Acerquémonos a Jehová | Estudio Bíblico: 15 de Junio

Información de estudio para el libro: Acerquémonos a Jehová

CAPÍTULO 26

UN DIOS “LISTO PARA PERDONAR”

1-3. a) ¿Qué aplastante carga soportó el salmista David, y cómo halló consuelo para su atribulado corazón? b) ¿Qué peso podemos sentir cuando hemos pecado, pero qué nos asegura Jehová?


“MIS propios errores han pasado sobre mi cabeza; como una carga pesada son demasiado pesados para mí. Me he entumecido y he quedado aplastado hasta grado extremo”, escribió el salmista David (Salmo 38:4, 8). Aunque sabía lo abrumadora que es una conciencia culpable, halló consuelo para su atribulado corazón. Comprendía que Dios odia el pecado, pero no al pecador que lamenta sinceramente su mala conducta y la rechaza. Por ello, con total confianza en la disposición divina a apiadarse del arrepentido, exclamó: “Tú, oh Jehová, [...] estás listo para perdonar” (Salmo 86:5).
Salmo 38:4 4 Porque mis propios errores han pasado sobre mi cabeza;como una carga pesada son demasiado pesados para mí.
Salmo 38:8 8 Me he entumecido y he quedado aplastado hasta grado extremo;he rugido por causa del gemido de mi corazón.
Salmo 86:5 5 Porque tú, oh Jehová, eres bueno y estás listo para perdonar;y la bondad amorosa para con todos los que te invocan es abundante.

2 Cuando nosotros pecamos, seguramente también sentimos el peso aplastante de la conciencia dolida. Es un remordimiento saludable, pues puede movernos a dar los pasos debidos para corregir los errores. Sin embargo, existe el peligro de ahogarse en la culpa. El corazón pudiera condenarnos, obsesionado con la idea de que Jehová no nos perdonará, sin importar lo arrepentidos que estemos. Si nos ‘traga’ la culpa, Satanás tal vez se aproveche y nos incite a darnos por vencidos y a creer que Dios nos considera inútiles e indignos de servirle (2 Corintios 2:5-11).
2 Corintios 2:5-11 Ahora bien, si alguien ha causado tristeza, ese no me ha entristecido a mí, sino a todos ustedes hasta cierto grado —para no ser demasiado severo en lo que digo—. 6 Esta reprensión dada por la mayoría es suficiente para tal hombre, 7 de modo que, al contrario ahora, deben perdonar[lo] bondadosamente y consolar[lo], para que de un modo u otro tal hombre no sea tragado por hallarse demasiado triste. 8 Por lo tanto, los exhorto a que confirmen su amor para con él. 9 Pues con este objeto también escribo para conseguir la prueba de lo que ustedes son, si es que son obedientes en todas las cosas. 10 Cualquier cosa que le perdonen bondadosamente a cualquiera, yo también se la perdono. De hecho, en cuanto a mí, lo que yo he perdonado bondadosamente, si es que bondadosamente he perdonado algo, ha sido por causa de ustedes a vista de Cristo; 11 para que no seamos alcanzados por Satanás, porque no estamos en ignorancia de sus designios.

3 ¿Ve Jehová los asuntos así? De ningún modo. Perdonar es una faceta de su inmenso amor, y él nos asegura en su Palabra que está dispuesto a hacerlo siempre que demostremos arrepentimiento verdadero (Proverbios 28:13). Algo que nos ayudará a no considerar inalcanzable su perdón será examinar por qué lo concede y de qué manera.
Proverbios 28:13 El que encubre sus transgresiones no tendrá éxito, pero al que [las] confiesa y [las] deja se le mostrará misericordia.

Razones por las que Jehová está “listo para perdonar”

4. ¿De qué característica de nuestra naturaleza se acuerda Jehová, y cómo influye en su manera de tratarnos?


4 Jehová tiene plena conciencia de nuestras limitaciones. Como dice Salmo 103:14, “conoce bien la formación de nosotros, y se acuerda de que somos polvo”. En efecto, no olvida que somos criaturas hechas de polvo, con las flaquezas y debilidades que conlleva la imperfección. Por otro lado, la indicación de que conoce “la formación de nosotros” nos recuerda que la Biblia compara a Dios a un ceramista, y a los seres humanos, a vasijas a las que da forma (Jeremías 18:2-6). El Gran Alfarero regula su manera de tratarnos de acuerdo con la fragilidad de nuestra naturaleza pecaminosa y con la respuesta —positiva o negativa— que damos a su dirección.
Salmo 103:14 Pues él mismo conoce bien la formación de nosotros,y se acuerda de que somos polvo.
Jeremías 18:2-6 “Levántate, y tienes que bajar a la casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras”. 3 Y procedí a bajar a la casa del alfarero, y allí estaba él haciendo un trabajo sobre las ruedas del alfarero. 4 Y la vasija que él estaba haciendo con el barro la echó a perder la mano del alfarero, y él volvió atrás y se puso a hacer de ella otra vasija, tal como pareció recto a los ojos del alfarero hacerla. 5 Y la palabra de Jehová continuó ocurriéndome, y dijo: 6 “‘¿No puedo yo hacer con ustedes justamente como este alfarero, oh casa de Israel? —es la expresión de Jehová—. ¡Miren! Como el barro en la mano del alfarero, así son ustedes en mi mano, oh casa de Israel.

5. ¿Cómo describe Romanos el poderoso dominio del pecado?


