) Y los hombres de Nínive empezaron a poner fe en Dios, y procedieron a proclamar un ayuno y a ponerse saco, desde el mayor de ellos aun hasta el menor de ellos. 6 Cuando la palabra llegó al rey de Nínive, entonces él se levantó de su trono y quitó de sí su prenda de vestir oficial y se cubrió de saco y se sentó en las cenizas. 7 Además, mandó que se hiciera el pregón, e hizo que este se dijera en Nínive, por el decreto del rey y sus grandes, diciendo: “Ningún hombre ni animal doméstico, ninguna vacada ni rebaño, debe probar cosa alguna en absoluto. Ninguno debe tomar alimento. Ni siquiera agua deben beber. 8 Y que se cubran de saco, hombre y animal doméstico; y que clamen a Dios con fuerza y se vuelvan, cada uno, de su mal camino y de la violencia que había en sus manos. 9 ¿Quién hay que sepa si el Dios [verdadero] se vuelva y realmente sienta pesar y se vuelva de su cólera ardiente, de modo que no perezcamos?”. 10 Y el Dios [verdadero] llegó a ver las obras de ellos, que se habían vuelto de su mal camino; y por eso el Dios [verdadero] sintió pesar en cuanto a la calamidad de que había hablado que les causaría; y no [la] causó.

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