5 Jehová comprende el poder del pecado, al que describe en su Palabra como una gran fuerza que nos tiene entre sus garras mortíferas. Ahora bien, ¿hasta qué grado nos domina? El apóstol Pablo indica en su carta a los Romanos que, tal como los soldados están subordinados al comandante, nosotros nos hallamos “bajo [el] pecado” (Romanos 3:9), el cual ‘reina’ sobre la humanidad (Romanos 5:21) y “reside” o “mora” en nuestro interior (Romanos 7:17, 20); además, la “ley” del pecado actúa siempre en nosotros y trata de dirigirnos (Romanos 7:23, 25). ¡Con cuánta fuerza tiene sometida a nuestra naturaleza imperfecta! (Romanos 7:21, 24.)
Romanos 3:9 ¿Qué, pues? ¿Estamos en mejor posición nosotros? ¡De ninguna manera! Porque arriba hemos hecho el cargo de que tanto los judíos como los griegos están todos bajo pecado;
Romanos 5:21 ¿Con qué fin? Para que, así como el pecado reinó con la muerte, así mismo también la bondad inmerecida reinara mediante la justicia con vida eterna en mira mediante Jesucristo nuestro Señor.
Romanos 7:17 Mas ahora el que lo obra ya no soy yo, sino el pecado que reside en mí.
Romanos 7:20 Ahora, pues, si lo que no deseo es lo que hago, el que lo obra ya no soy yo, sino el pecado que mora en mí.
Romanos 7:23 pero contemplo en mis miembros otra ley que guerrea contra la ley de mi mente y que me conduce cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.
Romanos 7:25 ¡Gracias a Dios mediante Jesucristo nuestro Señor! Así pues, con [mi] mente yo mismo soy esclavo a la ley de Dios, pero con [mi] carne a la ley del pecado.
Romanos 7:21 Hallo, pues, esta ley en el caso mío: que cuando deseo hacer lo que es correcto, lo que es malo está presente conmigo.
Romanos 7:24 ¡Hombre desdichado que soy! ¿Quién me librará del cuerpo que está padeciendo esta muerte?

6, 7. a) ¿Cómo ve Jehová al arrepentido que implora su misericordia? b) ¿Por qué no debe darse por sentada la misericordia divina?


6 Así pues, Jehová sabe que, por mucho que deseemos obedecerle, no lograremos hacerlo a la perfección. En muestra de amor, nos asegura que nos perdonará si imploramos su misericordia con arrepentimiento sincero. Salmo 51:17 dice: “Los sacrificios para Dios son un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y aplastado, oh Dios, no lo despreciarás”. No, nunca rechazará un corazón “quebrantado y aplastado” por la carga de la culpabilidad.
Salmo 51:17 Los sacrificios para Dios son un espíritu quebrantado;un corazón quebrantado y aplastado, oh Dios, no lo despreciarás.

7 ¿Implica lo anterior que podemos dar por sentada su misericordia y poner nuestra naturaleza imperfecta como excusa para obrar mal? De ninguna manera. Jehová no es sentimentalista, y su misericordia tiene límites, de forma que no perdonará en modo alguno a quien se obstina en practicar el pecado, adoptando una actitud impenitente (Hebreos 10:26). Sin embargo, será magnánimo con el arrepentido. Veamos a continuación algunas expresivas imágenes bíblicas de esta maravillosa faceta del amor divino.
Hebreos 10:26 Porque si voluntariosamente practicamos el pecado después de haber recibido el conocimiento exacto de la verdad, no queda ya sacrificio alguno por los pecados,

El alcance del perdón de Jehová

8. En sentido figurado, ¿qué hace Jehová cuando nos perdona los pecados, y qué confianza nos infunde este hecho?


8 David dijo arrepentido: “Por fin te confesé mi pecado, y no encubrí mi error. [...] Y tú mismo perdonaste el error de mis pecados” (Salmo 32:5). El verbo hebreo para ‘perdonar’ significa básicamente “alzar” o “llevar”, y en este versículo, “llevarse la culpa, la iniquidad o la transgresión”. En sentido figurado, Jehová levantó los pecados del salmista y los retiró, lo que sin duda alivió el sentimiento de culpabilidad que lo abrumaba (Salmo 32:3). Nosotros también debemos tener confianza absoluta en el Dios que nos quita los pecados si le imploramos perdón en virtud de la fe en el sacrificio redentor de Jesús (Mateo 20:28).
Salmo 32:5 5 Por fin te confesé mi pecado, y no encubrí mi error.Dije: “Haré confesión acerca de mis transgresiones a Jehová”.Y tú mismo perdonaste el error de mis pecados. Sélah.
Salmo 32:3 3 Cuando me quedé callado, se me gastaron los huesos por mi gemir todo el día.
Mateo 20:28 Así como el Hijo del hombre no vino para que se le ministrara, sino para ministrar y para dar su alma en rescate en cambio por muchos”.

9. ¿Cuánto aleja de nosotros los pecados Jehová?


9 David describió la magnanimidad de Dios con otra imagen muy gráfica: “Como está de lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras transgresiones” (cursivas nuestras; Salmo 103:12, La Biblia de las Américas). ¿Cuánta separación hay entre ambos puntos cardinales? En cierto sentido, la mayor concebible, ya que nunca pueden encontrarse. Un comentarista indica que esta frase quiere decir “lo más lejos que sea posible o que alcancemos a figurarnos”. Las palabras inspiradas del salmista significan que cuando Jehová nos perdona, aparta los pecados a la mayor distancia imaginable.
Salmo 103:12 Tan lejos como está el naciente del poniente,así de lejos ha puesto de nosotros nuestras transgresiones.


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